El viernes pasado asistí a una charla que dio David Berná Serna sobre diversidad afectivo-sexual y etnia gitana. Berná es un antropólogo doctorando investigador en la Facultad de CCPP y Sociología de la Complutense y prepara una tesis sobre este tema.
Justo el día anterior, en una de las charlas en institutos, me había encontrado con un caso flagrante de LGTBfobia confesa. Prácticamente la mitad de una clase sostenía declaraciones como: "si mi mejor amiga me dijera que es lesbiana, la tiraba por un precipio" o "si mi hijo saliese maricón, le cambiaba los apellidos y adiós hijo". Cuando terminó la hora, el profesor se me acercó y se excusó: "es que son gitanos, ya sabes cómo son".
"No", pensé, "no lo sé". ¿Cómo son lxs gitanos? ¿Homófobxs? ¿Machistas? ¿Subdesarrolladxs? Evidentemente, la afirmación del profesor no es justa. Sería muy obvio decir, pero lo digo, que hay gitanxs homófobxs y gitanxs no homófobxs, que hay gitanxs machistas y gitanxs no machistas...
La exposición de Berná se centró en la historia de la etnia gitana, una historia de dominación y domesticación de la que, en cierto modo, lograron escapar, por lo menos más que otros grupos étnicos minoritarios. Recordemos la biopolítica de Foucault, cuyos tres instrumentos eran la fábrica, la escuela y el hospital: nos encontramos con gitanxs que (repito, en cierto modo) escaparon del sistema educativo, sanitario y laboral estatal.
A continuación se centró en dibujar el sistema normativo de género que impera entre lxs gitanxs (que se centra en la jerarquía hombre sobre mujer y mayor sobre menor; en la importancia capital de la familia, en el estatus de la mujer como depósito del honor) es ultraconservador, lo que se asienta sobre la necesidad de construir una seguridad sobre quiénes son, así como sobre el intento de identificarse a la contra delx payx y de distanciarse del estereotipo que, antes de los sesenta y la revolución sexual, era precisamente lo contrario: sexualidad libre, salvaje...
Finalmente, se centró propiamente en la diversidad afectivo-sexual entre lxs gitanxs y sobre métodos para enfrentarse, en las charlas, a público gitano. Me pareció todo muy interesante y me quedo con muchas ganas de leer su futura tesis. Os recomiendo que, si tenéis oportunidad, le escuchéis o leáis.
En realidad, sí, claro, la mayoría de lxs gitanxs son machistas y lgtbfóbxs.
Pero la mayoría de lxs payxs también lo son/somos.
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¡Zas!
Las tradiciones intelectuales de las que provengo fabrican la teoría a partir de las vidas compartidas en lugar de encargarla por correo.
[...]
Pero a medida que el feminismo académico deriva más y más lejos de sus raíces activistas, mientras que el elitista galimatías de la jerga postmoderna hace que sea algo cada vez menos aceptable hablar de forma comprensible, he sentido amenazada, cada vez más a menudo, mi confianza en mí misma.
Observo cómo mi vida y lo que sobre ella he teorizado se convierte en la materia prima del conocimiento de otras personas. Esto me recuerda al árbol indio de neem, utilizado durante milenios como repelente de insectos y patentado ahora por una compañía multinacional farmacéutica. Las mujeres campesinas desarrollaron la tecnología para extraer y preparar el aceite para el uso local, pero para las multinacionales el uso local es un desperdicio. Han sido capaces de patentar exactamente el mismo proceso, realizado a un volumen mucho mayor y envasado para la exportación.
Mi vida intelectual y la de otras intelectuales orgánicas, muchas de ellas mujeres de color, es en sí misma lo suficientemente sofisticada para su utilización. Pero para que adquiera valor en el mercado, los empresarios y promotores de las multinacionales deben encontrar un modo de procesarla, de refinar la rica multiplicidad de nuestras vidas y todo lo que hemos llegado a comprender acerca de ellas y convertirlas en alta teoría por el simple método de extirpárnosla, someterla a un proceso de abstracción que la hará irreconocible, extraerle la fibra, hervirla hasta que la vitalidad se esfume por un proceso de oxidación, y comerciar después con ella como algo propio, revendiéndonosla más cara de lo que podemos permitirnos.
[...]
A los estudiantes con los que trabajo se les ha enseñado a dar a los libros mucha más autoridad de la que dan a sus vidas; tanto es así que encuentran un desafío extremo en escribir una respuesta autobiográfica a las lecturas y conferencias. Lo que mejor saben hacer es ordenar en una secuencia lógica las opiniones que otras personas han publicado, parafraseando a una u otra escuela de pensamiento acerca del tema propuesto.
[...]
Cuando retomé por primera vez la educación superior, como escritora profesional de mediana edad con muchos años a mi espalda de hablar en público, aun con toda la confianza que ello me daba, me sentía humillada por el impenetrable lenguaje con el que el pensamiento académico viene envuelto hoy en día. Pero pensé que tan sólo sería cuestión de superar mi torpeza con la jerga. Un problema de falta de entrenamiento. [...] creía que esta nueva disposición impecable de las palabras era una habilidad que sólo necesitaba ser adquirida.
Ya no lo pienso. El lenguaje en el que se expresan las ideas nunca es neutro. El lenguaje que usan las personas revela importante información acerca de con quiénes se identifican, cuáles son sus intenciones, para quién están escribiendo o hablando. El envoltorio es la mercantilización del producto y cumple la función exacta para la que se ha diseñado. El lenguaje innecesariamente especializado se utiliza para humillar a quienes se supone que no deben sentirse autorizados para entenderlo. Vende la ilusión de que sólo quienes pueden manejarlo son capaces de pensar.
[...]
Pero mi elección de leer lo legible tiene que ver con un orden de prioridades diferente. El lenguaje está ligado al contenido, y el contenido que yo busco es una teoría y una práctica intelectual que me resulte de utilidad en una investigación activista cuyas prioridades son, sobre todo, democratizadoras.
Aurora Levins Morales (2001 [2004]): "Intelectual orgánica certificada" en La Eskalera Karakola (ed.): Otras inapropiables. Feminismo desde las fronteras. Madrid: Traficantes de Sueños. Licencia de reproducción Creative Commons.
Voy a lamerme las heridas.
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Leo en The Guardian una noticia sobre el fenómeno de las 'slutwalking' [¿marchas de putones, podría decir?].
Al parecer, un policía de Toronto contaba con una estancia de tres meses en la Osgoode Hall Law School, una facultad de la Universidad de York (Reino Unido) para dar lecciones sobre seguridad personal ante el riesgo de ser acosadx o violadx. Al parecer, comentó ante diez alumnxs: "I've been told I'm not supposed to say this – however, women should avoid dressing like sluts in order not to be victimised" [Se supone que no debo decir esto; pero bueno, las mujeres deberían evitar vestir como putas si no quieren ser víctimas].
A partir de la publicación en línea de este comentario, mujeres de Estados Unidos, Reino Unido, Argentina, Australia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suecia han organizado estas slutwalking, manifestaciones en las que, vestidas como putas, recorren la ciudad.
Me recuerda al movimiento Reclaim the Night [Reclama la noche], que surgió en los setenta con manifestaciones nocturnas en las que se exigía la recuperación de las noches para las mujeres, a las que, desde pequeñas, se les/nos convence para que tengamos cuidado ya que, de lo contrario, nos pueden agredir. Se convierte, de esta manera, a la "víctima" en cómplice, pues es responsable de su seguridad al escoger las horas, los lugares y las maneras en las que se mueve por el espacio público.
Slutwalking!

Leo en The Guardian una noticia sobre el fenómeno de las 'slutwalking' [¿marchas de putones, podría decir?].
Al parecer, un policía de Toronto contaba con una estancia de tres meses en la Osgoode Hall Law School, una facultad de la Universidad de York (Reino Unido) para dar lecciones sobre seguridad personal ante el riesgo de ser acosadx o violadx. Al parecer, comentó ante diez alumnxs: "I've been told I'm not supposed to say this – however, women should avoid dressing like sluts in order not to be victimised" [Se supone que no debo decir esto; pero bueno, las mujeres deberían evitar vestir como putas si no quieren ser víctimas].
A partir de la publicación en línea de este comentario, mujeres de Estados Unidos, Reino Unido, Argentina, Australia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suecia han organizado estas slutwalking, manifestaciones en las que, vestidas como putas, recorren la ciudad.
Me recuerda al movimiento Reclaim the Night [Reclama la noche], que surgió en los setenta con manifestaciones nocturnas en las que se exigía la recuperación de las noches para las mujeres, a las que, desde pequeñas, se les/nos convence para que tengamos cuidado ya que, de lo contrario, nos pueden agredir. Se convierte, de esta manera, a la "víctima" en cómplice, pues es responsable de su seguridad al escoger las horas, los lugares y las maneras en las que se mueve por el espacio público.
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Matrimonios humanos (II)
Leo en Extravíos (pdf), de Ricardo Llamas y Paco Vidarte:
Me ha encantado y me ha recordado a la entrada Matrimonios humanos. Cuando me he preguntado qué sentiría si un grupo de activistas en favor de, por ejemplo, el matrimonio de tríos o de grupos de personas, interrumpiera e impidiera el curso de mi boda, me he dado cuenta de que sería muy distinto. Sí, me enfadaría. Sí, me daría rabia. Pero, pese al cabreo, entendería que es justo. Me sentiría culpable. Y sentiría miedo.
Una pareja hetero se cabrearía y, dependiendo de su nivel de alianza, lo sentiría más o menos justo y se sentirían más o menos culpables. Pero dudo que sintiera miedo. O ese tipo de miedo. Esa fragilidad. Ese saber que, en cualquier momento, van a prohibir que se casen. Van a ilegitimar a sus hijos. Van a recortar sus derechos. A veces me gustaría que lo sintieran, aunque fuera sólo un ratito.
Me ha encantado la acción. Pero sería mejor si se lograra que esa pareja hetero cuya boda interrumpes (estaría mejor si fuera la de lxs hijxs de Aznar, la de un miembro de la familia real...) sintiera que exista la posibilidad de que nunca puedan casarse (y el matrimonio no es un papel ni es amor, el matrimonio es un seguro, unas certezas, unos derechos). Pero, claro, eso jamás lograrán entenderlo.
Uno de los actos de protesta llevados a cabo por la asociación Act Up-París que más hostilidad suscitó trataba, precisamente, de denunciar esa prohibición [del matrimonio LGB]. Para ello, miembros del colectivo interrumpieron e impidieron el normal desarrollo de una ceremonia nupcial. Invitados y contrayentes reaccionaron con una exacerbada violencia; una hostilidad que refleja hasta qué punto consideran los y las heterosexuales inalienable y sagrado su derecho al matrimonio.
Me ha encantado y me ha recordado a la entrada Matrimonios humanos. Cuando me he preguntado qué sentiría si un grupo de activistas en favor de, por ejemplo, el matrimonio de tríos o de grupos de personas, interrumpiera e impidiera el curso de mi boda, me he dado cuenta de que sería muy distinto. Sí, me enfadaría. Sí, me daría rabia. Pero, pese al cabreo, entendería que es justo. Me sentiría culpable. Y sentiría miedo.
Una pareja hetero se cabrearía y, dependiendo de su nivel de alianza, lo sentiría más o menos justo y se sentirían más o menos culpables. Pero dudo que sintiera miedo. O ese tipo de miedo. Esa fragilidad. Ese saber que, en cualquier momento, van a prohibir que se casen. Van a ilegitimar a sus hijos. Van a recortar sus derechos. A veces me gustaría que lo sintieran, aunque fuera sólo un ratito.
Me ha encantado la acción. Pero sería mejor si se lograra que esa pareja hetero cuya boda interrumpes (estaría mejor si fuera la de lxs hijxs de Aznar, la de un miembro de la familia real...) sintiera que exista la posibilidad de que nunca puedan casarse (y el matrimonio no es un papel ni es amor, el matrimonio es un seguro, unas certezas, unos derechos). Pero, claro, eso jamás lograrán entenderlo.
Política de símbolos: si yo no me puedo casar, tú tampoco.
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De zurdxs y Marías
No sé si habéis leído el artículo de Javier Marías en El País Semanal de hoy: "Una minoría caballerosa y conforme". A mí me ha producido una furia interior entre el corazón y los pulmones que no se termina de marchar. No sabría por dónde empezar. Así que no voy a hacerlo.
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Coñomatón,
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The Great Wall of Vagina
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En relación al Coñomatón al que hice referencia en dos ocasiones (1 y 2), ahora me hago eco de la obra del escultor inglés Jamie McCartney. Lo he descubierto gracias a Alicia, que ha enviado la información a través de la lista de correo Información y Activismo Ciudad de Mujeres.
Si lo traigo a colación es por su obra The Great Wall of Vagina (La gran muralla de vulvas), donde se muestran 400 coños esculpidos en yeso en diez paneles que ocupan nueve metros de ancho. El autor critica el auge en las operaciones de cirugía estética de labios mayores y menores mediante la muestra de coños de verdad: biomujeres transgénero sin operar, tecnomujeres operadas, rango de edad de 18 a 76 años, postparto...
La gran muralla

En relación al Coñomatón al que hice referencia en dos ocasiones (1 y 2), ahora me hago eco de la obra del escultor inglés Jamie McCartney. Lo he descubierto gracias a Alicia, que ha enviado la información a través de la lista de correo Información y Activismo Ciudad de Mujeres.
Si lo traigo a colación es por su obra The Great Wall of Vagina (La gran muralla de vulvas), donde se muestran 400 coños esculpidos en yeso en diez paneles que ocupan nueve metros de ancho. El autor critica el auge en las operaciones de cirugía estética de labios mayores y menores mediante la muestra de coños de verdad: biomujeres transgénero sin operar, tecnomujeres operadas, rango de edad de 18 a 76 años, postparto...
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Visibilidad
Mañana 26 de abril es el día de la visibilidad lésbica. Hace apenas un mes hablé en el curso "Teorías y realidades afectivo-sexuales" de la Universidad Autónoma de Madrid. Dado que nuestra sesión trataba la salida del armario, se esperaban historias de vida y la sempiterna crítica al sistema cis-heteropatriarcal. Pese a que estoy demasiado apegada a la teoría y me da mucho reparo meterme en lo personal, lo acabé haciendo.
Sin embargo, vuelvo a lo de siempre. Claro que es muy injusto culpar a la persona LGTB+ de la LGTBfobia. No es eso lo que pretendo. Tan sólo me interesa la responsabilidad. Nadie habla de culpas. Pero todxs somos responsables de la sociedad en la que vivimos.
De visibilidad se podría escribir tantísimo... Éste es el video que la revista Mirales ha preparado en ocasión de esta jornada de abril. "La visibilidad de los personajes públicos contribuye a disminuir el miedo. En muchos casos la lesbofobia está motivada por la ignorancia y el desconocimiento", dice María Jesús Méndez, su directora. Bien es cierto que necesitamos referentes, pero cuántas veces escucho las manidas críticas a políticas, a cantantes, a actrices..., en boca de personas que se esconden corriendo el día del Orgullo si se acerca una cámara de televisión. Cada persona necesita su tiempo, sí. Pero es que ya son muchos años. Y hay muchas personas que han sido (y son) asesinadas, mutiladas, encarceladas y humilladas para que puedas ir de la mano de tu chica por la calle como para que ahora pidas... tiempo. No creo en el derecho al armario. Siempre me ha sonado a excusa.
Mi primer año fuera del armario sentía tristeza cada vez que alguien, por la calle, me insultaba. Sentía tristeza cuando amenazaban por pegarme, algo que ocurrió en varias ocasiones. Sentía tristeza cuando mi tía me decía que le desmintiera a todos mis allegados que fuera lesbiana, que les estaba haciendo daño con mi sinceridad. Sentía tristeza cuando mis familiares más cercanos no entendían ciertas cosas. Después lo convertí en rabia, que duró años y, más tarde, en indiferencia. Hace apenas dos años que unos insultos me devolvieron la furia. No sabía cómo canalizarla, y me agujereaba por dentro. No quería volver a la indiferencia, así que la convertí en activismo. El activismo no significa necesariamente afiliarse a asociaciones, hacer voluntariado… Cada cual elige su causa y no tenemos tiempo para todas. Pero salir del armario también es activismo. Mi participación en X está muy relacionada con este tipo de activismo. Es recordarles a lxs chavalxs LGTB que hay vida más allá del armario. Es recordarles que existen las lesbianas, los gays, lxs trans, lxs bi.
Sin embargo, vuelvo a lo de siempre. Claro que es muy injusto culpar a la persona LGTB+ de la LGTBfobia. No es eso lo que pretendo. Tan sólo me interesa la responsabilidad. Nadie habla de culpas. Pero todxs somos responsables de la sociedad en la que vivimos.
Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar..., salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todxs.
De visibilidad se podría escribir tantísimo... Éste es el video que la revista Mirales ha preparado en ocasión de esta jornada de abril. "La visibilidad de los personajes públicos contribuye a disminuir el miedo. En muchos casos la lesbofobia está motivada por la ignorancia y el desconocimiento", dice María Jesús Méndez, su directora. Bien es cierto que necesitamos referentes, pero cuántas veces escucho las manidas críticas a políticas, a cantantes, a actrices..., en boca de personas que se esconden corriendo el día del Orgullo si se acerca una cámara de televisión. Cada persona necesita su tiempo, sí. Pero es que ya son muchos años. Y hay muchas personas que han sido (y son) asesinadas, mutiladas, encarceladas y humilladas para que puedas ir de la mano de tu chica por la calle como para que ahora pidas... tiempo. No creo en el derecho al armario. Siempre me ha sonado a excusa.
Es el momento en que las lesbianas que somos visibles comencemos a exigir a las que no lo son que den un paso al frente; al menos que se lo exijamos a aquellas que dicen, en privado, defender los derechos de las lesbianas; que les exijamos coherencia política y ética. Los derechos se defienden en el espacio público y no sólo en el privado. Desde el armario no se defiende nada porque nadie te escucha ni te ve.Beatriz Gimeno
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Madrid
Hace unas semanas, N. me comentaba que no sabía en qué momento habíamos dejado de ser observadas en la calle. En su barrio, en el mío, en el centro, en el metro, en el Cercanías, en los bares... Las miradas y, sobre todo, los insultos, se habían convertido en algo muy poco habitual. Y tenía razón.
El sábado, N. me acompañó al mediodía al barrio donde está mi academia de árabe, antes de la clase. Creo que todavía tienen tortícolis todas las personas que pasaron por esa plaza y que todavía se habla de las dos lesbianas que se sentaron en ese banco. Hacía tiempo que no me sentía tan incómoda. Se me olvida que el mundo no es la Gran Vía.
El sábado, N. me acompañó al mediodía al barrio donde está mi academia de árabe, antes de la clase. Creo que todavía tienen tortícolis todas las personas que pasaron por esa plaza y que todavía se habla de las dos lesbianas que se sentaron en ese banco. Hacía tiempo que no me sentía tan incómoda. Se me olvida que el mundo no es la Gran Vía.
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Orgullo LGTB
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LGTB+
Hacia el final de los años ochenta, cuando el feminismo radical perdía fuerza, las lesbianas se aliaron con el movimiento gay masculino, algunas de ellas enfadadas con el heterocentrismo del movimiento de mujeres y otras sintiendo que el separatismo lesbiano de los setenta y ochenta ya no les era beneficioso.
Fue encontes cuando la expresión "gay community" pasó a denominarse GLB o LGB (se suele adelantar la L como reclamo feminista). Más adelante se le añadió la T de transexualidad o transgenerismo (conceptualizado según la teoría de la transexualidad previa al postfeminismo). Esto es lo que cuenta la Wikipedia, aunque yo, sin pruebas y con poca edad, confieso, creo recordar un GLT o LGT, antes de que los colectivos aceptaran añadir la B de bisexualidad.
El acrónimo trata de visibilizar realidades que quedarían ocultas si hablásemos de movimiento gay o movimiento homosexual. De hecho, también soy partidaria del uso de LGTBfobia antes que homofobia y, si queremos especificar alguna discriminación en concreto, nombrar la lesbofobia, bifobia o transfobia.
El problema viene a la hora de incluir a todas esas realidades que, con toda la razón, no se sienten representadas en este acrónimo que se supone tan inclusivo. Entonces toca incluir infinitas iniciales: I (intersexual e intergénero), A (asexual y aliado), Q (queer, questioning), T (transgénero, travesti, transexual), P (poliamoroso, pansexual), O (omnisexual, otros)... Por comodidad, prefiero el uso de LGTB+ antes que LGTTTBIIAAQQPPOO.
Cuando digo LGTB+ no estoy diciendo únicamente "lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y otrxs", sino que estoy diciendo "todas aquellas identidades ajenas al sistema sexo/género/deseo (cis)heteronormativo".
Pero claro, LGTB+ es mucho más corto.
Fue encontes cuando la expresión "gay community" pasó a denominarse GLB o LGB (se suele adelantar la L como reclamo feminista). Más adelante se le añadió la T de transexualidad o transgenerismo (conceptualizado según la teoría de la transexualidad previa al postfeminismo). Esto es lo que cuenta la Wikipedia, aunque yo, sin pruebas y con poca edad, confieso, creo recordar un GLT o LGT, antes de que los colectivos aceptaran añadir la B de bisexualidad.
El acrónimo trata de visibilizar realidades que quedarían ocultas si hablásemos de movimiento gay o movimiento homosexual. De hecho, también soy partidaria del uso de LGTBfobia antes que homofobia y, si queremos especificar alguna discriminación en concreto, nombrar la lesbofobia, bifobia o transfobia.
El problema viene a la hora de incluir a todas esas realidades que, con toda la razón, no se sienten representadas en este acrónimo que se supone tan inclusivo. Entonces toca incluir infinitas iniciales: I (intersexual e intergénero), A (asexual y aliado), Q (queer, questioning), T (transgénero, travesti, transexual), P (poliamoroso, pansexual), O (omnisexual, otros)... Por comodidad, prefiero el uso de LGTB+ antes que LGTTTBIIAAQQPPOO.
Cuando digo LGTB+ no estoy diciendo únicamente "lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y otrxs", sino que estoy diciendo "todas aquellas identidades ajenas al sistema sexo/género/deseo (cis)heteronormativo".
Pero claro, LGTB+ es mucho más corto.
Citas,
Daniela Ortiz,
Farala,
fotografía
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97 housemaids
Hace un par de semanas hablaba someramente sobre el proyecto 97 empleadas domésticas, de Daniela Ortiz. Hoy farala hace un recorrido más exhaustivo por el trabajo de Ortiz y recopila algunas de las imágenes. Recomendado.
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