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rabia


Ya te avisa la Biblia, "mejor es morar en tierra del desierto, que con la mujer rencillosa e iracunda". Estuve hablando con G sobre la rabia, sobre cómo las personas socializadas como mujeres manejamos el enfado. He estado leyendo desde entonces sobre ello, sobre cómo a veces no sabemos procesarlo y sobre la falta de referentes de mujeres cabreadas, pese a tener (o precisamente debido a tener) todas esas imágenes estereotipadas en la cabeza: la histérica, la loca del coño, la feminazi. En el caso de las mujeres no blancas el cliché es todavía más recurrente, un tropo que tiene hasta página en la Wikipedia.

En 1589, una mujer llamada Jane Anger escribió "Protection for Women", un breve texto contra la supremacía masculina, y otros tantos panfletos rabiosos. Y sí, Jane Anger estaba muy cabreada: "it was ANGER that did write it" (con un juego de palabras con su apellido, Enfado, pseudónimo o no, aún se debate). En este artículo se recorre el enfado en la literatura feminista desde Jane Anger hasta Virginia Woolf, pasando por Wollstonecraft, y habla de los feminismos de los sesenta como la cúspide del enfado. ¿Quién puede olvidarse del Manifiesto SCUM? (*triple alerta de capacitismo, oigausté).

Parte de esos feminismos tan blancos le decían a las mujeres negras que reprimieran su furia por el bien de la estabilidad del movimiento. bell hooks escribe en su libro Killing Rage: "Lxs blancxs han colonizado a lxs estadounidensxs negrxs, y parte de ese proceso de colonización ha sido enseñarnos a reprimir nuestra rabia, no hacerles nunca objeto de ese enfado que nos hace sentir el racismo".

En 1981, Audre Lorde dio una conferencia sobre los usos del enfado: The Uses of Anger: Women Responding to Racism y sobre no callarse ante el racismo de las compañeras blancas solo para evitar que se sientan culpables: "Todas las mujeres tienen un arsenal de rabia bien provisto, potencialmente útil contra las opresiones, personales e institucionales, que dan vida a esa misma rabia. Enfocada con precisión puede convertirse en una poderosa fuente de energía para el progreso y el cambio (...). No puedo esconer mi rabia para ahorrarte culpa, sentimientos heridos, o tu rabia de vuelta; porque hacer eso insultaría y trivializaría todo nuestro trabajo. La culpa no es una respuesta al enfado, es una respuesta a tus acciones o a tu falta de acción. Si lleva al cambio puede ser útil, pero entonces ya no es culpa sino aprendizaje. Demasiado a menudo, la culpa es solo otro nombre para la impotencia (...), la última protección de la falta de cambio". (Aquí me duele un poco pero bajito bajito, porque la culpa es esa otra gran arma del patriarcado tan difícil de pelear). Dice Lorde: "Mi rabia me ha traído dolor pero también la supervivencia, así que antes de abandonarla tendría que asegurarme de que tenemos otro instrumento tan poderoso como ella".

En esta reflexión (un tanto obsesiva) sobre el enfado, también me inquieta cómo intersecta con el capacitismo, cómo cada vez que el enfado (siempre legítimo, ¡cómo no vamos a estar enfadadxs!) se expresa por cauces no normativos o neurodiversos (o simplemente se expresa, eso ya es de por sí bastante poco normativo y bastante neurodivergente), el peso violento de la norma capacitista cae sobre la valiente.

Las pocas veces que me enfado y que no sé cómo gestionar la rabia, me acuerdo del bonito manifiesto de Lemebel, de H.I.J.O.S. y de Stefan Zweig, de ese "nuestra venganza será ser felices" (dándole una vuelta, o dos, o mil, a la "felicidad", claroestá).

Pero otras veces solo quiero romper cosas y pegar muy fuerte.


lena dunham y (white) girls

Lena Dunham en Girls

Lena Dunham, conocida principalmente por la serie Girls (de 2012 hasta el día de hoy), vuelve a protagonizar polémica por dos fragmentos de su nuevo libro: No soy ese tipo de chica (Espasa, 2014). Los fragmentos son estos:

-¿Todas tenemos útero? -le pregunté a mi madre cuando tenía siete años.
-Sí -me dijo-. Hemos nacido con él y con todos nuestros óvulos, pero empiezan siendo muy pequeños. Y no están listos para hacer bebés hasta que somos más mayores.
Miré a mi hermana, una delgada y fuerte niña de un año, y a su barriguita. Imaginé los óvulos en su interior, como el saco de huevos de araña en La telaraña de Carlota, y su útero, del tamaño de un dedal.
-¿Su vagina es como la mía?
-Eso creo -me dijo mi madre-. Solo que más pequeña.
Un día, sentada en el camino de entrada a nuestra casa de Long Island mientras jugaba con cubos y bloques, mi curiosidad logró su objetivo. Grace estaba sentada, balbuceando y sonriendo, me incliné entre sus piernas y con cuidado abrí su vagina. No se resistió y cuando vi lo que había dentro grité.
Mi madre vino corriendo.
-¡Mamá, mamá! ¡Grace tiene algo ahí dentro!
Mi madre no se molestó en preguntarme por qué le había mirado la vagina a Grace. Eso entraba dentro del espectro de cosas que yo hacía. Se limitó a ponerse de rodillas para verlo por sí misma. Enseguida pareció evidente que Grace se había metido allí seis o siete piedras. Mi madre se las sacó con paciencia mientas Grace se reía, encantada de que su travesura hubiera tenido tanto éxito. (páginas 142-143). 

Y este otro:

Conforme iba creciendo, empecé a sobornarla a cambio de su tiempo y su afecto: un dólar en cuartos si me dejaba que la maquillara como una motera. Tres caramelos si permitía que la besara en los labios durante cinco segundos. Lo que quisiera ver en la televisión si se relajaba conmigo. Básicamente, intenté cualquier cosa que haría un depredador sexual para atraer a una chica de clase media (página 172). 

Un medio bastante conservador, Truth Revolt, publicó hace diez días un artículo titulado: "Lena Dunham describe cómo abusó sexualmente de su hermana" y, a partir de ahí, saltaron noticias en todos los medios (no solo conservadores, claro está, también desde muchos foros y medios feministas). Dunham se enfadó bastante, afirmó que todo lo publicado fue previo consentimiento de su hermana, que los abusos sexuales en la infancia destrozan muchas vidas, que distingue entre el abuso y la curiosidad infantil y que lamenta la falta de sensibilidad en el uso del término "depredador sexual", así como haber podido detonar traumas a algunxs lectorxs.

Personalmente, lo que diga ella al respecto me parece poco relevante, y más importante (o en realidad lo único importante) lo que pueda decir su hermana, que sostiene que no vivió ningún abuso y que cada persona tiene derecho a narrar su propia existencia y a determinar qué le ha dañado y qué no le ha dañado. Supongo que eso sí me molesta, que decidan ignorar abiertamente o restarle importancia a la versión de Grace Dunham (¿por qué hacer caso a una mujer que dice que ha sido violada? ¿por qué hacer caso a una mujer que dice que no lo ha sido?).

A Lena Dunham le tienen mucha manía desde sectores conservadores por mujer, por feminista, por gorda que no se avergüenza.

Pero más manía y esta sí justificada le tienen desde muchos feminismos, sobre todo por su falta de conciencia acerca de sus privilegios. A la serie Girls se le acusa casi desde que empezó de burbuja blanca, de racismo hipster, de racismo, al fin y al cabo. No le vino muy bien que Lesley Arfin, una de las guionistas, ante las críticas por falta de representación de personas no-blancas, escribiera irónicamente: "Lo que más me molestó de [la película] Precious es que no había representación de MÍ". [Sí, ya sabes, el racismo inverso tan apropiado, como el hembrismo]. Dunham, por su parte, siempre ha dicho que el hecho de que todas las personas que salen en la serie sean blancas es casualidad, mero accidente. Este artículo de The New Yorker explica todo bastante bien.

Sí, casualidad.

Probablemente los feminismos negros e interseccionales no estarían tan enfadados con Dunham si hubiera reconocido que se equivocó, que no fue consciente de sus privilegios, que su mundo es blanco y que así ha sido su serie pero que el hecho de que su mundo sea blanco no es mero accidente, o si hubiera decidido trabajar su privilegio y que se notara en su trabajo (ya que ella decide llamarlo feminista). Pero prefiere decir que es casualidad. Y que lo siga siendo.



mareo

Llevo una semana escribiendo una entrada cada día y abandonándola en borradores. Hay días sin mayúsculas y días sin casi signos de puntuación y días que son una mezcla.

M. estaba en el hospital y bromeamos porque ahora es un cyborg (pero todxs somos cyborgs llenxs de prótesis y no me mareé al ver su cicatriz ni con la sangre de su compañera de habitación porque la miraba fijamente a los ojos).

Llevo veinticuatro horas pensando en ontologías prediscursivas y podría dejarlo ahí pero mi directora de tesis se enfada porque no explico los conceptos que nombro. Me quedo atrapada en la teoría del discurso y en la filosofía del lenguaje y en el textualismo más extremo. No hay nada más allá del lenguaje. Todo es discurso. La ontología estudia las entidades que existen. Lo prediscursivo es aquello que existe antes de existir en el lenguaje. O sea, nada.

O todo. Pero no es relevante. No es aprehensible para nosotrxs. Da igual la ontología prediscursiva. Da igual que exista o que no exista una realidad atómica. Dan igual el gran corazón-cyborg de M. o los tendones cortados o las pastillas en la cartera fuera de las formas de pensarlos, construidas en el lenguaje.

La teoría del discurso es optimista, porque puedes cambiar la realidad si cambias los lenguajes. La teoría del discurso es pesimista, porque no puedes concebir otros lenguajes más que a partir de los lenguajes que ya conoces.

A veces leo filosofía del lenguaje tan textualista que me mareo como con la sangre de la compañera de habitación de M. Me mareo de verdad. Entro y entro línea tras línea y me lo creo pero de repente dejo de saber dónde estoy. Y como hablaba hace unos días con otra M. necesitamos volver a la caña y no sabemos si eso es la realidad o la zona de confort.

Lo único importante es que los corazones mecánicos siguen latiendo. Y da igual que sea antes o después del lenguaje, dentro o fuera del discurso.

***

he tardado quince días en echar de menos escribir a mano (salvo por esa firma que parece una falsificación y por los libros que no subrayo pero cuyas páginas fotografío).

no pasa nada por hacerlo todo el doble de despacio.

muchos, muchos, pero muchísimos hombres desconocidos me hablan por la calle para que les explique qué me ha pasado. contesté al primero. a partir de entonces solo me llaman antipática.

***

de qué sirve leer a foucault a butler a spivak a spade si no respetas la negativa en una interacción sexual, si no te interesan los cuidados, si jerarquizas precisamente a quienes sí y a quienes no han leído u oído hablar de foucault de butler de spivak de spade. pero te llamas feminista.

o no te defines como feminista ni como transfeminista ni como womanista pero cuidas tus relaciones, entiendes perfectamente los conceptos de consentimiento y de interseccionalidad, tus prácticas son feministas.

¿esto es heterodesignar el feminismo? ¿llamar feminista a quien no se identifica como tal o negarle la etiqueta a quien sí la aprehende? ¿es trazar una línea excluyente de quiénes son feministas y quiénes no? ¿dónde queda la línea? no hay personas sino prácticas feministas. estrictamente, no somos feministas sino que intentamos que nuestras prácticas lo sean, con más o menos éxito.


la perfección mata

Kara Passey

Publican en The Guardian un fragmento de la nueva obra de Laurie Penny, Unspeakable things, sobre trastornos de alimentación. Aquí lo traduzco. Algunas líneas no me convencen, pero en general me ha gustado.  

Con 17 años, cuando entro a un hospital para trastornos de la conducta alimentaria, soy algo rarita. Pelo casi rapado, ropa negra, calada de tinte de pelo y de rock riot grrrl, vestida como un chico, obviamente queer. No será hasta más tarde que aprenda que entre un cuarto y la mitad de lxs jóvenes hospitalizadxs por trastornos alimentarios son LGTBQ. Esa es una de las cosas que no te dicen sobre cómo y por qué las chicas jóvenes se hunden.

Las mujeres jóvenes que ya están ahí parecen rotas muñecas disfrazadas, todas extraídas del mismo molde raro y demacrado, apenas capaces de mantenernos rectas, con las mismas marcas de cortes grabadas como códigos de barras en lugares secretos de nuestra piel. Claramente, las otras chicas han estado matándose de hambre hasta el colapso porque, simplemente, quieren parecer más guapas; yo, por mi parte, tengo razones perfectamente racionales e intelectuales para hacer exactamente lo mismo. Nunca seremos amigas. No tenemos nada en común

Este punto de vista me dura 18 horas, hasta el primer momento de alimentación, fijado por la noche, cuando todas nos apiñamos juntas en los baratos sofás de hospital, intentando tragar dos diminutas galletas, sintiendo que nuestra piel hierve. Una mujer, diez años mayor que yo y que tiene su propia historia, se acerca y pone un brazo huesudo sobre mis hombros. "Todo está bien", me dice, "puedes hacerlo".

Me permito ser sostenida de esa forma. Cojo la galleta. Y algo cambia.

Durante las semanas y meses de confinamiento, estas chicas se convertirán en mis mejores amigas. Aprenderé con 17 años lo que a algunas personas le cuesta décadas aceptar: las chicas monas que le hacen el juego al patriarcado y las chicas feas a las que nunca sacan a bailar sufren exactamente lo mismo. Que a todas nos hacen la misma trampa. Que no hay forma de jugar a la-chica-perfecta y ganar.

(...)  Ser Esa Chica es más fácil si eres blanca y normativamente guapa. No hay trampa. Ni siquiera tienes que eliminar totalmente las partes de tu personalidad que no encajen, esas partes que son inteligentes y difíciles y fuertes y rabiosas y ambiciosas y masculinas y maduras. Tan solo les bajas el volumen hasta que se convierten en ruido de fondo; lo bajas, lo bajas, hasta que el oído masculino no pueda captar su frecuencia y muy pronto ni siquiera tú puedas escucharlas en tu propia cabeza. Baja el volumen y trágatelas como si fueran comida porque no vas a comer mucho más ya que Esa Chica debe mantenerse delgada y frágil si quiere ser guapa y querida. Y quieres ser guapa y querida.

Los trastornos de la conducta alimentaria son más fáciles de esconder que la mayor parte de las enferemedades mentales, especialmente con una cultura visual donde nos hemos acostumbrado a imágenes de jóvenes extremadamente desnutridas. Aquellos que no implican una gran pérdida de peso, como la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón, son todavía más fáciles de mantener en secreto -durante un tiempo. Todos estos desórdenes se cobran un peaje aterrador en el cerebro y en el cuerpo, a corto y a largo plazo, dado que acaban por incurrir en todo tipo de grotescos y peligrosos métodos  para controlar su peso: sangrados, abuso de drogas, ejercicio extremo, vómitos hasta que las mejillas se hinchan y los dientes se pudren de tanto expulsar ácido estomacal.

Eso no suena bonito. Es el feo y pequeño secreto que hay detrás de gran parte de nuestra moderna cultura de la belleza, y el mayor secreto es que no es ningún secreto. Nada de esto lo es. Los diagnósticos de trastornos de alimentación, las automutilaciones y otros y más arcanos métodos de autolesión han crecido durante la última década, especialmente entre chicas jóvenes, LGTB+, cualquier persona que esté bajo una presión extra para encajar.

(...)

Las últimas teorías más políticamente correctas sobre trastornos de alimentación las califican como un método que las mujeres jóvenes utilizan para escapar del estrés de la feminidad moderna. La anorexia nerviosa, según sigue esta lógica, suspende el proceso traumático de convertirse en mujer, porque cuando dejas de comer, cuando bajas de 600 a 400 a 200 calorías por día, tu regla se interrumpe, tus tetas y tus caderas y tu carne más flácida desaparecen, y vuelves a un estado artificial y prepubescente, completado por cambios de humor, extrañas obsesiones musicales y el abrumador impulso de robar gomas de pelo del Woolworths. La razón por la que las chicas jóvenes y cada vez más chicos se comportan de esta forma, según esta lógica, es porque están asustadxs y enfadadxs con los roles de género que se les imponen. La noción de que puedan tener un montón de buenas razones para estar asustadxs y enfadadxs, sin embargo, no se le ha pasado por la cabeza a la psiquiatría todavía.

(...) Una cosa es cierta, sin embargo: en Europa y en Estados Unidos, el miedo al cuerpo de las mujeres es el miedo al poder de las mujeres, y ese odio a esos cuerpos es profundamente político.

Esto no es nada, sin embargo, comparado con el completo horror que la sociedad reserva para las mujeres gordas que, además, son pobres. En los países occidentales, donde el acceso a la cantidad de comidad no es tan problemático como el acceso a la calidad, el sobrepreso se relaciona muchas veces con la pobreza y la malnutrición. Este hecho ha consolidado el asco apenas oculto que la sociedad siente por las mujeres de clase trabajadora que ocupan demasiado espacio.

Desde el salón de juntas hasta las calles, la ansiedad de las mujeres para mantener su masa corporal lo más baja posible está basada en un miedo perfectamente legítimo a que serán castigadas si intentan entrar en el espacio patriarcal. No hace falta preguntarse por qué muchas de nosotras estamos matándonos de hambre.

(...)

Las chicas perfectas saben que tienen que mejorar constantemente. Claro, nadie puede ser una chica perfecta.

Alcanzas un punto en que tienes que decidir qué sacrificarás para sobrevivir. Fue ahora hace años, y he vivido lo suficiente como para olvidar cuándo decidí darle una oportunidad a la vida, tan solo como experimento, para ver si podría. Quizá fue cuando arrastraba los pies hasta la pequeña cocina para comer una tostada por primera vez, sin pelearme. Recuerdo el pan crujiente y con mantequilla, y el terror a que si me permitía liberar el hambre nunca dejaría de comer. Comería y comería hasta que tuviera el tamaño de un monstruo y seguiría comiendo hasta que me comiera el mundo entero. El hambre de una chica joven da miedo.

O quizá fue meses después, cuando dejé el hospital por primera vez con un vestido nuevo y maquillaje, para convencer a la enfermera del centro de que estaba finalmente sana, preparada para vivir una vida saludable, pintándome esa expresión que las mujeres aprendemos a poner para convencer al mundo de que somos felices, diciéndole adiós a lxs amigxs que había hecho, desde la ventana de un taxi que me llevaba a quién sabe dónde, tan solo sabía que nunca sería a casa.

Ser una buena chica, una chica perfecta, puede matarte rápido o puede matarte despacio, allanando todo aquello precioso que hay dentro de ti, convirtiendo los mejores sueños de nuestra vida en homogeneidad apagada. Con 17 años decidí agarrarme a otra vida, y daba miedo, y todavía da mucho, mucho miedo, pero también da miedo quedarse en casa con una sonrisa impostada. Veo a mujeres que toman esa decisión cada día, en la adolescencia, a los veinte, a los sesenta, a los setenta, y y en este nuevo y valiente mundo donde el empoderamiento significa zapatos caros y la opción de inclinarse ante un jefe, es la única decisión que realmente importa.

Aquellas que la toman son llamadas zorras, egoístas, frikis, putas, y a veces rebeldes y degeneradas y problemáticas, y a veces nos conoce hasta la policía. Y, a veces, nosotras preferimos llamamos feministas. 


Carta


Querida Loreto,

No le hagas caso. Es mentira eso de que llorar es de nenazas. Y ten cuidado. Porque no hay nada de malo en ser una nenaza. Nunca lograrás pasar cien días sin llorar. Y no pasa nada. No te obsesiones y deja de contar. No dejes que un niño de cinco años te destroce la adolescencia cuando solo tienes cinco años.

Lee. Sigue leyendo. Pero haz algo más que leer además de tatuártelo cuando cumplas los veinticinco. Puede que con nueve años aún no sepas lo que significa lesbiana y que con dieciocho no hayas oído nunca la palabra postestructuralismo, pero dentro de unos años tendrás que traducir tus pensamientos del posmoderno al castellano y sabrás más de teorías que de prácticas. Y eso será cualquier cosa menos bueno. No dejes de leer pero acuérdate de que a veces la gente es mejor que los libros.

Decidirás estudiar lo que estudiarás dos meses antes de matricularte, obedeciendo a tu primera psicóloga (la obedecerás en más cosas, pero lo superarás). En segundo de carrera ya sabrás que ha sido un error, pero un profesor empezará a hablar de bolleras y de maricas y de queer y todo cambiará en un segundo. La carrera seguirá sin gustarte. Pero habrás encontrado algo que te hará feliz. Y además. People are just people, they shouldn't make you nervous. Repeat.

No pasa nada porque te haya llamado fea. No dejes de contestar a los acosadores porque uno te haya llamado fea. Tampoco pasa nada porque te haya afectado. No vas a ser la perfecta feminista las veinticuatro horas del día. Seguramente ni siquiera un rato. Qué agotamiento. Pero dejará de molestarte. Lo prometo.

No pasa nada porque no hayas entendido nada de Manifiesto contrasexual. Dentro de dos años volverás a intentarlo y cuando hayan pasado unas pocas páginas ya será demasiado tarde para volver atrás. No dejarás de ver esas películas y series horribles de adolescentes estadounidenses. Y tampoco dejarás de engancharte a realities terroríficos de la MTV. Al principio te sentirás culpable. Pero bah. Aprenderás a darte concesiones. Y a descansar. Y a perder el tiempo.

Sí, el feminismo te joderá la vida. Pero también te la salvará. Solo tienes que tener un poco de paciencia.


Gays de derechas



Hace poco surgía la página Gays de derechas, que descubro a través de un comentario en Twitter de Rubén López, activista de Arcópoli, que asegura apoyarles ("contad conmigo"): "Una cosa es que yo sea socialdemócrata y otra es activista LGTB. Las separo al 100%". ¿Sí? ¿Puede separarse? ¿Se puede ser gay de derechas? Claro que puedes ser gay y ser de derechas. Supongo que la pregunta es si puedes posicionarte contra la homofobia y ser de derechas.

Me acuerdo del polémico artículo de Naomi Wolf  de verano de 2011, titulado "America's Reactionary Feminists" y publicado en castellano por Público como "El feminismo reaccionario", donde intenta describir a las mujeres del Tea Party como ejemplos de discurso y activismo feminista. Me gusta cómo lo describieron en Feministing: "sí, es otro de esos artículos que se lamentan de que las feministas no apoyen a las mujeres políticas que trabajan activamente contra los objetivos feministas". Beatriz Gimeno también escribió un artículo al respecto: "El feminismo de derechas". No, el feminismo no puede ser de derechas igual que no lo puede ser el antirracismo o la lucha contra la homofobia o la transfobia.

¿Se puede aislar un discurso de género de un discurso de clase, de raza, de capacidades, de, de, de...? Cuando empecé a escribir en este blog le puse un nombre horrible; por aquel entonces leía solo páginas como Dos Manzanas o AmbienteG: ¿Qué escribes cuando escribes solo sobre una variable? ¿Qué pasa si escribes solo sobre el colectivo LGTB? ¿Qué escribes cuando escribes sobre el ser-gay o ser-lesbiana y el resto son todo privilegios?

Hay asociaciones LGTB autoidentificadas como de derechas, neoliberales o conservadoras en varios estados (GOProud LogCabin en EEUU, LGBTory en Reino Unido, GayLib en Francia, Öppna Moderater en Suecia...). Log Cabin Republicans (LGR) es un grupo estadounidense LGTBH (así se identifican en su Web, LGTB y heterosexuales aliadxs) cuyos miembros se definen como “republicanos conservadores, moderados y libertarios”. Su rama en el condado de Broward (Florida) publicó en octubre de 2012 un anuncio en la publicación gay Florida Agenda en relación con la campaña electoral. Éste, ilustrado con una imagen de la agonía del embajador estadounidense en Libia Chris Stevens, rezaba lo siguiente:

¿Dónde está la atrocidad ahora?
Si la administración Obama no va a proteger a los ciudadanos estadounidenses gay / gay-friendly del terror del radicalismo islámico, ¿qué te hace pensar que nos protegerán de la ley de la shariah… en ningún sitio? Los Republicanos Log Cabin de Broward están unidos en su apoyo a la igualdad de derechos en el Estado de Israel. Israel, independientemente de la orientación sexual de cada uno, es la única luz de esperanza en Oriente Medio que defiende los derechos humanos de nuestra comunidad. Apoya a Israel en esta hora oscura. ¡Vota Republicano!” 
El anuncio despertó muchas críticas e, incluso, de la propia central del grupo Log Cabin, quienes publicaron un comunicado desvinculándose e, incluso, rechazando su discurso pues la muerte de Chris Stevens no estaba motivada por la homofobia. El anuncio de Log Cabin insinuaba, claro, la homosexualidad del embajador, un rumor que había despertado un bloguero republicano y homosexual llamado Kevin DuJan (DuJan también ha escrito sobre la homosexualidad de Barack Obama y es conocido por su discurso homonacionalista e islamófobo; en un artículo titulado “¿Por qué los demócratas de izquierdas defienden el islam y culpan a las víctimas de los musulmanes?” relata el intento de atentado del estadounidense Adel Daoud en Chicago frente a un bar, que, aunque su nombre fuera desconocido, intenta demostrar que se trata de uno de ambiente gay, y hace la equivalencia directa entre homofobia e islam: “islam: la ‘religión de la paz’ que intenta hacer estallar a los gays […]; el Islam no es compatible con la civilización occidental. O con ninguna, por la propia naturaleza de la palabra”).

El rechazo de la central de LGR, basado en la falta de motivación homófoba del atentado, así como la indignación general ante el uso de la imagen del embajador agonizante, pasan por alto lo irrelevante de la orientación afectivo-sexual de Chris Stevens en el caso: se trata, una vez más, de reproducir la dicotomía excluyente islam/homosexualidad, que reproduce asimismo los mismos binarismos civilización/barbarie o racionalidad/irracionalidad, colocando al Estado de Israel como el único representante de la civilización en Oriente Medio y recordando la incapacidad de los países de mayoría musulmana de decidir su dirección política sin el control occidental. 

Supongo que esto es lo que escribes cuando hablas y piensas solo desde una variable. 

Sí, Kevin DuJan sería un gay de derechas, ¿no? Y sería además un gay racista, islamófobo e imperialista. ¿Podríamos aislarlo de otra posición en relación con la diversidad en el sistema sexo/género/deseo? ¿Podría posicionarse como anti-homófobo a la vez que racista? ¿A la vez que neoliberal? ¿A la vez que clasista? Se puede ser gay de derechas, pero desde luego que no se puede luchar contra la homobia desde esa ubicación. Mi feminismo será interseccional o será una mierda. 


De(pos)lenguaje



Las grandes ideas, y el feminismo lo es, pueden expresarse de manera sencilla. Si no, no son grandes ideas. [...] El lenguaje oscuro ha sido siempre una de las mayores herramientas del poder [...]. Cada mujer agotada, cansada de su vida, y son muchas, guarda en potencia a una feminista. Y para ello no hace falta haberse leído ni a Simone de Beauvoir ni a Judith Butler ni a Amelia Valcárcel.
Rosario Hernández Catalán


Se me han mezclado la jornada de ayer en la Karakola y el curso al que estoy asistiendo en Traficantes sobre psicoanálisis lacaniano.

Unas compas hicieron posible que Julieta Paredes pudiera estar en Madrid hablando sobre feminismo comunitario. Julieta, de Mujeres Creando Comunidad, tiene, entre otros, un libro llamado "Hilando fino: Desde el feminismo comunitario". Red Nosotras En El Mundo estuvo emitiendo en streaming, no sé si subirán el audio. La charla y el turno de debate fueron muy emocionantes. Me gustó el lenguaje y me gustó el contenido, pensando cada vez más en términos de comunidad y en interdependencia. También pensé que me habría gustado que muchas personas importantes para mí estuvieran ahí escuchando.

¿A qué viene el curso de Traficantes de psicoanálisis lacaniano? A que ahí no entiendo nada. Entiendo, claro, pero todo exige un gran esfuerzo mental de traducción de vocabulario, y no hablo solo de conceptos específicos, y no hablo solo de psicoanálisis lacaniano. No habría problema si todas las referencias y palabras que utilizaran/utilizáramos en determinados contextos fueran realmente necesarias porque reflejasen un significado realmente único, pero cada día dudo más de que así sea.

Si no puedes explicárselo a mi abuela, no es mi revolución.

A los estudiantes con los que trabajo se les ha enseñado a dar a los libros mucha más autoridad de la que dan a sus vidas [...] El lenguaje innecesariamente especializado se utiliza para humillar a quienes se supone que no deben sentirse autorizados para entenderlo. Vende la ilusión de que sólo quienes pueden manejarlo son capaces de pensar.
Aurora Levins Morales (2001 [2004]): "Intelectual orgánica certificada" en La Eskalera Karakola (ed.): Otras inapropiables. Feminismo desde las fronteras. Madrid: Traficantes de Sueños. Licencia de reproducción Creative Commons.


Cuerpos sexuados



Tenía muchas ganas de leer entero Cuerpos sexuados: la política de género y la construcción de la sexualidad (Anne Fausto-Sterling, 2000). Lo guardaré en la misma estantería mental que La construcción del sexo: Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud (Thomas Laqueur, 1990) o Ciencia, cyborgs y mujeres (Donna Haraway, 1991). La estantería se llama respuesta a "si me parece muy bien todo esto del feminismo y de la construcción social del género, pero biológicamente blablabla". Aunque sea un nombre un poco largo para un rótulo.

Fausto-Sterling se define como bióloga, feminista e historiadora de la ciencia. El libro empieza con la historia de María Patiño, vallista española que fue expulsada de los mundiales de Kobe de 1985 por no pasar el control de género. Dedica varios capítulos a hablar de intersexualidad, tras lo que se centra en cómo se han entretejido (y siguen entretejiendo) ciencia y cultura a la hora de sexualizar y "dicotomizar" el cuerpo, el cerebro y las hormonas.

"Nuestros cuerpos son demasiado complejos para proporcionarnos respuestas definidas sobre las diferencias sexuales. Cuanto más buscamos una base física simple para el sexo, más claro resulta que 'sexo' no es una categoría puramente física [...]. Mi intención es mostrar la dependencia mutua de estas afirmaciones, en parte abordando temas como la manera en que los científicos (a través de su vida diaria, experimentos y prácticas médicas) crean verdades sobre la sexualidad; cómo nuestros cuerpos incorporan y confirman estas verdades; y cómo estas verdades, esculpidas por el medio social en el que los biólogos ejercen su profesión, remodelan a su vez nuestro entorno cultural" (pp. 19-20).

Aquí se puede acceder al pdf del libro en inglés.

La imagen está extraída de ese documento (página 59).
Descripción de la imagen: regla falométrica sobre el tamaño del clítoris/pene tras el nacimiento del bebé. De 0 a 1 centímetro: es una niña y un clítoris médicamente aceptable; de 2,5 a 5 centímetros: es un niño y un pene médicamente aceptable; entre 1 y 2,5 centímetros: ¡es inaceptable! ¡hay que operar!


Hembrismo y feminismo

El feminismo es igual que el machismo pero al revés.
Unx ignorante, cualquier día

Ante esta sentencia se ha extendido un argumento muy sencillo de explicar y de entender: "no, lo contrario del machismo sería hembrismo, el feminismo aboga por la igualdad". 

Este argumento, sin embargo, es muy problemático. 

(1) Presupone que el machismo es la actitud o la ideología de un individuo, que considera superiores a los hombres sobre las mujeres. Entonces, si una persona considera superiores a las mujeres sería hembrista. Esta lógica aplastante pierde todo sentido si entendemos que el machismo no es una actitud ni una ideología individual, sino todo un sistema económico, social y cultural de carácter jerárquico que divide a la sociedad en dos únicos géneros y supedita uno de ellos al otro (como muy bien explica Dean Spade). Visto así, no cabe hablar de hembrismo pues no existe tal sistema en ese sentido.

(2) Sirve para dividir dialécticamente de nuevo al feminismo: el buen feminismo (comedido, se centra únicamente en la igualdad de derechos, encaja dentro del sistema...) contra el mal feminismo (radical, hembrista, feminazi). 

Y no, que una vez tu prima dijera que las mujeres son más listas que los hombres no convierte el hembrismo en un sistema económico, social y cultural opresor. Ni siquiera hace que merezca la pena inventarse un nombre. Y si me vas a decir que tú, progremachirulo, piensas que las mujeres son mejores que los hombres, tampoco eres hembrista, eres un machista paternalista disfrazado. Y se te ve venir. Y si venimos de leídos, Valerie Solanas tampoco era hembrista, SCUM era resistencia. Así que, por muy bienintencionado que fuera sacar el hembrismo para argumentar algunos puntos básicos desde la pedagogía feminista, no es ya más que otra falacia patriarcal. 

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