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De esencias y constructos

En la comprensión de las identidades sexuales (homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad, polisexualidad, omnisexualidad, asexualidad...) el debate ha girado entre el esencialismo y el construccionismo. Nunca había leído un alegato coherente en defensa del esencialismo hasta que llegó a mis manos Female Homosexuality in the Middle East: Histories and Representations, donde Samar Habib intenta trazar un continuo reconocible de identidad lesbiana a lo largo de la historia de oriente medio.

Creo que es bastante obvio que mi concepción es construccionista, y me gusta mucho lo que dice David Halperin sobre esto en San Foucault:

Esto no quiere decir que la homosexualidad sea irreal. Por el contrario, las construcciones son muy reales. Las personas viven por ellas, después de todo, y hoy en día, cada vez más, mueren por ellas. No se puede pedir nada más real que eso. Pero si la homosexualidad es una realidad, ésta es construida, una realidad social y no natural. El mundo social contiene muchas realidades que no existen por naturaleza.

Eve Kosofsky Sedgwick añade al respecto en Epistemología del armario:

Recuerdo el boyante entusiasmo con el que las académicas feministas solían celebrar el descubirmiento de que una u otra brutal forma de opresión no era biológica sino ¡sólo cultural! A menudo me he preguntado cuáles son las bases para nuestro optimismo sobre la maleabilidad de la cultura por cualquier grupo o programa. 

Cuando leo a Jasbir Puar (autora del increíble Terrorist Assemblages: Homonationilsm in Queer Times) o a precursores como Gilles Delueze y Félix Guattari, intento seguir sus textos e impregnarme de su forma de deshacer el género, la sexualidad, la raza, la identidad... A veces me gusta jugar a ello, creérmelo del todo, pero generalmente acabo por marearme. Literalmente. Qué más da que sea verdad, que sea posible, su manera de presentar a las personas. Si te mareas en cuanto lo piensas. Como la física cuántica.


Bisexualidad



Una amiga me ha replicado que invisibilizo la bisexualidad en el blog. Estuve a punto de responderle que no era cierto, que siempre hablo de la LGTBfobia, del colectivo LGTB+, que incluso escribí una entrada el 23 de septiembre del año pasado sobre la BIsivilidad. Pero justo antes de darle a enviar me di cuenta de que sonaba exactamente igual que cuando Esperanza Aguirre dice que tiene muchos amigos gays: Oh, sí, incluyo una sigla; oh, sí, ¡¡¡escribo una entrada el día de la visibilidad bisexual...!!!

Lo mejor de todo es que me ha evitado una larga cadena de e-mails porque se ha adelantado a todas mis disculpas. Bien es cierto que la categoría de "bisexualidad", con ese prefijo tan prefijo, refuerza los binarismos de género hombre/mujer. Pero sí, ella tiene razón, la identidad marica o la identidad bollera también lo hacen, como etiquetas monosexuales. Puedo responderle que me gusta más polisexual u omnisexual, pero entonces ¿por qué utilizo la palabra lesbiana y/o bollera? ¿Por qué no me autodenomino polisexual cuando no considero que todas las mujeres que me han gustado/atraído compartan género?

Me ha pasado un vídeo de TV3 de 2007 (gran parte está en catalán, pero se entiende bastante bien aunque no lo hables), cuando la asociación Sin vergüenza debatía incluir la bisexualidad entre sus siglas [me corrigen en los comentarios: hacía tiempo que en sinver estaba la sigla B, el debate era sobre su inclusión en la comisión unitaria por el 28J). Habla Itziar Ziga, a la que he citado bastantes veces en el blog. Ziga critica vehementemente el dualismo que se desprende de la etiqueta bisexual. Pero es la misma que, en las dos entradas en las que la he citado últimamente, defiende la persistencia y necesidad del género como categoría de análisis y como identidad política.

Psicoanalizando mis fobias, llego a la conclusión de que me asusta pensar que darle legitimidad a la bisexualidad hage ininteligibles otras sexualidades. Es decir, yo soy bollera, mi identidad (principalmente política) es bollera, eso es monosexual, e implica que me identifico como mujer y me atraen personas que identifico como mujeres (qué feas suenan las definiciones, y qué poco de acuerdo estoy con ellas según las escribo). Pero no siento que mi identificación como bollera excluya de la inteligibilidad de las personas transgénero no-mujeres no-hombres, de las personas intergénero... Simplemente no estarían en mi presunto ratio de deseo (que grima me dan mis palabras). Sin embargo, cuando pienso en la identidad bisexual siento que pretende ser equivalente a omnisexual y, aquí sí, excluye la posibilidad de una polisexualidad más amplia que la dual. He ahí los orígenes de mi conflicto con la bisexualidad y la fuente de mi bifobia.

Esto me lo acabo de sacar ahora, pues no era consciente. Supongo que he intentado ir muy rápido. Esconder la bandera bi para enarbolar la bandera omni/polisexual es como esconder la bandera bollo para enarbolar la bandera transfeminista. La sexualidad y la política (¿es algo distinto?) es tan amplia y tan compleja que nos permite alzar al tiempo la bandera bi, la bandera omni/polisexual, la bandera bollo y la bandera trans. Lo importante no es qué bandera enarboles, o cómo te autodenomines en determinado momento, sino que tu bandera no implique retirar ninguna otra. Y negar una sexualidad con la que tantas personas se sienten identificadas es, como poco, una enorme falta de respeto. Mis sinceras disculpas (que irán acompañadas de un mayor intento por BIsivilizar, en el blog y en mi vida diaria).

Fuente de la imagen: Lille Skvat


BIsivilidad


Homosexuality was invented by a straight world dealing with its own bisexuality.
Kate Millet, Flying

Hace sólo tres años que el Día de la Visibilidad Bisexual se celebra en España, aunque se instituyera en 1999, separado del Día del Orgullo para destacar la discriminación que sufre tanto del colectivo heterosexual como del homosexual. El día elegido, 23 de septiembre, es el mismo en que murió Sigmund Freud quien, en sus Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, afirmara que todo individuo parte de la bisexualidad (pese a que defendiera unas connotaciones moralmente negativas de su no represión).

La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) celebra la jornada en diferentes ciudades del país. En Madrid, a las 19.00 horas, Arcópoli extenderá una bandera bisexual en la Puerta del Sol de Madrid, y se leerá un manifiesto. Asimismo, Arcópoli y COGAM han organizado los Primeros Encuentros sobre Bisexualidad 'Creando Precedente', que se celebarán en Getafe (Madrid) los días 24, 25 y 26 de septiembre.

No voy a entrar en la visión historicista, biologicista o psicoanalítica de la bisexualidad porque, sinceramente, me da bastante pereza. ¿Desde cuándo hay que justificar nuestros actos/pensamientos/opciones/orientaciones en el comportamiento de los animales o en lo que hizo/hiciera nosequién en el siglo nosecuántos? Nadie tiene derecho a pedir eso. Aunque exista respuesta (historicista, biologicista y psicoanalítica).

Las siglas LGTB incluyen identidades (tanto individuales como colectivas) muy diferentes. La bisexualidad, oprimida por las presiones monosexuales, es discriminada tanto por homos como por heteros, además de verse invisibilizada por la imposibilidad de ser reconocida en relación a la pareja del individuo (salvo que mantenga una relación poliamorosa con personas de diferente sexo). De igual forma que la identidad gay y la lesbiana (no digamos la transexual) no tienen la misma historia ni los mismos mitos, la identidad bisexual también cuenta con una genealogía separada de la LGT.

A finales de los años setenta se publicaron tres de las más importantes obras en torno a la bisexualidad: el ensayo Bisexuality: What's It All About (Margaret Mead, 1975), The Bisexual Option (Fred Klein, 1976) y Bisexuality: A Study (Charlotte Wolff, 1979), rompiendo el silencio que había reinado desde que en el informe Kinsey se afirmara que el 37% de los hombres estadounidenses habían tenido algún contacto homosexual. Sin embargo, las voces y plumas volvieron a callar hasta que los años noventa trajeron de vuelta la bisexualidad a los estudios teóricos (aunque los ochenta fueron la cuna del activismo): Loraine Hutchins y Lani Ka'ahumanu, 1991; Elizabeth Däumer, 1992; Maria Pramaggiore y Donald Eugene Hall, 1996; Marjorie Garber, 1996...

Aunque se siga usando y abusando del mismo argumento de que los y las bisexuales no son más que homosexuales reprimidos o que su identidad es todavía inmadura y que, tarde o temprano, "caerán de un lado o del otro", me gustaría remitirme a un estudio de Paula C. Rust que, en 1993, huía de los modelos de desarrollo en relación a la construcción de la identidad y construía uno nuevo en el que no existe una "meta" (hetero u homo), sino que hay idas y vueltas continuamente, ya que la identidad no es más que un constructo social que cambia cuando las definiciones y la misma sociedad cambian. De hecho, tras su encuesta a 406 mujeres autodesignadas homo o bisexuales, son menos las mujeres lesbianas que se han identificado como bisexuales en un momento previo de su vida que las mujeres bisexuales que lo han hecho como lesbianas, lo que niega el estereotipo de salida del armario lineal hetero-bi-homo.

Lecturas interesantes:
Bisexuality: A Critical Reader, de Merl Storr (ed.), 1993
Bisexuality and the Challenge to Lesbian Politics, de Paula C. Rust, 1993