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Nacho y yo

El sábado mi king Nacho volvió a salir a la calle en la moustache party de M. Constato lo trabajoso que es construir la masculinidad (lo que confirma lo que de construido tiene). Los pelos en las piernas dejen de ser un problema para convertirse en una ventaja (en cuanto a credibilidad por lo menos...). Siento al mismo tiempo satisfacción cuando el passing (pasar por / ser leído como hombre, en este caso) cuela y siento vergüenza e inseguridad cuando las miradas son de justo lo contrario: "¿estás disfrazada o es que eres un bicho raro de esos travelacos?". No soy tan valiente cuando ya es de noche, ¿eh? Siempre una experiencia constructiva. Qué palabra más bien escogida.
Volveré a aprovechar la más mínima excusa para sacar a Nacho a pasear y seguir jugando con el género. Ya que no podemos escapar de él, por lo menos divirtámonos un poco, ¿no?



Mi King

Todxs nacemos desnudxs. El resto es drag.

El sábado fui a mi primer taller Drag King (cortesía de Revista Píkara y M en conflicto). Hacía muchísimo que quería ir a uno y no era la primera vez que me travestía, pero fue mucho más que travestirse. Vendarse el pecho, abultar el calzoncillo, separar un poco las piernas, modificar el centro gravitatorio, cambiar el peso corporal de un punto a dos, relajar los hombros... Nos cortamos un mechón de pelo que, a continuación, cortamos más menudo para fabricarnos nuestras propias barbas.

Dado que mi sentirme-mujer hace tiempo que es meramente estratégico-político, pensé que no habría mucha diferencia entre ese fingir-sentirme-mujer con un fingir-sentirme-hombre, pero sí la hubo, y la fui mascando poco a poco. Fue todo muy sutil, no conseguí el tan aclamado passing (pasar por hombre), pero tampoco fue esa mi intención. Inscribí una serie de modificaciones minúsculas que consiguieron un cambio mental importante.

Por cierto, recuerdo una tontería: no tenía frío. A lo mejor Nacho tampoco es claustrofóbico ni ansioso. Creo que la timidez era de Loreto. Tiene que seguir practicando. El king engancha. Y ya no lo puedes echar. Camino al trabajo me he encontrado alternando los andares-de-chica con los andares-de-chico, cambiando a placer el centro gravitatorio de mi cuerpo. Tengo ganas de que Nacho interactúe más con el mundo. Pasando (por hombre) y pasando (por eso-es-un-chico-o-una-chica). El juego ha comenzado.

Una vez que el virus king ha sido activado en cada participante, actuará, como sospecha de género, más allá del taller extendiéndose a la vida cotidiana y provocando modificaciones en todas nuestras interacciones sociales. El saber drag king no es la conciencia de ser un imitador de la masculinidad en medio de cuerpos anónimos de hombres y de mujeres, de hombres de negocios y carteros, de madres de familia que empujan carritos, de jóvenes que pegan patadas a los cubos de basura, sino de percibir, por primera vez, a los otros, a todos ellos, como efectos más o menos realistas de repeticiones performativas descodificables como masculinas o femeninas. Al caminar entre sus cuerpos anónimos, sus masculinidades y sus feminidades (al mismo tiempo que la mía) aparecen, por primera vez, como caricaturas de las que, ellos solos, gracias a una convención tácitamente pactada, parecen no ser conscientes.
Beto Preciado, en Testo Yonqui



2011


Cuando empezaba 2008 mi madre me dedicó Perspépolis diciendo que ése sería un año redondo, porque tenía muchas curvas, y que el 2007 había sido malo por esos picos de la última cifra. En su postdata me escribió que bueno, que quizá era achatado más que redondo, pero que eso también estaría bien. Cuando terminó 2008 quise decirle que había tenido razón, que aunque no había empezado demasiado bien, había terminado redondo y que en parte era gracias a su paciencia y presencia, pero bueno, esas cursilerías no eran dignas de mí, así que no le dije nada.

2011 tenía muchas líneas rectas y pocas curvas, pero también ha sido un año redondo. Terminé el posgrado, empecé el doctorado, perdí todas las becas pero conseguí trabajo, me independicé, leí mucho, aumenté mi vida social y conocí a algunas personitas geniales...

Antes era más toc y me importaban todas estas cosas, pero ahora me da bastante igual que mañana sea 2012 y que tenga más o menos curvas. La culpa la tienen los RSS y leer tantas entradas recopilatorias del año. Dicho esto, no sé por qué he escrito esta sarta de chorradas. Una excusa, más menos que más digna, para meter el primer párrafo.

Acabo con algo útil como recompensa. Si estáis en Madrid, en El Gallinero Bar organizan una noche de reyes muy especial, con un taller Drag King impartido por Marina/Mario y una fiesta. Recordé demasiado tarde que trabajo de tardes, pero os envidio mucho a todxs lxs que podáis ir.


Temporada de reyes

El viernes pasado fui drag king en una fiesta de cumpleaños a la que debíamos acudir vestidxs de etiqueta. Hoy leo un artículo en Pikara Magazine sobre el tema y ayer leía este párrafo en "Desde los márgenes: prácticas y representaciones de los grupos queer en el Estado español", el primer capítulo, escrito por Gracia Trujillo, de la obra colectiva El eje del mal es heterosexual (se puede comprar o descargar):

La performance de género de un drag-king no es una mera representación escénica (para la que basta con un bigote y un traje), sino el resultado de un proceso de aprendizaje formativo determinado por una serie de circunstancias personales, materiales y sociales. Si las acciones de las dragqueen producen risas o censuras es porque ponen de manifiesto los mecanismos performativos, de repetición, a través de los cuales se produce la ficción de una relación estable entre sexo y género (Butler, 1990). Si las drag-queen parodian la feminidad entendida como «esencia» de las mujeres (biológicas), los drag-kings al reírse de la masculinidad, evidencian la férrea resistencia que existe en la cultura hegemónica a aceptar la masculinidad en términos de performance. La cuestión radica en que la masculinidad, como convención de estilos que se puede manipular, descontextualizar y deformar para provocar efectos no previstos, está asociada al poder (Halberstam, 1998). La masculinidad, en otras palabras, es el estilo del poder. Es cosa de hombres. Y al poder no le gusta que se rían de él, y menos que lo tomen al asalto. En el Estado español, esa resistencia se refleja en la poca difusión que la cultura drag-king ha tenido hasta ahora. En los últimos años, sin embargo, se han realizado varios encuentros, fiestas y talleres de drag-kings. Los drag-kings, como la cultura butch-femme, son revulsivos queer cargados de erotismo e irreverencia ante cierto feminismo normativo (y lesbófobo), ante un lesbianismo feminista horrorizado en general ante las plumas, los roles, los dildos..., ante un movimiento «gay» pulcro y normalizador, y ante una sociedad que insiste en ver a las minorías sexuales como simples copias defectuosas del modelo heterosexual.
Gracia Trujillo


Todxs somos drag


Ayer me sorprendí emocionada con la noticia en televisión de la intervención de Miss Shangay Lilly en un acto en el que participaba Mariano Rajoy. Hace tiempo que sigo su Divario en Internet y me parece una auténtica crack. Mi madre, sentada a mi lado en el sofá, me dijo algo que he leído ya en múltiples comentarios a la noticia en diferentes periódicos: ¿Por qué tiene que ir con esas pintas? Desprestigia al colectivo y da motivos a todos los que expanden los tópicos del mundo LGTB.

Afortunadamente, una que es leída, hacía poco que había terminado el libro de Gracia Trujillo y pude cortarla con una cita que ésta recoge:

Todos nacemos desnudas. El resto es drag.

Pero ahí quedó la cosa. Como al final este blog se está convirtiendo en una especie de larga carta-argumentario a mi madre para que entienda por qué a veces grito tanto cuando grito, aprovecho para completar esa espléndida cita con alguna reflexión, en caliente y sin documentarme (perdona por los tacos, mamá).

Como es lógico, por vestirse de macho o por ser más chica-chica, Heterolandia y la Gran Cultura Madre no va a aplaudirte y a darte la bienvenida en su casa; por colocarse el paquete o por sentarse con las piernas cruzadas y las rodillas bien juntas no les va a dar igual el órgano que chupes cuando chupas. De repente parece que como salen bolleras y maricas en las series, que como desde la Ley 13/2005 podemos tirarnos arroz en la puerta del juzgado, ya no hay diferencias y debemos aceptar la (hetero)normalidad.

Y no es lo mismo la pluma LG que la pluma hetero. No es lo mismo una butch que un gañán que se rasca los huevos para ser más macho. La pluma gay, la pluma bollo o la performance queer supone una subversión en los roles, supone una auténtica revolución en la dicotomía hombre-mujer en la que todxs nos hemos educado. Que te quieras quedar con que desprestigia al colectivo o con que no es más que vestirse de payaso, es cosa tuya.

Como decía Paco Vidarte, no nos han regalado nada. Y si alguien ha luchado por todxs los LGTB, si alguien se ha llevado golpes, si alguien ha estado en la cárcel, si alguien ha gritado cuando la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social no era memoria histórica sino presente de mierda para que ahora todxs lxs gais que despotrican contra la pluma puedan, efectivamente, tirarse arroz en la puerta del juzgado, han sido precisamente las drags, las travestis, las maricas más maricas y las bolleras feministas a las que no querían ni las lesbianas ni las feministas.

Así que yo, ahora, me arrodillo eternamente agradecida a Miss Shangay Lilly y a todxs aquellxs valientes que no se ponen la careta de hetero para que la Gran Cultura Madre les quiera.

Imagen:
25 de junio de 1977. Primera manifestación del Orgullo en Barcelona, con la LPRS todavía vigente. La fotografía es de Colita.