La madrugada del 28 de junio de 1969, tras el entierro de Judy Garland, el bar gay Stonewall Inn (Nueva York) sufrió una redada policial, como tantas otras veces. Sin embargo, esta vez ocurrió algo distinto: se rebelaron. Los vecinos LGTB+ del mismo barrio de Greenwich, se les sumaron. A la policía rápidamente se le fue de las manos. La siguiente tarde continuaron las protestas, así como varias noches después. Fueron pocas semanas lo que tardaron en cohesionarse, salvando fronteras de raza, género, clase y edad (bueno, eso dicen, a mí me suena a mitificación, qué le vamos a hacer). Se fundaron las dos primeras asociaciones LGTB+ de Nueva York, se fundaron tres periódicos y se siguió luchando por que la visibilidad no fuera objeto de redada. El 28 de junio de 1970, Nueva York y Los Ángeles celebraron una marcha de conmemoración. Y hasta hoy.
El Stonewall Inn no era un bar heteronormalizado, lleno de gays sin pluma y lesbianas en punta de aguja. Era un antro de maricas afeminados, mujeres transexuales, drag queens, prostitutos y sintecho. Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadoras que abrieron la primera manifestación del Orgullo en Barcelona en 1977, escoltadxs y agredidxs por la Policía. Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadoras que no podían permitirse el armario para sobrevivir y que se pegaron con la policía sobre sus tacones de aguja, con sus plumas y con el culo al aire el 28 de junio de hace más de 40 años.
Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadores que todos los años tienen que escuchar los tan manidos "yo no voy al orgullo porque está lleno de pluma y no me representa". Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadores que son acusados de ostentación y esperpento.
Como publica hoy dosmanzanas, "el discurso de la normalidad es el discurso de la homofobia". Y como portaban en carteles algunxs en la manifestación del Orgullo Indigando del pasado sábado: "normal es un programa de mi lavadora".
Feliz 28J.
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De violaciones
Que parece que voy a abrir una sección sobre las columnas de los domingos de Marías, pero no.
Tan sólo que acabo de leer El País Semanal de ayer y ha caído La historia doblemente increíble, sobre el caso Dominique Strauss-Kahn. Para que os hagáis una idea, el destacado es la siguiente frase: "No se puede sujetar a una persona y atinar, al mismo tiempo, a introducirle el miembro en la boca". Tal comentario viene acompañado de perlas similares: "Sin un arma para amenazar, o sin unos golpes previos para amedrentar (y nada de esto se ha mencionado), tal situación es imposible"; "Igual de difícil o más es -otro de los cargos barajados por la prensa- forzar a alguien analmente si el forzador no porta un arma -insisto- o no ha intimidado antes a la víctima con violencia"; "Se puede gritar y se puede salir corriendo, lo cual logró hacer la mujer finalmente, pero al parecer sólo después de la doble humillación de que fue objeto. La verdad es que nada casa".
En fin. Parece que hay que seguir insistiendo en que "no significa no"; en que el consentimiento debe darse durante toda la relación y no sólo al principio; en que éste significa decir que sí y no sólo no decir que no; en que una violación no exige que lx agredidx (más que generalmente la agredida) tenga lesiones que demuestren que se resistió violentamente; en que si no hubo resistencia desaforada no significa que en el fondo lo deseara...
En que, definitivamente, Javier Marías es un sexista impresentable. En que el mundo está lleno de ellxs.
Tan sólo que acabo de leer El País Semanal de ayer y ha caído La historia doblemente increíble, sobre el caso Dominique Strauss-Kahn. Para que os hagáis una idea, el destacado es la siguiente frase: "No se puede sujetar a una persona y atinar, al mismo tiempo, a introducirle el miembro en la boca". Tal comentario viene acompañado de perlas similares: "Sin un arma para amenazar, o sin unos golpes previos para amedrentar (y nada de esto se ha mencionado), tal situación es imposible"; "Igual de difícil o más es -otro de los cargos barajados por la prensa- forzar a alguien analmente si el forzador no porta un arma -insisto- o no ha intimidado antes a la víctima con violencia"; "Se puede gritar y se puede salir corriendo, lo cual logró hacer la mujer finalmente, pero al parecer sólo después de la doble humillación de que fue objeto. La verdad es que nada casa".
En fin. Parece que hay que seguir insistiendo en que "no significa no"; en que el consentimiento debe darse durante toda la relación y no sólo al principio; en que éste significa decir que sí y no sólo no decir que no; en que una violación no exige que lx agredidx (más que generalmente la agredida) tenga lesiones que demuestren que se resistió violentamente; en que si no hubo resistencia desaforada no significa que en el fondo lo deseara...
En que, definitivamente, Javier Marías es un sexista impresentable. En que el mundo está lleno de ellxs.
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Orientalismo gay
En 2008, la pequeña editorial Raw Nerve Books lanzó la obra Out of Place: Silencing Voices on Queerness/Raciality, editada por Adi Kuntsman y por Esperanza Miyake. El volumen, una colección de ensayos, fue bien recibido y, en poco menos de un año, se agotó la primera tirada. Sin embargo, Raw Nerve, autodesignada feminista e independiente, no quiso reeditar la obra, dada la polémica suscitada por su contenido. ¿Qué polémica?
La obra citada trataba de denunciar la invisibilidad a la que había sido sometida la variable racial en los estudios queer. El ensayo que más controversia levantó fue el firmado por Jin Haritaworn, Tamsila Tauqir y Esra Erdem: “Gay Imperialism: Gender and Sexuality Discourse in the ‘War on Terror’” (pdf) . El capítulo analiza la manera en la que la conceptualización del sexismo y la homofobia han contribuido a generar una autoconcepción determinada de las democracias occidentales y, al mismo tiempo, un discurso racista e islamófobo de liberación de sociedades musulmanas.
La reciente visibilidad de musulmanes queer en diferentes medios de comunicación debe ser observada con cautela: «el interés en gays y lesbianas musulmanes ha emergido en un contexto de violencia islamófoba. Esto suscita que nos cuestionemos qué historias circulan y cómo responden o refuerzan el racismo. También es cuestionable qué interés pueden tener otros actores en estas nuevas políticas de la representación de queer de color, principalmente los gays, lesbianas, feministas y queer blancos» (71).
Así, concluyen que la difusión de una visión monolítica del islam como discurso que oprime a las mujeres y que fomenta la violencia contra los y las homosexuales ha contribuido a la legitimación de las guerras en Iraq y Afganistán, así como la conocida como guerra contra el terror, en todas sus manifestaciones.
El ensayo analiza el discurso de, entre otros, el activista por los derechos humanos y LGTB Peter Tatchell y del grupo de acción directa OutRage! cofundado por él en 1990. El propio Tatchell criticó duramente la obra y exigió una disculpa pública. De hecho, la editorial, además de no reeditar la obra, accedió a emitir un comunicado que, presente en la página Web desde agosto de 2009, se retracta y disculpa por «inciertas alegaciones publicadas en el libro». La corrección se centra en asegurar que Tatchell nunca ha hecho declaraciones racistas o islamófobas de forma directa. Sin embargo, como apuntan los autores del ensayo, no se trata, generalmente, de declaraciones directas de lo que ellos hablan.
En la misma colección figura otro ensayo: “Homonationalism and Biopolitics”, de Jasbir Puar, que resume la obra que ésta publica en 2007: Terrorist Assemblages: Homonatioalism in Queer Times. En ella, Puar argumenta cómo las configuraciones de sexualidad, raza, género, clase y etnia se están realineando con las fuerzas contemporáneas de seguridad, lucha contra el terrorismo y nacionalismo. Su análisis parte de la mayor inclusión de cuerpos no heteronormativos en el estado-nación a través de políticas liberales de reconocimiento legal y representación en medios de comunicación de masas, pasando de ser objetos de muerte (VIH) a sujetos de producción de vida (matrimonio).
Sin embargo, Puar considera que esto sólo funciona si, al mismo tiempo, se produce de forma efectiva una población de terroristas orientalizados. La ideología heteronormativa del Estado estadounidense se ve acompañado, ahora, de una ideología homonormativa que combina la organización de movimientos queer transnacionales con una creciente islamofobia.
Estos ensayos, así como la situación que denuncian y la polémica que suscitan, son claramente representativos de las diferentes posturas que giran en torno a lo que he podemos llamar el orientalismo gay.
Por un lado, parte de la literatura académica, con raíces claras en la teoría poscolonial y en estudios queer racializados, critican lo que se ha denominado imperialismo gay u homonacionalismo. Esto es, categorías identitarias como homosexual, heterosexual, bisexual… fueron fabricadas, inventadas, en Europa durante el siglo XIX. Desde entonces, dicha compartimentación de la sexualidad ha tratado de trasladarse a todo tipo de contextos socioculturales, ignorando las particularidades que caracterizan a la subjetividad según ha sido producida en diferentes ambientes. Así, ha tratado de imponerse un determinado activismo por los derechos de las sexualidades no normativas en lugar de permitir que cada comunidad construya sus propios discursos emancipatorios.
Por otro lado, otra corriente de la teoría gay y lesbiana considera que estos argumentos tienden a un relativismo cultural que justifica la discriminación, que es real e inmediata, y que es necesario combatir. En el caso de que no avancen los movimientos activistas en dichos países o culturas, se les debe ayudar y liderar desde fuera.
La obra citada trataba de denunciar la invisibilidad a la que había sido sometida la variable racial en los estudios queer. El ensayo que más controversia levantó fue el firmado por Jin Haritaworn, Tamsila Tauqir y Esra Erdem: “Gay Imperialism: Gender and Sexuality Discourse in the ‘War on Terror’” (pdf) . El capítulo analiza la manera en la que la conceptualización del sexismo y la homofobia han contribuido a generar una autoconcepción determinada de las democracias occidentales y, al mismo tiempo, un discurso racista e islamófobo de liberación de sociedades musulmanas.
La reciente visibilidad de musulmanes queer en diferentes medios de comunicación debe ser observada con cautela: «el interés en gays y lesbianas musulmanes ha emergido en un contexto de violencia islamófoba. Esto suscita que nos cuestionemos qué historias circulan y cómo responden o refuerzan el racismo. También es cuestionable qué interés pueden tener otros actores en estas nuevas políticas de la representación de queer de color, principalmente los gays, lesbianas, feministas y queer blancos» (71).
Así, concluyen que la difusión de una visión monolítica del islam como discurso que oprime a las mujeres y que fomenta la violencia contra los y las homosexuales ha contribuido a la legitimación de las guerras en Iraq y Afganistán, así como la conocida como guerra contra el terror, en todas sus manifestaciones.
El ensayo analiza el discurso de, entre otros, el activista por los derechos humanos y LGTB Peter Tatchell y del grupo de acción directa OutRage! cofundado por él en 1990. El propio Tatchell criticó duramente la obra y exigió una disculpa pública. De hecho, la editorial, además de no reeditar la obra, accedió a emitir un comunicado que, presente en la página Web desde agosto de 2009, se retracta y disculpa por «inciertas alegaciones publicadas en el libro». La corrección se centra en asegurar que Tatchell nunca ha hecho declaraciones racistas o islamófobas de forma directa. Sin embargo, como apuntan los autores del ensayo, no se trata, generalmente, de declaraciones directas de lo que ellos hablan.
En la misma colección figura otro ensayo: “Homonationalism and Biopolitics”, de Jasbir Puar, que resume la obra que ésta publica en 2007: Terrorist Assemblages: Homonatioalism in Queer Times. En ella, Puar argumenta cómo las configuraciones de sexualidad, raza, género, clase y etnia se están realineando con las fuerzas contemporáneas de seguridad, lucha contra el terrorismo y nacionalismo. Su análisis parte de la mayor inclusión de cuerpos no heteronormativos en el estado-nación a través de políticas liberales de reconocimiento legal y representación en medios de comunicación de masas, pasando de ser objetos de muerte (VIH) a sujetos de producción de vida (matrimonio).
Sin embargo, Puar considera que esto sólo funciona si, al mismo tiempo, se produce de forma efectiva una población de terroristas orientalizados. La ideología heteronormativa del Estado estadounidense se ve acompañado, ahora, de una ideología homonormativa que combina la organización de movimientos queer transnacionales con una creciente islamofobia.
Estos ensayos, así como la situación que denuncian y la polémica que suscitan, son claramente representativos de las diferentes posturas que giran en torno a lo que he podemos llamar el orientalismo gay.
Por un lado, parte de la literatura académica, con raíces claras en la teoría poscolonial y en estudios queer racializados, critican lo que se ha denominado imperialismo gay u homonacionalismo. Esto es, categorías identitarias como homosexual, heterosexual, bisexual… fueron fabricadas, inventadas, en Europa durante el siglo XIX. Desde entonces, dicha compartimentación de la sexualidad ha tratado de trasladarse a todo tipo de contextos socioculturales, ignorando las particularidades que caracterizan a la subjetividad según ha sido producida en diferentes ambientes. Así, ha tratado de imponerse un determinado activismo por los derechos de las sexualidades no normativas en lugar de permitir que cada comunidad construya sus propios discursos emancipatorios.
Por otro lado, otra corriente de la teoría gay y lesbiana considera que estos argumentos tienden a un relativismo cultural que justifica la discriminación, que es real e inmediata, y que es necesario combatir. En el caso de que no avancen los movimientos activistas en dichos países o culturas, se les debe ayudar y liderar desde fuera.
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¡Encima!
Mi amigo Aziz, magrebí heterosexual, me habló de un día que, en Chueca, preguntó por la sede de COGAM a una pareja. El hombre respondió:
No, lo siento, no lo sabemos. (A su mujer) ¡Lo que nos faltaba! ¡Moro y, encima, maricón!
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Gitanxs
El viernes pasado asistí a una charla que dio David Berná Serna sobre diversidad afectivo-sexual y etnia gitana. Berná es un antropólogo doctorando investigador en la Facultad de CCPP y Sociología de la Complutense y prepara una tesis sobre este tema.
Justo el día anterior, en una de las charlas en institutos, me había encontrado con un caso flagrante de LGTBfobia confesa. Prácticamente la mitad de una clase sostenía declaraciones como: "si mi mejor amiga me dijera que es lesbiana, la tiraba por un precipio" o "si mi hijo saliese maricón, le cambiaba los apellidos y adiós hijo". Cuando terminó la hora, el profesor se me acercó y se excusó: "es que son gitanos, ya sabes cómo son".
"No", pensé, "no lo sé". ¿Cómo son lxs gitanos? ¿Homófobxs? ¿Machistas? ¿Subdesarrolladxs? Evidentemente, la afirmación del profesor no es justa. Sería muy obvio decir, pero lo digo, que hay gitanxs homófobxs y gitanxs no homófobxs, que hay gitanxs machistas y gitanxs no machistas...
La exposición de Berná se centró en la historia de la etnia gitana, una historia de dominación y domesticación de la que, en cierto modo, lograron escapar, por lo menos más que otros grupos étnicos minoritarios. Recordemos la biopolítica de Foucault, cuyos tres instrumentos eran la fábrica, la escuela y el hospital: nos encontramos con gitanxs que (repito, en cierto modo) escaparon del sistema educativo, sanitario y laboral estatal.
A continuación se centró en dibujar el sistema normativo de género que impera entre lxs gitanxs (que se centra en la jerarquía hombre sobre mujer y mayor sobre menor; en la importancia capital de la familia, en el estatus de la mujer como depósito del honor) es ultraconservador, lo que se asienta sobre la necesidad de construir una seguridad sobre quiénes son, así como sobre el intento de identificarse a la contra delx payx y de distanciarse del estereotipo que, antes de los sesenta y la revolución sexual, era precisamente lo contrario: sexualidad libre, salvaje...
Finalmente, se centró propiamente en la diversidad afectivo-sexual entre lxs gitanxs y sobre métodos para enfrentarse, en las charlas, a público gitano. Me pareció todo muy interesante y me quedo con muchas ganas de leer su futura tesis. Os recomiendo que, si tenéis oportunidad, le escuchéis o leáis.
En realidad, sí, claro, la mayoría de lxs gitanxs son machistas y lgtbfóbxs.
Pero la mayoría de lxs payxs también lo son/somos.
Justo el día anterior, en una de las charlas en institutos, me había encontrado con un caso flagrante de LGTBfobia confesa. Prácticamente la mitad de una clase sostenía declaraciones como: "si mi mejor amiga me dijera que es lesbiana, la tiraba por un precipio" o "si mi hijo saliese maricón, le cambiaba los apellidos y adiós hijo". Cuando terminó la hora, el profesor se me acercó y se excusó: "es que son gitanos, ya sabes cómo son".
"No", pensé, "no lo sé". ¿Cómo son lxs gitanos? ¿Homófobxs? ¿Machistas? ¿Subdesarrolladxs? Evidentemente, la afirmación del profesor no es justa. Sería muy obvio decir, pero lo digo, que hay gitanxs homófobxs y gitanxs no homófobxs, que hay gitanxs machistas y gitanxs no machistas...
La exposición de Berná se centró en la historia de la etnia gitana, una historia de dominación y domesticación de la que, en cierto modo, lograron escapar, por lo menos más que otros grupos étnicos minoritarios. Recordemos la biopolítica de Foucault, cuyos tres instrumentos eran la fábrica, la escuela y el hospital: nos encontramos con gitanxs que (repito, en cierto modo) escaparon del sistema educativo, sanitario y laboral estatal.
A continuación se centró en dibujar el sistema normativo de género que impera entre lxs gitanxs (que se centra en la jerarquía hombre sobre mujer y mayor sobre menor; en la importancia capital de la familia, en el estatus de la mujer como depósito del honor) es ultraconservador, lo que se asienta sobre la necesidad de construir una seguridad sobre quiénes son, así como sobre el intento de identificarse a la contra delx payx y de distanciarse del estereotipo que, antes de los sesenta y la revolución sexual, era precisamente lo contrario: sexualidad libre, salvaje...
Finalmente, se centró propiamente en la diversidad afectivo-sexual entre lxs gitanxs y sobre métodos para enfrentarse, en las charlas, a público gitano. Me pareció todo muy interesante y me quedo con muchas ganas de leer su futura tesis. Os recomiendo que, si tenéis oportunidad, le escuchéis o leáis.
En realidad, sí, claro, la mayoría de lxs gitanxs son machistas y lgtbfóbxs.
Pero la mayoría de lxs payxs también lo son/somos.
Aurora Levins Morales,
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¡Zas!
Las tradiciones intelectuales de las que provengo fabrican la teoría a partir de las vidas compartidas en lugar de encargarla por correo.
[...]
Pero a medida que el feminismo académico deriva más y más lejos de sus raíces activistas, mientras que el elitista galimatías de la jerga postmoderna hace que sea algo cada vez menos aceptable hablar de forma comprensible, he sentido amenazada, cada vez más a menudo, mi confianza en mí misma.
Observo cómo mi vida y lo que sobre ella he teorizado se convierte en la materia prima del conocimiento de otras personas. Esto me recuerda al árbol indio de neem, utilizado durante milenios como repelente de insectos y patentado ahora por una compañía multinacional farmacéutica. Las mujeres campesinas desarrollaron la tecnología para extraer y preparar el aceite para el uso local, pero para las multinacionales el uso local es un desperdicio. Han sido capaces de patentar exactamente el mismo proceso, realizado a un volumen mucho mayor y envasado para la exportación.
Mi vida intelectual y la de otras intelectuales orgánicas, muchas de ellas mujeres de color, es en sí misma lo suficientemente sofisticada para su utilización. Pero para que adquiera valor en el mercado, los empresarios y promotores de las multinacionales deben encontrar un modo de procesarla, de refinar la rica multiplicidad de nuestras vidas y todo lo que hemos llegado a comprender acerca de ellas y convertirlas en alta teoría por el simple método de extirpárnosla, someterla a un proceso de abstracción que la hará irreconocible, extraerle la fibra, hervirla hasta que la vitalidad se esfume por un proceso de oxidación, y comerciar después con ella como algo propio, revendiéndonosla más cara de lo que podemos permitirnos.
[...]
A los estudiantes con los que trabajo se les ha enseñado a dar a los libros mucha más autoridad de la que dan a sus vidas; tanto es así que encuentran un desafío extremo en escribir una respuesta autobiográfica a las lecturas y conferencias. Lo que mejor saben hacer es ordenar en una secuencia lógica las opiniones que otras personas han publicado, parafraseando a una u otra escuela de pensamiento acerca del tema propuesto.
[...]
Cuando retomé por primera vez la educación superior, como escritora profesional de mediana edad con muchos años a mi espalda de hablar en público, aun con toda la confianza que ello me daba, me sentía humillada por el impenetrable lenguaje con el que el pensamiento académico viene envuelto hoy en día. Pero pensé que tan sólo sería cuestión de superar mi torpeza con la jerga. Un problema de falta de entrenamiento. [...] creía que esta nueva disposición impecable de las palabras era una habilidad que sólo necesitaba ser adquirida.
Ya no lo pienso. El lenguaje en el que se expresan las ideas nunca es neutro. El lenguaje que usan las personas revela importante información acerca de con quiénes se identifican, cuáles son sus intenciones, para quién están escribiendo o hablando. El envoltorio es la mercantilización del producto y cumple la función exacta para la que se ha diseñado. El lenguaje innecesariamente especializado se utiliza para humillar a quienes se supone que no deben sentirse autorizados para entenderlo. Vende la ilusión de que sólo quienes pueden manejarlo son capaces de pensar.
[...]
Pero mi elección de leer lo legible tiene que ver con un orden de prioridades diferente. El lenguaje está ligado al contenido, y el contenido que yo busco es una teoría y una práctica intelectual que me resulte de utilidad en una investigación activista cuyas prioridades son, sobre todo, democratizadoras.
Aurora Levins Morales (2001 [2004]): "Intelectual orgánica certificada" en La Eskalera Karakola (ed.): Otras inapropiables. Feminismo desde las fronteras. Madrid: Traficantes de Sueños. Licencia de reproducción Creative Commons.
Voy a lamerme las heridas.
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Leo en The Guardian una noticia sobre el fenómeno de las 'slutwalking' [¿marchas de putones, podría decir?].
Al parecer, un policía de Toronto contaba con una estancia de tres meses en la Osgoode Hall Law School, una facultad de la Universidad de York (Reino Unido) para dar lecciones sobre seguridad personal ante el riesgo de ser acosadx o violadx. Al parecer, comentó ante diez alumnxs: "I've been told I'm not supposed to say this – however, women should avoid dressing like sluts in order not to be victimised" [Se supone que no debo decir esto; pero bueno, las mujeres deberían evitar vestir como putas si no quieren ser víctimas].
A partir de la publicación en línea de este comentario, mujeres de Estados Unidos, Reino Unido, Argentina, Australia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suecia han organizado estas slutwalking, manifestaciones en las que, vestidas como putas, recorren la ciudad.
Me recuerda al movimiento Reclaim the Night [Reclama la noche], que surgió en los setenta con manifestaciones nocturnas en las que se exigía la recuperación de las noches para las mujeres, a las que, desde pequeñas, se les/nos convence para que tengamos cuidado ya que, de lo contrario, nos pueden agredir. Se convierte, de esta manera, a la "víctima" en cómplice, pues es responsable de su seguridad al escoger las horas, los lugares y las maneras en las que se mueve por el espacio público.
Slutwalking!

Leo en The Guardian una noticia sobre el fenómeno de las 'slutwalking' [¿marchas de putones, podría decir?].
Al parecer, un policía de Toronto contaba con una estancia de tres meses en la Osgoode Hall Law School, una facultad de la Universidad de York (Reino Unido) para dar lecciones sobre seguridad personal ante el riesgo de ser acosadx o violadx. Al parecer, comentó ante diez alumnxs: "I've been told I'm not supposed to say this – however, women should avoid dressing like sluts in order not to be victimised" [Se supone que no debo decir esto; pero bueno, las mujeres deberían evitar vestir como putas si no quieren ser víctimas].
A partir de la publicación en línea de este comentario, mujeres de Estados Unidos, Reino Unido, Argentina, Australia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suecia han organizado estas slutwalking, manifestaciones en las que, vestidas como putas, recorren la ciudad.
Me recuerda al movimiento Reclaim the Night [Reclama la noche], que surgió en los setenta con manifestaciones nocturnas en las que se exigía la recuperación de las noches para las mujeres, a las que, desde pequeñas, se les/nos convence para que tengamos cuidado ya que, de lo contrario, nos pueden agredir. Se convierte, de esta manera, a la "víctima" en cómplice, pues es responsable de su seguridad al escoger las horas, los lugares y las maneras en las que se mueve por el espacio público.
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Matrimonios humanos (II)
Leo en Extravíos (pdf), de Ricardo Llamas y Paco Vidarte:
Me ha encantado y me ha recordado a la entrada Matrimonios humanos. Cuando me he preguntado qué sentiría si un grupo de activistas en favor de, por ejemplo, el matrimonio de tríos o de grupos de personas, interrumpiera e impidiera el curso de mi boda, me he dado cuenta de que sería muy distinto. Sí, me enfadaría. Sí, me daría rabia. Pero, pese al cabreo, entendería que es justo. Me sentiría culpable. Y sentiría miedo.
Una pareja hetero se cabrearía y, dependiendo de su nivel de alianza, lo sentiría más o menos justo y se sentirían más o menos culpables. Pero dudo que sintiera miedo. O ese tipo de miedo. Esa fragilidad. Ese saber que, en cualquier momento, van a prohibir que se casen. Van a ilegitimar a sus hijos. Van a recortar sus derechos. A veces me gustaría que lo sintieran, aunque fuera sólo un ratito.
Me ha encantado la acción. Pero sería mejor si se lograra que esa pareja hetero cuya boda interrumpes (estaría mejor si fuera la de lxs hijxs de Aznar, la de un miembro de la familia real...) sintiera que exista la posibilidad de que nunca puedan casarse (y el matrimonio no es un papel ni es amor, el matrimonio es un seguro, unas certezas, unos derechos). Pero, claro, eso jamás lograrán entenderlo.
Uno de los actos de protesta llevados a cabo por la asociación Act Up-París que más hostilidad suscitó trataba, precisamente, de denunciar esa prohibición [del matrimonio LGB]. Para ello, miembros del colectivo interrumpieron e impidieron el normal desarrollo de una ceremonia nupcial. Invitados y contrayentes reaccionaron con una exacerbada violencia; una hostilidad que refleja hasta qué punto consideran los y las heterosexuales inalienable y sagrado su derecho al matrimonio.
Me ha encantado y me ha recordado a la entrada Matrimonios humanos. Cuando me he preguntado qué sentiría si un grupo de activistas en favor de, por ejemplo, el matrimonio de tríos o de grupos de personas, interrumpiera e impidiera el curso de mi boda, me he dado cuenta de que sería muy distinto. Sí, me enfadaría. Sí, me daría rabia. Pero, pese al cabreo, entendería que es justo. Me sentiría culpable. Y sentiría miedo.
Una pareja hetero se cabrearía y, dependiendo de su nivel de alianza, lo sentiría más o menos justo y se sentirían más o menos culpables. Pero dudo que sintiera miedo. O ese tipo de miedo. Esa fragilidad. Ese saber que, en cualquier momento, van a prohibir que se casen. Van a ilegitimar a sus hijos. Van a recortar sus derechos. A veces me gustaría que lo sintieran, aunque fuera sólo un ratito.
Me ha encantado la acción. Pero sería mejor si se lograra que esa pareja hetero cuya boda interrumpes (estaría mejor si fuera la de lxs hijxs de Aznar, la de un miembro de la familia real...) sintiera que exista la posibilidad de que nunca puedan casarse (y el matrimonio no es un papel ni es amor, el matrimonio es un seguro, unas certezas, unos derechos). Pero, claro, eso jamás lograrán entenderlo.
Política de símbolos: si yo no me puedo casar, tú tampoco.
Javier Marías,
periodismo
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De zurdxs y Marías
No sé si habéis leído el artículo de Javier Marías en El País Semanal de hoy: "Una minoría caballerosa y conforme". A mí me ha producido una furia interior entre el corazón y los pulmones que no se termina de marchar. No sabría por dónde empezar. Así que no voy a hacerlo.
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