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heteronormatividad (III)

(Del gr. ἕτερος y del lat. norma)

1. f.

2. f.

3. f.

Estoy en un centro de salud de la Comunidad de Madrid y una chica entrega una encuesta a todxs lxs presentes para una investigación de carácter interno que trata la concienciación sobre el VIH. Todas las prácticas de riesgo están medidas por "¿usaste condón...?". Pregunto a la responsable sobre la población objeto de la encuesta. Le planteo mis dudas sobre el preservativo como única medida de protección imaginable y sobre mi desconcierto a la hora de responder a esa pregunta. La chica me mira con cara de no entender nada de lo que le digo. Creo que las preguntas están enfocadas a relaciones hetero o relaciones entre hombres. Hablo muy bajito pero gran parte de la sala de espera ya me está mirando. "Ahhh...", a la chica se le ilumina la cara porque por fin lo ha entendido, "entonces te cambio esto y esto en las respuestas, así, ¿ves? claro, si han sido entre mujeres no cuentan como relaciones sexuales, no hay riesgo". La miro incrédula. El resto de la sala de espera me mira, ahora, a mí. Le entrego la encuesta, el bolígrafo y me vuelvo a sentar en mi asiento mientras pido disculpas a la diosa queer por no tener fuerzas hoy para decir nada más.  


Cine con cacahuetes

Just so you know, what you're reading is the complete and relentless story of an addict. Because in most twelve-step recovery programs, the fourth step makes you take inventory of your life. Every lame, suck-ass moment of your life, you have to get a note- book and write it down. A complete inventory of your crimes. That way, every sin is right at your fingertips. Then you have to fix it all. This goes for alcoholics, drug abusers, and overeaters, as well as sex addicts. 
Choke (Chuck Palahniuk, 2001)

C. y yo íbamos cada fin de semana, una, dos o incluso tres veces, al videoclub de la Avenida de Europa para luego ver películas malísimas, mediocres y alguna que otra fantástica (como Chicas malas, la mejor de todas) en su buhardilla mientras comíamos palomitas surprise. C. está convencida de que fue Dogville la primera película que vimos de Lars von Trier, pero no es verdad. Alquilamos Los idiotas y nos pareció terrible y no entendimos nada (probablemente tengamos que volver a verla, C.).

Más de diez años después, el videoclub de la Avenida de Europa esté probablemente cerrado y C. y yo vemos Nymph()maniac (volumenes 1 y 2) en los cines de Plaza de España; de hecho en la misma sala y en los mismos asientos en que vimos en 2005 Lila dit ça (Ziad Doueiri, Francia, 2004), película de la que solo recordamos que la actriz protagonista se llama Vahina, pero no vamos a ponernos sentimentales.


The problem with sex is the same as with any addiction. You're always recovering. You're always backsliding. Acting out. Until you find something to fight for, you settle for something to fight against. All these people who say they want a life free from sexual compulsion, I mean forget it. I mean, what could ever be better than sex?
Choke (Chuck Palahniuk, 2001)

Supongo que empezar con una cita de Asfixia (Chuck Palahniuk, 2001) para pensar Nymph()maniac (Lars Von Trier, 2013) es demasiado obvio, ¿no? Además, Asfixia es demasiado seria para Nymph()maniac. Chuck se ríe de sus personajes y Lars se ríe de ti. Asfixia es una novela que, como casi todas las de Palahniuk, tiene su lado positivo en que lxs personajes son tan terriblemente patéticxs que sabes que nunca serás como ellxs. Nymph()maniac no tiene ese lado positivo, porque te recuerda que eres tan patéticx como sus personajes.

Lars von Trier es un misógino, dicen. Y seguramente dicen bien. Quién no es un misógino. Por supuesto que habrá análisis que nos hagan escapar de esa lectura, por supuesto que podemos trabajar su obra con mucho cuidado y extraer conclusiones feministas. Pero no nos engañemos, es mucho más fácil reconocer que Anticristo, Nymp()maniac, Dogville... pueden entenderse como obras de un misógino que darle la vuelta feminazi. Aunque nos encantan las vueltas feminazis. Joe, el personaje de Charlotte Gainsbourg, se desprecia por su ninfomanía (que no por su adicción al sexo, niega el diagnóstico externo, prefiere la identificación propia); claro que Joe tendría rasgos de empoderamiento y claro que su relato tendría implicaciones feministas, pero solo funciona así porque un personaje varón, Seligman, la salva, lo autoriza, lo regula. Aunque tampoco podemos olvidar que el director es Joe, no Seligman.

Nymph()maniac es una comedia en la que el espectador es el chiste. No sé por qué el guión, tan intencionadamente malo algunas veces ("creo que mi problema es que le exijo demasiado al amanecer", ¿en serio, Joe?), me ha recordado a veces a Los amantes pasajeros (Almodóvar, 2013). No sé si existe lo camp hetero, pero si no, von Trier acaba de inventarlo. El montaje de atracciones, estilo soviético, también sobra. Pero es bueno que sobre. Porque sobran muchísimas cosas. Y eso es parte de su gracia. Dirigir una película de cinco horas sobre la hipocresía utilizando el sexo para volver locxs a lxs críticxs y para mandar a la mierda la polémica de Cannes de hace dos años a través de discursos forzados: un genio.

Dan igual las cuatro horas de película(s) cuando llegas al final porque, te haya o no te haya gustado, te rías con Lars von Trier o te dé rabia que se esté riendo de ti, los últimos segundos son uno de los mejores finales en clave de género que he visto últimamente, solo a la par de Turistas (Ben Wheatley, 2012) y de Death Proof (Quentin Tarantino, 2007). Hey Joe, where you goin' with that gun of your hand.

What I am is a dirty, filthy, helpless sexaholic, and I can't change, and I can't stop, and that's all I'll ever be. And I'll prove it. Choke (Chuck Palahniuk, 2001)


Cuerpos sexuados



Tenía muchas ganas de leer entero Cuerpos sexuados: la política de género y la construcción de la sexualidad (Anne Fausto-Sterling, 2000). Lo guardaré en la misma estantería mental que La construcción del sexo: Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud (Thomas Laqueur, 1990) o Ciencia, cyborgs y mujeres (Donna Haraway, 1991). La estantería se llama respuesta a "si me parece muy bien todo esto del feminismo y de la construcción social del género, pero biológicamente blablabla". Aunque sea un nombre un poco largo para un rótulo.

Fausto-Sterling se define como bióloga, feminista e historiadora de la ciencia. El libro empieza con la historia de María Patiño, vallista española que fue expulsada de los mundiales de Kobe de 1985 por no pasar el control de género. Dedica varios capítulos a hablar de intersexualidad, tras lo que se centra en cómo se han entretejido (y siguen entretejiendo) ciencia y cultura a la hora de sexualizar y "dicotomizar" el cuerpo, el cerebro y las hormonas.

"Nuestros cuerpos son demasiado complejos para proporcionarnos respuestas definidas sobre las diferencias sexuales. Cuanto más buscamos una base física simple para el sexo, más claro resulta que 'sexo' no es una categoría puramente física [...]. Mi intención es mostrar la dependencia mutua de estas afirmaciones, en parte abordando temas como la manera en que los científicos (a través de su vida diaria, experimentos y prácticas médicas) crean verdades sobre la sexualidad; cómo nuestros cuerpos incorporan y confirman estas verdades; y cómo estas verdades, esculpidas por el medio social en el que los biólogos ejercen su profesión, remodelan a su vez nuestro entorno cultural" (pp. 19-20).

Aquí se puede acceder al pdf del libro en inglés.

La imagen está extraída de ese documento (página 59).
Descripción de la imagen: regla falométrica sobre el tamaño del clítoris/pene tras el nacimiento del bebé. De 0 a 1 centímetro: es una niña y un clítoris médicamente aceptable; de 2,5 a 5 centímetros: es un niño y un pene médicamente aceptable; entre 1 y 2,5 centímetros: ¡es inaceptable! ¡hay que operar!


Pornografía

La actriz de porno Stoya confesó en una mesa redonda que nunca había tenido un orgasmo usando un vibrador. Clayton Cubitt le ofreció, a continuación, participar en el proyecto Hysterical Literature. Ella podía elegir una obra y leerla ante la cámara. Fuera de campo, ella estaría siendo masturbada con un vibrador hasta el orgasmo.

Stoya eligió un fragmento de Necrophilia Variations, de Supervert. Según su testimonio (traducido por La mosca cojonera): "Me fascina Supervert y su obra. Elegí ese libro centrado en la necrofilia porque tengo en este momento una obsesión extrañamente no morbosa con algo entre la manera en que el orgasmo afecta a la química cerebral, las razones detrás del sobrenombre frances de la petit mort, y por qué mi mente se queda en blanco completamente cuando estoy en el culmen de una experiencia sexual".

El resultado es este video, encontrado vía Como una matrioska.



Lisalott

Esto va últimamente de fotos.

Editado
La serie se llama Lisalott y la autora es Sarai Black.

Elimino las imágenes porque así lo ha solicitado la autora a todxs aquellxs que lo hayan reblogueado. Tanto la autora como algunxs de lxs fotografiadxs no estaban preparadxs para la repercusión de esas imágenes. Han pedido que se eliminen.















Pagando por ello


El sábado celebré mi cumpleaños (que me gusten las espinacas y que me encante mi cumpleaños son dos de esas cosas que no me pegan), así que tengo unos cuantos libros que leer, ya que tengo unxs cuantxs amigxs bien majxs. El que enganché ayer por la mañana fue Pagando por ello: Memorias en cómic de un putero (Chester Brown). Tal y como indica el subtítulo, es un relato autobiográfico sobre su relación, como cliente, con el trabajo sexual.

El libro es muy interesante y, para mí, ha sido una perspectiva diferente. Me ha gustado la banalización del sexo. Viñetas como las que abren esta entrada me recuerda a Virginie Despentes. No sé si fue ella en Teoría King Kong o si fue citada por Beto Preciado en Testo Yonqui, cuando aseguró que se había sentido mucho más explotada por el sistema capitalista heteropatriarcal trabajando como cajera que trabajando como prostituta. Efectivamente, expone también Chester Brown, hay veces que a la trabajadora sexual no le apetece especialmente ejercer su profesión, pero a mí tampoco me apetece venir al trabajo. Hay otras viñetas con trasfondo parecido, como la siguiente:




Lo compara como si no hubiera ningún problema con ninguna, y a mí me parece que, sobre todo la segunda y la tercera, son bastante violentas. De todas formas y al fin y al cabo, el matrimonio siempre fue un contrato muy similar a la prostitución, ¿no? La primera viñeta tiene también la complicación de "necesito el dinero", "no quiero hacerlo pero necesito el dinero". ¿Eso es una elección libre? Pero, ¿hay alguna diferencia entre ese "no quiero hacerlo pero necesito el dinero" y otros tantos encuadrados dentro del sistema laboral capitalista? Me gusta la cita de Despentes: "Las prostitutas forman el único proletariado cuya condición conmueve mucho a la burguesía".

Hay varias cosas que no me gustan del libro y casi todas tienen relación con la falta de análisis feminista de muchos puntos del debate. Brown iguala la prostitución masculina y la femenina (y excluye la prostitución de otros géneros) ignorando las relaciones de poder entre hombres y mujeres (y el resto de nosotrxs). El autor, además, cita a Sheila Jeffreys como única referencia de la teoría feminista en relación a la prostitución. No quiero decir que Jeffreys no sea importante, pero... en fin, teniendo en cuenta la enormidad del debate feminista en torno al trabajo sexual, centrarse en una única autora (más aún, en esta autora) es o malintencionado o ignorante. No estoy de acuerdo con Sheila Jeffreys en casi nada (ni en su relación con el sexo y el sadomasoquismo, ni con su transfobia, ni con su opinión sobre la prostitución) pero me ha dado muchísima rabia que Chester Brown haya ironizado sobre la percepción que tiene Jeffreys sobre la violencia (más amplia que la de "la otra gente", como dice él).

La obra de Brown me ha dado muchas (más) ganas de leer dos libros: Crítica del pensamiento amoroso (Mari Luz Esteban) y La prostitución (Beatriz Gimeno), con quien seguramente no estaré de acuerdo, pero con la que sé que reflexionaré un montón.


Sex+

He descubierto a una vlogger genial. Se llama Laci Green y sube videos sobre sexo en positivo (sex positive feminism). Hay muchos que me han encantado, pero tres me gustan especialmente (en inglés): uno que resuelve dudas sobre la asexualidad, otro que habla del uso de la palabra puta como insulto y un tercero que habla del uso de la sexualidad como herramienta de humillación (ya sea por tener una vida sexual activa, por tener una orientación del deseo no normativa, por no querer o no poder tener relaciones sexuales...).

Muy didácticos.

También tiene blog y tumblr.


Hablar de sexo

Esta tarde (el trabajo es lo que tiene) he descubierto un blog estupendo: Mari Kazetari (significa algo así como Doña Periodista en euskera), de June Fernández, una de las coordinadoras de Pikara Magazine. Navegando un poco he dado con la entrada Morbosas: "En resumen, que estoy hasta el coño de que cuando hablo de sexo los hombres me transmitan lascivia".

Me acuerdo entonces de todas esas veces en las que, por hablar de sexo, me hacen sentirme una puta, con toda la carga negativa que para el interlocutor tiene ese término. Además, se le suma el reproche de ser una exhibicionista y la impresión de ser una gran experimentada. Me gusta hablar de sexo porque me gusta el sexo, no porque sea una gran experimentada ni porque sea una persona especialmente sexual. Me gusta hablar de sexo porque reivindico la necesidad de que las mujeres puedan hablen de sexo.

Recuerdo especialmente una noche en Londres. Vivía con un inglés y con un francés de unos veintiún años. Estábamos en el salón cenando con unas amigas francesas de la isla de la Reunión. No recuerdo qué chico hizo un comentario en torno a la pornografía cuando una de ellas se escandalizó, comentando que las mujeres no necesitábamos ni usábamos eso. Salté afirmando que claro que muchas mujeres consumíamos pornografía (consumir, qué verbo más curioso). El debate, entonces, no giró en torno al porno sino en torno a la masturbación y a las necesidades sexuales de hombres y mujeres.

Ninguno de los cinco presentes habían oído nunca decir a una mujer que se masturbaba y mucho menos que veía porno. Intentaban justificarlo: "Bueno, sí, algunas mujeres puede, con películas con más sentimiento y amor". Yo no daba crédito y solté una perorata sobre construcción cultural de las expectativas y prácticas sexuales, pero como toda respuesta no recibía más que caras de asombro y desprecio. No puedo imaginarme por dónde habría discurrido el debate si se hubiera dado ahora, que han cambiado en mí tantas cosas...

Pero lo peor no es la sorpresa que me llevé, sino la sensación de suciedad con la que lograron impregnarme. A estas alturas.