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Veo Boyhood (Richard Linklater, 2014) y me encanta. Es fácil que me enganche una película que combina a Britney Spears, a Blink182, a Yo La Tengo y a Pink Floyd en la banda sonora. Bildungsroman. Construcción de la masculinidad desde la niñez hasta los dieciocho años con todos los castigos que supone cualquier subversión.
Estoy haciendo un curso estupendo sobre poesía moderna y contemporánea estadounidense y me encuentro analizando la obra protomoderna de Emily Dickinson sin rozar la variable sexualidad. Algunxs compañerxs hablan de su relación con su cuñada Susan Gilbert, pero el debate siempre es interrumpido por el mismo "no se puede comprobar que su relación fuera física". Y se me olvida que para presumir heterosexualidad nadie requiere pruebas.
Pienso en concederse los deseos y pienso en (re)construir nuestros deseos. Pienso que llevamos siglos avergonzándonos de nuestro deseo y en que precisamente es esa vergüenza una herramienta de control sobre éste. Pienso en concederse un deseo violento, un deseo normativo. También pienso en modificar y reconstruir nuestro deseo. Pienso que el deseo es una ficción generada en un sistema que reproduce deseos racistas, gordófobos y capacitistas y que concedérselo sin tratar de superarlo es una victoria para el sistema. Pienso estas dos cosas a la vez y me explota la cabeza.
Leo este artículo terrible en Mirales: "tenemos ejemplos como el recibimiento de la Casa Real en julio, la aprobación del matrimonio o la presencia del embajador estadounidense a favor de la normalización". Me entero en él de que El Corte Inglés tiene una sección de su agencia de viajes destinada al público LGTB. Y se supone que eso es positivo. El Corte Inglés. Este Corte Inglés. Y éste. Ejemplo de falta de interseccionalidad (¿LGTB+? No, gays blancos con papeles de clase alta), como pinkwashing (instrumentalización del colectivo LGTB+ y de sus movimientos sociales para justificar prácticas neoliberales, colonialistas... prácticas por definición excluyentes), como homonormatividad (acceso de ciertas personas LGTB+ al privilegio heterosexual -mentira, nunca lo alcanzarán- acatando ciertas normas de la sociedad cisheteronormativa y reproduciendo sus exclusiones inherentes). Todo junto en el propio título del artículo: normalización gay.
cuatro pensamientos zurdos
Veo Boyhood (Richard Linklater, 2014) y me encanta. Es fácil que me enganche una película que combina a Britney Spears, a Blink182, a Yo La Tengo y a Pink Floyd en la banda sonora. Bildungsroman. Construcción de la masculinidad desde la niñez hasta los dieciocho años con todos los castigos que supone cualquier subversión.
Estoy haciendo un curso estupendo sobre poesía moderna y contemporánea estadounidense y me encuentro analizando la obra protomoderna de Emily Dickinson sin rozar la variable sexualidad. Algunxs compañerxs hablan de su relación con su cuñada Susan Gilbert, pero el debate siempre es interrumpido por el mismo "no se puede comprobar que su relación fuera física". Y se me olvida que para presumir heterosexualidad nadie requiere pruebas.
Pienso en concederse los deseos y pienso en (re)construir nuestros deseos. Pienso que llevamos siglos avergonzándonos de nuestro deseo y en que precisamente es esa vergüenza una herramienta de control sobre éste. Pienso en concederse un deseo violento, un deseo normativo. También pienso en modificar y reconstruir nuestro deseo. Pienso que el deseo es una ficción generada en un sistema que reproduce deseos racistas, gordófobos y capacitistas y que concedérselo sin tratar de superarlo es una victoria para el sistema. Pienso estas dos cosas a la vez y me explota la cabeza.
Leo este artículo terrible en Mirales: "tenemos ejemplos como el recibimiento de la Casa Real en julio, la aprobación del matrimonio o la presencia del embajador estadounidense a favor de la normalización". Me entero en él de que El Corte Inglés tiene una sección de su agencia de viajes destinada al público LGTB. Y se supone que eso es positivo. El Corte Inglés. Este Corte Inglés. Y éste. Ejemplo de falta de interseccionalidad (¿LGTB+? No, gays blancos con papeles de clase alta), como pinkwashing (instrumentalización del colectivo LGTB+ y de sus movimientos sociales para justificar prácticas neoliberales, colonialistas... prácticas por definición excluyentes), como homonormatividad (acceso de ciertas personas LGTB+ al privilegio heterosexual -mentira, nunca lo alcanzarán- acatando ciertas normas de la sociedad cisheteronormativa y reproduciendo sus exclusiones inherentes). Todo junto en el propio título del artículo: normalización gay.
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Lisboa
Estuve en Lisboa este pasado fin de semana. Me gustaría no haber perdido la costumbre de llevar la cámara a todas partes. Ahora no tengo una reproducción de las infinitas pintadas contra el rescate, pero me las llevo en las retinas, como al creciente número de personas que duermen en la calle. Lisboa me gustó más que hace cinco años. Qué rápido pasan los días. El orgullo está mucho más centralizado en la capital que en el estado español (que ya es decir). Y hay muy poca gente. Pero se respira buen rollo. El 4F ha llegado hasta las calles de la Alfama. Si vais a la capital portuguesa no dejéis de visitar la Pensão Amor.
Yo en realidad fui allí a hablar de homonormatividad en las series de televisión española, de cómo la representación de un tipo muy concreto de personas LGTB (añadir la T y la B aquí ha sido bastante absurdo, la verdad) y de un tipo de conductas reproducen los mismos cánones heteronormativos (tanto de la expresión de género como del tipo de prácticas sexuales y, sobre todo, del tipo de relación, el mito del amor romántico del que tan bien habla Coral Herrera): el discurso de la normalización que tan a colación saldrá estos días a cuento de la semana del orgullo y que tan caro sale a las personas que no "dan la imagen" o que no quieren darla, pues supone señalar una frontera nueva entre lo normal y lo anormal, entre lo que se puede representar y lo que no se puede representar. Sí, hemos metido a determinadxs lesbianas y gays dentro de la norma, pero no hemos ampliado la norma, solo la hemos reforzado.
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Hace tiempo que me interesa cómo se relacionan y se alían ciertos argumentos feministas y pro-LGTB+ con pensamientos neoimperialistas y racistas. No creo que se pueda luchar contra una opresión ignorando el resto porque las opresiones no son variables matemáticas que se puedan sumar y restar a nuestro antojo de las identidades de las personas.
Enfrentar variable HOMOSEXUALES contra variable ISLAM, como se intenta hacer cada vez más a menudo, implica ignorar por completo la existencia de lxs musulmanes homosexuales, por ejemplo, y da la sensación de que tanto HOMOSEXUALES como ISLAM son variables monolíticas y homogéneas.
Gloria T. Hull, Patricia Bell Scott y Barbara Smith editaron en 1982 la compilación Todas las mujeres son blancas, todos los hombres son negros, pero algunxs de nosotrxs somos valientes. Creo que sería perfectamente válido ahora mismo en relación con los discursos sobre islam y género: todxs lxs LGTB+ son no-musulmanxs, todxs lxs musulmanxs son heteros, pero algunxs de nosotrxs (ellxs) somos (son) valientes.
Por eso me fascina tanto cómo, cada vez más, activistas concienciados con la lucha contra la opresión de género le dan la mano rápidamente y sin reflexión previa con grandes opresorxs en otras luchas (raza, nación, religión...), opresorxs que, además, utilizan claramente ese presunto feminismo o sensibilidad gay-friendly de forma estratégica para lavar su imagen en otros ámbitos y dibujar más claramente el binomio maniqueo de civilizados/bárbaros (a ese lavado de imagen se le suele llamar pinkwashing).
Todo esto viene a colación de un par de artículos que he leído últimamente en medios presuntamente progresistas:
Ambiente G (bueno, Ambiente G llegó a hablar de crimen pasional en un caso de asesinato dentro de una pareja de hombres, así que tampoco sé cómo andan de "progresismo") publica la noticia de "un gay palestino que pide asilo en Israel". Lo grave no es lo que dice (es cierto que la legislación es más abierta ante lo que entendemos aquí por identidades LGTB+ en Israel que en los Territorios Ocupados; es cierto, probablemente, que ese chico haya sido desheredado por su orientación/opción sexual; es cierto, probablemente, que prefiera vivir en Israel antes que en Territorios Ocupados; informar de eso no es imperialista ni racista), sino lo que no dice (importancia de los procesos de colonialismo y neocolonialismo en la sensibilidad de género de diferentes comunidades; comportamiento de Israel y de muchxs israelíes en estos casos: "o renuncias a tu palestinidad, o no te aceptamos en tu homosexualidad"). Frases como las que cierran el artículo: "esperemos que los miembros del tribunal demuestren una vez más que Israel, pese a los ultraortodoxos, está a la vanguardia en materia de derechos LGBT en Oriente Medio" son la guinda... ¿Halagarías a un genocida étnico sólo por que no se porta (demasiado) mal (o simplemente mejor que otrxs) con algunxs gays? ¿Sin hacer ninguna alusión a sus genocidios? ¿Eso es activismo contra la opresión?
El otro artículo que me ha llamado la atención es uno publicado en Aish sobre lesbianas árabes: binomio cerrado homonormativo heterosexual-homosexual; producción de binomio oriental homófobo Vs. occidental súper tolerante y respetuoso; representación monolítica de las sociedades árabes y/o musulmanas...
Cada vez me gusta más cómo se expresa Spivak: "White men saving brown women from brown men". Ahora podríamos añadir: LGTB+ blancxs salvando a lxs LGTB+ de color de lxs heteros de color" (por "de color" no me refiero a negrxs, lxs negrxs son negrxs, me refiero a no-blancxs, pero así es más clarita la frase).
Comentarios de texto...
Hace tiempo que me interesa cómo se relacionan y se alían ciertos argumentos feministas y pro-LGTB+ con pensamientos neoimperialistas y racistas. No creo que se pueda luchar contra una opresión ignorando el resto porque las opresiones no son variables matemáticas que se puedan sumar y restar a nuestro antojo de las identidades de las personas.
Enfrentar variable HOMOSEXUALES contra variable ISLAM, como se intenta hacer cada vez más a menudo, implica ignorar por completo la existencia de lxs musulmanes homosexuales, por ejemplo, y da la sensación de que tanto HOMOSEXUALES como ISLAM son variables monolíticas y homogéneas.
Gloria T. Hull, Patricia Bell Scott y Barbara Smith editaron en 1982 la compilación Todas las mujeres son blancas, todos los hombres son negros, pero algunxs de nosotrxs somos valientes. Creo que sería perfectamente válido ahora mismo en relación con los discursos sobre islam y género: todxs lxs LGTB+ son no-musulmanxs, todxs lxs musulmanxs son heteros, pero algunxs de nosotrxs (ellxs) somos (son) valientes.
Por eso me fascina tanto cómo, cada vez más, activistas concienciados con la lucha contra la opresión de género le dan la mano rápidamente y sin reflexión previa con grandes opresorxs en otras luchas (raza, nación, religión...), opresorxs que, además, utilizan claramente ese presunto feminismo o sensibilidad gay-friendly de forma estratégica para lavar su imagen en otros ámbitos y dibujar más claramente el binomio maniqueo de civilizados/bárbaros (a ese lavado de imagen se le suele llamar pinkwashing).
Todo esto viene a colación de un par de artículos que he leído últimamente en medios presuntamente progresistas:
Ambiente G (bueno, Ambiente G llegó a hablar de crimen pasional en un caso de asesinato dentro de una pareja de hombres, así que tampoco sé cómo andan de "progresismo") publica la noticia de "un gay palestino que pide asilo en Israel". Lo grave no es lo que dice (es cierto que la legislación es más abierta ante lo que entendemos aquí por identidades LGTB+ en Israel que en los Territorios Ocupados; es cierto, probablemente, que ese chico haya sido desheredado por su orientación/opción sexual; es cierto, probablemente, que prefiera vivir en Israel antes que en Territorios Ocupados; informar de eso no es imperialista ni racista), sino lo que no dice (importancia de los procesos de colonialismo y neocolonialismo en la sensibilidad de género de diferentes comunidades; comportamiento de Israel y de muchxs israelíes en estos casos: "o renuncias a tu palestinidad, o no te aceptamos en tu homosexualidad"). Frases como las que cierran el artículo: "esperemos que los miembros del tribunal demuestren una vez más que Israel, pese a los ultraortodoxos, está a la vanguardia en materia de derechos LGBT en Oriente Medio" son la guinda... ¿Halagarías a un genocida étnico sólo por que no se porta (demasiado) mal (o simplemente mejor que otrxs) con algunxs gays? ¿Sin hacer ninguna alusión a sus genocidios? ¿Eso es activismo contra la opresión?
El otro artículo que me ha llamado la atención es uno publicado en Aish sobre lesbianas árabes: binomio cerrado homonormativo heterosexual-homosexual; producción de binomio oriental homófobo Vs. occidental súper tolerante y respetuoso; representación monolítica de las sociedades árabes y/o musulmanas...
Cada vez me gusta más cómo se expresa Spivak: "White men saving brown women from brown men". Ahora podríamos añadir: LGTB+ blancxs salvando a lxs LGTB+ de color de lxs heteros de color" (por "de color" no me refiero a negrxs, lxs negrxs son negrxs, me refiero a no-blancxs, pero así es más clarita la frase).
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Homonormatividad
Lecturas reveladoras entre Estrecho y Alvarado:
Y me acuerdo de Obama.
Al mismo tiempo que el estado-nación [EEUU] produce narrativas sobre su excepcionalidad a través de la guerra contra el terrorismo, debe suspender temporalmente su comunidad imaginada heteronormativa para consolidar el sentimiento nacional y el consenso a través del reconocimiento y la incorporación de algunos, aunque no todos ni tan siquiera la mayoría, sujetos homosexuales.
[...]
Es decir, la excepcionalidad homosexual no se contradice ni socava necesariamente la excepcionalidad heterosexual; en realidad, puede reforzar ciertas formas de heteronormatividad junto con los privilegios de clase, raza y ciudadanía que requieren. La producción histórica y contemporánea de una normatividad emergente, la homonormatividad, vincula el reconocimiento de los sujetos homosexuales, tanto legal como representativamente, a las agendas políticas nacionales y transnacionales del imperialismo estadounidense. La homonormatividad puede ser considerada cómplice de e invitada a la valorización biopolítica de la vida en la reproducción de las normas heteronormativas.
Jasbir K. Puar. Terrorist Assemblages: Homonationalism in Queer Times.
Y me acuerdo de Obama.
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pueblo gay
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Me voy a la noticia que ayer se expandió por Twitter y Facebook y que nos hacía irremisiblemente pensar en El Mundo Today (un diario satírico online): El municipio malagueño Moclinejo celebra un referéndum para decidir si se convierte en pueblo gay. No, no, no es broma.
Como soy una pedante, voy a hacer una serie de reflexiones pretenciosas y pretendidamente serias sobre lo que parece bastante banal, basándome únicamente en los datos que se aportan en la noticia del Diario de Málaga a la que he enlazado.
Vale, un pueblo gay. Pero qué gilipollez es esta. ¿Desde cuándo los pueblos tienen orientación sexual? ¿Desde cuándo? ¡Desde siempre! La geografía, las ciudad, el pueblo (sobre todo el pueblo) son heterosexuales. El urbanismo es heterosexual y la arquitectura es heterosexual (advertido principalmente en las dicotomías espacio público-espacio privado, lugar de producción-lugar de reproducción). Elx ciudadanx que lo habita se presupone heterosexual y su modelo de familia que lo puebla es heterosexual. Así que sí, es una gilipollez. Pero los pueblos tienen orientación sexual. Así, no suelen ser diversos y abiertos a la diferencia, sino cerrados a una sola opción afectivo-sexual (supongo que en el pueblo gay no se hará bullying a lxs niñxs hetero en el instituto, ¡punto para Moclinejo!).
¿Las casas de rosa? ¿Qué tendrá que ver lo gay con lo rosa? ¿Estética característicamente gay? Pues sí, lo gay tiene que ver con lo rosa. Si se trata de esencializar las identidades y relacionar unilateralmente a las mujeres hetero (todo el mundo sabe que a todas las mujeres hetero les encanta el color rosa) con los hombres gay a la manera del concepto de invertido, entonces no, no es bonito. Pero asociar lo rosa con lo gay es más una subversión de lo que se supone que tiene que ser un hombre y de lo que se supone que tiene que desear un hombre. Así visto, no está tan mal.
¿Casas para homosexuales? ¿Les piden el carné? ¿Qué clase de discriminación absurda es esta hacia los hetero? Habría que preguntar cuántas parejas de chicas o de chicos han sufrido que unx caserx les niegue el alquiler una vez descubren la naturaleza de su perversa relación (algo completamente ilegal pero que sí, señorxs, sigue pasando). Ahora bien, ¿casas para gays? ¿Cómo medimos esto? ¿Qué clase de homonormatividad se va a introducir aquí?
¿Qué pasa? Entonces, ¿te parece bien la chorrada ésta? No. Lo que quiero decir es que ponemos el grito en el cielo porque quieran que un pueblo, de repente, 'sea gay', cuando llevamos siglos viviendo en pueblos 'hetero'. En realidad, si nos dejamos de chorradas, la supuesta medida a tomar en Moclinejo está destinada a fomentar el turismo y reactivar la economía, ya sabéis, las maricas siempre traen dinero y cuando se trata de dinero siempre somos bienvenidOs. Se trata de un juego tremendamente homonormativo (cómo se supone que deben ser los gays y cómo no se puede uno salir de ese esquema para ser un buen gay). No olvidemos que por mucho que cambie la orientación sexual de Moclinejo, su identidad de género sigue siendo totalmente masculina.
Bueno, entonces genial, vámonos todxs a vivir a Moclinejo... Sí, supongo que es mucho más fácil meternos a todxs en un pequeño municipio. De hecho, también te puedes quedar en Madrid y no salir de Chueca. O mudarte a Barcelona y no salir del Eixample... El problema no está en los supuestos 'guetos' LGTB+, sino en los verdaderos guetos hetero. No entremos, quedémonos en nuestro "paraíso", no nos vayamos a acordar si salimos de que seguimos dando asco.
El pueblo gay
Me voy a la noticia que ayer se expandió por Twitter y Facebook y que nos hacía irremisiblemente pensar en El Mundo Today (un diario satírico online): El municipio malagueño Moclinejo celebra un referéndum para decidir si se convierte en pueblo gay. No, no, no es broma.
Como soy una pedante, voy a hacer una serie de reflexiones pretenciosas y pretendidamente serias sobre lo que parece bastante banal, basándome únicamente en los datos que se aportan en la noticia del Diario de Málaga a la que he enlazado.
Vale, un pueblo gay. Pero qué gilipollez es esta. ¿Desde cuándo los pueblos tienen orientación sexual? ¿Desde cuándo? ¡Desde siempre! La geografía, las ciudad, el pueblo (sobre todo el pueblo) son heterosexuales. El urbanismo es heterosexual y la arquitectura es heterosexual (advertido principalmente en las dicotomías espacio público-espacio privado, lugar de producción-lugar de reproducción). Elx ciudadanx que lo habita se presupone heterosexual y su modelo de familia que lo puebla es heterosexual. Así que sí, es una gilipollez. Pero los pueblos tienen orientación sexual. Así, no suelen ser diversos y abiertos a la diferencia, sino cerrados a una sola opción afectivo-sexual (supongo que en el pueblo gay no se hará bullying a lxs niñxs hetero en el instituto, ¡punto para Moclinejo!).
¿Las casas de rosa? ¿Qué tendrá que ver lo gay con lo rosa? ¿Estética característicamente gay? Pues sí, lo gay tiene que ver con lo rosa. Si se trata de esencializar las identidades y relacionar unilateralmente a las mujeres hetero (todo el mundo sabe que a todas las mujeres hetero les encanta el color rosa) con los hombres gay a la manera del concepto de invertido, entonces no, no es bonito. Pero asociar lo rosa con lo gay es más una subversión de lo que se supone que tiene que ser un hombre y de lo que se supone que tiene que desear un hombre. Así visto, no está tan mal.
¿Casas para homosexuales? ¿Les piden el carné? ¿Qué clase de discriminación absurda es esta hacia los hetero? Habría que preguntar cuántas parejas de chicas o de chicos han sufrido que unx caserx les niegue el alquiler una vez descubren la naturaleza de su perversa relación (algo completamente ilegal pero que sí, señorxs, sigue pasando). Ahora bien, ¿casas para gays? ¿Cómo medimos esto? ¿Qué clase de homonormatividad se va a introducir aquí?
¿Qué pasa? Entonces, ¿te parece bien la chorrada ésta? No. Lo que quiero decir es que ponemos el grito en el cielo porque quieran que un pueblo, de repente, 'sea gay', cuando llevamos siglos viviendo en pueblos 'hetero'. En realidad, si nos dejamos de chorradas, la supuesta medida a tomar en Moclinejo está destinada a fomentar el turismo y reactivar la economía, ya sabéis, las maricas siempre traen dinero y cuando se trata de dinero siempre somos bienvenidOs. Se trata de un juego tremendamente homonormativo (cómo se supone que deben ser los gays y cómo no se puede uno salir de ese esquema para ser un buen gay). No olvidemos que por mucho que cambie la orientación sexual de Moclinejo, su identidad de género sigue siendo totalmente masculina.
Bueno, entonces genial, vámonos todxs a vivir a Moclinejo... Sí, supongo que es mucho más fácil meternos a todxs en un pequeño municipio. De hecho, también te puedes quedar en Madrid y no salir de Chueca. O mudarte a Barcelona y no salir del Eixample... El problema no está en los supuestos 'guetos' LGTB+, sino en los verdaderos guetos hetero. No entremos, quedémonos en nuestro "paraíso", no nos vayamos a acordar si salimos de que seguimos dando asco.
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Reseñas
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Ayer vi la laureada Los chicos están bien (The Kids are All Right, Lisa Cholodenko, 2010). Esta película, protagonizada por una familia nuclear conformada por dos madres y un hijo y una hija adolescentes, fue candidata a cuatro premios Oscar y obtuvo dos Globos de Oro (mejor película y mejor actriz para Annette Bening). En Rotten Tomatoes la valoran con un 95% de positivos y ¡hasta Carlos Boyero le hizo una buena crítica en El País!
Independientemente de las cualidades cinematográficas de la cinta (han sido muchos años de planos secuencia)... yo vengo a hablar de lesbianas, como quien dice. Además, las críticas de Rotten Tomatoes o de El País tampoco hablan de cine, sino de valores y de modelos familares ejemplares.
Empecé a ver la película con reticencia, advertida por algunas críticas. El mismo Carlos Boyero, sin saberlo, nos da la clave: "Se lo pone crudo a las mentalidades conservadoras para que consideren anormal y condenable el ejemplar modelo de convivencia familiar que han logrado estas lesbianas". Mal vamos si el modelo familiar de Los chicos están bien es normal/sigue la norma de las mentalidades más conservadores.
Lo de menos es (SPOILER) que los chavales sientan la necesidad de conocer al donante o que una de las madres se lo monte con éste despechada por la falta de atención que le presta su mujer. Al fin y al cabo, la mujer estaba bastante insoportable y el maromo se hacía interesante. Al fin y al cabo, lo de menos es que sean tíos o tías. No le puedes pedir al filme que sea representativo y totalmente positivo acerca de la realidad familiar homoparental, pero sí le puedes pedir a las críticas (sobre todo las que analizan la mirada LGTB) que no destaquen la perfección del modelo reproducido. En la película, efectivamente, se da un modelo familiar homosexual idealmente heteronormativo. Bienvenida, Ms. Normalidad.
Un tema que destacar, ya criticado en un post de "Abajo, frente a mi ventana" (blog tristemente cerrado), es cómo representa el sexo entre mujeres y el sexo hetero. Frente al aburrimiento, la rutina y la falta de alternativas del sexo entre mujeres, los hombres tienen un enorme instrumento (véase la cara de sorpresa y felicidad de Julianne Moore cuando se lo descubre) que ofrece placer sin límites, diversión y variedad. Cualquiera se cambia de acera tras ver esta película...
Lo peor no es esto, sino la cantidad de personas que, desde el colectivo LGTB+, están recomendando y alabando el metraje, como símbolo de la normalidad lésbica.
No quiero que nadie me meta en esa normalidad. Repito, normal es un programa de mi lavadora. Y bastante aburrido, por cierto.
Edito: una conversación con @PatriciaMarmu en Twitter me ha hecho reflexionar. Cuando critico la normalidad que intenta transmitir la película y que tanto alaba la crítica (sobre todo la LGTB), critico que se refuerce la norma en vez de ampliarse. Se sobreentiende que deseamos nuevos, más numerosos y más variados modelos de familia. Entonces el fin no es destacar: "fíjate que normales estas lesbianas, si son iguales que nosotrxs". ¿Por qué? Porque entonces no estamos abriendo el campo de lo que es normal, de lo que es y no debe ser respetado, sino que estamos metiendo con calzador a la familia lésbica en la heteronorma preestablecida. Y eso me da miedo. Porque si los chicos están bien cuando la familia es monógama, pareja, con hijxs, de clase media, media-alta, buenxs estudiantes y buenxs atletas... quiere decir que si no funcionan esos parámetros, los chicos no van a estar bien. Y entonces dejaremos de ser normales. Y dejaremos de ser respetadxs y bien recibidxs. Porque ya no nos pareceremos tanto a ellxs y a lo que ellxs esperan de una familia.
¿Bien, de veras?
Ayer vi la laureada Los chicos están bien (The Kids are All Right, Lisa Cholodenko, 2010). Esta película, protagonizada por una familia nuclear conformada por dos madres y un hijo y una hija adolescentes, fue candidata a cuatro premios Oscar y obtuvo dos Globos de Oro (mejor película y mejor actriz para Annette Bening). En Rotten Tomatoes la valoran con un 95% de positivos y ¡hasta Carlos Boyero le hizo una buena crítica en El País!
Independientemente de las cualidades cinematográficas de la cinta (han sido muchos años de planos secuencia)... yo vengo a hablar de lesbianas, como quien dice. Además, las críticas de Rotten Tomatoes o de El País tampoco hablan de cine, sino de valores y de modelos familares ejemplares.
Empecé a ver la película con reticencia, advertida por algunas críticas. El mismo Carlos Boyero, sin saberlo, nos da la clave: "Se lo pone crudo a las mentalidades conservadoras para que consideren anormal y condenable el ejemplar modelo de convivencia familiar que han logrado estas lesbianas". Mal vamos si el modelo familiar de Los chicos están bien es normal/sigue la norma de las mentalidades más conservadores.
Lo de menos es (SPOILER) que los chavales sientan la necesidad de conocer al donante o que una de las madres se lo monte con éste despechada por la falta de atención que le presta su mujer. Al fin y al cabo, la mujer estaba bastante insoportable y el maromo se hacía interesante. Al fin y al cabo, lo de menos es que sean tíos o tías. No le puedes pedir al filme que sea representativo y totalmente positivo acerca de la realidad familiar homoparental, pero sí le puedes pedir a las críticas (sobre todo las que analizan la mirada LGTB) que no destaquen la perfección del modelo reproducido. En la película, efectivamente, se da un modelo familiar homosexual idealmente heteronormativo. Bienvenida, Ms. Normalidad.
Un tema que destacar, ya criticado en un post de "Abajo, frente a mi ventana" (blog tristemente cerrado), es cómo representa el sexo entre mujeres y el sexo hetero. Frente al aburrimiento, la rutina y la falta de alternativas del sexo entre mujeres, los hombres tienen un enorme instrumento (véase la cara de sorpresa y felicidad de Julianne Moore cuando se lo descubre) que ofrece placer sin límites, diversión y variedad. Cualquiera se cambia de acera tras ver esta película...
Lo peor no es esto, sino la cantidad de personas que, desde el colectivo LGTB+, están recomendando y alabando el metraje, como símbolo de la normalidad lésbica.
No quiero que nadie me meta en esa normalidad. Repito, normal es un programa de mi lavadora. Y bastante aburrido, por cierto.
Edito: una conversación con @PatriciaMarmu en Twitter me ha hecho reflexionar. Cuando critico la normalidad que intenta transmitir la película y que tanto alaba la crítica (sobre todo la LGTB), critico que se refuerce la norma en vez de ampliarse. Se sobreentiende que deseamos nuevos, más numerosos y más variados modelos de familia. Entonces el fin no es destacar: "fíjate que normales estas lesbianas, si son iguales que nosotrxs". ¿Por qué? Porque entonces no estamos abriendo el campo de lo que es normal, de lo que es y no debe ser respetado, sino que estamos metiendo con calzador a la familia lésbica en la heteronorma preestablecida. Y eso me da miedo. Porque si los chicos están bien cuando la familia es monógama, pareja, con hijxs, de clase media, media-alta, buenxs estudiantes y buenxs atletas... quiere decir que si no funcionan esos parámetros, los chicos no van a estar bien. Y entonces dejaremos de ser normales. Y dejaremos de ser respetadxs y bien recibidxs. Porque ya no nos pareceremos tanto a ellxs y a lo que ellxs esperan de una familia.
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28J
La madrugada del 28 de junio de 1969, tras el entierro de Judy Garland, el bar gay Stonewall Inn (Nueva York) sufrió una redada policial, como tantas otras veces. Sin embargo, esta vez ocurrió algo distinto: se rebelaron. Los vecinos LGTB+ del mismo barrio de Greenwich, se les sumaron. A la policía rápidamente se le fue de las manos. La siguiente tarde continuaron las protestas, así como varias noches después. Fueron pocas semanas lo que tardaron en cohesionarse, salvando fronteras de raza, género, clase y edad (bueno, eso dicen, a mí me suena a mitificación, qué le vamos a hacer). Se fundaron las dos primeras asociaciones LGTB+ de Nueva York, se fundaron tres periódicos y se siguió luchando por que la visibilidad no fuera objeto de redada. El 28 de junio de 1970, Nueva York y Los Ángeles celebraron una marcha de conmemoración. Y hasta hoy.
El Stonewall Inn no era un bar heteronormalizado, lleno de gays sin pluma y lesbianas en punta de aguja. Era un antro de maricas afeminados, mujeres transexuales, drag queens, prostitutos y sintecho. Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadoras que abrieron la primera manifestación del Orgullo en Barcelona en 1977, escoltadxs y agredidxs por la Policía. Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadoras que no podían permitirse el armario para sobrevivir y que se pegaron con la policía sobre sus tacones de aguja, con sus plumas y con el culo al aire el 28 de junio de hace más de 40 años.
Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadores que todos los años tienen que escuchar los tan manidos "yo no voy al orgullo porque está lleno de pluma y no me representa". Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadores que son acusados de ostentación y esperpento.
Como publica hoy dosmanzanas, "el discurso de la normalidad es el discurso de la homofobia". Y como portaban en carteles algunxs en la manifestación del Orgullo Indigando del pasado sábado: "normal es un programa de mi lavadora".
Feliz 28J.
El Stonewall Inn no era un bar heteronormalizado, lleno de gays sin pluma y lesbianas en punta de aguja. Era un antro de maricas afeminados, mujeres transexuales, drag queens, prostitutos y sintecho. Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadoras que abrieron la primera manifestación del Orgullo en Barcelona en 1977, escoltadxs y agredidxs por la Policía. Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadoras que no podían permitirse el armario para sobrevivir y que se pegaron con la policía sobre sus tacones de aguja, con sus plumas y con el culo al aire el 28 de junio de hace más de 40 años.
Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadores que todos los años tienen que escuchar los tan manidos "yo no voy al orgullo porque está lleno de pluma y no me representa". Las mismas maricas, las mismas trans y las mismas bollos leñadores que son acusados de ostentación y esperpento.
Como publica hoy dosmanzanas, "el discurso de la normalidad es el discurso de la homofobia". Y como portaban en carteles algunxs en la manifestación del Orgullo Indigando del pasado sábado: "normal es un programa de mi lavadora".
Feliz 28J.
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Orientalismo gay
En 2008, la pequeña editorial Raw Nerve Books lanzó la obra Out of Place: Silencing Voices on Queerness/Raciality, editada por Adi Kuntsman y por Esperanza Miyake. El volumen, una colección de ensayos, fue bien recibido y, en poco menos de un año, se agotó la primera tirada. Sin embargo, Raw Nerve, autodesignada feminista e independiente, no quiso reeditar la obra, dada la polémica suscitada por su contenido. ¿Qué polémica?
La obra citada trataba de denunciar la invisibilidad a la que había sido sometida la variable racial en los estudios queer. El ensayo que más controversia levantó fue el firmado por Jin Haritaworn, Tamsila Tauqir y Esra Erdem: “Gay Imperialism: Gender and Sexuality Discourse in the ‘War on Terror’” (pdf) . El capítulo analiza la manera en la que la conceptualización del sexismo y la homofobia han contribuido a generar una autoconcepción determinada de las democracias occidentales y, al mismo tiempo, un discurso racista e islamófobo de liberación de sociedades musulmanas.
La reciente visibilidad de musulmanes queer en diferentes medios de comunicación debe ser observada con cautela: «el interés en gays y lesbianas musulmanes ha emergido en un contexto de violencia islamófoba. Esto suscita que nos cuestionemos qué historias circulan y cómo responden o refuerzan el racismo. También es cuestionable qué interés pueden tener otros actores en estas nuevas políticas de la representación de queer de color, principalmente los gays, lesbianas, feministas y queer blancos» (71).
Así, concluyen que la difusión de una visión monolítica del islam como discurso que oprime a las mujeres y que fomenta la violencia contra los y las homosexuales ha contribuido a la legitimación de las guerras en Iraq y Afganistán, así como la conocida como guerra contra el terror, en todas sus manifestaciones.
El ensayo analiza el discurso de, entre otros, el activista por los derechos humanos y LGTB Peter Tatchell y del grupo de acción directa OutRage! cofundado por él en 1990. El propio Tatchell criticó duramente la obra y exigió una disculpa pública. De hecho, la editorial, además de no reeditar la obra, accedió a emitir un comunicado que, presente en la página Web desde agosto de 2009, se retracta y disculpa por «inciertas alegaciones publicadas en el libro». La corrección se centra en asegurar que Tatchell nunca ha hecho declaraciones racistas o islamófobas de forma directa. Sin embargo, como apuntan los autores del ensayo, no se trata, generalmente, de declaraciones directas de lo que ellos hablan.
En la misma colección figura otro ensayo: “Homonationalism and Biopolitics”, de Jasbir Puar, que resume la obra que ésta publica en 2007: Terrorist Assemblages: Homonatioalism in Queer Times. En ella, Puar argumenta cómo las configuraciones de sexualidad, raza, género, clase y etnia se están realineando con las fuerzas contemporáneas de seguridad, lucha contra el terrorismo y nacionalismo. Su análisis parte de la mayor inclusión de cuerpos no heteronormativos en el estado-nación a través de políticas liberales de reconocimiento legal y representación en medios de comunicación de masas, pasando de ser objetos de muerte (VIH) a sujetos de producción de vida (matrimonio).
Sin embargo, Puar considera que esto sólo funciona si, al mismo tiempo, se produce de forma efectiva una población de terroristas orientalizados. La ideología heteronormativa del Estado estadounidense se ve acompañado, ahora, de una ideología homonormativa que combina la organización de movimientos queer transnacionales con una creciente islamofobia.
Estos ensayos, así como la situación que denuncian y la polémica que suscitan, son claramente representativos de las diferentes posturas que giran en torno a lo que he podemos llamar el orientalismo gay.
Por un lado, parte de la literatura académica, con raíces claras en la teoría poscolonial y en estudios queer racializados, critican lo que se ha denominado imperialismo gay u homonacionalismo. Esto es, categorías identitarias como homosexual, heterosexual, bisexual… fueron fabricadas, inventadas, en Europa durante el siglo XIX. Desde entonces, dicha compartimentación de la sexualidad ha tratado de trasladarse a todo tipo de contextos socioculturales, ignorando las particularidades que caracterizan a la subjetividad según ha sido producida en diferentes ambientes. Así, ha tratado de imponerse un determinado activismo por los derechos de las sexualidades no normativas en lugar de permitir que cada comunidad construya sus propios discursos emancipatorios.
Por otro lado, otra corriente de la teoría gay y lesbiana considera que estos argumentos tienden a un relativismo cultural que justifica la discriminación, que es real e inmediata, y que es necesario combatir. En el caso de que no avancen los movimientos activistas en dichos países o culturas, se les debe ayudar y liderar desde fuera.
La obra citada trataba de denunciar la invisibilidad a la que había sido sometida la variable racial en los estudios queer. El ensayo que más controversia levantó fue el firmado por Jin Haritaworn, Tamsila Tauqir y Esra Erdem: “Gay Imperialism: Gender and Sexuality Discourse in the ‘War on Terror’” (pdf) . El capítulo analiza la manera en la que la conceptualización del sexismo y la homofobia han contribuido a generar una autoconcepción determinada de las democracias occidentales y, al mismo tiempo, un discurso racista e islamófobo de liberación de sociedades musulmanas.
La reciente visibilidad de musulmanes queer en diferentes medios de comunicación debe ser observada con cautela: «el interés en gays y lesbianas musulmanes ha emergido en un contexto de violencia islamófoba. Esto suscita que nos cuestionemos qué historias circulan y cómo responden o refuerzan el racismo. También es cuestionable qué interés pueden tener otros actores en estas nuevas políticas de la representación de queer de color, principalmente los gays, lesbianas, feministas y queer blancos» (71).
Así, concluyen que la difusión de una visión monolítica del islam como discurso que oprime a las mujeres y que fomenta la violencia contra los y las homosexuales ha contribuido a la legitimación de las guerras en Iraq y Afganistán, así como la conocida como guerra contra el terror, en todas sus manifestaciones.
El ensayo analiza el discurso de, entre otros, el activista por los derechos humanos y LGTB Peter Tatchell y del grupo de acción directa OutRage! cofundado por él en 1990. El propio Tatchell criticó duramente la obra y exigió una disculpa pública. De hecho, la editorial, además de no reeditar la obra, accedió a emitir un comunicado que, presente en la página Web desde agosto de 2009, se retracta y disculpa por «inciertas alegaciones publicadas en el libro». La corrección se centra en asegurar que Tatchell nunca ha hecho declaraciones racistas o islamófobas de forma directa. Sin embargo, como apuntan los autores del ensayo, no se trata, generalmente, de declaraciones directas de lo que ellos hablan.
En la misma colección figura otro ensayo: “Homonationalism and Biopolitics”, de Jasbir Puar, que resume la obra que ésta publica en 2007: Terrorist Assemblages: Homonatioalism in Queer Times. En ella, Puar argumenta cómo las configuraciones de sexualidad, raza, género, clase y etnia se están realineando con las fuerzas contemporáneas de seguridad, lucha contra el terrorismo y nacionalismo. Su análisis parte de la mayor inclusión de cuerpos no heteronormativos en el estado-nación a través de políticas liberales de reconocimiento legal y representación en medios de comunicación de masas, pasando de ser objetos de muerte (VIH) a sujetos de producción de vida (matrimonio).
Sin embargo, Puar considera que esto sólo funciona si, al mismo tiempo, se produce de forma efectiva una población de terroristas orientalizados. La ideología heteronormativa del Estado estadounidense se ve acompañado, ahora, de una ideología homonormativa que combina la organización de movimientos queer transnacionales con una creciente islamofobia.
Estos ensayos, así como la situación que denuncian y la polémica que suscitan, son claramente representativos de las diferentes posturas que giran en torno a lo que he podemos llamar el orientalismo gay.
Por un lado, parte de la literatura académica, con raíces claras en la teoría poscolonial y en estudios queer racializados, critican lo que se ha denominado imperialismo gay u homonacionalismo. Esto es, categorías identitarias como homosexual, heterosexual, bisexual… fueron fabricadas, inventadas, en Europa durante el siglo XIX. Desde entonces, dicha compartimentación de la sexualidad ha tratado de trasladarse a todo tipo de contextos socioculturales, ignorando las particularidades que caracterizan a la subjetividad según ha sido producida en diferentes ambientes. Así, ha tratado de imponerse un determinado activismo por los derechos de las sexualidades no normativas en lugar de permitir que cada comunidad construya sus propios discursos emancipatorios.
Por otro lado, otra corriente de la teoría gay y lesbiana considera que estos argumentos tienden a un relativismo cultural que justifica la discriminación, que es real e inmediata, y que es necesario combatir. En el caso de que no avancen los movimientos activistas en dichos países o culturas, se les debe ayudar y liderar desde fuera.
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Revista de prensa
Hace poco conocía el caso de una mujer lesbiana camerunesa que pedía asilo en España. La noticia es de hace más de un año y, al parecer, actualmente existe un recurso y la joven sigue en Ceuta esperando la resolución. En su país fue denunciada por su propia familia y vejada en prisión hasta que se retractó de su condición. La pena por homosexualidad en Camerún oscila entre los seis meses y los cinco años de cárcel. Huyó con su pareja, con el intento de alcanzar Europa (el paraíso, ya sabes). Por falta de recursos, terminaron por prostituirse en Marruecos para conseguir pagarse el pasaje en patera, tras lo que quedó embarazada. Cruzaron el estrecho juntas, aunque su novia falleció en el trayecto. Llega a España y pide asilo político por motivos de orientación sexual y de género. Le es denegado: es inverosímil que sea lesbiana si está embarazada. (Todxs sabemos que las lesbianas no somos fértiles por naturaleza).
Hoy mismo, por otro lado, leo que la Agencia Europea de Derechos Fundamentales ha denunciado en un nuevo informe (Homophobia, transphobia and discrimination on grounds of sexual orientation and gender identity, pdf) que diferentes países europeos practican exámenes psiquiátricos para asegurarse de la homosexualidad del solicitante. Incluso, en República Checa (página 58), se realizan test falométricos a los hombres, en los que psicólogos y médicos comprueban las reacciones físicas de los testados frente al visionado de pornografía heterosexual.
En serio, ¿la gente se ha vuelto loca? ¿O es que nadie ha entendido nada?
Hoy mismo, por otro lado, leo que la Agencia Europea de Derechos Fundamentales ha denunciado en un nuevo informe (Homophobia, transphobia and discrimination on grounds of sexual orientation and gender identity, pdf) que diferentes países europeos practican exámenes psiquiátricos para asegurarse de la homosexualidad del solicitante. Incluso, en República Checa (página 58), se realizan test falométricos a los hombres, en los que psicólogos y médicos comprueban las reacciones físicas de los testados frente al visionado de pornografía heterosexual.
En serio, ¿la gente se ha vuelto loca? ¿O es que nadie ha entendido nada?
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