Valeria Andrade es una artista ecuatoriana que, en Prácticas suicidas (2006), graba nueve intervenciones urbanas y califica de "suicidio" la exposición del sujeto (principalmente mujeres) a diferentes situaciones de la vida (urbana) cotidiana: "Retomo hábitos corporales urbanos para asaltar el espacio público y penetrar sin aviso sus tramas en forma de metáfora, juego o queja; tomándome, como un suicida, todos los riesgos hasta sus últimas consecuencias" (Manifiesto Suicida).
Una de las nueve intervenciones es Cañón de carne, como denomina al acto de suicidio moral femenino:
Valeria Andrade pasea por Quito y muchos hombres la miran, la acosan. Mientras tanto, el audio es una llamada al Teléfono de la Esperanza: "Una no puede salir a la calle sin que le digan todo el día porquerías. ¿Sabe lo horrible que es eso? Te están viendo asquerosamente, morbosamente, creo que los hombres no se dan cuenta, nunca le creen a una, siempre creen que es una exageración". ¿La respuesta del voluntario del Teléfono de la Esperanza? Cultura de la violación en estado puro. Merece la pena ver el vídeo.
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Publican en The Guardian un fragmento de la nueva obra de Laurie Penny, Unspeakable things, sobre trastornos de alimentación. Aquí lo traduzco. Algunas líneas no me convencen, pero en general me ha gustado.
la perfección mata
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| Kara Passey |
Publican en The Guardian un fragmento de la nueva obra de Laurie Penny, Unspeakable things, sobre trastornos de alimentación. Aquí lo traduzco. Algunas líneas no me convencen, pero en general me ha gustado.
Con 17 años, cuando entro a un hospital para trastornos de la conducta alimentaria, soy algo rarita. Pelo casi rapado, ropa negra, calada de tinte de pelo y de rock riot grrrl, vestida como un chico, obviamente queer. No será hasta más tarde que aprenda que entre un cuarto y la mitad de lxs jóvenes hospitalizadxs por trastornos alimentarios son LGTBQ. Esa es una de las cosas que no te dicen sobre cómo y por qué las chicas jóvenes se hunden.
Las mujeres jóvenes que ya están ahí parecen rotas muñecas disfrazadas, todas extraídas del mismo molde raro y demacrado, apenas capaces de mantenernos rectas, con las mismas marcas de cortes grabadas como códigos de barras en lugares secretos de nuestra piel. Claramente, las otras chicas han estado matándose de hambre hasta el colapso porque, simplemente, quieren parecer más guapas; yo, por mi parte, tengo razones perfectamente racionales e intelectuales para hacer exactamente lo mismo. Nunca seremos amigas. No tenemos nada en común
Este punto de vista me dura 18 horas, hasta el primer momento de alimentación, fijado por la noche, cuando todas nos apiñamos juntas en los baratos sofás de hospital, intentando tragar dos diminutas galletas, sintiendo que nuestra piel hierve. Una mujer, diez años mayor que yo y que tiene su propia historia, se acerca y pone un brazo huesudo sobre mis hombros. "Todo está bien", me dice, "puedes hacerlo".
Me permito ser sostenida de esa forma. Cojo la galleta. Y algo cambia.
Durante las semanas y meses de confinamiento, estas chicas se convertirán en mis mejores amigas. Aprenderé con 17 años lo que a algunas personas le cuesta décadas aceptar: las chicas monas que le hacen el juego al patriarcado y las chicas feas a las que nunca sacan a bailar sufren exactamente lo mismo. Que a todas nos hacen la misma trampa. Que no hay forma de jugar a la-chica-perfecta y ganar.
(...) Ser Esa Chica es más fácil si eres blanca y normativamente guapa. No hay trampa. Ni siquiera tienes que eliminar totalmente las partes de tu personalidad que no encajen, esas partes que son inteligentes y difíciles y fuertes y rabiosas y ambiciosas y masculinas y maduras. Tan solo les bajas el volumen hasta que se convierten en ruido de fondo; lo bajas, lo bajas, hasta que el oído masculino no pueda captar su frecuencia y muy pronto ni siquiera tú puedas escucharlas en tu propia cabeza. Baja el volumen y trágatelas como si fueran comida porque no vas a comer mucho más ya que Esa Chica debe mantenerse delgada y frágil si quiere ser guapa y querida. Y quieres ser guapa y querida.
Los trastornos de la conducta alimentaria son más fáciles de esconder que la mayor parte de las enferemedades mentales, especialmente con una cultura visual donde nos hemos acostumbrado a imágenes de jóvenes extremadamente desnutridas. Aquellos que no implican una gran pérdida de peso, como la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón, son todavía más fáciles de mantener en secreto -durante un tiempo. Todos estos desórdenes se cobran un peaje aterrador en el cerebro y en el cuerpo, a corto y a largo plazo, dado que acaban por incurrir en todo tipo de grotescos y peligrosos métodos para controlar su peso: sangrados, abuso de drogas, ejercicio extremo, vómitos hasta que las mejillas se hinchan y los dientes se pudren de tanto expulsar ácido estomacal.
Eso no suena bonito. Es el feo y pequeño secreto que hay detrás de gran parte de nuestra moderna cultura de la belleza, y el mayor secreto es que no es ningún secreto. Nada de esto lo es. Los diagnósticos de trastornos de alimentación, las automutilaciones y otros y más arcanos métodos de autolesión han crecido durante la última década, especialmente entre chicas jóvenes, LGTB+, cualquier persona que esté bajo una presión extra para encajar.
(...)
Las últimas teorías más políticamente correctas sobre trastornos de alimentación las califican como un método que las mujeres jóvenes utilizan para escapar del estrés de la feminidad moderna. La anorexia nerviosa, según sigue esta lógica, suspende el proceso traumático de convertirse en mujer, porque cuando dejas de comer, cuando bajas de 600 a 400 a 200 calorías por día, tu regla se interrumpe, tus tetas y tus caderas y tu carne más flácida desaparecen, y vuelves a un estado artificial y prepubescente, completado por cambios de humor, extrañas obsesiones musicales y el abrumador impulso de robar gomas de pelo del Woolworths. La razón por la que las chicas jóvenes y cada vez más chicos se comportan de esta forma, según esta lógica, es porque están asustadxs y enfadadxs con los roles de género que se les imponen. La noción de que puedan tener un montón de buenas razones para estar asustadxs y enfadadxs, sin embargo, no se le ha pasado por la cabeza a la psiquiatría todavía.
(...) Una cosa es cierta, sin embargo: en Europa y en Estados Unidos, el miedo al cuerpo de las mujeres es el miedo al poder de las mujeres, y ese odio a esos cuerpos es profundamente político.
Esto no es nada, sin embargo, comparado con el completo horror que la sociedad reserva para las mujeres gordas que, además, son pobres. En los países occidentales, donde el acceso a la cantidad de comidad no es tan problemático como el acceso a la calidad, el sobrepreso se relaciona muchas veces con la pobreza y la malnutrición. Este hecho ha consolidado el asco apenas oculto que la sociedad siente por las mujeres de clase trabajadora que ocupan demasiado espacio.
Desde el salón de juntas hasta las calles, la ansiedad de las mujeres para mantener su masa corporal lo más baja posible está basada en un miedo perfectamente legítimo a que serán castigadas si intentan entrar en el espacio patriarcal. No hace falta preguntarse por qué muchas de nosotras estamos matándonos de hambre.
(...)
Las chicas perfectas saben que tienen que mejorar constantemente. Claro, nadie puede ser una chica perfecta.
Alcanzas un punto en que tienes que decidir qué sacrificarás para sobrevivir. Fue ahora hace años, y he vivido lo suficiente como para olvidar cuándo decidí darle una oportunidad a la vida, tan solo como experimento, para ver si podría. Quizá fue cuando arrastraba los pies hasta la pequeña cocina para comer una tostada por primera vez, sin pelearme. Recuerdo el pan crujiente y con mantequilla, y el terror a que si me permitía liberar el hambre nunca dejaría de comer. Comería y comería hasta que tuviera el tamaño de un monstruo y seguiría comiendo hasta que me comiera el mundo entero. El hambre de una chica joven da miedo.
O quizá fue meses después, cuando dejé el hospital por primera vez con un vestido nuevo y maquillaje, para convencer a la enfermera del centro de que estaba finalmente sana, preparada para vivir una vida saludable, pintándome esa expresión que las mujeres aprendemos a poner para convencer al mundo de que somos felices, diciéndole adiós a lxs amigxs que había hecho, desde la ventana de un taxi que me llevaba a quién sabe dónde, tan solo sabía que nunca sería a casa.
Ser una buena chica, una chica perfecta, puede matarte rápido o puede matarte despacio, allanando todo aquello precioso que hay dentro de ti, convirtiendo los mejores sueños de nuestra vida en homogeneidad apagada. Con 17 años decidí agarrarme a otra vida, y daba miedo, y todavía da mucho, mucho miedo, pero también da miedo quedarse en casa con una sonrisa impostada. Veo a mujeres que toman esa decisión cada día, en la adolescencia, a los veinte, a los sesenta, a los setenta, y y en este nuevo y valiente mundo donde el empoderamiento significa zapatos caros y la opción de inclinarse ante un jefe, es la única decisión que realmente importa.
Aquellas que la toman son llamadas zorras, egoístas, frikis, putas, y a veces rebeldes y degeneradas y problemáticas, y a veces nos conoce hasta la policía. Y, a veces, nosotras preferimos llamamos feministas.
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heteronormatividad (III)
(Del gr. ἕτερος y del lat. norma)
1. f.
2. f.
1. f.
2. f.
3. f.
Estoy en un centro de salud de la Comunidad de Madrid y una chica entrega una encuesta a todxs lxs presentes para una investigación de carácter interno que trata la concienciación sobre el VIH. Todas las prácticas de riesgo están medidas por "¿usaste condón...?". Pregunto a la responsable sobre la población objeto de la encuesta. Le planteo mis dudas sobre el preservativo como única medida de protección imaginable y sobre mi desconcierto a la hora de responder a esa pregunta. La chica me mira con cara de no entender nada de lo que le digo. Creo que las preguntas están enfocadas a relaciones hetero o relaciones entre hombres. Hablo muy bajito pero gran parte de la sala de espera ya me está mirando. "Ahhh...", a la chica se le ilumina la cara porque por fin lo ha entendido, "entonces te cambio esto y esto en las respuestas, así, ¿ves? claro, si han sido entre mujeres no cuentan como relaciones sexuales, no hay riesgo". La miro incrédula. El resto de la sala de espera me mira, ahora, a mí. Le entrego la encuesta, el bolígrafo y me vuelvo a sentar en mi asiento mientras pido disculpas a la diosa queer por no tener fuerzas hoy para decir nada más.
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cómo reencontrarnos con nuestros propios cuerpos.
cuerpos y dolores.
cómo pedirle al feminismo que termine de salvarnos. cómo saberse todas las teorías y seguir, al mismo tiempo, sin poder mirarse en un espejo.
cómo comparamos los dolores. cómo distinguimos los dolores. cómo compartimos los dolores.
Leo este genial artículo "Why I No Longer Apologize For My Crutches" (Por qué ya no me disculpo por mis muletas) de Natalie E. Illum, y descubro bastantes proyectos interesantes.
The Body Is Not An Apology (El cuerpo no es una disculpa) fue un poema redactado por Sonya Renee Taylor y dedicado a la propia Natalie, después de que en la habitación de un hotel ésta se cayera y, mientras esperaba su ayuda al no poder levantarse, no hizo más que repetir "perdón", "perdón", "perdón". De hecho, inició un movimiento online ("de auto amor radical") para presentar nuestros cuerpos diversos sin pedir disculpas.
todas mis terapias han sido cognitivas, quizá a veces algo conductistas. pensamiento - emoción - acción. dónde queda el cuerpo. la barra separadora de cuerpo/emociones como fisura en nuestra carne y en nuestros huesos. vomitar de desamor. sangrar de ansiedad. lo bueno de la ansiedad es que te ayuda a lidiar con el concepto de insoportabilidad. cómo conciliar la ansiedad como absoluta conciencia de muerte y la idea aprendida y repetida como mantra de que no puedes morir de ansiedad. arrancarse la piel a tiras. literal y figuradamente.
BeBeautiful es un proyecto de Denise Jolly, otra activista y poeta (¿cómo se dice eso de spoken word en español?). Durante treinta días, se toma fotos semidesnuda con la palabra "beautiful" escrita sobre su piel y las sube a una página de Facebook. En principio, había pensado en escribir "be vulnerable", pero lo cambió dado que era esa palabra, "beautiful", su mayor vulnerabilidad.
Son proyectos bonitos. Me zambullo en mil páginas sobre aceptación, autoestima, positividad corporal ('body positivity'). Siempre se mezclan los activismos gordos, o el empoderamiento a través del autocuidado, con la palabra guapa, bonita, bebeautiful, bebeautiful.
qué porcentaje de las personas que sufren trastornos de conducta alimentaria son mujeres, mujeres, mujeres, sí, mujer como posición política, pero digo mujeres. cuáles son las diferencias de género en las autolesiones. desde cuándo y hasta qué punto aprendemos a odiarnos con tanta fiereza. cómo responder sin llorar al Cree en ti, Ama tu cuerpo, con el que te escupen los libros de psicología positiva.
Son proyectos bonitos. Y no deja de ser importante. Y en algunos momentos pueden salvarnos la vida. Y no vamos a ponerle pegas a nada que nos salve la vida. Pero siempre me quedo pensando en cómo escapar de esas oposiciones dicotómicas. Si todxs somos bellxs, ¿qué es ser bellx? ¿La belleza como concepto tiene sentido si no excluye a nada y a nadie? Es válido para todo, para la productividad de la que escribía un día, por ejemplo. O para la normalidad, claro. ¿Es posible incluirse en la normalidad sin condiciones? ¿Es posible incluirse en la normalidad sin excluir a nadie? ¿No significa únicamente ampliar las fronteras? ¿Queremos ser bellxs? ¿O queremos cargarnos la belleza?
Al mismo tiempo, me pregunto si no será llamarnos bellxs, desde fuera de la norma, una manera de hacer tambalearse el propio concepto.
[Con la normalidad o con la diversidad afectivo-sexual no dudaría, no se me ocurriría pensar que enunciarme "soy lesbiana y soy tan normal como tú" fuera empoderador o dinamitara nada, sino que me sentiría intentando sentarme en una mesa para la que me exigen unas condiciones excluyentes que no quiero cumplir. Pero claro, ¿podría desear dinamitar este concepto de hetero-normalidad si tuviera dilemas de lesbofobia interiorizada? ¿Se le puede entonces pedir a alguien que dinamite la belleza si tiene problemas de autoestima o inseguridad, que no haya pasado por el sentirse bellx?].
No lo sé. No tengo ni idea. Pienso en alto.
de belleza, de cuerpo, de dolor
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| ADVERTENCIA: Los reflejos en este espejo pueden estar distorsionados por las ideas de 'belleza' socialmente construidas |
cómo reencontrarnos con nuestros propios cuerpos.
cuerpos y dolores.
cómo pedirle al feminismo que termine de salvarnos. cómo saberse todas las teorías y seguir, al mismo tiempo, sin poder mirarse en un espejo.
cómo comparamos los dolores. cómo distinguimos los dolores. cómo compartimos los dolores.
Leo este genial artículo "Why I No Longer Apologize For My Crutches" (Por qué ya no me disculpo por mis muletas) de Natalie E. Illum, y descubro bastantes proyectos interesantes.
The Body Is Not An Apology (El cuerpo no es una disculpa) fue un poema redactado por Sonya Renee Taylor y dedicado a la propia Natalie, después de que en la habitación de un hotel ésta se cayera y, mientras esperaba su ayuda al no poder levantarse, no hizo más que repetir "perdón", "perdón", "perdón". De hecho, inició un movimiento online ("de auto amor radical") para presentar nuestros cuerpos diversos sin pedir disculpas.
todas mis terapias han sido cognitivas, quizá a veces algo conductistas. pensamiento - emoción - acción. dónde queda el cuerpo. la barra separadora de cuerpo/emociones como fisura en nuestra carne y en nuestros huesos. vomitar de desamor. sangrar de ansiedad. lo bueno de la ansiedad es que te ayuda a lidiar con el concepto de insoportabilidad. cómo conciliar la ansiedad como absoluta conciencia de muerte y la idea aprendida y repetida como mantra de que no puedes morir de ansiedad. arrancarse la piel a tiras. literal y figuradamente.
BeBeautiful es un proyecto de Denise Jolly, otra activista y poeta (¿cómo se dice eso de spoken word en español?). Durante treinta días, se toma fotos semidesnuda con la palabra "beautiful" escrita sobre su piel y las sube a una página de Facebook. En principio, había pensado en escribir "be vulnerable", pero lo cambió dado que era esa palabra, "beautiful", su mayor vulnerabilidad.
Son proyectos bonitos. Me zambullo en mil páginas sobre aceptación, autoestima, positividad corporal ('body positivity'). Siempre se mezclan los activismos gordos, o el empoderamiento a través del autocuidado, con la palabra guapa, bonita, bebeautiful, bebeautiful.
qué porcentaje de las personas que sufren trastornos de conducta alimentaria son mujeres, mujeres, mujeres, sí, mujer como posición política, pero digo mujeres. cuáles son las diferencias de género en las autolesiones. desde cuándo y hasta qué punto aprendemos a odiarnos con tanta fiereza. cómo responder sin llorar al Cree en ti, Ama tu cuerpo, con el que te escupen los libros de psicología positiva.
Son proyectos bonitos. Y no deja de ser importante. Y en algunos momentos pueden salvarnos la vida. Y no vamos a ponerle pegas a nada que nos salve la vida. Pero siempre me quedo pensando en cómo escapar de esas oposiciones dicotómicas. Si todxs somos bellxs, ¿qué es ser bellx? ¿La belleza como concepto tiene sentido si no excluye a nada y a nadie? Es válido para todo, para la productividad de la que escribía un día, por ejemplo. O para la normalidad, claro. ¿Es posible incluirse en la normalidad sin condiciones? ¿Es posible incluirse en la normalidad sin excluir a nadie? ¿No significa únicamente ampliar las fronteras? ¿Queremos ser bellxs? ¿O queremos cargarnos la belleza?
Al mismo tiempo, me pregunto si no será llamarnos bellxs, desde fuera de la norma, una manera de hacer tambalearse el propio concepto.
[Con la normalidad o con la diversidad afectivo-sexual no dudaría, no se me ocurriría pensar que enunciarme "soy lesbiana y soy tan normal como tú" fuera empoderador o dinamitara nada, sino que me sentiría intentando sentarme en una mesa para la que me exigen unas condiciones excluyentes que no quiero cumplir. Pero claro, ¿podría desear dinamitar este concepto de hetero-normalidad si tuviera dilemas de lesbofobia interiorizada? ¿Se le puede entonces pedir a alguien que dinamite la belleza si tiene problemas de autoestima o inseguridad, que no haya pasado por el sentirse bellx?].
No lo sé. No tengo ni idea. Pienso en alto.
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farmacopornográfico,
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locura,
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Esto no quiere decir que [...] sea irreal. Por el contrario, las construcciones son muy reales. Las personas viven por ellas, después de todo, y hoy en día, cada vez más, mueren por ellas. No se puede pedir nada más real que eso.
Antidepresivos como pastilla de la felicidad.
Anafranil, Cipralex, Sertralina, Fluoxetina. Pastilla. Pastilla y media. Tres cuartos de pastilla. Un cuarto de pastilla. Media pastilla.
De la felicidad. Y del mono. Y de los mareos. Y de las naúseas. Y de los bostezos incontrolados. Y de la anorgasmia. Y de las migrañas. Y de las hemorragias.
Contarlo con diecisiete años. Contarlo con veinte años. Contarlo con veinticinco.
Una anticapitalista antisistema transfeminista no toma antidepresivos. Explícaselo a esa cría de dieciséis años que se corta en la ducha y que ha escrito ya tantas cartas de despedida. Explícaselo a esa otra de dieciocho que intenta vomitar aunque no sabe muy bien cómo se hace. O a esa otra de veinte jugando a sudokus compulsivamente en un hospital psiquiátrico porque no se atreve a abrir el único libro que se ha traído. Háblale de porros y de setas y de laindustriafarmacéutica. Ya verás cómo se ríe en tu cara si no se ha suicidado antes.
En qué momento el diagnóstico fabricado en el capitalismo duele menos por ser fabricado en el capitalismo. En qué momento las ficciones de la era farmacopornográfica dejan de clavarse en tu piel solo por ser ficciones. En qué momento la somatización de una pena significa que el dolor es menos real. En qué momento las ficciones políticas no son ficciones dolorosamente vivas.
Los antidepresivos como pastilla de la felicidad y su mono y sus mareos y sus migrañas y sus náuseas y la industria farmacéutica. La depresión. El trastorno de ansiedad generalizada. La fobia social. El trastorno adaptativo. Diagnósticos de la modernidad obsesionada con el crecimiento y con la productividad. A algunxs les funcionan los porros y a algunxs nos funcionaron las pastillas.
Paso muchas horas hablando críticamente de la institucionalización de la salud mental. Con las pastillas en el bolsillo, por si acaso. Cómo lo combinas sin perder la coherencia interna en el intento. Aprender a vivir con el cuerpo atravesado por la contradicción. El feminismo me salvó la vida de muchas maneras. Pero el psiquiatra fue mucho más rápido.
del prozac y otros demonios
Esto no quiere decir que [...] sea irreal. Por el contrario, las construcciones son muy reales. Las personas viven por ellas, después de todo, y hoy en día, cada vez más, mueren por ellas. No se puede pedir nada más real que eso.
Halperin en San Foucault
Antidepresivos como pastilla de la felicidad.
Anafranil, Cipralex, Sertralina, Fluoxetina. Pastilla. Pastilla y media. Tres cuartos de pastilla. Un cuarto de pastilla. Media pastilla.
De la felicidad. Y del mono. Y de los mareos. Y de las naúseas. Y de los bostezos incontrolados. Y de la anorgasmia. Y de las migrañas. Y de las hemorragias.
Contarlo con diecisiete años. Contarlo con veinte años. Contarlo con veinticinco.
por qué no pruebas con porros
ylaindustriafarmacéutica
deja las pastillas y te traigo setas
eresdébil
los porros lo solucionarán
ylaindustriafarmacéutica
pero si no tienes ningún problema
ylaindustriafarmacéutica
más platón y menos prozac
por qué no pruebas a ver el lado bueno de las cosas
eso es que eres una presa de la sociedad libérate
ylaindustriafarmacéutica
tu diagnóstico es un invento del mercado
Si mi dolor es (o era) solo un invento del mercado, no es (o era) real, no es (o era) legítimo. ¿Qué es entonces? Tráete tus porros y tus setas y tu psicología positiva y tu discurso sobre laindustriafarmacéutica y explícame qué hago con ese maldito dolor.
Recuerdo el boyante entusiasmo con el que las académicas feministas solían celebrar el descubirmiento de que una u otra brutal forma de opresión no era biológica sino ¡sólo cultural! A menudo me he preguntado cuáles son las bases para nuestro optimismo sobre la maleabilidad de la cultura por cualquier grupo o programa.
Sedwick en Epistemología del armario
Una anticapitalista antisistema transfeminista no toma antidepresivos. Explícaselo a esa cría de dieciséis años que se corta en la ducha y que ha escrito ya tantas cartas de despedida. Explícaselo a esa otra de dieciocho que intenta vomitar aunque no sabe muy bien cómo se hace. O a esa otra de veinte jugando a sudokus compulsivamente en un hospital psiquiátrico porque no se atreve a abrir el único libro que se ha traído. Háblale de porros y de setas y de laindustriafarmacéutica. Ya verás cómo se ríe en tu cara si no se ha suicidado antes.
En qué momento el diagnóstico fabricado en el capitalismo duele menos por ser fabricado en el capitalismo. En qué momento las ficciones de la era farmacopornográfica dejan de clavarse en tu piel solo por ser ficciones. En qué momento la somatización de una pena significa que el dolor es menos real. En qué momento las ficciones políticas no son ficciones dolorosamente vivas.
Los antidepresivos como pastilla de la felicidad y su mono y sus mareos y sus migrañas y sus náuseas y la industria farmacéutica. La depresión. El trastorno de ansiedad generalizada. La fobia social. El trastorno adaptativo. Diagnósticos de la modernidad obsesionada con el crecimiento y con la productividad. A algunxs les funcionan los porros y a algunxs nos funcionaron las pastillas.
Paso muchas horas hablando críticamente de la institucionalización de la salud mental. Con las pastillas en el bolsillo, por si acaso. Cómo lo combinas sin perder la coherencia interna en el intento. Aprender a vivir con el cuerpo atravesado por la contradicción. El feminismo me salvó la vida de muchas maneras. Pero el psiquiatra fue mucho más rápido.
autocuidado,
autoestima,
cuerpo,
laura contrera,
Layli Phillips,
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productividad,
salud mental
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20 de abril. Sé que no voy a publicar esta entrada hoy.
29 de abril. La autoestima también es política. No hay nada más radical que quererse y cuidarse a unx mismx. Leo tantos artículos donde solo indican que compres ropa nueva y te maquilles para sentirte bien. Se pueden ir todxs a la mierda.
1 de mayo. Nos sabemos de memoria el mensaje judeocristiana: "no hagas a lxs demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti mismx". Se nos olvidó aprender, se les olvidó enseñarnos, que no nos hagamos a nosotrxs mismxs lo que jamás haríamos a lxs demás. Se les olvidó enseñárselo a quienes se cortan, a quienes vomitan, a quienes se insultan, a quienes se quieren matar. Están demasiado ocupadxs enseñándonos a cuidar de lxs demás.
6 de mayo. Me acuerdo de una cita estupenda de Layli Phillips:
Vuelvo al fantástico "Cuerpos sin patrones" de Laura Contrera:
Nos quieren hundidxs. Pero habrá que dar respuestas políticas a problemas políticos. Y autocuidarse. Menos mal que tenemos el feminismo.
diario de autocuidado
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| -Estas malas notas me están bajando la autoestima -Pues trabaja más y así no tendrás malas notas |
20 de abril. Sé que no voy a publicar esta entrada hoy.
29 de abril. La autoestima también es política. No hay nada más radical que quererse y cuidarse a unx mismx. Leo tantos artículos donde solo indican que compres ropa nueva y te maquilles para sentirte bien. Se pueden ir todxs a la mierda.
1 de mayo. Nos sabemos de memoria el mensaje judeocristiana: "no hagas a lxs demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti mismx". Se nos olvidó aprender, se les olvidó enseñarnos, que no nos hagamos a nosotrxs mismxs lo que jamás haríamos a lxs demás. Se les olvidó enseñárselo a quienes se cortan, a quienes vomitan, a quienes se insultan, a quienes se quieren matar. Están demasiado ocupadxs enseñándonos a cuidar de lxs demás.
6 de mayo. Me acuerdo de una cita estupenda de Layli Phillips:
Como resultado de las experiencias históricas que les han sacudido hasta el borde de la aniquilación psicológica, las mujeres negras y otras mujeres de color han reconocido que el autocuidado es tan importante como el cuidado de lxs otrxs. Exigir de una misma y de lxs demás que sean perfectamente consecuentes con sus políticas todo el tiempo y bajo toda circunstancia es una carga innecesaria que puede ser contraproducente. Tal extremismo solo lleva a quemarse y alienarse, y desafía la realidad de que todo cambio es un proceso.11 de mayo. Nos enseñasteis que, si lo intentamos lo suficiente, podemos conseguir el empleo que queremos, la vida que deseamos [si no lo conseguimos, es que no nos hemos esforzado lo suficiente, o que no valemos lo suficiente]. Nos enseñasteis que hay un cuerpo bello y deseable que podemos alcanzar si nos alimentamos de determinada forma, si nos ejercitamos de determinada forma, si lo vestimos de determinada forma, si lo movemos de determinada forma [si no lo hacemos, nuestros cuerpos no son bellos ni deseables]. Nos enseñasteis que nuestro valor lo ponen otras personas [y si no nos comportamos según lo esperado por ellas, dejamos de valer]. Nos enseñasteis que el trabajo productivo es el único trabajo valioso [y si no podemos ser productivxs, tenemos que serlo aunque nos cueste (más) salud mental, o nuestra vida no vale nada]. Nos enseñasteis a confiar en el amor romántico como si fuera la única salida, como si fuera suficiente, nos enseñasteis a aguantar y a cuidar por encima de todo [y si no funciona y sales corriendo, es un fracaso; y si no funciona y no sales corriendo, eres débil]. Nos enseñasteis la culpa. Y la culpa otra vez. Y más culpa. Y, luego, cuando no conseguimos ese empleo o esa vida y sentimos que no nos hemos esforzado lo suficiente, que no valemos lo suficiente; cuando sentimos que nuestros cuerpos no son bellos ni deseables; cuando no podemos ser productivxs y aun así lo seguimos siendo, volviéndonos más y más locxs; cuando sentimos que nuestra vida emocional es un fracaso o que hemos sido débiles; en ese momento, nos decís que nos queramos, que nos aceptemos, que olvidemos todo lo aprendido de la noche a la mañana. El mensaje que nos hunde está politizado, es transversal, viene de múltiples focos, es colectivo. El mensaje que nos dirigen cuando ya nos han hundido está despolitizado, es unifocal, individual.
Vuelvo al fantástico "Cuerpos sin patrones" de Laura Contrera:
Pienso que el “acéptate” o “quiérete” que nos espetan en la cara son imperativos insuficientes. Condena a la esfera individual algo que tiene que ser un problema político para un nosotrxs que se pretende amplio y diverso.
Nos quieren hundidxs. Pero habrá que dar respuestas políticas a problemas políticos. Y autocuidarse. Menos mal que tenemos el feminismo.
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capitalismo,
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diversidad funcional,
neurodiversidad,
productividad
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Me he cruzado con este artículo sobre la productividad y lo he leído tantas veces que he acabado por traducirlo.
[*] La teoría de las cucharas nace de este artículo de Christine Miserandino y trata de mensurar la energía diaria para desempeñar diferentes actividades y cómo afecta a personas con diferentes divergencias funcionales y cognitivas.
Lo único que no me convence es la pregunta de "por qué no es productivo cuidarnos". El objetivo no debería ser ampliar los márgenes del concepto de productividad, sino dejar de utilizar ese concepto para valorar lo que hacemos. Si no, vuelvo a mí hace años, tumbándome en el sofá sin hacer nada durante ¿quince minutos? ¿diez? ¿cinco? convenciéndome de que estaba bien porque descansar es productivo cuidarse es productivo parar es productivo y tras esos quince minutos de concesión podría vivir "productivamente" mejor. ¿Ampliar los límites de la productividad o dinamitarla? Supongo que es válido para todo. ¿Ampliar los límites de lo que significa el crecimiento o dinamitar el concepto? ¿Ampliar los límites de lo que significa la normalidad o dinamitar el concepto? Si insistimos en poner la vida en el centro, el capitalismo, el crecimiento, la productividad, dejan de tener sentido.
de productividad y capacitismo
Me he cruzado con este artículo sobre la productividad y lo he leído tantas veces que he acabado por traducirlo.
¿Qué significa ser productivx?
Habiéndome enfrentado a la depresión durante toda mi vida, y a otros problemas que mermaban mi número de cucharas [*], uno de los motivos que más me ha avergonzado se debe a la propia idea de productividad: sentirme mal cuando creo que no he sido lo suficientemente productivx. Y escucho esto de muchas otras personas, especialmente de personas con diversidad funcional.
La noción de productividad enraiza en ideas capitalistas (y, consecuentemente, capacitistas) sobre el valor de un individuo. Es importante que seamos "productivxs", no solo en el trabajo, sino todo el tiempo. ¿Y qué significa ser productivx? Cuando somos durxs con nosotrxs mismxs por no ser suficientemente productivxs, ¿qué queremos decir? Podemos intentar definir lo que significa la productividad para nosotrxs o a un nivel individual, pero no creo que lo podamos separar de las nociones capitalistas y capacitistas previamente mencionadas. Especialmente para aquellxs de nosotrxs que vivimos con diferentes 'discapacidades', pienso que esta es una de las más grandes, comunes y menos desafiadas formas de interiorizar el capacitismo y de perpetuarlo en nosotrxs y en otrxs.
Puede que sea más fácil definir la productividad a partir de lo que no es: navegar en internet todo el día, jugar, ver la tele, ver películas, dormir, relajarse, hacer cualquier cosa "no activa"... He visto cómo todas estas cosas han sido etiquetadas frecuentemente como "improductivas" en su crítica por parte de quien las hace (y de otrxs) en su uso del tiempo no estructurado o de ocio: cosas que no tienen un objetivo definido. ¿Tienes una lista enorme de tareas pendientes que no incluye sacar tiempo para cuidarte? ¿Sueles dejar sin tachar la mayoría de las cosas de la lista y, entonces, te sientes mal, como si hubieras malgastado tu día?
Puede que "productividad", para ti, signifique implicarte en hobbies activos o hacer recados. Puede que signifique trabajar sin parar en múltiples empleos, investigar constantemente, tener pendientes diferentes proyectos, organizar e iniciar reuniones o conducir un taller tras otro. Pero "productividad" nunca incluye el autocuidado. Veo a muchas personas creativas que son duras consigo mismas por no producir lo suficiente, especialmente si la razón para no hacerlo tiene que ver con su salud mental. Como si fuéramos pequeñas líneas de montaje. Nos comparamos inconscientemente con fábricas de producción en masa, algo que nunca podremos imitar por la simple limitación de que somos una sola persona.
El capitalismo ha calado tan profundamente en nuestras vidas que ni siquiera nos damos cuenta de lo que estamos diciendo cuando hablamos de ser más productivxs o cuando nos avergonzamos de no serlo lo suficiente. Nos olvidamos de tomarnos tiempo para relajarnos y de cuidarnos porque estamos demasiado preocupadxs por alcanzar las cuotas de productividad que tenemos en la cabeza. ¿Los rituales de autocuidado se sitúan en un lugar opuesto a tus ideas sobre productividad? ¿Por qué no es productivo cuidarnos?
Vamos a parar de forzarnos más allá de nuestros límites. Vamos a enfrentarnos a esta noción de productividad, a esta idea de que nuestro valor radica en aquello que "hemos logrado terminar" cada día. Vamos a trabajar en querernos como somos y vamos a darnos algo de espacio para respirar.
[*] La teoría de las cucharas nace de este artículo de Christine Miserandino y trata de mensurar la energía diaria para desempeñar diferentes actividades y cómo afecta a personas con diferentes divergencias funcionales y cognitivas.
Lo único que no me convence es la pregunta de "por qué no es productivo cuidarnos". El objetivo no debería ser ampliar los márgenes del concepto de productividad, sino dejar de utilizar ese concepto para valorar lo que hacemos. Si no, vuelvo a mí hace años, tumbándome en el sofá sin hacer nada durante ¿quince minutos? ¿diez? ¿cinco? convenciéndome de que estaba bien porque descansar es productivo cuidarse es productivo parar es productivo y tras esos quince minutos de concesión podría vivir "productivamente" mejor. ¿Ampliar los límites de la productividad o dinamitarla? Supongo que es válido para todo. ¿Ampliar los límites de lo que significa el crecimiento o dinamitar el concepto? ¿Ampliar los límites de lo que significa la normalidad o dinamitar el concepto? Si insistimos en poner la vida en el centro, el capitalismo, el crecimiento, la productividad, dejan de tener sentido.
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Vito Russo
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Durante el Orgullo de 1990 en Nueva York, se repartió una octavilla "publicada anónimamente por queers" titulada "Queers Read This: I Hate Straights" ("Queers, leed esto: Odio a lxs hetero"). Aquí está el texto completo en inglés. Esxs queer anónimxs (y un poco lesbófobxs...) serían Queer Nation (info en español y en inglés).
El texto está traducido al castellano en la antología Manifiestos gays, lesbianos y queer: Testimonios de una lucha (1969-1994) (ed. Icaria, 2009).
Me gusta casi tanto como el famoso discurso de Vito Russo (de dos años antes), al que supongo que me recuerda por el protagonismo (obvio) del sida y por el tono ¿violento? (violencia es...). Incluso este recorte es largo, pero merece la pena.
Y ahora ignoro como quien no quiere la cosa la sección en la que responsabiliza a las hermanas lesbianas de su invisibilidad ("cuando arriesgo todo y funciona -lo que pasa con frecuencia si lo intentaras-, me beneficio y también vosotras. cunado no funciona, yo sufro y vosotras no"), porque es injusto y porque me enfada y porque eso lo puede decir una bollera pero no lo puede decir un marica.
También añade una lista de normas de conducta para lxs hetero en los espacios de ambiente. Y una respuesta a la respuesta hetero al manifiesto.
everytime we fuck, we win
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| Contén tu homofobia. Mordemos de vuelta. Queer Nation (1992) Fuente |
Durante el Orgullo de 1990 en Nueva York, se repartió una octavilla "publicada anónimamente por queers" titulada "Queers Read This: I Hate Straights" ("Queers, leed esto: Odio a lxs hetero"). Aquí está el texto completo en inglés. Esxs queer anónimxs (y un poco lesbófobxs...) serían Queer Nation (info en español y en inglés).
El texto está traducido al castellano en la antología Manifiestos gays, lesbianos y queer: Testimonios de una lucha (1969-1994) (ed. Icaria, 2009).
Me gusta casi tanto como el famoso discurso de Vito Russo (de dos años antes), al que supongo que me recuerda por el protagonismo (obvio) del sida y por el tono ¿violento? (violencia es...). Incluso este recorte es largo, pero merece la pena.
Cómo te lo diría. Cómo puedo convencerte, hermano, hermana, de que tu vida corre peligro: que cada día, cuando te despiertas, vivo, relativamente feliz, como un ser humano útil, estás cometiendo un acto de rebelión. Tú, como queer vivx y útil, eres unx revolucionarix. No hay nada en este planeta que valide, proteja o apoye tu existencia. Es un milagro que estés aquí, leyendo estas palabras. Deberías estar muerto, sin ninguna duda.
No te engañes, el mundo pertenece a lxs heteros y la única razón por la que te has salvado es porque eres listx, afortunadx o luchadorx. Lxs heteros tienen un privilegio que les permite hacer lo que quieran y follar sin miedo: pero no sólo viven una vida sin miedo; alardean de su libertad en nuestra cara. Sus imágenes están en nuestra tele, en la revista que compro, en el restaurante donde quiero comer y en la calle en la que vivo. Quiero que haya una moratoria del matrimonio hetero, los bebés, las expresiones públicas de afecto entre personas del sexo opuesto y las imágenes de los medios de comunicación que promueven la heterosexualidad. Hasta que pueda disfrutar de la misma libertad sexual y de movimiento que lxs heteros, su privilegio debe detenerse y debe otorgarse a mí y a mis hermanas y hermanos queer.
Lxs heteros no harán esto voluntariamente, de modo que habrá que forzarles a que lo hagan. A lxs heteros hay que asustarles. Hay que aterrorizarles. El miedo es el motor más poderoso. [...] Es más fácil luchar cuando sabes quién es tu enemigo. Lxs heteros son tus enemigxs. Son tus enemigxs al no reconocer tu invisibilidad y continuar viviendo y contribuyendo en una cultura que te mata.
Todos los días, unx de nosotrxs es capturadx por el enemigo. Sea una muerte por sida a causa de la inacción homofóbica del gobierno, sea una paliza a una lesbiana en una cafetería siempre abierta (en un barrio supuestamente lesbiano), somos el blanco sistemático y continuaremos siendo aniquiladxs a menos que asumamos que el ataque a unx de nosotrxs está dirigido contra todxs.
Un Ejército de Amantes No Puede Perder.
[...] Somos un ejército porque tenemos que serlo. Somos un ejército porque somos muy poderosxs: tenemos mucho por lo que luchar [...] Y somos un ejército de amantes porque somos nosotrxs quienes sabemos qué es el amor. Y también el deseo y la lujuria. Nosotrxs los inventamos. ¡Salgamos del armario, enfrentándonos al rechazo de la sociedad, enfrentándonos al pelotón de fusilamiento, sólo para amarnos! Cada vez que follamos, vencemos.
[...] Solo en el mes de mayo de 1990, hubo cincuenta ataques a queers. Ataques violentos. 3.720 hombres, mujeres y niñxs murieron de sida durante este mismo mes a causa de un ataque más violento: la inacción del gobierno, arraigada en la creciente homofobia de la sociedad. Esto es violencia institucionalizada, quizá más peligrosa para la existencia de lxs queer porque los atacantes no tienen rostros. Nosotrxs permitimos estos ataques con nuestra falta de acción contra ellos. [...] Sentid algo de rabia. Y si la rabia no os da fuerza, probad con el miedo. Y si esto no funciona, probad con el pánico.
[...] Odio a Jesse Helms. Odio a Jesse Helms tanto que me alegraría mucho si cayera muerto. [Jesse Helms era un senador republicano que consideraba el sida un castigo divino a los homosexuales] [...] Odio a Ronald Reagan, también, porque ha matado masivamente a mi gente durante ocho años. Pero, para ser sincero, lo odio aún más por elogiar a Ryan White [referente en los ochenta en la lucha contra el sida, se contagió al recibir una transfusión de sangre] sin admitir primero su culpa, sin pedir perdón por la muerte de Ryan y por las muertes de decenas de miles de otrxs enfermxs de sida, la mayoría de ellxs maricas [...]
Odio al jodido Papa, y odio a [...] toda la jodida Iglesia Católica. Lo mismo digo de los militares, y [...] los policías, unos sádicos sancionados por el Estado que tratan brutalmente a lxs travestis, las prostitutas y lxs presxs queer. También odio al sistema médico y de salud mental, sobre todo al psiquiatra que me convenció para que no mantuviera relaciones sexuales con hombres durante tres años [...]. También odio a lxs profesionales de la educación por su responsabilidad al conducir a miles de adolescentes maricas al suicidio cada año. [...] De hecho, odio cada sector de la clase dirigente hetero de este país, las peores de las cuales, activamente, quieren ver muertos a todos lxs queer, y las mejores de las cuales no van a mover un dedo para mantenernos con vida.
[...] Odio que en doce años de educación pública nunca se me haya hablado de gente queer. Odio que creciera pensando que era el único queer en el mundo y aún odio más que la mayoría de los niñxs maricas sigan creciendo de la misma manera. Odio haber sido atormentado por otrxs niñxs por ser un mariquita, pero aún más que me enseñaran a sentirme avergonzado por ser el objeto de su crueldad, que me enseñaran a sentir que era culpa mía. Odio que el Tribunal Supremo de este país apruebe criminalizarme por el modo en que hago el amor. Odio que tanta gente hetero se sienta preocupada por mi maldita vida sexual. Odio que tanta gente hetero retorcida se convierta en padres, mientras que yo tengo que luchar con uñas y dientes para que se me permita ser padre. Odio a lxs heteros.
Y ahora ignoro como quien no quiere la cosa la sección en la que responsabiliza a las hermanas lesbianas de su invisibilidad ("cuando arriesgo todo y funciona -lo que pasa con frecuencia si lo intentaras-, me beneficio y también vosotras. cunado no funciona, yo sufro y vosotras no"), porque es injusto y porque me enfada y porque eso lo puede decir una bollera pero no lo puede decir un marica.
También añade una lista de normas de conducta para lxs hetero en los espacios de ambiente. Y una respuesta a la respuesta hetero al manifiesto.
Tengo amigxs. Algunxs de ellxs son heteros.
[...] Odio a la gente hetero que no puede oír el enfado queer sin decir: "oye, todxs lxs hetero no son así", como si sus egos no tuvieran bastante caricias o protección en este mundo arrogante y heterosexista. ¿Por qué, en medio de nuestra ira, causada por su jodida sociedad, debemos preocuparnos por ellxs? ¿Por qué añadir la tranquilizadora frase "por supuesto, no me refiero a ti"? Dejemos que decidan por sí mismxs si merecen ser incluidxs en nuestro enfado.
[...] Nos han enseñado que lxs buenxs maricas no se enfadan [...]. Nos apalean, nos acuchillan, nos disparan y nos bombardean cada vez más y aún se extrañan cuando queers enfadadxs llevan pancartas o signos que dicen DEVOLVAMOS EL ATAQUE. [...]
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Reseñas
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Antes no lloraba nunca en el cine y los últimos meses lo hago con todas las películas: desde Her (Spike Jonze, 2013) hasta Amarcord (Federico Fellini, 1973) u Omar (Hany Abu-Assad, 2013); y, si el sábado hubiera ido a ver Spiderman 2, habría llorado también.
Frances Ha (Noah Baumbach, 2012) es tan pedante y pretenciosa que una crítica la ha definido como "un episodio de Girls dirigido por Truffaut", la protagonista busca referencias de la obra de Virginia Woolf para describir su vida y viaja un fin de semana a París leyendo a Proust. Y seguro que, además, Baumbach no es el nuevo Woody Allen ni sus películas tienen nada que ver con Wes Anderson. Pero esto tampoco es una crítica del filme, así que me da igual.
En realidad tan solo quería describir dos escenas. La primera, para poder entender la otra, es aquella en la que Frances, bastante borracha y bastante perdida en su vida y desorientada en una fiesta de "personas demasiado mayores", bueno, "no mayores que ella pero sí más maduras", dice: "Es eso, cuando estás con alguien, y le quieres y lo sabe, y te quiere y lo sabes... pero estáis en una fiesta... y cada unx está hablando con otra persona, y estás riendo... y miras a través de la habitación y vuestras miradas coinciden... porque... no porque seas posesivx, ni es algo necesariamente sexual... sino porque... porque esa es tu persona en esta vida. Y es divertido y es triste, pero solo porque esta vida acabará, y nadie sabrá de ese mundo secreto que existe justo aquí y ahora en público, pero imperceptible. Es como cuando hablan de otras dimensiones que existen entre nosotrxs, pero que no tenemos la habilidad de percibir. Eso es lo que quiero de una relación. O de la vida, supongo".
Frances tiene ligues durante la película pero ninguna pareja ni historia de amor romántico. En la última secuencia, un chico con el que el guión había amenazado con emparejarla en un par de ocasiones le hace ver que está soltero y parece que van a besarse o a pedirse salir o algo por el estilo. Pero, entonces, en la siguiente y última escena, Frances habla con su jefa y ríe mientras mira de reojo a alguien: "¿a quién le haces ojitos?", le pregunta; "A Sophie", contesta, "es mi mejor amiga". Sophie también habla con alguien, en la otra esquina de la habitación, en esa fiesta, también ríe, y también la mira. Ahí fue cuando lloré.
Le decía a unxs amigxs que hace años, tras una ruptura importante, podía pensar en comer helado viendo películas de Bridget Jones (porque comer helado -y torrijas- viendo Chicas Malas lo hice la semana pasada y no tiene absolutamente nada que ver). Ahora, sin embargo, leemos Mari Luz Esteban y buscamos referentes culturales que des-jerarquicen la pareja y el amor romántico sobre otro tipo de relaciones. Y por supuesto que la relación entre Frances y Sophie no es el mejor referente, ya que en la película reproduce algunas dinámicas poco saludables (celos y exclusividad, principalmente), pero supongo que anoche me pareció más que suficiente.
Siento que los últimos meses he convertido este blog en una carta de amor a todxs mis amigxs, but it's my party and i cry if i want to.
frances: undateable
Antes no lloraba nunca en el cine y los últimos meses lo hago con todas las películas: desde Her (Spike Jonze, 2013) hasta Amarcord (Federico Fellini, 1973) u Omar (Hany Abu-Assad, 2013); y, si el sábado hubiera ido a ver Spiderman 2, habría llorado también.
Frances Ha (Noah Baumbach, 2012) es tan pedante y pretenciosa que una crítica la ha definido como "un episodio de Girls dirigido por Truffaut", la protagonista busca referencias de la obra de Virginia Woolf para describir su vida y viaja un fin de semana a París leyendo a Proust. Y seguro que, además, Baumbach no es el nuevo Woody Allen ni sus películas tienen nada que ver con Wes Anderson. Pero esto tampoco es una crítica del filme, así que me da igual.
En realidad tan solo quería describir dos escenas. La primera, para poder entender la otra, es aquella en la que Frances, bastante borracha y bastante perdida en su vida y desorientada en una fiesta de "personas demasiado mayores", bueno, "no mayores que ella pero sí más maduras", dice: "Es eso, cuando estás con alguien, y le quieres y lo sabe, y te quiere y lo sabes... pero estáis en una fiesta... y cada unx está hablando con otra persona, y estás riendo... y miras a través de la habitación y vuestras miradas coinciden... porque... no porque seas posesivx, ni es algo necesariamente sexual... sino porque... porque esa es tu persona en esta vida. Y es divertido y es triste, pero solo porque esta vida acabará, y nadie sabrá de ese mundo secreto que existe justo aquí y ahora en público, pero imperceptible. Es como cuando hablan de otras dimensiones que existen entre nosotrxs, pero que no tenemos la habilidad de percibir. Eso es lo que quiero de una relación. O de la vida, supongo".
Frances tiene ligues durante la película pero ninguna pareja ni historia de amor romántico. En la última secuencia, un chico con el que el guión había amenazado con emparejarla en un par de ocasiones le hace ver que está soltero y parece que van a besarse o a pedirse salir o algo por el estilo. Pero, entonces, en la siguiente y última escena, Frances habla con su jefa y ríe mientras mira de reojo a alguien: "¿a quién le haces ojitos?", le pregunta; "A Sophie", contesta, "es mi mejor amiga". Sophie también habla con alguien, en la otra esquina de la habitación, en esa fiesta, también ríe, y también la mira. Ahí fue cuando lloré.
Le decía a unxs amigxs que hace años, tras una ruptura importante, podía pensar en comer helado viendo películas de Bridget Jones (porque comer helado -y torrijas- viendo Chicas Malas lo hice la semana pasada y no tiene absolutamente nada que ver). Ahora, sin embargo, leemos Mari Luz Esteban y buscamos referentes culturales que des-jerarquicen la pareja y el amor romántico sobre otro tipo de relaciones. Y por supuesto que la relación entre Frances y Sophie no es el mejor referente, ya que en la película reproduce algunas dinámicas poco saludables (celos y exclusividad, principalmente), pero supongo que anoche me pareció más que suficiente.
Siento que los últimos meses he convertido este blog en una carta de amor a todxs mis amigxs, but it's my party and i cry if i want to.
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El filósofo Jean Luc Nancy escribió un librito en el que narraba su trasplante de corazón: El intruso (L'intrus, 2000). Nueve años después, Phillip Warnell se basaba en este relato de apenas cincuenta páginas para rodar Outlandish: Étranges Corps Étrangers, cortometraje que ahora se puede ver en Vdrome hasta el lunes 7 de abril (versión original en francés con subtítulos en inglés). ¿Cómo describe el cuerpo, cómo traza las fronteras y los límites del cuerpo, un filósofo de los nacionalismos a quien trasplantan el corazón?
Hace dos semanas escribí una entrada que duró publicada ocho minutos y que se titulaba dolores. Tiene bastante gracia que en el primer párrafo dijera "nunca me he roto ningún hueso". Hablaba de la separación cultural entre cuerpo y emociones como fisura en nuestra carne y en nuestros huesos. De cómo distinguir los dolores. De cómo compartir los dolores. De cómo concedernos los dolores. De cómo olvido los límites de mi cuerpo cuando el mundo está construido precisamente para cuerpos como el mío.
El siete de abril es el último día para ver Outlandish. Yo ya lo he visto dos veces. Pero podría seguir reproduciéndolo. El pulpo golpea las paredes de un acuario que navega sobre el mar. Dónde está el límite entre las paredes que podemos romper y las que no. Cuerpo-muro. Cuerpo-frontera. Cuerpo-límite. Cuerpo-nación. Cuerpo desbordado.
cuerpo extraño y extranjero
El filósofo Jean Luc Nancy escribió un librito en el que narraba su trasplante de corazón: El intruso (L'intrus, 2000). Nueve años después, Phillip Warnell se basaba en este relato de apenas cincuenta páginas para rodar Outlandish: Étranges Corps Étrangers, cortometraje que ahora se puede ver en Vdrome hasta el lunes 7 de abril (versión original en francés con subtítulos en inglés). ¿Cómo describe el cuerpo, cómo traza las fronteras y los límites del cuerpo, un filósofo de los nacionalismos a quien trasplantan el corazón?
Hace dos semanas escribí una entrada que duró publicada ocho minutos y que se titulaba dolores. Tiene bastante gracia que en el primer párrafo dijera "nunca me he roto ningún hueso". Hablaba de la separación cultural entre cuerpo y emociones como fisura en nuestra carne y en nuestros huesos. De cómo distinguir los dolores. De cómo compartir los dolores. De cómo concedernos los dolores. De cómo olvido los límites de mi cuerpo cuando el mundo está construido precisamente para cuerpos como el mío.
El siete de abril es el último día para ver Outlandish. Yo ya lo he visto dos veces. Pero podría seguir reproduciéndolo. El pulpo golpea las paredes de un acuario que navega sobre el mar. Dónde está el límite entre las paredes que podemos romper y las que no. Cuerpo-muro. Cuerpo-frontera. Cuerpo-límite. Cuerpo-nación. Cuerpo desbordado.
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