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De(pos)lenguaje



Las grandes ideas, y el feminismo lo es, pueden expresarse de manera sencilla. Si no, no son grandes ideas. [...] El lenguaje oscuro ha sido siempre una de las mayores herramientas del poder [...]. Cada mujer agotada, cansada de su vida, y son muchas, guarda en potencia a una feminista. Y para ello no hace falta haberse leído ni a Simone de Beauvoir ni a Judith Butler ni a Amelia Valcárcel.
Rosario Hernández Catalán


Se me han mezclado la jornada de ayer en la Karakola y el curso al que estoy asistiendo en Traficantes sobre psicoanálisis lacaniano.

Unas compas hicieron posible que Julieta Paredes pudiera estar en Madrid hablando sobre feminismo comunitario. Julieta, de Mujeres Creando Comunidad, tiene, entre otros, un libro llamado "Hilando fino: Desde el feminismo comunitario". Red Nosotras En El Mundo estuvo emitiendo en streaming, no sé si subirán el audio. La charla y el turno de debate fueron muy emocionantes. Me gustó el lenguaje y me gustó el contenido, pensando cada vez más en términos de comunidad y en interdependencia. También pensé que me habría gustado que muchas personas importantes para mí estuvieran ahí escuchando.

¿A qué viene el curso de Traficantes de psicoanálisis lacaniano? A que ahí no entiendo nada. Entiendo, claro, pero todo exige un gran esfuerzo mental de traducción de vocabulario, y no hablo solo de conceptos específicos, y no hablo solo de psicoanálisis lacaniano. No habría problema si todas las referencias y palabras que utilizaran/utilizáramos en determinados contextos fueran realmente necesarias porque reflejasen un significado realmente único, pero cada día dudo más de que así sea.

Si no puedes explicárselo a mi abuela, no es mi revolución.

A los estudiantes con los que trabajo se les ha enseñado a dar a los libros mucha más autoridad de la que dan a sus vidas [...] El lenguaje innecesariamente especializado se utiliza para humillar a quienes se supone que no deben sentirse autorizados para entenderlo. Vende la ilusión de que sólo quienes pueden manejarlo son capaces de pensar.
Aurora Levins Morales (2001 [2004]): "Intelectual orgánica certificada" en La Eskalera Karakola (ed.): Otras inapropiables. Feminismo desde las fronteras. Madrid: Traficantes de Sueños. Licencia de reproducción Creative Commons.


Pornoterrorismo

Pornoterrorismo, de Diana J. Torres, es un libro muy recomendable, tanto si no sabes nada sobre transfeminismo como si has leído mil libros antes.

A lo largo del texto, he ido a marcar la página muchas veces para luego reproducir aquí alguna cita, pero eran tantas las páginas y tantas las citas que lo di por imposible. Trabajo sexual, prácticas sexuales, cuerpo, género, sexualidad, poesía, arte... Y, además, feminismo divulgativo, sin palabras grandes y sin necesitar conocer toda la obra de Foucault o de Butler para abrir sus páginas, con un tono autobiográfico muy entretenido y fácil de leer.

Me he apasionado por su rabia. Muchas veces he hablado de la ira que siento por el control de nuestros cuerpos, de la furia por el sistema capitalista heteropatriarcal del que no sé bien cómo escapar, ni si puedo hacerlo. Diana ha madurado esa rabia, ese cabreo monumental, y ha decidido hacer algo con ello. Ha decidido vengarse. Y lo hace de forma brillante. 


Géneros y otras cárceles


Esta mañana estuve escuchando a María Llopis en la jornada Géneros y otras cárceles: Representaciones subversivas de los cuerpos en las artes audiovisuales en la Universidad Carlos III. También estaban Carmen G. Durán (autora de Dandysmo y contragénero, libro que por cierto me regaló tiempo ha mi amigx Sara) y Carmen González Marín (esa antigua profesora que no debe recordarnos pero que ha marcado tanto a unas cuantas de mi clase). Aparte de la fascinación groupie de ver en persona a María Llopis, escuché y aprendí sobre una serie de cosas que me gustaría no olvidar.

Descubrí a los Mosúo, una sociedad de unas 40.000 personas que se ordena de forma matriarcal dentro de China. Relativizamos la "normalidad" de la forma monógama de relacionarnos y de la unión monógama como núcleo de la sociedad, no sólo en cuanto a su carácter de construcción cultural, sino al poco tiempo (relativo) que lleva vigente. Me gustó cuando María Llopis hizo referencia al control de la sexualidad de las mujeres como eje central del sistema económico-social en el que vivimos y que, entonces, trabajar desde nuestros úteros y desde nuestros coños se convierte en una de las prácticas más radicales posibles.

Conocí (a estas alturas) a Suzanne Lacy y a Judy Baca. Hablaban de la edad y el envejecimiento como otro eje de los cuerpos y de su representación. Carmen G. Marín retransmitía una crítica que había escuchado en otra mesa redonda, sobre la invisibilidad de los cuerpos viejos dentro de las representaciones visuales posfeministas y queer. Me gustó como se respondió a esto desde la filosofía punk del DIY (hazlo tú mismx): está bien criticar las representaciones visuales actuales, pero el posporno nació precisamente por esto: "si no te gusta el porno que hay, háztelo tú mismx". Las obras o las representaciones pospornográficas que podemos encontrar surgen de las inquietudes políticas (y de las pulsiones sexuales) de las personas que las han producido; si tú no estás incluidx, genera tu propio contenido.

Me gusta esto aplicado a un contexto más amplio: si no te gusta lo que hay, háztelo tú mismx. Últimamente me ha afectado más de lo debido la impotencia ante todo lo que nos rodea, como si no tuviera fuerzas para intentar cambiar nada. No puedes "hacerte tú mismx" el sistema económico y no puedes "hacerte tú mismx" el funcionamiento más o menos represivo del estado, obviamente, pero sí puedes (a veces) hacerte tú mismx el entorno más cercano e intentar conseguir un pequeño efecto bola de nieve.

También se habló de la posibilidad de manejar las reglas dolorosas y se habló de los partos orgásmicos. Se criticó a la institución médica (los de la bata blanca que han sustituido a los de la sotana negra), lo que como consumidora "crónica" de medicación siempre me duele un poco. Se habló de la violación. Se habló de reapropiaciones. Se habló de la violencia. Se habló de Virginie Despentes. Se habló de prostitución y de cómo puedes vivir la explotación del sistema en una fábrica más duramente que en el trabajo sexual. Se habló de la performatividad del lenguaje y del femenino plural genérico como reproductor de mujeres. Siempre me da fuerza escuchar a gente que sabe tanto y que, encima, lo expresa tan bien.

La imagen es María Llopis por Shu Lea Cheang.


Paréntesis

Nota informativa aunque no le importe a nadie: He cambiado mucho desde que empecé a escribir en este blog. Hoy cambio el nombre y el Twitter por lorewaq, un nick más neutro y dispuesto a recibir todas las mutaciones en mi concepción del sistema sexo/género/deseo a partir de ahora. No dejo de identificarme (políticamente) como lesbiana (bollera), pero no me gustan las connotaciones de separatismo lesbiano del nombre anterior. Mantengo la URL porque me da penita. Fin de la nota informativa aunque no le importe a nadie.


Para no feministas

Ya no recuerdo ni en qué blog lo encontré, pero gracias a una amiga lo he recuperado hoy y he podido releerlo. Rosario Hernández Catalán escribió este libro que editó la Federación Mujeres Jóvenes: Feminismo para no feministas: La Vane contra Pátrix (pdf).

La primera vez me acerqué a él con mucho escepticismo, pero me gustó bastante. Es, como el título indica, un libro (capítulo "didáctico", entrevistas a jóvenes y obra de teatro "La poligonera feminista) diseñado para personas que pasan del feminismo ("de hecho te da algo de grima vernos a las feministas en las manifestaciones [...] parecemos paranoicas, ridículas, excesivas, cursis, pesadas, poco objetivas, feas, etc").

Rescato un par de párrafos de los "consejos para las que ya son feministas":

Conviene hacer gala de un feminismo divulgativo ya. Las grandes ideas, y el feminismo lo es, pueden expresarse de manera sencilla. Si no, no son grandes ideas. Hemos demostrado una y otra vez nuestra solvencia teórica y seguiremos demostrándola a través de los estudios de género o del feminismo académico, pero hay que convertir toda esa rigurosa producción teórica en divulgación. Lo digo porque incluso algunos manifiestos resultan oscuros y sólo aptos para las listas que ya se saben la lección. Toca demostrar nuestra valía divulgativa porque las ideas liberadoras deben traducirse a todo tipo de niveles. Quien piensa claro debe escribir claro, y nosotras a veces, sin necesidad ya digo de escribir para la academia, escribimos para nuestro ombligo. No recuerdo quién decía que “la claridad es la cortesía del buen filósofo”, y ha de ser también la cortesía de la buena feminista. Si no, estaremos cayendo en pecado de elitismo y oscurantismo. El lenguaje oscuro ha sido siempre una de las mayores herramientas del poder, mira si no la jerga del Derecho, mira si no cómo la Iglesia Católica gustó durante siglos de usar el latín para dárselas de grande, divina y especial. Quien con su jerga marca distancia no está siguiendo la ética discursiva feminista y de todo movimiento liberador que busque unir a más gente. Si atacamos a las élites patriarcales no podemos reproducir sus malos vicios elitistas.

[...]

Cada mujer agotada, cansada de su vida, y son muchas, guarda en potencia a una feminista. Y para ello no hace falta haberse leído ni a Simone de Beauvoir ni a Judith Butler ni a Amelia Valcárcel. Muchas no iniciadas en el feminismo se creen que no pueden entrar en nuestro “selecto club de lectoras”. Leer más no necesariamente implica tener clara moralmente la práctica feminista. Ni siquiera escribir más. Debemos buscar lo común con las que llegan nuevas, no empezar marcando distancia porque llevamos más años, tenemos más amigas, tenemos más contactos y lecturas, o, en resumen somos ya un poco perras viejas. Si nosotras vamos por la j, la que todavía va por la a debe de ser respetada y escuchada, al fin y al cabo a todas nos queda mucho para llegar a la z. [...] No las corrijamos con altivez porque los egos son frágiles, y a medida que engorda el nuestro disminuye el de nuestra nueva compañera.

La misma autora y la misma Federación publicaron Pero este trabajo yo para qué lo hago (pdf), al que aludí en otra entrada. Voy a copiar también una cita de ese:

Me he preguntado cómo es que cierta gente a la que admiro intelectualmente, gente que me ha dado muchas claves para la rebeldía, para entender que este sistema apesta, me he preguntado, digo, porqué razón esta gente insiste una y otra vez en escribir tan oscuro. Creo que sé la razón, pese al compromiso político, esta gente viene o incluso trabaja en la Universidad. Conozco un poquito este medio, sé algo de sus reglas, de sus exigencias a la hora de hablar y escribir. Aunque esta gente a la que admiro sea crítica con el Estado, el capital y el patriarcado, a la hora de escribir no puede evitar usar un estilo que, consciente o inconscientemente, está destinado a seducir a sus iguales académicos. En el fondo escriben para un imaginario tribunal de sabios (pocas veces de sabias), escriben para que esta o aquel compañero también marxista o feminista se dé cuenta de lo mucho que valen sus teorías y de lo muy a la última que está (también en el pensamiento existen modas y alardes, conviene no ser hortera, conviene ser cool). Es por el ego, por la autoestima intelectual, por dejar con la boca abierta a todo el congreso, a todo el seminario, a todo el público de las jornadas. Es como si yo fuera peluquera y me empeñara sólo en hacer recogidos de novia para demostrar a las compañeras y compañeros lo mucho que valgo. Es como si, para enseñarles mi valía, me empeñase en hacerle recogidos de novia incluso a la señora mayor que viene para que le carde y le tiña sus cuatro pelos, sería ridículo, ¿no?, pues al haber interiorizado las normas de la academia, al pensar que tienen que enseñarle al mundo lo mucho y difícil que han leído, muchas de estas gentes intelectuales comprometidas se pasan la vida haciendo recogidos de novia que no vienen a cuento. E imagínate cómo serán entonces las intelectuales y los intelectuales que no se comprometen, el personal erudito sin más.


Ya me lo dijo una profesora hace un año. Hay que seguir aprendiendo.


Desorden

"No nacemos en un cuerpo equivocado, nacemos en un mundo equivocado como bien dice la activista pro derechos trans Porpora Marcasciano": así habla Erik, elx dueñx de una de las producciones narrativas del capítulo que firman Antar Martínez-Guzmán y Marisela Montenegro en El género desordenado: Críticas en torno a la patologización de la transexualidad (editado en Egales por Miquel Missé y Gerard Coll-Planas).

"El ser humano suele caer en su trampa con demasiada facilidad", continúa Erik, "hemos creado un montón de pequeñas ficciones que nos sirven para organizarnos en sociedad o para conducir nuestra vida personal, pero las creemos de tal forma que nos parecen como verdades absolutas e incuestionables; como el dinero, las fronteras, el tiempo y, por supuesto, entre otras tantas, el género".

Semanas como la pasada me hacen pensar que no valgo para el activismo. Me hastío de la RAE, me hastío de Gallardón, me hastío de la violencia estructural y me hastío de la indignación twittera y me lleno de tristeza. Y El País Semanal se queda tan atrás, tan atrás, con sus reportajes sobre falsa liberación sexual y tríos descafeinados. Y Pérez Reverte hace bromas de feminazis y lxs mismxs de siempre se preguntan por qué no existe un Día del Hombre. Y habría tanto que escribir sobre ello pero para eso están lxs que aguantan toda esta retahíla una y otra vez. Así que yo me encierro en el libro que tenga en este momento y subrayo frases y subrayo frases y les miro desde lejos valientes valientes y les miro desde lejos y subrayo frases y deseo que alguien dinamite toda esta mierda y que el lenguaje las palabras las voces los diccionarios los unos los ceros se deshagan ante nosotrxs.

Así que esta semana tocó esconderse en El género desordenado. Sí. Recomendable.


Lenguaje

Siempre que a lxs chavalxs se les pregunta cómo definirían a una persona homosexual dicen: "A quien le gustan los chicos". Yo siempre les pregunto: "¿una chica a la que le gustan los chicos es homosexual?".

Siempre que a lxs chavalxs se les pregunta cómo definirían la pluma dicen: "Pues hacer las cosas como afeminado, hablar como una chica, sentarse como una chica". Yo siempre les pregunto: "si una chica habla como una chica o se sienta como una chica, ¿tiene pluma?".

Obviando el horrible detalle de que definamos (por ampliamente que lo hagamos) la sexualidad y aclarando que, evidentemente, debatimos a qué nos referimos con expresiones como "como una chica", en lo que me quería fijar es que siempre, siempre, siempre, tanto chicos como chicas, definen los conceptos desde la perspectiva masculina. Y nunca deja de sorprenderme.


Incoherencia semántico-sexual

Ya de pequeña cometía muchos errores en el habla en cuanto a la coherencia de género: tan pronto hablaba en masculino como en femenino. De hecho, recuerdo que el gran número de veces que emitía masculinos en primera persona, me sentía realmente culpable y avergonzada. No entendía por qué no me salía una voz interior femenina de forma natural. Entre eso y que me tiraran más las niñas que los niños, llegaba a temer ser transexual. ¿Habría oído hablar entonces de la transexualidad? ¿Qué es y cómo era lo que temía exactamente? Sólo recuerdo un vago temor a la diferencia, no a la diferencia tal cual la comprendía entonces, ser más altx o más bajx, tener tetas antes o después, que tus padres estuvieran juntxs o separadxs... sino a una diferencia mayor, una diferencia terrible y enorme.

Desde entonces han cambiado un poco las cosas. Ahora sonrío por dentro cuando cometo esos errores gramaticales (¿errores?) y no puedo evitar sentir una predilección secreta por lxs amigxs que, sin ningún tipo de intencionalismo político-sexual, hablan utilizando indistintamente el masculino y el femenino, sin llegar a darse cuenta.

Leyendo el espléndido Devenir Perra, de Itziar Ziga, que me regalaron unas amigas por mi cumpleaños, rescato este párrafo (y no es el primero que citaré, me temo):


Abogo desde aquí por la discordancia de género como mecanismo de sabotaje
sexual y lingüístico. Nunca me ha salido del coño generalizar en masculino, pero
tampoco quiero entorpecer mi narración con tediosas
as/os o arrobas o
estrellitas. La segregación biológio-social de género es para mí cada vez más
turbia. Ya no sé lo que es una mujer, ni me interesa. A mi abuela Susana
Goikoetxea, que tiene ahora noventa y ocho años, lo primero que le patinó cuando
empezó a perder las conexiones con su entorno fue el concepto establecido de
género. Nos hablaba a nosotras en masculino y lo mezclaba todo.
Aupa, amona, por fin te has librado del lenguaje simbólico que te destinó a ti y a todas
las mujeres a servir en la casta inferior.

Pues lo dicho, seguiré la rebeldía senil de mi
amona Susana y no
suscribiré la lógica semántico-sexual que nos ha puteado a ella, a mí, a ellos,
a todas.


De momento, en lenguaje escrito seguiré abogando por las equis (me parece que no entorpecen la narración como el os/as, las arrobas o los asteriscos; me parecen estéticamente atractivas, para qué nos vamos a engañar; e incluyen, además del masculino y el femenino, a todos los géneros que te puedas imaginar). Para el lenguaje oral, sin embargo, voy a empezar a introducirme en el maravilloso mundo de la incoherencia (¿incoherencia?) semántico-sexual.


LGTB+

Hacia el final de los años ochenta, cuando el feminismo radical perdía fuerza, las lesbianas se aliaron con el movimiento gay masculino, algunas de ellas enfadadas con el heterocentrismo del movimiento de mujeres y otras sintiendo que el separatismo lesbiano de los setenta y ochenta ya no les era beneficioso.

Fue encontes cuando la expresión "gay community" pasó a denominarse GLB o LGB (se suele adelantar la L como reclamo feminista). Más adelante se le añadió la T de transexualidad o transgenerismo (conceptualizado según la teoría de la transexualidad previa al postfeminismo). Esto es lo que cuenta la Wikipedia, aunque yo, sin pruebas y con poca edad, confieso, creo recordar un GLT o LGT, antes de que los colectivos aceptaran añadir la B de bisexualidad.

El acrónimo trata de visibilizar realidades que quedarían ocultas si hablásemos de movimiento gay o movimiento homosexual. De hecho, también soy partidaria del uso de LGTBfobia antes que homofobia y, si queremos especificar alguna discriminación en concreto, nombrar la lesbofobia, bifobia o transfobia.

El problema viene a la hora de incluir a todas esas realidades que, con toda la razón, no se sienten representadas en este acrónimo que se supone tan inclusivo. Entonces toca incluir infinitas iniciales: I (intersexual e intergénero), A (asexual y aliado), Q (queer, questioning), T (transgénero, travesti, transexual), P (poliamoroso, pansexual), O (omnisexual, otros)... Por comodidad, prefiero el uso de LGTB+ antes que LGTTTBIIAAQQPPOO.

Cuando digo LGTB+ no estoy diciendo únicamente "lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y otrxs", sino que estoy diciendo "todas aquellas identidades ajenas al sistema sexo/género/deseo (cis)heteronormativo".

Pero claro, LGTB+ es mucho más corto.


Coñomatón (II)

He recibido alguna queja respecto a mi última entrada, y en vez de seguir discutiendo con la interesada la (im)pertinencia de reproducir imágenes tan vulgares, reflexiono en esta plataforma. Iba a zanjarlo aquí, escribiendo sobre el uso de la palabra coño y la importancia de su visibilidad y pluridad de representaciones, pero al parecer el tema da para mucho.

Sinceramente, no se me ocurre otra manera de llamar al coño. Y no es por falta de sinónimos.

Vagina hace referencia únicamente a una parte y, al igual que vulva, tiene su origen como término en la posibilidad de envolvimiento del pene (vagina - vaina / vulva - envoltura). A esto se refería Monique Wittig cuando afirmó "yo no tengo vagina" ante la pregunta tras una conferencia.

Si yo no tengo vagina es porque la vagina, en tanto que órgano sexual femenino, se define como receptáculo apropiado para un pene natural… y como cavidad natural para la fertilización. Una vagina que no se deja territorializar por el follar hetero es anatural, deficiente e incluso malsana.

Soy consciente de que no se puede justificar el uso o desuso de un vocablo dependiendo de su origen etimológico, puesto que los significados evolucionan. De hecho, la etimología de coño tampoco me ayuda a defenderlo. Hay quien dice que significa conejo en latín, pero eso no es estrictamente cierto: conejo en latín es cuniculus, y la eñe suele venir de la doble ene. Cunnus sería más apropiado, que significa tanto mujer como coño, directamente (de ahí cunnilingus). Asimismo (lo que se aprende con Google, oyes), cunnus viene, al parecer, de la raíz indoeuropea -(s)keu, que significa cubrir, por lo que volvemos a lo mismo del principio. Esto termina de anular mi discurso etimológico, ¿no? Al fin y al cabo, coño y vulva tienen un mismo significado en origen. ¿Su significado ahora es el mismo?

Personalmente, vulva me suena a médico. La palabra que utilizas cuando quieres decirle al médico que tienes algo en el coño. No quiero que a mi coño lo nombre unx médicx o un libro de ciencias. Quiero nombrarlo yo. Supongo que veo el uso de coño de la misma manera en la que se practica la reapropiación en inglés de cunt. Algunas feministas recriminaron su uso como sinónimo de 'mujer', algo más similar al 'chocho' y 'picha' andaluces, que convierten al individuo en su genitalidad. En castellano, sin embargo, al menos en mi entorno, no tiene ese tipo de connotación.

A veces me pregunto cómo lo llamaré ante mis futuras e hipotéticas hijas. Coño, probablemente. ¿O no es ése su nombre?


Lenguaje

-Señora maestra, ¿cómo se forma el femenino?
-Partiendo del masculino: la o final se sustituye por una a.
-Señora maestra, ¿y el masculino cómo se forma?
-El masculino no se forma: existe.
Ana María Piussi


Lengua materna


Hace dos días fue el día internacional de la lengua materna.

Es curioso que una entidad tan patrilineal sea denominada 'materna'.

"Mother Tongue" (2002) es una videoinstalación de Zineb Sedira. Tres generaciones de la familia de la artista se comunican en su propia 'lengua materna' (o lo intentan, si entendemos la necesidad de una comprensión en la recepción). La falta de comunicación también reporta significado.


Políticamente incorrectos

De repente, rechazar el racismo, el sexismo, la homofobia o cualquier otra discriminación se ha convertido en lo "políticamente correcto".

[En realidad, no ha ocurrido del día a la mañana, sino que lleva sucediendo durante aproximadamente una década. Sería fácil decir que lo ha conseguido ZP, ya que no se pueden negar los logros en ese aspecto de las políticas sociales, de la institucionalización del feminismo (de uno de tantos) y de la visibilidad de la diversidad afectivo-sexual (en una mínima vertiente y con intenciones normalizadoras) durante la primera legislatura y parte de la segunda].

La lucha contra el racismo, el sexismo y la homofobia que se ha institucionalizado en el Estado español dista mucho de ser radical o realmente transgresora (aunque tampoco niego que sea un paso). Lo verdaderamente radical o transgresor es, literalmente, transgredir de raíz el sistema cisheteropatriarcal en el que somos (re)producidos.

Una lectura fácil de la confrontación entre "la transgresión" y "lo políticamente correcto" nos lleva a un silogismo fácil y no demasiado innovador: lo transgresor es el sexismo, el racismo, la homofobia y otras discriminaciones. Preguntémosle a Arturo Pérez-Reverte, que de esto sabe mucho (del que ya hablé en el número 5 de mi lista de "lxs machistas del año"). Su última columna en XL Semanal es Pronúnciese "elegetebé":

Hay varios cantamañanas convencidos de que la lengua no pertenece a quienes la hablan, sino a quienes deciden retorcerla a su antojo a golpe de guía y decreto. Me refiero a esos individuos de ambos sexos -ellos dirían individuos e individuas de ambos géneros- que se atreven, con la osadía de su ignorancia, a lo que ni siquiera pretende la Real Academia Española. (...)

[Ahora empieza a hablar de la Guía de Lenguaje no Heterosexista (pdf) del Consejo de la Juventud de la Comunidad Valenciana]. Lo que, dicho en corto, significa dirigirse siempre al prójimo en términos ambiguos y poco comprometidos sobre el sexo de su presunto padre y su señora madre, aunque los tenga. Por si acaso. Y aunque el interlocutor aparente ser varón o hembra -quizá porque lleve bigote o luzca unas tetas de la talla 98-, no dar nunca por sentado que es una cosa u otra, no vayamos a ofenderle la sensibilidad. Etcétera.

Estoy seguro de que esa pandilla de bobos socialmente correctos, que se extiende cual mancha de aceite de oliva virgen, no se da cuenta del lío en que está metiendo a la gente (...). De la confusión a que nos expone cuando mezcla conceptos lógicos y respetables con desvaríos de género y génera (...). Ya me dirán ustedes qué suerte puede correr una causa, por noble y razonable que sea, cuando se aliña con estupideces como (...) que la palabra homosexual se usa de forma limitadora e «invisibilidad» a las lesbianas (...).

De manera que, señoras y caballeros, ha nacido otra estrella. Según la guía valenciana, usted y yo deberemos decir en adelante, so pena de ser llamados fascistas homófobos, «Día del orgullo LGTB» -pronunciado elegetebé, ojo-, «comunidad LGTB» y «LGTBfobia». (...)

Qué transgresor el señor Reverte, ¿verdad?


La marca de género

Monique Wittig (Alsacia, 1935-Arizona, 2003), de la que ya he hablado en este blog, se propuso a lo largo de su obra destruir la categoría de sexo/género/deseo en el lenguaje. De hecho, su texto mítico L'Opoponax (1963) está redactado desde el pronombre personal francés on, que no tiene género ni número. Por otro lado, en Las Guerrilleras (1969), hace uso del pronombre elles, sin intención de escribir acerca del sujeto femenino, sino del sujeto universal, que en El cuerpo lesbiano se convierte en un j/e.

[El j/e] no es un yo destruido. Es un yo que se ha vuelto tan poderoso que puede atacar el orden de la heterosexualidad en textos y asaltar al así llamado amor, a los héroes del amor, y lesbianizarlos, lesbianizar a los símbolos, lesbianizar a dioses y diosas, lesbianizar a hombres y mujeres.
Monique Wittig, La marca de género

En diferentes partes de su obra, Wittig considera que el lenguaje es neutro y que lo que es sexista es el uso que hacemos de él. Este pensamiento es atractivo, pero sus continuas referencias a una lengua previa a la Ley le hacen caer en algunas contradicciones y me hacen sospechar, como de todos los feminismos que buscan y buscan ese periodo previo al patriarcado, anterior y fuera de la Ley.

Monique Wittig piensa que el femenino sólo existe como marca de género, visibilizando su sexo de esta forma, mientras que el masculino es el elemento universal, el elemento no marcado. La eliminación de la imposición de género instaura, pues, la homosexualidad y universalidad en el lenguaje. La expresión escritura femenina, tan defendida por Luce Irigaray (y otras autoras francesas, como Hélène Cixous) sería, para Wittig (pdf), "defender justo aquello contra lo que su pensamiento y su texto se dirige, es decir, la existencia de una humanidad diferenciada social y políticamente en sexos dicotómicos y marcada en el lenguaje por el género gramatical".

Wittig considera que la distinción de género, de ambos sexos, es una estrategia de un lenguaje sexista, asegurándose de la presencia del sexo masculino mediante la producción del género que lo niega, el femenino. El género masculino, por tanto, 'es', mientras que el femenino 'es lo Otro' y se queda en la mera diferencia. Otra feminista francófona contemporánea, Luce Irigaray (belga residente en París, 1932), representante clave del feminismo de la diferencia, respondió en 1985 con Parler n'est jamais neutre a esta afirmación. Irigaray sostiene que "el sexo femenino no es una carencia ni un Otro que inherente y negativamente define al sujeto en su masculinidad. Por el contrario, el sexo femenino evita las exigencias mínimas de la representación, porque no es ni Otro ni carencia, pues esas categorías siguen siendo relativas al sujeto sartreano" (fuente).

De esta forma, Wittig se propone la eliminación de marca de género en el lenguaje, mientras que Irigaray defiende una política de enunciación femenina y feminista. Mientras que me resulta mucho más atractiva la perspectiva de Wittig, entiendo la importancia de la visibilidad derivada del discurso de Irigaray, aunque el uso estratégico de la categoría de sexo/género/deseo corra el riesgo de ontologizar los discursos: como todo lo estratégico, da miedo terminar por creerlo verdad.

Vosotras, vosotros, vosotrxs, ¿con qué os quedáis?


Árabes queer


Maha y Maryam rezan en una mezquita de El Cairo. Deslizan sus dedos por las letras árabes grabadas en la piedra. Sus dedos se rozan. Son pareja desde hace tres años. Cuatro hombres iraníes esperan la respuesta de Turquía a su solicitud de refugiados. Ferda y Kiymet, sufíes devotas, no ocultan su relación en las calles de Konya. Muhsin Hendricks es gay. Y también es Imam en Johanesburgo.

Junto con Mazen, Ahsan y Qasim, este grupo conforma los personajes de A Jihad for Love (imdb) (tráiler) (Parvez Sharma, 2007, EEUU/Reino Unido/Francia/Alemania/Australia), un documental sobre la compatibilidad entre confesión musulmana y homosexualidad. Galardonada en numerosos festivales (no sólo de temática LGTB) desde su estreno, el director, residente en Nueva York, acaba de anunciar la exhibición pública del filme en Beirut, la primera que se desarrolla en un país árabe, con repercusiones en los medios de comunicación (más amable la información que los comentarios).

Desde una perspectiva meramente religiosa, es muy interesante la obra de Scott Siraj al-Haqq Kugle: Homosexuality in Islam: Critical Reflection on Gay, Lesbian and Transgender Muslims (1ª ed.: Inglaterra, 2010), que defiende y explica el trabajo de relectura y reinterpretación de las escrituras que están llevando a cabo los individuos musulmanes LGTB. Desde un punto de vista más sociológico (y periodístico, para qué nos vamos a engañar) está la obra de Brian Whitaker: Amor sin nombre: La vida de los gays y las lesbianas en el islam (1ª ed.: Londres, 2006).

Calem es la confederación de asociaciones lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, queer e intergénero musulmanas, con sede en Europa, que celebró sus I Jornadas en París este mismo octubre, reuniendo a organizaciones francesas (HM2F, Trans Aide), belgas (Merhaba, Omnia), españolas (A. M. Ho.), holandesas (Transvisie), así como a otras externas al territorio europeo: The Inner Circle (Sudáfrica), Kif-Kif (Marruecos), Al-Khamsa (Norte de África) o Bedayya (Egipto y Sudán).

Cuando escribía sobre la teorización del sistema sexo/género, confieso que no estaba al tanto de la extensión del ideario queer entre las organizaciones árabes, a pesar de que, cuando quieren traducir el término, algunos utilizan la expresión ahrar al-yins (que significaría sexualmente libres, corregidme si me equivoco), perdiendo la connotación de reformulación del insulto que se hace con queer. La teoría queer es, precisamente, la mayor patada que se le puede dar a la concepción esencialista y binaria de los sexos. Las asociaciones libanesas Helem o Meem, así como la palestina Aswat, entre otras, incluyen la Q entre las iniciales que aglutinan. Con el mundo árabe pasa, tantas veces, como con las mujeres en todo el planeta. En su nombre discursivizan otros. A Jihad for Love no está producida por árabes, pero le da la voz a los (y las) protagonistas. Trangénero y mujeres también se hacen con la palabra. Revistas y manifiestos de asociaciones árabes se esfuerzan por alzar su voz sobre la heteronormatividad y el androcentrismo. ¿Lo consiguen?

Debemos escribir. Debemos escribir volúmenes para acabar con nuestra invisibilidad y con la historia que nos ha olvidado. Debemos escribir para los ojos que quieren leernos. Debemos escribir para nuestros pensamientos que necesitan ser expresados. Debemos darle nuevos significados a las cosas a través de palabras nuevas, frases nuevas, párrafos nuevos. Debemos escribir.

Y sí, deberíamos escribir más en árabe –estamos trabajando en ello.

Bekhsoos, publicación de Meem


Dios(a)

Si Dios es varón, el varón es Dios.


Y qué vergüenza. Y 1.100 varones presidiendo la ceremonia y cuatro mujeres limpiando lo que ensucian.

Y mientras se siga rezando a un padre en el cielo, las cosas van a seguir igual en la tierra.

Y qué vergüenza de discursos y homilías.

Pero qué orgullo que haya gente que quiera cambiar las cosas. Qué orgullo que haya personas que rezan a unx padre-madre suyx que está en los cielos. Qué orgullo que lo que ha trascendido en los medios de esta visita sea la besada gay y lesbiana frente al papamóvil.

Una decía por ahí que besarse frente al Papa era una tontería. Que para qué tenían que ir a dar el espectáculo (como siempre). El Estado español (y el Estado, para esto, somos todxs) ha gastado millones de euros para que un hombre venga a un país "secular" a solicitar que cambien unas leyes que no han sido un regalo del 2005, sino que han sido el fruto de una lucha de años. Un hombre que compara el matrimonio igualitario con el cambio climático porque amenazan la creación. Un hombre que promueve ante masas fanatizadas que esa misma una no debe, no puede, tener nietos. Las besadas se llevan realizando en España desde los años ochenta (iniciadas por las lesbianas a raíz del arresto* de Arantxa Serrano y Esther Olassolo [fuente]). No sólo son útiles porque llaman la atención y son atractivas para los medios (el mismo motivo por el que no son multitudinarias, cuántxs LGB se esconden el Día del Orgullo cuando pasa cerca una cámara) sino que son un símbolo perfecto de visibilidad y reivindicación: estamos aquí, estamos en la calle, tenemos cuerpo, nos atraviesan pulsiones, sentimos deseo, no vamos a escondernos en casa, me beso aquí, delante de tu puerta, delante de tus hijxs.

¿Ganas de provocar? Claro que tengo ganas de provocar. Ganas de provocar al homófobo. Quiero que se enfade, quiero que sienta asco, quiero que se dé cuenta de que lo que realmente le molesta es que hayamos decidido no guardarnos los besos, las plumas, las novias, los novios, el amor, el sexo, para la intimidad de la alcoba. No sé si somos o no somos normales. Lo que tengo claro es que no somos como él.

Y tengo ganas de decírselo. Porque él me lo repite cada día, cada minuto, cada segundo. Y a veces lxs hetero os olvidáis de imaginar lo que eso llega a suponer cuando han pasado ya muchos días, muchos minutos, muchos segundos.

¿Que muy bien pero que no sirve para nada? ¿Que si es sólo desahogarse? Han sido sólo un centenar de LGB, pero sus imágenes han dado la vuelta al mundo. Y el mundo sabe ahora que los bollos y las maricas estamos enfadadas. Y eso es más que suficiente para empezar.

*Estas dos mujeres se dieron un beso, frente a la Puerta del Sol, el 23 de octubre de 1986. Dos días de retención y malos tratos y cruce de denuncias. A finales de los años noventa, el caso se resuelve con la condena a los policías. Cada 28 de junio, lesbianas se besan en la Puerta del Sol. Intentad detenernos ahora.


Las perlas de De la Riva


Como es evidente, unx no se hace machista del día a la mañana. Francisco Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid, ha sido noticia la última semana por una inoportuna declaración:

La Leire Pajín, una chica preparadísima, hábil, discreta, que va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y que va a ser la alegría de la huerta. Tengo que decir que cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir aquí.

Sin embargo, en el baúl de los recuerdos encontramos los antecedentes del Excelentísimo Alcalde. En 2007, durante la precampaña a las elecciones municipales, hizo esta declaración en un mítin en relación a su oponente socialista Soraya Rodríguez, actual Secretaria de Estado de Cooperación Internacional, entre las carcajadas del público:

Quiero decir que de aquí a pasado mañana, creedme, puede pasar cualquier cosa. Puedo, mañana, ser acusado de... iba a decir de haber violado a la propia candidata, pero la verdad es que...

En abril de 2009, comentó en relación a Carme Chacón, Ministra de Defensa:

Ayer he visto el guirigay que se ha montado entre la ministra de Defensa, que es como la señorita Pepis vestida de soldado...

Asimismo, en una de sus primeras intervenciones como alcalde de la ciudad, en la casa Cervantes en 2005, aseguró su intención de que Valladolid dejara de ser la ciudad de las diez pes:

A la ciudad hay que librarla de pulgas, piojos y putas.

Estas declaraciones no son ni inocentes ni inofensivas. Rotundamente no.


الجنس

A veces creo que conozco un tema hasta que tengo que hablar o escribir sobre él. Parece sencillo encontrar materias relacionadas con "sexo en el mundo árabe", pero ser una maniática del lenguaje me hace dudar por principio de qué es ese “sexo” del que estoy hablando.

El sistema sexo/género tiene su origen en The Traffic of Women: Notes on the 'Political Economy' of Sex (pdf, trad. Stella Mastrangelo), un ensayo de Gayle Rubin. El discurso que se deriva de este texto parte de cierta complementariedad del género respecto al sexo. Por otro lado, el desarrollo teórico de la obra de Joan Scott define (pdf) el género como una categoría analítica. Este uso está relacionado con los trabajos de autoras como Judith Butler o Teresa de Lauretis. Estos dos usos se ven combatidos por quienes abogan, finalmente, por eliminar la categoría de género acusándola de haber perdido su utlidad práctica y teórica.

Mi opinión no viene al caso, pero es inevitable que influya en mi trabajo: creo en la debilidad, por no decir inexistencia, de las fronteras intersexuales; pero también creo en la utilidad de instrumentalizar esas ficticias diferencias para la construcción de identidades políticas. Partiendo de aquí, me pregunto sobre la posibilidad de universalizar este discurso y sobre la teorización que del sistema sexo/género se ha hecho en el mundo árabe.

As'ad AbuKhalil ha escrito (pdf) precisamente sobre la conteptualización de estos términos (el título de su artículo hace referencia al mundo árabe, pero el texto se centra en la religión musulmana). AbuKhalil (libanés-estadounidense, ateo y anarquista, muy crítico con el Islam en relación con las mujers) cree que el Corán no diferencia la "feminidad" y la "masculinidad" desde una perspectiva esencialista. Suad Joseph (Líbano-EEUU) destaca (pdf) que el sistema sexo/género en el mundo árabe está determinado por "las instituciones patriarcales que dominan en el orden social" (es decir, como en prácticamente el resto del planeta). La construcción de la subjetividad árabe masculina y femenina que traza la profesora Joseph es, en líneas generales, muy similar a la descrita en discursos universalizadores.

Sería muy interesante comentar los usos lingüísticos de los términos sexo y género en árabe, además de comentar las posibles consecuencias de la marca de género gramatical (como en español) en las estructuras mentales del individuo (como defendería la hipótesis Sapir-Worph). De esto último existen diferentes estudios, pero mi desconocimiento de la lengua árabe me imposibilita profundizar en el tema.

A lo largo del IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico, organizado por la Junta Islámica Catalana y celebrado en Madrid este fin de semana (ahora soy yo la que peca de confundir "Islam" y "Mundo árabe") ha salido a relucir en muchas ocasiones los significados de las palabras "sexo" y "género". Es más que probable que el uso indistinto del castellano, el inglés y el árabe y la traducción simultánea contribuyan a la confusión; sin embargo, intentaré extraer alguna conclusión.

La mezcolanza de diferentes visiones sobre el discurso y las prácticas feministas se hizo patente en todas y cada una de las ponencias e intervenciones del público. Sin embargo, algo parecía evidente: la diferencia biológica e insalvable entre los sexos. A partir de ahí, se discutía la necesidad de la igualdad, la equidad o la complementareidad. Por debajo de este relato, de todas formas, había muchos momentos en los que se traslucía cierta resignación en la aceptación de esta premisa con el objetivo de posibilitar el debate.

La noción de sexo y género también se trasluce en los debates sobre la transexualidad y la reasignación de género, permitida en Egipto, Jordania, Líbano y Siria, y también practicada en Arabia Saudí.

¿Qué conclusión extraigo de esto? El debate sobre las raíces, definiciones e implicaciones del sistema sexo/género no están cerradas en ningún lugar o cultura: ni en el mundo anglosajón, ni en el latino, ni en el europeo continental, ni en el árabe, ni en el asiático... Asimismo, son inevitables los viajes conceptuales en un sentido y en el otro, y tratar las realidades culturales y geográficas como contextos académicos aislados no tendría ningún sentido en el mundo contemporáneo. El sistema sexo/género está pensado y (creo que) funciona a nivel universal, aunque su teorización varíe (entre culturas, religiones, corrientes de pensamiento, individuos...).

Lo sé: no es una conclusión cerrada o reveladora, sino igual de abierta que la introducción de esta entrada, pero no puedo pretender aportar una solución a un problema que lleva décadas siendo discutido y del que (todavía) no conozco todo lo que querría conocer.