Hana Pesut tiene un proyecto interesantísimo llamado Switcheroo en el que parejas intercambian sus ropas. Mi amiga Sara quiso emularlo con Rafa y aquí está el resultado. My skirt doesn't make me a girl.
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Ulrika Dahl
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Igual que me gusta encarnar un drag king, también me divierte travestirme de chica femme. A veces soy Nacho, a veces soy Mónica. Depilación, manicura, pedicura, maquillaje, tacones.
Llevo mucho tiempo queriendo escribir esta entrada y nunca termino de atreverme, porque para escribirla debería empezar por confesar algo, y siempre duele reconocerse parte ejecutiva de la discriminación, ¿no? Redoble de tambores: siempre he tenido prejuicios contra las chicas muy femme, contra los artefactos de la feminidad. Cuando tenía doce años, llegué llorando a casa porque había estado tres horas en un parque con dos amigas y habían pasado dos de las tres horas hablando de maquillaje. En realidad yo no recuerdo esta historia, pero mi madre sí. A fin de cuentas, el maquillaje, la ropa... ¿no son frivolidades sexistas-capitalistas?
Intento aprender de la gente y de la vida antes que de los libros, pero siempre se me dio mal el contacto emocional... Devenir perra, de Itziar Ziga, así como el artículo El baúl de los disfraces, de Ulrika Dahl (en El eje del mal es heterosexual, pdf, p.151), fueron mis primeros acercamientos al femme-inismo (si puede considerarse Devenir Perra como algo parecido...). Ulrika Dahl, de hecho, lo explica estupendamente:
Me recuerdo hablando con N. en Santander, en nuestro primer viaje, sobre la importancia de la moda. Yo no la comprendía y le confesaba mi más absoluto desinterés por la ropa o ir de compras. Le costó hacerme comprender que eso también era una decisión en relación con la moda. El estilo femme también es una expresión de género y mis amigas femme y con más interés en la moda y otros artefactos de la feminidad son también feministas y conscientes de que ellas han escogido una expresión de género determinada que no es relacional con el patriarcado sino con su propia identidad. Qué difícil es a veces comprender las cosas más simples. Y qué difícil es siempre permitir que las mujeres y lxs otrxs vistan como les dé la real gana.
La imagen la encontré en tumblr.
Femme-inismo
Igual que me gusta encarnar un drag king, también me divierte travestirme de chica femme. A veces soy Nacho, a veces soy Mónica. Depilación, manicura, pedicura, maquillaje, tacones.
Llevo mucho tiempo queriendo escribir esta entrada y nunca termino de atreverme, porque para escribirla debería empezar por confesar algo, y siempre duele reconocerse parte ejecutiva de la discriminación, ¿no? Redoble de tambores: siempre he tenido prejuicios contra las chicas muy femme, contra los artefactos de la feminidad. Cuando tenía doce años, llegué llorando a casa porque había estado tres horas en un parque con dos amigas y habían pasado dos de las tres horas hablando de maquillaje. En realidad yo no recuerdo esta historia, pero mi madre sí. A fin de cuentas, el maquillaje, la ropa... ¿no son frivolidades sexistas-capitalistas?
Intento aprender de la gente y de la vida antes que de los libros, pero siempre se me dio mal el contacto emocional... Devenir perra, de Itziar Ziga, así como el artículo El baúl de los disfraces, de Ulrika Dahl (en El eje del mal es heterosexual, pdf, p.151), fueron mis primeros acercamientos al femme-inismo (si puede considerarse Devenir Perra como algo parecido...). Ulrika Dahl, de hecho, lo explica estupendamente:
Escribo porque rechazo ser una víctima del patriarcado. Porque mi deseo no me convierte en una chica hetero despistada, una feminista políticamente incorrecta o una falsa bollera.
[...]
Más tarde descubrí que quería volver al Baúl de los Disfraces, que no estaba sola y que había muchísimas mujeres a las que yo les gustaba así. Entonces comencé a ver que la propia idea de que los atributos clásicos femeninos no son sino fuentes de limitación, peligro y opresión, raramente se cuestionaba en los círculos lésbicos mayoritarios.
[...]
Vivimos en un patriarcado. Una sociedad modelada por un orden de poder generizado y heterosexista donde las mujeres y la feminidad están siempre subordinadas a los hombres y a la masculinidad. Donde la feminidad es sinónimo de víctima, de estar oprimida, limitada, de ser vulnerable. De no ser tomada en serio. La conexión entre género y sexualidad no es sólo una teoría, es una realidad. Los hombres gays afeminados y las bollos butch son la doble amenaza a nuestras concepciones de qué constituye un hombre y una mujer. Son nuestros más obvios guerreros de género. Pero sigo creyendo que las femme luchamos una batalla diferente. La batalla contra la subordinación de la feminidad de las mujeres y su conexión con la sexualidad.
[...]
En mi opinión el travestismo femme es un disfraz explícitamente femenino. Uno que no puedes conseguir en el departamento de señoras de unos grandes almacenes. Es un proyecto artístico. Algunas personas lo pueden encontrar algo extravagante, algo definitivamente no feminista, o incluso políticamente incorrecto. Y respeto esos argumentos.
[...]
Cuando me pongo mi wonderbra no es para satisfacer a ningún hombre, no es porque no me puedo resistir a la propaganda de las revistas de las mujeres hetero sobre cómo debe ser una mujer. No es una cuestión de cuánto dinero gastas en ser femme. Es sobre cuál es el significado de la feminidad. Se trata de transformar algo negativo en algo positivo. De cambiar el significado de un término. Lavar la marca de víctima, aliviarla con un tónico facial y pintar sobre ella un nuevo personaje espectacular.
Me recuerdo hablando con N. en Santander, en nuestro primer viaje, sobre la importancia de la moda. Yo no la comprendía y le confesaba mi más absoluto desinterés por la ropa o ir de compras. Le costó hacerme comprender que eso también era una decisión en relación con la moda. El estilo femme también es una expresión de género y mis amigas femme y con más interés en la moda y otros artefactos de la feminidad son también feministas y conscientes de que ellas han escogido una expresión de género determinada que no es relacional con el patriarcado sino con su propia identidad. Qué difícil es a veces comprender las cosas más simples. Y qué difícil es siempre permitir que las mujeres y lxs otrxs vistan como les dé la real gana.
La imagen la encontré en tumblr.
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El sábado mi king Nacho volvió a salir a la calle en la moustache party de M. Constato lo trabajoso que es construir la masculinidad (lo que confirma lo que de construido tiene). Los pelos en las piernas dejen de ser un problema para convertirse en una ventaja (en cuanto a credibilidad por lo menos...). Siento al mismo tiempo satisfacción cuando el passing (pasar por / ser leído como hombre, en este caso) cuela y siento vergüenza e inseguridad cuando las miradas son de justo lo contrario: "¿estás disfrazada o es que eres un bicho raro de esos travelacos?". No soy tan valiente cuando ya es de noche, ¿eh? Siempre una experiencia constructiva. Qué palabra más bien escogida.
Volveré a aprovechar la más mínima excusa para sacar a Nacho a pasear y seguir jugando con el género. Ya que no podemos escapar de él, por lo menos divirtámonos un poco, ¿no?
Nacho y yo
El sábado mi king Nacho volvió a salir a la calle en la moustache party de M. Constato lo trabajoso que es construir la masculinidad (lo que confirma lo que de construido tiene). Los pelos en las piernas dejen de ser un problema para convertirse en una ventaja (en cuanto a credibilidad por lo menos...). Siento al mismo tiempo satisfacción cuando el passing (pasar por / ser leído como hombre, en este caso) cuela y siento vergüenza e inseguridad cuando las miradas son de justo lo contrario: "¿estás disfrazada o es que eres un bicho raro de esos travelacos?". No soy tan valiente cuando ya es de noche, ¿eh? Siempre una experiencia constructiva. Qué palabra más bien escogida. Volveré a aprovechar la más mínima excusa para sacar a Nacho a pasear y seguir jugando con el género. Ya que no podemos escapar de él, por lo menos divirtámonos un poco, ¿no?
Beatriz Preciado,
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El sábado fui a mi primer taller Drag King (cortesía de Revista Píkara y M en conflicto). Hacía muchísimo que quería ir a uno y no era la primera vez que me travestía, pero fue mucho más que travestirse. Vendarse el pecho, abultar el calzoncillo, separar un poco las piernas, modificar el centro gravitatorio, cambiar el peso corporal de un punto a dos, relajar los hombros... Nos cortamos un mechón de pelo que, a continuación, cortamos más menudo para fabricarnos nuestras propias barbas.
Dado que mi sentirme-mujer hace tiempo que es meramente estratégico-político, pensé que no habría mucha diferencia entre ese fingir-sentirme-mujer con un fingir-sentirme-hombre, pero sí la hubo, y la fui mascando poco a poco. Fue todo muy sutil, no conseguí el tan aclamado passing (pasar por hombre), pero tampoco fue esa mi intención. Inscribí una serie de modificaciones minúsculas que consiguieron un cambio mental importante.
Por cierto, recuerdo una tontería: no tenía frío. A lo mejor Nacho tampoco es claustrofóbico ni ansioso. Creo que la timidez era de Loreto. Tiene que seguir practicando. El king engancha. Y ya no lo puedes echar. Camino al trabajo me he encontrado alternando los andares-de-chica con los andares-de-chico, cambiando a placer el centro gravitatorio de mi cuerpo. Tengo ganas de que Nacho interactúe más con el mundo. Pasando (por hombre) y pasando (por eso-es-un-chico-o-una-chica). El juego ha comenzado.
Mi King
Todxs nacemos desnudxs. El resto es drag.
El sábado fui a mi primer taller Drag King (cortesía de Revista Píkara y M en conflicto). Hacía muchísimo que quería ir a uno y no era la primera vez que me travestía, pero fue mucho más que travestirse. Vendarse el pecho, abultar el calzoncillo, separar un poco las piernas, modificar el centro gravitatorio, cambiar el peso corporal de un punto a dos, relajar los hombros... Nos cortamos un mechón de pelo que, a continuación, cortamos más menudo para fabricarnos nuestras propias barbas.
Dado que mi sentirme-mujer hace tiempo que es meramente estratégico-político, pensé que no habría mucha diferencia entre ese fingir-sentirme-mujer con un fingir-sentirme-hombre, pero sí la hubo, y la fui mascando poco a poco. Fue todo muy sutil, no conseguí el tan aclamado passing (pasar por hombre), pero tampoco fue esa mi intención. Inscribí una serie de modificaciones minúsculas que consiguieron un cambio mental importante.
Por cierto, recuerdo una tontería: no tenía frío. A lo mejor Nacho tampoco es claustrofóbico ni ansioso. Creo que la timidez era de Loreto. Tiene que seguir practicando. El king engancha. Y ya no lo puedes echar. Camino al trabajo me he encontrado alternando los andares-de-chica con los andares-de-chico, cambiando a placer el centro gravitatorio de mi cuerpo. Tengo ganas de que Nacho interactúe más con el mundo. Pasando (por hombre) y pasando (por eso-es-un-chico-o-una-chica). El juego ha comenzado.
Una vez que el virus king ha sido activado en cada participante, actuará, como sospecha de género, más allá del taller extendiéndose a la vida cotidiana y provocando modificaciones en todas nuestras interacciones sociales. El saber drag king no es la conciencia de ser un imitador de la masculinidad en medio de cuerpos anónimos de hombres y de mujeres, de hombres de negocios y carteros, de madres de familia que empujan carritos, de jóvenes que pegan patadas a los cubos de basura, sino de percibir, por primera vez, a los otros, a todos ellos, como efectos más o menos realistas de repeticiones performativas descodificables como masculinas o femeninas. Al caminar entre sus cuerpos anónimos, sus masculinidades y sus feminidades (al mismo tiempo que la mía) aparecen, por primera vez, como caricaturas de las que, ellos solos, gracias a una convención tácitamente pactada, parecen no ser conscientes.Beto Preciado, en Testo Yonqui
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Ayer me sorprendí emocionada con la noticia en televisión de la intervención de Miss Shangay Lilly en un acto en el que participaba Mariano Rajoy. Hace tiempo que sigo su Divario en Internet y me parece una auténtica crack. Mi madre, sentada a mi lado en el sofá, me dijo algo que he leído ya en múltiples comentarios a la noticia en diferentes periódicos: ¿Por qué tiene que ir con esas pintas? Desprestigia al colectivo y da motivos a todos los que expanden los tópicos del mundo LGTB.
Afortunadamente, una que es leída, hacía poco que había terminado el libro de Gracia Trujillo y pude cortarla con una cita que ésta recoge:
Pero ahí quedó la cosa. Como al final este blog se está convirtiendo en una especie de larga carta-argumentario a mi madre para que entienda por qué a veces grito tanto cuando grito, aprovecho para completar esa espléndida cita con alguna reflexión, en caliente y sin documentarme (perdona por los tacos, mamá).
Como es lógico, por vestirse de macho o por ser más chica-chica, Heterolandia y la Gran Cultura Madre no va a aplaudirte y a darte la bienvenida en su casa; por colocarse el paquete o por sentarse con las piernas cruzadas y las rodillas bien juntas no les va a dar igual el órgano que chupes cuando chupas. De repente parece que como salen bolleras y maricas en las series, que como desde la Ley 13/2005 podemos tirarnos arroz en la puerta del juzgado, ya no hay diferencias y debemos aceptar la (hetero)normalidad.
Y no es lo mismo la pluma LG que la pluma hetero. No es lo mismo una butch que un gañán que se rasca los huevos para ser más macho. La pluma gay, la pluma bollo o la performance queer supone una subversión en los roles, supone una auténtica revolución en la dicotomía hombre-mujer en la que todxs nos hemos educado. Que te quieras quedar con que desprestigia al colectivo o con que no es más que vestirse de payaso, es cosa tuya.
Como decía Paco Vidarte, no nos han regalado nada. Y si alguien ha luchado por todxs los LGTB, si alguien se ha llevado golpes, si alguien ha estado en la cárcel, si alguien ha gritado cuando la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social no era memoria histórica sino presente de mierda para que ahora todxs lxs gais que despotrican contra la pluma puedan, efectivamente, tirarse arroz en la puerta del juzgado, han sido precisamente las drags, las travestis, las maricas más maricas y las bolleras feministas a las que no querían ni las lesbianas ni las feministas.
Así que yo, ahora, me arrodillo eternamente agradecida a Miss Shangay Lilly y a todxs aquellxs valientes que no se ponen la careta de hetero para que la Gran Cultura Madre les quiera.
Todxs somos drag
Ayer me sorprendí emocionada con la noticia en televisión de la intervención de Miss Shangay Lilly en un acto en el que participaba Mariano Rajoy. Hace tiempo que sigo su Divario en Internet y me parece una auténtica crack. Mi madre, sentada a mi lado en el sofá, me dijo algo que he leído ya en múltiples comentarios a la noticia en diferentes periódicos: ¿Por qué tiene que ir con esas pintas? Desprestigia al colectivo y da motivos a todos los que expanden los tópicos del mundo LGTB.
Afortunadamente, una que es leída, hacía poco que había terminado el libro de Gracia Trujillo y pude cortarla con una cita que ésta recoge:
Todos nacemos desnudas. El resto es drag.
Pero ahí quedó la cosa. Como al final este blog se está convirtiendo en una especie de larga carta-argumentario a mi madre para que entienda por qué a veces grito tanto cuando grito, aprovecho para completar esa espléndida cita con alguna reflexión, en caliente y sin documentarme (perdona por los tacos, mamá).
Como es lógico, por vestirse de macho o por ser más chica-chica, Heterolandia y la Gran Cultura Madre no va a aplaudirte y a darte la bienvenida en su casa; por colocarse el paquete o por sentarse con las piernas cruzadas y las rodillas bien juntas no les va a dar igual el órgano que chupes cuando chupas. De repente parece que como salen bolleras y maricas en las series, que como desde la Ley 13/2005 podemos tirarnos arroz en la puerta del juzgado, ya no hay diferencias y debemos aceptar la (hetero)normalidad.
Y no es lo mismo la pluma LG que la pluma hetero. No es lo mismo una butch que un gañán que se rasca los huevos para ser más macho. La pluma gay, la pluma bollo o la performance queer supone una subversión en los roles, supone una auténtica revolución en la dicotomía hombre-mujer en la que todxs nos hemos educado. Que te quieras quedar con que desprestigia al colectivo o con que no es más que vestirse de payaso, es cosa tuya.
Como decía Paco Vidarte, no nos han regalado nada. Y si alguien ha luchado por todxs los LGTB, si alguien se ha llevado golpes, si alguien ha estado en la cárcel, si alguien ha gritado cuando la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social no era memoria histórica sino presente de mierda para que ahora todxs lxs gais que despotrican contra la pluma puedan, efectivamente, tirarse arroz en la puerta del juzgado, han sido precisamente las drags, las travestis, las maricas más maricas y las bolleras feministas a las que no querían ni las lesbianas ni las feministas.
Así que yo, ahora, me arrodillo eternamente agradecida a Miss Shangay Lilly y a todxs aquellxs valientes que no se ponen la careta de hetero para que la Gran Cultura Madre les quiera.
Imagen:
25 de junio de 1977. Primera manifestación del Orgullo en Barcelona, con la LPRS todavía vigente. La fotografía es de Colita.
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