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El sábado tuve la suerte de poder pasar la tarde con Rauda Morcos, la fundadora de Aswat, primer grupo de activismo queer y lesbiano de Palestina, formado hace ya diez años. Desde hace casi seis, Rauda ya no es la coordinadora, pero sigue siendo la única cara visible.
Al-Qaws, dirigido por Haneen Maikey, es otro grupo palestino LGTB+ e integra a hombres y mujeres, mientras que Aswat se identifica políticamente como grupo de mujeres lesbianas aunque también tenga personas trans, intersex, queer...
Hablamos sobre el Orgullo Mundial que se celebró en 2006 en Jerusalén, cuyo lema fue Amor sin fronteras. Rauda y Aswat formaron parte del bloque crítico que trató de boicotearlo con la campaña There's No Pride In Occupation (no hay orgullo en la ocupación). Así, volvimos a hablar sobre pinkwashing, el lavado de imagen que lleva a cabo el Estado de Israel utilizando para ello al colectivo LGTB+. Al final, la persona LGTB+ palestina que vive en los territorios ocupados se ve obligada a elegir entre su identidad palestina y su identidad LGTB+ si quiere ser reconocida por muchxs israelíes.
Le pregunté por la visibilidad como estrategia contra la heteronormatividad en Palestina/Israel y sobre cómo muchos activistas poscoloniales y árabes la tachaban de herramienta imperialista, aludiendo a la retórica del puesto de control, en lugar de la de armario, como defiende Jason Richtie. Rauda concuerda totalmente con la lectura que Joseph Massad hace de las imposiciones neocoloniales del movimiento LGTB occidental. Sin embargo, también pareció estar un poco harta de teorías y teóricxs: "Aswat no es un grupo de académicas, y yo no voy a conseguir nada escribiendo libros mientras observo desde fuera. Quiero estar pegada a la tierra, quiero contribuir a un cambio real desde dentro".
Entre otras mil millones de cosas de las que hablamos, Morcos compartió la exasperación de que la lucha palestina contra el patriarcado dentro y fuera de su comunidad se vea ralentizada por el tiempo perdido continuamente resolviendo malentendidos sobre lo que significa ser palestinx, el tiempo perdido visibilizando y combatiendo el racismo y la islamofobia en los colectivos LGTB+ (y no LGTB+) occidentales.
Podría seguir escribiendo sobre cómo la sacaron del armario, sobre cómo se formó Aswat, sobre cómo se identifica más con minorías LGTB+ como la chicana o la nativa americana que con las minorías LGTB+ de otros países árabes, sobre cómo utiliza el gaydar o sobre cómo salió del armario con su abuela. Pero no habría unos y ceros para todo ello.
Imagen.- Son dos miembros del Ejército israelí. En el orgullo de 2012, el propio ejército subió esta foto con el siguiente texto: "Es el mes del orgullo. ¿Sabías que las fuerzas de la defensa israelí tratan igual a todos sus soldados?". Un gran ejemplo de pinkwashing, ¿no?
Hay una Palestina queer
El sábado tuve la suerte de poder pasar la tarde con Rauda Morcos, la fundadora de Aswat, primer grupo de activismo queer y lesbiano de Palestina, formado hace ya diez años. Desde hace casi seis, Rauda ya no es la coordinadora, pero sigue siendo la única cara visible.
Al-Qaws, dirigido por Haneen Maikey, es otro grupo palestino LGTB+ e integra a hombres y mujeres, mientras que Aswat se identifica políticamente como grupo de mujeres lesbianas aunque también tenga personas trans, intersex, queer...
Hablamos sobre el Orgullo Mundial que se celebró en 2006 en Jerusalén, cuyo lema fue Amor sin fronteras. Rauda y Aswat formaron parte del bloque crítico que trató de boicotearlo con la campaña There's No Pride In Occupation (no hay orgullo en la ocupación). Así, volvimos a hablar sobre pinkwashing, el lavado de imagen que lleva a cabo el Estado de Israel utilizando para ello al colectivo LGTB+. Al final, la persona LGTB+ palestina que vive en los territorios ocupados se ve obligada a elegir entre su identidad palestina y su identidad LGTB+ si quiere ser reconocida por muchxs israelíes.
Le pregunté por la visibilidad como estrategia contra la heteronormatividad en Palestina/Israel y sobre cómo muchos activistas poscoloniales y árabes la tachaban de herramienta imperialista, aludiendo a la retórica del puesto de control, en lugar de la de armario, como defiende Jason Richtie. Rauda concuerda totalmente con la lectura que Joseph Massad hace de las imposiciones neocoloniales del movimiento LGTB occidental. Sin embargo, también pareció estar un poco harta de teorías y teóricxs: "Aswat no es un grupo de académicas, y yo no voy a conseguir nada escribiendo libros mientras observo desde fuera. Quiero estar pegada a la tierra, quiero contribuir a un cambio real desde dentro".
Entre otras mil millones de cosas de las que hablamos, Morcos compartió la exasperación de que la lucha palestina contra el patriarcado dentro y fuera de su comunidad se vea ralentizada por el tiempo perdido continuamente resolviendo malentendidos sobre lo que significa ser palestinx, el tiempo perdido visibilizando y combatiendo el racismo y la islamofobia en los colectivos LGTB+ (y no LGTB+) occidentales.
Podría seguir escribiendo sobre cómo la sacaron del armario, sobre cómo se formó Aswat, sobre cómo se identifica más con minorías LGTB+ como la chicana o la nativa americana que con las minorías LGTB+ de otros países árabes, sobre cómo utiliza el gaydar o sobre cómo salió del armario con su abuela. Pero no habría unos y ceros para todo ello.
Imagen.- Son dos miembros del Ejército israelí. En el orgullo de 2012, el propio ejército subió esta foto con el siguiente texto: "Es el mes del orgullo. ¿Sabías que las fuerzas de la defensa israelí tratan igual a todos sus soldados?". Un gran ejemplo de pinkwashing, ¿no?
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Espacios no mixtos
El otro día discutía con R. sobre los sex shop a los que sólo pueden entrar mujeres (u hombres acompañados por mujeres), como es el caso de Los placeres de Lola, por ejemplo. Así, me quedaba pendiente escribir algo sobre espacios mixtos y espacios seguros. Los espacios no mixtos tienen el objetivo de dar visibilidad a las mujeres, de darle las riendas de la liberación a las oprimidas y de generar espacios de seguridad y arraigo.
Itziar Ziga escribe sobre ello en una entrada sobre el 8 de marzo del año pasado. Me parece que su respuesta es bastante interesante.
Respecto a este primer punto, podemos decir que hay infinitos sex shop (muchos más que no mixtos) regentados por hombres y en los que acuden mayoritariamente hombres en los que la presencia de mujeres se ve como excusa para el acoso. Si no te sientes cómoda en un sex shop que suponga un espacio donde las mujeres no se encuentren con esto, no vayas.
Cuando le comentaba esto a R., me decía que él había estado en muchos sex shop y nunca había visto ni sentido esto, y mucho menos hecho y que, entonces, no tenía por qué verse excluido de este espacio seguro. Que él no haya participado activamente de su privilegio masculino no quiere decir que no cuente con él ni que no se encuentre realmente en lo alto de la jerarquía de género que lo lee como "hombre" y lo sitúa entonces en su cúspide de las relaciones de poder. Existen espacios de lucha antipatriarcal y feminista mixtos y antifeministas, más numerosos que los no mixtos, ¿por qué ese interés por participar solo en las ramas que sirven para que las oprimidas se empoderen en un espacio seguro?
El resto de respuestas de Ziga responden a la cuestión de qué son "las mujeres" ¿A quién estamos permitiendo la entrada y a quién estamos excluyendo? ¿De qué sirve hablar de post-género, de qué sirve hablar de inexistencia de hombres y mujeres si no denunciamos, al mismo tiempo, la materialidad de una jerarquía inherente a la construcción del sistema sexo/género/deseo?
Itziar Ziga escribe sobre ello en una entrada sobre el 8 de marzo del año pasado. Me parece que su respuesta es bastante interesante.
1. ¿Por qué os molesta que existan espacios de exclusividad, seguridad, arraigo de mujeres cuando afortunadamente ya existen tantos otros espacios mixtos antipatriarcales y todos se coordinan y encuentran? Sino te sientes cómoda, no vayas.
Respecto a este primer punto, podemos decir que hay infinitos sex shop (muchos más que no mixtos) regentados por hombres y en los que acuden mayoritariamente hombres en los que la presencia de mujeres se ve como excusa para el acoso. Si no te sientes cómoda en un sex shop que suponga un espacio donde las mujeres no se encuentren con esto, no vayas.
Cuando le comentaba esto a R., me decía que él había estado en muchos sex shop y nunca había visto ni sentido esto, y mucho menos hecho y que, entonces, no tenía por qué verse excluido de este espacio seguro. Que él no haya participado activamente de su privilegio masculino no quiere decir que no cuente con él ni que no se encuentre realmente en lo alto de la jerarquía de género que lo lee como "hombre" y lo sitúa entonces en su cúspide de las relaciones de poder. Existen espacios de lucha antipatriarcal y feminista mixtos y antifeministas, más numerosos que los no mixtos, ¿por qué ese interés por participar solo en las ramas que sirven para que las oprimidas se empoderen en un espacio seguro?
El resto de respuestas de Ziga responden a la cuestión de qué son "las mujeres" ¿A quién estamos permitiendo la entrada y a quién estamos excluyendo? ¿De qué sirve hablar de post-género, de qué sirve hablar de inexistencia de hombres y mujeres si no denunciamos, al mismo tiempo, la materialidad de una jerarquía inherente a la construcción del sistema sexo/género/deseo?
2. ¿Para qué (y para quién) sirven los discursos no binarios que no denuncian la jerarquía heteropatriarcal entre géneros, es decir, que no son feministas?
3. ¿Por qué nos empeñamos en restar, en jerarquizar, en superar impostadamente lo que sangra, en vez de en sumar, mutar, confundir? ¿Por qué nos pedís a veces que renuciemos a un sujeto político mujeres tan potente políticamente y tan desesencializado (gracias a la lucha trans e intersex, y no sólo)? ¿Por qué ser tan gilipollas y tan irresponsable políticamente y dar un salto al vacío?
4. ¿Quién es tan imbécil como para asegurar que el género no existe? El género es construído, esa es su definición (me parto de risa cada vez que alguien dice que hay que desesencializar el género, karis, volved al parbulario en feminismo). Pero eso no quiere decir que no exista. ¿Tampoco existe la raza? Decírselo a las gitanas que están siendo expulsadas de la maldita Europa supremacista.5. ¿Quién hostias os ha dicho que ser queer (me parto) o autoafirmarse híbrido, genderfucker, ameba, es superior en vuestra imaginaria escala revolucionaria que nombrarse mujer como estrategia política (o bollera)?6. ¿Qué alianzas se pueden construir negando la identidad de la otra? Porque yo necesito a las moras con hyjab, a las trabajadoras del hogar cabreadas, a las dones no estàndars, a las putas, a las que han sobrevivido (y se han empoderado) tras un cáncer de mama,...
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Puesto de control
La visibilidad ha sido siempre el eje central de mi activismo y de mi concepción de la lucha LGTB+. Visibilidad de los cuerpos, visibilidad de la sexualidad, visibilidad de las identidades...: visibilidad necesaria para la inteligibilidad de las personas dentro del cuerpo social.
Desde hace un año, ya fuera para la tesis de fin de máster, para el doctorado actualmente o para diferentes comunicaciones, estudio la diversidad afectivo-sexual en diferentes contextos socioculturales, eminentemente musulmanes. Como ya dije en otra entrada, me encontré desbordada por teóricxs, activistas y narrativas personales que no concebían la visibilidad como parte central, ni tan siquiera importante o necesaria, de su lucha y/o vida.
Le he dado vueltas y vueltas a las palabras de Haneen Maikey, una de las activistas palestinas más importantes: "Las estrategias occidentales que hablan de ‘visibilizar’ y ‘salir del clóset’ nos son irrelevantes. El movimiento de liberación gay en Occidente puede alimentar nuestra motivación, mas no vamos a copiarlo. Una marcha del orgullo gay en Ramallah no serviría para nada, entre otras cosas porque muchos de nuestros miembros no han ‘salido del clóset’ en el sentido occidental de esta metáfora. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Me he esforzado por encontrar traducciones culturales; el problema es que si me quitaban la visibilidad, no concebía, no entendía ninguna alternativa.
Así, ha llegado a mis manos (ojos) un artículo de Jason Ritchie: "How Do You Say 'Come Out of the Closet' in Arabic: Queer Activism and the Politics of Visibility in Israel/Palestine". En él, establece la alternativa a la estrategia de la visibilidad y a la metáfora del armario.
En otro apartado, habla de estrategias activistas alternativas que funcionan en otros contextos socioculturales:
De esto que algo hace click en tu cabeza...
Desde hace un año, ya fuera para la tesis de fin de máster, para el doctorado actualmente o para diferentes comunicaciones, estudio la diversidad afectivo-sexual en diferentes contextos socioculturales, eminentemente musulmanes. Como ya dije en otra entrada, me encontré desbordada por teóricxs, activistas y narrativas personales que no concebían la visibilidad como parte central, ni tan siquiera importante o necesaria, de su lucha y/o vida.
Le he dado vueltas y vueltas a las palabras de Haneen Maikey, una de las activistas palestinas más importantes: "Las estrategias occidentales que hablan de ‘visibilizar’ y ‘salir del clóset’ nos son irrelevantes. El movimiento de liberación gay en Occidente puede alimentar nuestra motivación, mas no vamos a copiarlo. Una marcha del orgullo gay en Ramallah no serviría para nada, entre otras cosas porque muchos de nuestros miembros no han ‘salido del clóset’ en el sentido occidental de esta metáfora. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Me he esforzado por encontrar traducciones culturales; el problema es que si me quitaban la visibilidad, no concebía, no entendía ninguna alternativa.
Así, ha llegado a mis manos (ojos) un artículo de Jason Ritchie: "How Do You Say 'Come Out of the Closet' in Arabic: Queer Activism and the Politics of Visibility in Israel/Palestine". En él, establece la alternativa a la estrategia de la visibilidad y a la metáfora del armario.
Al llamar la atención, en lugar de esquivando, las prácticas excluyentes del Estado y los discursos racistas de la nación, descubrimos que la metáfora del puesto de control [checkpoint] es más eficaz a la hora de recoger las experiencias de lxs palestinxs queer que la familiar metáfora del armario.
Además, precisamente porque inscribe la violencia estatal tan crudamente sobre los cuerpos de sus otrxs raciales y nacionales, cualquier crítica del punto de control implica, necesariamente, una crítica del Estado y de su violencia.
El armario, por el contrario, es una sutil y "característicamente 'posmoderna' [técnica] de poder", y la lucha contra él, así como por el derecho a "salir de él" como respetables ciudadanxs queer, protege al Estado de la crítica mediante su representación como lugar "neutral [árbitro] en los daños causados" al que clamar compensación y protección, en lugar de una estructura investida del mismo poder de dañar.
En otro apartado, habla de estrategias activistas alternativas que funcionan en otros contextos socioculturales:
Que finalmente el activismo palestino queer triunfe no es el tema de mi artículo. A donde quiero llegar es, más bien, a explicar cómo lxs activistas queer palestinxs se han negado a emular a lxs activistas israelíes y occidentales pro-visibilidad, cuyo discurso parte del lexicón neoliberal y que articula sus demandas al mismo tiempo que justifica la violencia estatal contra lxs otrxs raciales a cambio de un reconocimiento en cierto modo victimizado como queer domesticadx.
En este rechazo de lxs palestinxs queer se puede intuir un tipo de activismo que no esquiva las políticas a favor de la normalización, pero que articula la visión de una sociedad transformada por una reestructuración fundamental del poder. En lugar de organizarse en torno a la identificación común como "gays y lesbianas", su activismo tiene por objeto la creación de una comunidad basada en la "identificación común con una interpretación radical y democrática de los principios de libertad e igualdad". Esta comunidad no demandaría al Estado liberal el reconocimiento y la protección de lxs queer representados como víctimas, sino que exigiría que estuviera a la altura de sus ideales democráticos.
De esto que algo hace click en tu cabeza...
diversidad afectivo-sexual,
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LGTB+ e islam español
Hoy (por fin) he defendido mi trabajo de fin de máster en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid: Cuerpos transfronterizos: Diversidad afectivo-sexual e islam en el Estado español. Ha sido una investigación dura psicológicamente hablando, porque nada ha salido como yo quería que saliese. Supongo que es la gracia de las investigaciones, ¿no? Pero yo, entre tanta postmodernidad y tanto flujo de vectores, soy una enferma de las ecuaciones con resultado X igual a números enteros, así que no estoy muy satisfecha con el resultado. A veces pienso que sólo falta que Intereconomía lo prologue para ya terminar de darlo por perdido.
El objetivo de mi trabajo era estudiar el proceso de construcción identitaria y la gestión de la visibilidad de los cuerpos LGTB+ marcados por la variable identitaria islam (cuando hablamos de marcas identitarias podemos referirnos, por un lado, a aquellas que son tomadas voluntariamente y, por otro lado, a adscripciones externas, heterodesignaciones), utilizando un diseño de muestreo teórico, obteniendo, mediante las entrevistas personales y la revisión bibliográfica, una teoría causal sobre la identidad y sobre la (in)inteligibilidad de las personas musulmanas y de las personas no (cis)heteronormativas.
Hasta aquí muy bonito (y muy ambicioso). La hipótesis descriptiva propuesta era que la posición de los cuerpos LGTB+ en el sistema fronterizo (cultura, condición de migrante, situación legal, religión) influiría en una expresión mayor o menor del proceso de construcción identitario. En relación al marcador religioso-cultural musulmán, su aparición en la ecuación revierte automáticamente en una menor visibilidad y participación social como LGTB+. La hipótesis causal, explicativa, infiere que esto se debía a (a) la islamofobia creciente en el Estado español, a (b) el discurso (cis)heteronormativo de las comunidades musulmanas migrantes y a (c) el discurso homonormativo de los colectivos LGTB+ en el Estado español.
[Con esto no quiero decir que la sociedad del Estado español no sea heteronormativa, o que las personas musulmanas, LGTB+ o no LGTB+, no sean también homonormativas, sino que me cerraba a unas realidades concretas que pretendían explicar por qué había personas que, por ejemplo, en Líbano, vivían fuera del armario pero, al llegar a Madrid, volvían a meterse dentro].
El mayor problema llegó a la hora de localizar los informantes. No puedes hacer un trabajo serio sobre el islam español y las identidades LGTB+ partiendo de, tan sólo, cinco informantes. El marco teórico era firme y está [me echo flores] muy trabajado. Pero los informantes no me dijeron lo que yo quería oír [bienvenida al mundo de la investigación]. Mi hincapié estaba en el discurso homonormativo de la sociedad occidental, pero el suyo en el discurso heteronormativo de las comunidades musulmanas. Cuando comencé a hacer el trabajo, pensaba en todas aquellas mañanas en los institutos que, durante las charlas, lxs chavalxs insistían en justificar su islamofobia con un presunto respeto a las personas LGTB+. Me dio la sensación de que eso se había contagiado a muchxs musulmanxs, pero pensar eso significaba minusvalorar la autonomía de sus palabras. Por supuesto, en muchos ámbitos confirmaban mis hipótesis (¿he dicho ya que eran sólo cinco informantes...?): había necesidad de referentes positivos que fueran pares culturales-religiosos, había percepción de islamofobia en el Estado español, había crítica a la doble (y triple, y cuádruple...) discriminación, había conciencia de un discurso heteronormativo en las comunidades migrantes que se reducía a veces a una estrategia identitaria ante la creciente xenofobia, y sí, lo que menos había era visibilidad.
El problema no sé si fue el sesgo de la muestra entrevistada o mi ceguera desde el principio. No supe centrarme teóricamente en esa visibilidad. Tampoco "cabía" en este trabajo, que era tan sólo un acercamiento, pero me quedo con las ganas de profundizar mucho más en ese concepto. En Epistemología del armario, de Eve Kosofsky Sedgwick, las referencias con las que compara, a lo largo del primer capítulo, el ritual de "salir del armario" son de carácter bíblico: la identidad judía de Esther. He trabajado mucho en una conceptualización más amplia de las definiciones de (cis)heteronormatividad y de las diferentes identidades LGTB+. He trabajado mucho en abrirme a una comprensión diferente de la identidad individual, de la identidad colectiva... Pero había olvidado el tema de la visibilidad. No quiero decir que crea en las traducciones culturales como conceptos fijos y aislados que son diferentes e impermeables según la región geográfica; pero sí existe una genealogía diferente de los activismos y de los conceptos, por mucho que sean volubles y que se mezclen, se unan, se separen, una y otra vez. Activistas palestinos LGTB+ han dicho respetar las estrategias de "visibilidad" occidental, pero no necesitarlas: "Podemos tener esta flexibilidad de identidad sin el ‘ritual’ de ‘salir del armario’. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Y así me he quedado. Pensando que la teoría me ha fallado. Y que me faltan herramientas para seguir investigando. Que no sé si seré capaz algún día de deconstruirme tanto como para dejar de ver la necesidad de la visibilidad LGTB+ como algo universal. Y que mi capacidad de auto-deconstrucción tenga límites tan claros es algo que me asusta.
El objetivo de mi trabajo era estudiar el proceso de construcción identitaria y la gestión de la visibilidad de los cuerpos LGTB+ marcados por la variable identitaria islam (cuando hablamos de marcas identitarias podemos referirnos, por un lado, a aquellas que son tomadas voluntariamente y, por otro lado, a adscripciones externas, heterodesignaciones), utilizando un diseño de muestreo teórico, obteniendo, mediante las entrevistas personales y la revisión bibliográfica, una teoría causal sobre la identidad y sobre la (in)inteligibilidad de las personas musulmanas y de las personas no (cis)heteronormativas.
Hasta aquí muy bonito (y muy ambicioso). La hipótesis descriptiva propuesta era que la posición de los cuerpos LGTB+ en el sistema fronterizo (cultura, condición de migrante, situación legal, religión) influiría en una expresión mayor o menor del proceso de construcción identitario. En relación al marcador religioso-cultural musulmán, su aparición en la ecuación revierte automáticamente en una menor visibilidad y participación social como LGTB+. La hipótesis causal, explicativa, infiere que esto se debía a (a) la islamofobia creciente en el Estado español, a (b) el discurso (cis)heteronormativo de las comunidades musulmanas migrantes y a (c) el discurso homonormativo de los colectivos LGTB+ en el Estado español.
[Con esto no quiero decir que la sociedad del Estado español no sea heteronormativa, o que las personas musulmanas, LGTB+ o no LGTB+, no sean también homonormativas, sino que me cerraba a unas realidades concretas que pretendían explicar por qué había personas que, por ejemplo, en Líbano, vivían fuera del armario pero, al llegar a Madrid, volvían a meterse dentro].
El mayor problema llegó a la hora de localizar los informantes. No puedes hacer un trabajo serio sobre el islam español y las identidades LGTB+ partiendo de, tan sólo, cinco informantes. El marco teórico era firme y está [me echo flores] muy trabajado. Pero los informantes no me dijeron lo que yo quería oír [bienvenida al mundo de la investigación]. Mi hincapié estaba en el discurso homonormativo de la sociedad occidental, pero el suyo en el discurso heteronormativo de las comunidades musulmanas. Cuando comencé a hacer el trabajo, pensaba en todas aquellas mañanas en los institutos que, durante las charlas, lxs chavalxs insistían en justificar su islamofobia con un presunto respeto a las personas LGTB+. Me dio la sensación de que eso se había contagiado a muchxs musulmanxs, pero pensar eso significaba minusvalorar la autonomía de sus palabras. Por supuesto, en muchos ámbitos confirmaban mis hipótesis (¿he dicho ya que eran sólo cinco informantes...?): había necesidad de referentes positivos que fueran pares culturales-religiosos, había percepción de islamofobia en el Estado español, había crítica a la doble (y triple, y cuádruple...) discriminación, había conciencia de un discurso heteronormativo en las comunidades migrantes que se reducía a veces a una estrategia identitaria ante la creciente xenofobia, y sí, lo que menos había era visibilidad.
El problema no sé si fue el sesgo de la muestra entrevistada o mi ceguera desde el principio. No supe centrarme teóricamente en esa visibilidad. Tampoco "cabía" en este trabajo, que era tan sólo un acercamiento, pero me quedo con las ganas de profundizar mucho más en ese concepto. En Epistemología del armario, de Eve Kosofsky Sedgwick, las referencias con las que compara, a lo largo del primer capítulo, el ritual de "salir del armario" son de carácter bíblico: la identidad judía de Esther. He trabajado mucho en una conceptualización más amplia de las definiciones de (cis)heteronormatividad y de las diferentes identidades LGTB+. He trabajado mucho en abrirme a una comprensión diferente de la identidad individual, de la identidad colectiva... Pero había olvidado el tema de la visibilidad. No quiero decir que crea en las traducciones culturales como conceptos fijos y aislados que son diferentes e impermeables según la región geográfica; pero sí existe una genealogía diferente de los activismos y de los conceptos, por mucho que sean volubles y que se mezclen, se unan, se separen, una y otra vez. Activistas palestinos LGTB+ han dicho respetar las estrategias de "visibilidad" occidental, pero no necesitarlas: "Podemos tener esta flexibilidad de identidad sin el ‘ritual’ de ‘salir del armario’. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Y así me he quedado. Pensando que la teoría me ha fallado. Y que me faltan herramientas para seguir investigando. Que no sé si seré capaz algún día de deconstruirme tanto como para dejar de ver la necesidad de la visibilidad LGTB+ como algo universal. Y que mi capacidad de auto-deconstrucción tenga límites tan claros es algo que me asusta.
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Beatriz Gimeno,
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Visibilidad
Mañana 26 de abril es el día de la visibilidad lésbica. Hace apenas un mes hablé en el curso "Teorías y realidades afectivo-sexuales" de la Universidad Autónoma de Madrid. Dado que nuestra sesión trataba la salida del armario, se esperaban historias de vida y la sempiterna crítica al sistema cis-heteropatriarcal. Pese a que estoy demasiado apegada a la teoría y me da mucho reparo meterme en lo personal, lo acabé haciendo.
Sin embargo, vuelvo a lo de siempre. Claro que es muy injusto culpar a la persona LGTB+ de la LGTBfobia. No es eso lo que pretendo. Tan sólo me interesa la responsabilidad. Nadie habla de culpas. Pero todxs somos responsables de la sociedad en la que vivimos.
De visibilidad se podría escribir tantísimo... Éste es el video que la revista Mirales ha preparado en ocasión de esta jornada de abril. "La visibilidad de los personajes públicos contribuye a disminuir el miedo. En muchos casos la lesbofobia está motivada por la ignorancia y el desconocimiento", dice María Jesús Méndez, su directora. Bien es cierto que necesitamos referentes, pero cuántas veces escucho las manidas críticas a políticas, a cantantes, a actrices..., en boca de personas que se esconden corriendo el día del Orgullo si se acerca una cámara de televisión. Cada persona necesita su tiempo, sí. Pero es que ya son muchos años. Y hay muchas personas que han sido (y son) asesinadas, mutiladas, encarceladas y humilladas para que puedas ir de la mano de tu chica por la calle como para que ahora pidas... tiempo. No creo en el derecho al armario. Siempre me ha sonado a excusa.
Mi primer año fuera del armario sentía tristeza cada vez que alguien, por la calle, me insultaba. Sentía tristeza cuando amenazaban por pegarme, algo que ocurrió en varias ocasiones. Sentía tristeza cuando mi tía me decía que le desmintiera a todos mis allegados que fuera lesbiana, que les estaba haciendo daño con mi sinceridad. Sentía tristeza cuando mis familiares más cercanos no entendían ciertas cosas. Después lo convertí en rabia, que duró años y, más tarde, en indiferencia. Hace apenas dos años que unos insultos me devolvieron la furia. No sabía cómo canalizarla, y me agujereaba por dentro. No quería volver a la indiferencia, así que la convertí en activismo. El activismo no significa necesariamente afiliarse a asociaciones, hacer voluntariado… Cada cual elige su causa y no tenemos tiempo para todas. Pero salir del armario también es activismo. Mi participación en X está muy relacionada con este tipo de activismo. Es recordarles a lxs chavalxs LGTB que hay vida más allá del armario. Es recordarles que existen las lesbianas, los gays, lxs trans, lxs bi.
Sin embargo, vuelvo a lo de siempre. Claro que es muy injusto culpar a la persona LGTB+ de la LGTBfobia. No es eso lo que pretendo. Tan sólo me interesa la responsabilidad. Nadie habla de culpas. Pero todxs somos responsables de la sociedad en la que vivimos.
Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar..., salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todxs.
De visibilidad se podría escribir tantísimo... Éste es el video que la revista Mirales ha preparado en ocasión de esta jornada de abril. "La visibilidad de los personajes públicos contribuye a disminuir el miedo. En muchos casos la lesbofobia está motivada por la ignorancia y el desconocimiento", dice María Jesús Méndez, su directora. Bien es cierto que necesitamos referentes, pero cuántas veces escucho las manidas críticas a políticas, a cantantes, a actrices..., en boca de personas que se esconden corriendo el día del Orgullo si se acerca una cámara de televisión. Cada persona necesita su tiempo, sí. Pero es que ya son muchos años. Y hay muchas personas que han sido (y son) asesinadas, mutiladas, encarceladas y humilladas para que puedas ir de la mano de tu chica por la calle como para que ahora pidas... tiempo. No creo en el derecho al armario. Siempre me ha sonado a excusa.
Es el momento en que las lesbianas que somos visibles comencemos a exigir a las que no lo son que den un paso al frente; al menos que se lo exijamos a aquellas que dicen, en privado, defender los derechos de las lesbianas; que les exijamos coherencia política y ética. Los derechos se defienden en el espacio público y no sólo en el privado. Desde el armario no se defiende nada porque nadie te escucha ni te ve.Beatriz Gimeno
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Madrid
Hace unas semanas, N. me comentaba que no sabía en qué momento habíamos dejado de ser observadas en la calle. En su barrio, en el mío, en el centro, en el metro, en el Cercanías, en los bares... Las miradas y, sobre todo, los insultos, se habían convertido en algo muy poco habitual. Y tenía razón.
El sábado, N. me acompañó al mediodía al barrio donde está mi academia de árabe, antes de la clase. Creo que todavía tienen tortícolis todas las personas que pasaron por esa plaza y que todavía se habla de las dos lesbianas que se sentaron en ese banco. Hacía tiempo que no me sentía tan incómoda. Se me olvida que el mundo no es la Gran Vía.
El sábado, N. me acompañó al mediodía al barrio donde está mi academia de árabe, antes de la clase. Creo que todavía tienen tortícolis todas las personas que pasaron por esa plaza y que todavía se habla de las dos lesbianas que se sentaron en ese banco. Hacía tiempo que no me sentía tan incómoda. Se me olvida que el mundo no es la Gran Vía.
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Ricardo Llamas,
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No sé si seré la única persona del mundo que redactó, imprimió y leyó su salida del armario.
Lxs p/madres no tienen siempre la razón, a mi abuela no le dio ningún infarto y estoy oficialmente fuera del armario con el mundo entero.
Hubo un momento en que realmente me creí que lo hacía por ellxs. Pero lo he hecho, casi exclusivamente, por mí. Cuando la senté en la salita de desayunar y saqué mi guión, ya sabía que lo estaba haciendo por mí, que no leería más que una sucesión de mentiras para cerrarle el camino al enfado.
Por un segundo, pensé que eso no era lo correcto. Que no pasaba nada por sonreír y callar las Navidades que queden en León.
Pero el egoísmo está subestimado.
Aunque no deja de ser motivo detristeza cabreo que, en los recorridos interrogatorios sobre las vidas sentimentales de todos y cada uno de mis primos y hermanos que se desarrollan en las cenas y comidas en León, siempre se olviden, casualmente, de preguntarme por la mía.
De armarios y abuelos (II)
Es el momento del bloqueo mental en el que una chispa de racionalidad salta como por azar en el cerebro heterosexual asediado por una confesión inesperada: “¿Es que las maricas pueden ser como mi mejor amigo, como mi hermano, como mi hijo, como mi sobrino, como mi marido? ¿Tan normales, tan agradables, tan cariñosos, tan educados, tan listos, tan admirables? ¿Es que es posible que yo sienta afecto por una marica y que sea una parte tan importante de mi vida?” Y comienzan a cuestionarse el prejuicio. A veces no es todo tan horrible, hay heteros estupendos.Ricardo Llamas y Paco Vidarte: Homografías
No sé si seré la única persona del mundo que redactó, imprimió y leyó su salida del armario.
Lxs p/madres no tienen siempre la razón, a mi abuela no le dio ningún infarto y estoy oficialmente fuera del armario con el mundo entero.
Hubo un momento en que realmente me creí que lo hacía por ellxs. Pero lo he hecho, casi exclusivamente, por mí. Cuando la senté en la salita de desayunar y saqué mi guión, ya sabía que lo estaba haciendo por mí, que no leería más que una sucesión de mentiras para cerrarle el camino al enfado.
Por un segundo, pensé que eso no era lo correcto. Que no pasaba nada por sonreír y callar las Navidades que queden en León.
Pero el egoísmo está subestimado.
Los heteros (y perdón por generalizar como algunos de ellos lo hacen cuando hablan de las maricas o de los homosexuales o de las lesbianas) se ponen nerviosísimos ante una marica agresiva saliendo del armario atacada y como una loca, dando portazos en la cara a diestro y siniestro. Hay que quitarle la iniciativa al que escucha, cortarle todas las salidas, devolverle invertidas todas las preguntas, hacerle ver que hasta la fecha no se está seguro de su heterosexualidad porque nunca ha alcanzado el nivel discursivo, y mucho menos el de una confesión. No es lo mismo situarse frente a un armario y que de él salga la cenicienta, tímidamente, primero asomando su sucia naricilla, luego un dedo, luego toda la manecita, luego un pie, pedir permiso con un hilillo de voz, y decir tan bajito que casi no se oye: “soy lesbiana”, “soy gay”, “soy homosexual”, etc., a que salga una especie de Chewbacca enfurecido con todos sus rubios pelos de punta mascullando no se sabe muy bien qué, pero dejando bien a las claras que lo suyo no es hacer concesiones. Si no haces esto último, estás muerta y entregada y presta a ser degollada, o lo que es peor, a que te traten con condescendencia, comprensión, consuelo, babitas y que te hablen flojito ellos también.
Cuando se sale del armario no sé por qué los heteros siempre empiezan a hablar flojito, muy flojito. Como quien acaricia a un perrillo asustado para tranquilizarlo y darle confianza. Nada, nada. ¿Para qué darles ventaja? Hay que salir del armario a lo Van Damm, a lo Rambo o a lo Demi Moore, a lo Juana de Arco, a lo marine (no se me ocurre nada más obsceno, ineducado y violento). Formando una escandalera de la hostia. No hay que abrir la puerta, sino derribarla a patadas y que tengan cuidadito fuera con las astillas, y salir hecho una alimaña, metralleta en mano, pantalones de camuflaje, y pintura negra bajo los ojos, que siempre impone mucho (al fin y al cabo nos gusta travestirnos y pintarnos ¿no?); o tipo el monstruo de Alien. ¿Qué pasa? Soy bollo y a ver si te voy a partir la cara. Al fin y al cabo, son ellos los que nos han metido en el armario y el cabreo es comprensible. Es una liberación, es salir de la cárcel y para ello no hay que pedir permiso. Es un acto revolucionario. Nada de contemplaciones con el carcelero ni con quienes silenciaban nuestra prisión, la incentivaban o promovían como fuera. El factor sorpresa es fundamental. Para romper el hielo es suficiente. Luego, poco a poco, sin bajar nunca la guardia, se puede ir llegando a un tono de conversación más habitual, sin perder la naturalidad ni la espontaneidad nunca (a estas alturas convendría haberse quitado ya el disfraz de Rambo). Y sin mostrar flaquezas, debilidades, ni miramientos. Hay que demostrar -o fingir- que la reclusión en el armario no nos ha afectado para nada. Nos metieron allí para ver si nos curaban o si cambiábamos de idea y al salir hay que dejar bien clarito que las prácticas de reclusión son contraproducentes y que salimos más maricas que entramos, más cabreados, para no volver a entrar nunca y para luchar por la destrucción de una práctica tan salvaje, el armario perpetuo: algo que atenta contra los derechos del niño, del adolescente, del joven, del adulto y del anciano, porque puede durar toda la vida. Dan mucha pena los niños en las cárceles, pero a nadie se le cae una lagrimita por los niños y adolescentes metidos en el armario. En fin, la hipocresía de siempre.
Otra estrategia posible si no se quiere poner en práctica esta salida del armario que puede resultar un tanto ridícula y sobreactuada, o si nos sienta fatal el disfraz de marine de los EE.UU., es eso que ahora se da en llamar la política de hechos consumados. A saber, pasar de la confesión, pasar de tener que decirlo, que verbalizarlo. Si ellos no lo hacen, nosotros tampoco. De pronto el hermanito viene con la novia a casa o con la revista porno que le descubre mamá debajo del colchón. Pues nosotros le plantamos al novio un beso en los morros en medio del salón y nuestros chulos impresos a todo color debajo de la cama, como todo hijo de vecino. Tratamiento de shock. La contraofensiva puede ser brutal. Pero, si se está alerta y con todo lo necesario en la trinchera para arrasar al enemigo, no hay nada que temer. Siempre te pueden echar de casa. Pues tú vas y te quedas. Que llamen a la policía. Si no te dan de comer, saqueas la nevera. Si no te dan dinero, lo robas o vendes el televisor. Si no te compran ropa, te pones la de mamá. Y no dejes de llevar a tus amigos a casa. Convierte la salita de estar en una manifestación diaria. Un heterosexual no puede vivir en un estado de cabreo permanente, pero una marica es marica las veinticuatro horas del día. Y ser marica, de por sí, ya es una lucha. Sin que haya que hacer nada del otro jueves. La gente se cansa de estar cabreada, pero una no se cansa nunca de ser maribollo. Ésa es nuestra ventaja.Ricardo Llamas y Paco Vidarte: Homografías
Aunque no deja de ser motivo de
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No me había dado cuenta de lo cansada (en su acepción más física y literal) que estaba de charlas teóricas y textos académicos hasta que ayer MiraLes me sorprendió con una reunión bastante más humana de aquello a lo que estoy acostumbrada. Esta revista en línea en español (e inglés) para mujeres LBTQ, ha celebrado su primer aniversario con un Festival Cultural Lésbico en Madrid, denominado 'Mírame, soy libre'.
En la charla Empoderamiento y visibilidad, moderada por María Jesús Méndez, directora de la publicación, participaron Beatriz Gimeno e Isabel Gómez, presidenta de la asociación de familias LGTB Galehi. En un primer momento, se esperaba la asistencia de Gracia Trujillo, pero por motivos laborales tuvo que ausentarse, hecho que lamenté enormemente, sobre todo en el turno de preguntas, cuando se sucedieron un gran número de críticas a la filosofía y activismo queer sin que nadie (yo incluida) respondiera.
María Jesús Méndez introdujo la charla desde la experiencia personal. No recuerdo las palabras exactas, pero haré memoria, porque yo jamás habría encontrado un discurso mejor para explicarle a mi madre por qué quiero hablar con mi abuela. Armarios parciales, armarios de quita y pon, yo soy visible pero... Son muchas las maneras de decirlo pero una sola la realidad: si renuncias a visibilizarte como lesbiana, estás abandonando (voluntariamente) el ámbito de la ciudadanía y se lo estás regalando íntegramente a lxs heterosexuales.
El armario es un complejo mecanismo social que lxs propixs homosexuales reivindicaron como derecho a la privacidad cuando las conductas homosexuales eran perseguidas. El argumento de que el Estado no debía inmiscuirse en los asuntos personales, con un tinte tan neoliberal ahora, era entonces una cuestión de supervivencia (el archivo de socixs de COGAM era prácticamente secreto de Estado; la gente firmaba con nombres tales como Mickey Mouse).
Cuando la homosexualidad dejó de ser delito, el derecho a la privacidad se convirtió en una imposición estatal y social de obligación a la privacidad, tan contraria al lema feminista de lo personal es político. El shock del sida hizo ver, de la forma más trágica posible, que la permisividad legal de las conductas homosexuales no nos hacía iguales: el secreto es la muerte. El heteropatriarcado se clava y el armario se respira y se convierte en tu piel. No visibilizarte como lesbiana no significa dar pie a la ambigüedad, no significa no etiquetarse, no significa ser libre. No vilisibilizarte como lesbiana significa permitir que todo el mundo te etiquete como heterosexual.
El armario de Matilda, el personaje de Roald Dahl, donde la directora-Estado represor encierra a lxs alumnxs que escapan de la ley, cuyas paredes están plagadas de clavos amenazantes con dañarte si te mueves, es la imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en este tema. La idea general que flotaba en la pequeña sala de la jornada de ayer era que esos clavos no son tales, que cuando te atreves a moverte no pasa nada, abres la puerta y no pasa nada, no pasa nada. Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar... salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todas.
Isabel Gómez, como representante de Galehi, hizo hincapié en el trabajo que las mujeres lesbianas estaban haciendo en otros espacios que no son el mediático (que parece que todavía asusta cuando una publicación pide declaraciones de padres y madres y, pese a que hay una relación aproximada de 70 a 30 en favor de las mujeres, sólo los varones se prestan a aparecer en público), espacios que parecen más pequeños, los colegios, las reuniones del AMPA, la salida de la guardería... por no mencionar los espacios de ingenuidad, lxs propixs niñxs, donde los prejuicios todavía no se han asentado.
Esta tarde, a las 20:00, el local Ne me quite pas aloja la exposición de fotografía MíraMe, Soy Libre y la entrega de premios Visibilidad MiraLes.
De empoderamiento y visibilidad
No se le puede exigir lo mismo a todo el mundo en materia de visibilidad; pero, a quien se le puede, se le debe exigir el máximo.Beatriz Gimeno
No me había dado cuenta de lo cansada (en su acepción más física y literal) que estaba de charlas teóricas y textos académicos hasta que ayer MiraLes me sorprendió con una reunión bastante más humana de aquello a lo que estoy acostumbrada. Esta revista en línea en español (e inglés) para mujeres LBTQ, ha celebrado su primer aniversario con un Festival Cultural Lésbico en Madrid, denominado 'Mírame, soy libre'.
En la charla Empoderamiento y visibilidad, moderada por María Jesús Méndez, directora de la publicación, participaron Beatriz Gimeno e Isabel Gómez, presidenta de la asociación de familias LGTB Galehi. En un primer momento, se esperaba la asistencia de Gracia Trujillo, pero por motivos laborales tuvo que ausentarse, hecho que lamenté enormemente, sobre todo en el turno de preguntas, cuando se sucedieron un gran número de críticas a la filosofía y activismo queer sin que nadie (yo incluida) respondiera.
María Jesús Méndez introdujo la charla desde la experiencia personal. No recuerdo las palabras exactas, pero haré memoria, porque yo jamás habría encontrado un discurso mejor para explicarle a mi madre por qué quiero hablar con mi abuela. Armarios parciales, armarios de quita y pon, yo soy visible pero... Son muchas las maneras de decirlo pero una sola la realidad: si renuncias a visibilizarte como lesbiana, estás abandonando (voluntariamente) el ámbito de la ciudadanía y se lo estás regalando íntegramente a lxs heterosexuales.
El armario es un complejo mecanismo social que lxs propixs homosexuales reivindicaron como derecho a la privacidad cuando las conductas homosexuales eran perseguidas. El argumento de que el Estado no debía inmiscuirse en los asuntos personales, con un tinte tan neoliberal ahora, era entonces una cuestión de supervivencia (el archivo de socixs de COGAM era prácticamente secreto de Estado; la gente firmaba con nombres tales como Mickey Mouse).
Cuando la homosexualidad dejó de ser delito, el derecho a la privacidad se convirtió en una imposición estatal y social de obligación a la privacidad, tan contraria al lema feminista de lo personal es político. El shock del sida hizo ver, de la forma más trágica posible, que la permisividad legal de las conductas homosexuales no nos hacía iguales: el secreto es la muerte. El heteropatriarcado se clava y el armario se respira y se convierte en tu piel. No visibilizarte como lesbiana no significa dar pie a la ambigüedad, no significa no etiquetarse, no significa ser libre. No vilisibilizarte como lesbiana significa permitir que todo el mundo te etiquete como heterosexual.
El armario de Matilda, el personaje de Roald Dahl, donde la directora-Estado represor encierra a lxs alumnxs que escapan de la ley, cuyas paredes están plagadas de clavos amenazantes con dañarte si te mueves, es la imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en este tema. La idea general que flotaba en la pequeña sala de la jornada de ayer era que esos clavos no son tales, que cuando te atreves a moverte no pasa nada, abres la puerta y no pasa nada, no pasa nada. Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar... salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todas.
Isabel Gómez, como representante de Galehi, hizo hincapié en el trabajo que las mujeres lesbianas estaban haciendo en otros espacios que no son el mediático (que parece que todavía asusta cuando una publicación pide declaraciones de padres y madres y, pese a que hay una relación aproximada de 70 a 30 en favor de las mujeres, sólo los varones se prestan a aparecer en público), espacios que parecen más pequeños, los colegios, las reuniones del AMPA, la salida de la guardería... por no mencionar los espacios de ingenuidad, lxs propixs niñxs, donde los prejuicios todavía no se han asentado.
Es una batalla silenciada, pero es una batalla de futuro.Isabel Gómez
Esta tarde, a las 20:00, el local Ne me quite pas aloja la exposición de fotografía MíraMe, Soy Libre y la entrega de premios Visibilidad MiraLes.
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Y qué vergüenza. Y 1.100 varones presidiendo la ceremonia y cuatro mujeres limpiando lo que ensucian.
Y mientras se siga rezando a un padre en el cielo, las cosas van a seguir igual en la tierra.
Y qué vergüenza de discursos y homilías.
Pero qué orgullo que haya gente que quiera cambiar las cosas. Qué orgullo que haya personas que rezan a unx padre-madre suyx que está en los cielos. Qué orgullo que lo que ha trascendido en los medios de esta visita sea la besada gay y lesbiana frente al papamóvil.
Una decía por ahí que besarse frente al Papa era una tontería. Que para qué tenían que ir a dar el espectáculo (como siempre). El Estado español (y el Estado, para esto, somos todxs) ha gastado millones de euros para que un hombre venga a un país "secular" a solicitar que cambien unas leyes que no han sido un regalo del 2005, sino que han sido el fruto de una lucha de años. Un hombre que compara el matrimonio igualitario con el cambio climático porque amenazan la creación. Un hombre que promueve ante masas fanatizadas que esa misma una no debe, no puede, tener nietos. Las besadas se llevan realizando en España desde los años ochenta (iniciadas por las lesbianas a raíz del arresto* de Arantxa Serrano y Esther Olassolo [fuente]). No sólo son útiles porque llaman la atención y son atractivas para los medios (el mismo motivo por el que no son multitudinarias, cuántxs LGB se esconden el Día del Orgullo cuando pasa cerca una cámara) sino que son un símbolo perfecto de visibilidad y reivindicación: estamos aquí, estamos en la calle, tenemos cuerpo, nos atraviesan pulsiones, sentimos deseo, no vamos a escondernos en casa, me beso aquí, delante de tu puerta, delante de tus hijxs.
¿Ganas de provocar? Claro que tengo ganas de provocar. Ganas de provocar al homófobo. Quiero que se enfade, quiero que sienta asco, quiero que se dé cuenta de que lo que realmente le molesta es que hayamos decidido no guardarnos los besos, las plumas, las novias, los novios, el amor, el sexo, para la intimidad de la alcoba. No sé si somos o no somos normales. Lo que tengo claro es que no somos como él.
Y tengo ganas de decírselo. Porque él me lo repite cada día, cada minuto, cada segundo. Y a veces lxs hetero os olvidáis de imaginar lo que eso llega a suponer cuando han pasado ya muchos días, muchos minutos, muchos segundos.
¿Que muy bien pero que no sirve para nada? ¿Que si es sólo desahogarse? Han sido sólo un centenar de LGB, pero sus imágenes han dado la vuelta al mundo. Y el mundo sabe ahora que los bollos y las maricas estamos enfadadas. Y eso es más que suficiente para empezar.
*Estas dos mujeres se dieron un beso, frente a la Puerta del Sol, el 23 de octubre de 1986. Dos días de retención y malos tratos y cruce de denuncias. A finales de los años noventa, el caso se resuelve con la condena a los policías. Cada 28 de junio, lesbianas se besan en la Puerta del Sol. Intentad detenernos ahora.
Dios(a)
Si Dios es varón, el varón es Dios.
Y qué vergüenza. Y 1.100 varones presidiendo la ceremonia y cuatro mujeres limpiando lo que ensucian.
Y mientras se siga rezando a un padre en el cielo, las cosas van a seguir igual en la tierra.
Y qué vergüenza de discursos y homilías.
Pero qué orgullo que haya gente que quiera cambiar las cosas. Qué orgullo que haya personas que rezan a unx padre-madre suyx que está en los cielos. Qué orgullo que lo que ha trascendido en los medios de esta visita sea la besada gay y lesbiana frente al papamóvil.
Una decía por ahí que besarse frente al Papa era una tontería. Que para qué tenían que ir a dar el espectáculo (como siempre). El Estado español (y el Estado, para esto, somos todxs) ha gastado millones de euros para que un hombre venga a un país "secular" a solicitar que cambien unas leyes que no han sido un regalo del 2005, sino que han sido el fruto de una lucha de años. Un hombre que compara el matrimonio igualitario con el cambio climático porque amenazan la creación. Un hombre que promueve ante masas fanatizadas que esa misma una no debe, no puede, tener nietos. Las besadas se llevan realizando en España desde los años ochenta (iniciadas por las lesbianas a raíz del arresto* de Arantxa Serrano y Esther Olassolo [fuente]). No sólo son útiles porque llaman la atención y son atractivas para los medios (el mismo motivo por el que no son multitudinarias, cuántxs LGB se esconden el Día del Orgullo cuando pasa cerca una cámara) sino que son un símbolo perfecto de visibilidad y reivindicación: estamos aquí, estamos en la calle, tenemos cuerpo, nos atraviesan pulsiones, sentimos deseo, no vamos a escondernos en casa, me beso aquí, delante de tu puerta, delante de tus hijxs.
¿Ganas de provocar? Claro que tengo ganas de provocar. Ganas de provocar al homófobo. Quiero que se enfade, quiero que sienta asco, quiero que se dé cuenta de que lo que realmente le molesta es que hayamos decidido no guardarnos los besos, las plumas, las novias, los novios, el amor, el sexo, para la intimidad de la alcoba. No sé si somos o no somos normales. Lo que tengo claro es que no somos como él.
Y tengo ganas de decírselo. Porque él me lo repite cada día, cada minuto, cada segundo. Y a veces lxs hetero os olvidáis de imaginar lo que eso llega a suponer cuando han pasado ya muchos días, muchos minutos, muchos segundos.
¿Que muy bien pero que no sirve para nada? ¿Que si es sólo desahogarse? Han sido sólo un centenar de LGB, pero sus imágenes han dado la vuelta al mundo. Y el mundo sabe ahora que los bollos y las maricas estamos enfadadas. Y eso es más que suficiente para empezar.
*Estas dos mujeres se dieron un beso, frente a la Puerta del Sol, el 23 de octubre de 1986. Dos días de retención y malos tratos y cruce de denuncias. A finales de los años noventa, el caso se resuelve con la condena a los policías. Cada 28 de junio, lesbianas se besan en la Puerta del Sol. Intentad detenernos ahora.
Charo González,
Elena García-Olivares,
Elena Tóxica,
Gloria G. Durán,
Guerrilla Girls,
Raúl Martín Burgos,
salud mental,
Toxic Lesbian,
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reacciones

En 1984, Nueva York fue cuna de las Guerrilla Girls, un colectivo de artistas feministas que protestaban con la falta de representación de las mujeres en los museos y galerías estadounidenses. Ataviadas con máscaras de gorila, minifalda y medias de red, se jactaban de que nadie de su entorno más cercano conocía su identidad, uno de los motivos por los que nunca se ha llegado a saber cuántas eran las personas que integraban el movimiento.
Inactivas en la actualidad, tres grupos se autoproclaman sus seguidoras en EEUU. En Francia y en Reino Unido también han surgido imitadoras. Inspiradas en su trabajo, Toxic Lesbian se formó en España en 2005 con la fusión del proyecto artístico que Elena García-Olivares desarrollaba desde los años ochenta y el activismo LGTB de Charo González.
En 2008, como Elena Tóxica, se inicia una colaboración con Raúl Martín Burgos, en la que generan piezas de temática social desde una perspectiva de género (desde acciones en la calle, en centros sociales, hasta construcciones virtuales en plataformas tales como Youtube). Gloria G. Durán se incorpora este mismo 2010, aunque cada proyecto se presta a nuevas colaboraciones.
Enmascaradas con caretas de cerdo, han realizado performances como aquélla que cambió los nombres de las estaciones de Metro de Madrid (Tortilleras en lugar de Astilleros, por ejemplo), en mayo de 2008. Su objetivo está orientado hacia la visibilidad de la sexualidad femenina en todos los contextos. En una ocasión, dejaron octavillas de temática lésbica en la catedral de la Almudena, confundiéndose con las estampas religiosas.
Toxic Lesbian han trabajado en diversos momentos en relación a otras minorías: personas con discapacidad física, mental, personas que padecen algún tipo de trastorno mental... Este domingo, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental. El colectivo Toxic Lesbian tiene preparada la acción Cuentos que nunca se cuentan: ZeroEstigma. Se trata de una proyección sobre la fachada digital MediaLab-Prado que, desde una perspectiva de género, visibiliza los trastornos mentales y critica el estigma.
La proyección se desarrolla simultaneamente en Madrid, Bruselas, Berlín, Linz, Liverpool y Helsinki.
Toxic Lesbian
En 1984, Nueva York fue cuna de las Guerrilla Girls, un colectivo de artistas feministas que protestaban con la falta de representación de las mujeres en los museos y galerías estadounidenses. Ataviadas con máscaras de gorila, minifalda y medias de red, se jactaban de que nadie de su entorno más cercano conocía su identidad, uno de los motivos por los que nunca se ha llegado a saber cuántas eran las personas que integraban el movimiento.
Inactivas en la actualidad, tres grupos se autoproclaman sus seguidoras en EEUU. En Francia y en Reino Unido también han surgido imitadoras. Inspiradas en su trabajo, Toxic Lesbian se formó en España en 2005 con la fusión del proyecto artístico que Elena García-Olivares desarrollaba desde los años ochenta y el activismo LGTB de Charo González.
En 2008, como Elena Tóxica, se inicia una colaboración con Raúl Martín Burgos, en la que generan piezas de temática social desde una perspectiva de género (desde acciones en la calle, en centros sociales, hasta construcciones virtuales en plataformas tales como Youtube). Gloria G. Durán se incorpora este mismo 2010, aunque cada proyecto se presta a nuevas colaboraciones.
Enmascaradas con caretas de cerdo, han realizado performances como aquélla que cambió los nombres de las estaciones de Metro de Madrid (Tortilleras en lugar de Astilleros, por ejemplo), en mayo de 2008. Su objetivo está orientado hacia la visibilidad de la sexualidad femenina en todos los contextos. En una ocasión, dejaron octavillas de temática lésbica en la catedral de la Almudena, confundiéndose con las estampas religiosas.
Toxic Lesbian han trabajado en diversos momentos en relación a otras minorías: personas con discapacidad física, mental, personas que padecen algún tipo de trastorno mental... Este domingo, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental. El colectivo Toxic Lesbian tiene preparada la acción Cuentos que nunca se cuentan: ZeroEstigma. Se trata de una proyección sobre la fachada digital MediaLab-Prado que, desde una perspectiva de género, visibiliza los trastornos mentales y critica el estigma.
La proyección se desarrolla simultaneamente en Madrid, Bruselas, Berlín, Linz, Liverpool y Helsinki.
Lunes 11 de octubre de 2010. 20:30 horas
Plaza de las Letras, C/ Alameda, 15 Madrid
Plaza de las Letras, C/ Alameda, 15 Madrid
armario,
David Watkins,
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El sábado 26 de septiembre de 2009, hace exactamente un año (y un día), se celebró el primer Sábado SSHH!
En 2002, un joven londinense saboreó la sangre a manos de un homófobo en el barrio de Chelsea. La furia le invadió desde entonces hasta que, pasados siete años, logró transformar la rabia en algo positivo: David Watkins fundó A Day In Hand: Same-Sex Hand Holding (Un día de la mano: Sosteniendo la mano de tu mismo sexo). Watkins invitaba a actuar acorde a tu orientación/opción sexual públicamente: cuanto(s) más fuera del armario se esté, más fácil será estarlo.
El 26 de septiembre de 2009, se lanzó una campaña: El Sábado SSHH! Los resultados fueron muy positivos y de todas partes del mundo llegaban cada semana testimonios e imágenes de manos entrelazadas. Sólo unos meses después, en marzo de 2010, PinkPaper declaraba a esta iniciativa como el cuarto mejor evento LGTB.
Las instrucciones son claras:
1) Daos la mano
2) Dad un paso fuera
3) Vivid vuestro amor
Revoluciones silenciosas
Si quieres vivir en un mundo donde puedas darle la mano a tu pareja en público... dale la mano a tu pareja en público.David Watkins
El sábado 26 de septiembre de 2009, hace exactamente un año (y un día), se celebró el primer Sábado SSHH!
En 2002, un joven londinense saboreó la sangre a manos de un homófobo en el barrio de Chelsea. La furia le invadió desde entonces hasta que, pasados siete años, logró transformar la rabia en algo positivo: David Watkins fundó A Day In Hand: Same-Sex Hand Holding (Un día de la mano: Sosteniendo la mano de tu mismo sexo). Watkins invitaba a actuar acorde a tu orientación/opción sexual públicamente: cuanto(s) más fuera del armario se esté, más fácil será estarlo.
Sé que la homofobia existe por culpa de la ignorancia. Y sé que cada vez que le doy la mano a un hombre en público, le estoy dando un golpe a la ignorancia.David Atkins
El 26 de septiembre de 2009, se lanzó una campaña: El Sábado SSHH! Los resultados fueron muy positivos y de todas partes del mundo llegaban cada semana testimonios e imágenes de manos entrelazadas. Sólo unos meses después, en marzo de 2010, PinkPaper declaraba a esta iniciativa como el cuarto mejor evento LGTB.
Las instrucciones son claras:
1) Daos la mano
2) Dad un paso fuera
3) Vivid vuestro amor
Ves a una persona paseando a un unicornio en el parque y es noticia de portada. Tres meses más tarde, verás a doscientas personas paseando a sus unicornios en el parque y lo llamarán jueves.
Arcópoli,
bisexualidad,
Charlotte Wolff,
COGAM,
Fred Klein,
Kate Millet,
Kinsey,
Margaret Mead,
Paula C. Rust,
poliamor,
Sigmund Freud,
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Hace sólo tres años que el Día de la Visibilidad Bisexual se celebra en España, aunque se instituyera en 1999, separado del Día del Orgullo para destacar la discriminación que sufre tanto del colectivo heterosexual como del homosexual. El día elegido, 23 de septiembre, es el mismo en que murió Sigmund Freud quien, en sus Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, afirmara que todo individuo parte de la bisexualidad (pese a que defendiera unas connotaciones moralmente negativas de su no represión).
La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) celebra la jornada en diferentes ciudades del país. En Madrid, a las 19.00 horas, Arcópoli extenderá una bandera bisexual en la Puerta del Sol de Madrid, y se leerá un manifiesto. Asimismo, Arcópoli y COGAM han organizado los Primeros Encuentros sobre Bisexualidad 'Creando Precedente', que se celebarán en Getafe (Madrid) los días 24, 25 y 26 de septiembre.
No voy a entrar en la visión historicista, biologicista o psicoanalítica de la bisexualidad porque, sinceramente, me da bastante pereza. ¿Desde cuándo hay que justificar nuestros actos/pensamientos/opciones/orientaciones en el comportamiento de los animales o en lo que hizo/hiciera nosequién en el siglo nosecuántos? Nadie tiene derecho a pedir eso. Aunque exista respuesta (historicista, biologicista y psicoanalítica).
Las siglas LGTB incluyen identidades (tanto individuales como colectivas) muy diferentes. La bisexualidad, oprimida por las presiones monosexuales, es discriminada tanto por homos como por heteros, además de verse invisibilizada por la imposibilidad de ser reconocida en relación a la pareja del individuo (salvo que mantenga una relación poliamorosa con personas de diferente sexo). De igual forma que la identidad gay y la lesbiana (no digamos la transexual) no tienen la misma historia ni los mismos mitos, la identidad bisexual también cuenta con una genealogía separada de la LGT.
A finales de los años setenta se publicaron tres de las más importantes obras en torno a la bisexualidad: el ensayo Bisexuality: What's It All About (Margaret Mead, 1975), The Bisexual Option (Fred Klein, 1976) y Bisexuality: A Study (Charlotte Wolff, 1979), rompiendo el silencio que había reinado desde que en el informe Kinsey se afirmara que el 37% de los hombres estadounidenses habían tenido algún contacto homosexual. Sin embargo, las voces y plumas volvieron a callar hasta que los años noventa trajeron de vuelta la bisexualidad a los estudios teóricos (aunque los ochenta fueron la cuna del activismo): Loraine Hutchins y Lani Ka'ahumanu, 1991; Elizabeth Däumer, 1992; Maria Pramaggiore y Donald Eugene Hall, 1996; Marjorie Garber, 1996...
Aunque se siga usando y abusando del mismo argumento de que los y las bisexuales no son más que homosexuales reprimidos o que su identidad es todavía inmadura y que, tarde o temprano, "caerán de un lado o del otro", me gustaría remitirme a un estudio de Paula C. Rust que, en 1993, huía de los modelos de desarrollo en relación a la construcción de la identidad y construía uno nuevo en el que no existe una "meta" (hetero u homo), sino que hay idas y vueltas continuamente, ya que la identidad no es más que un constructo social que cambia cuando las definiciones y la misma sociedad cambian. De hecho, tras su encuesta a 406 mujeres autodesignadas homo o bisexuales, son menos las mujeres lesbianas que se han identificado como bisexuales en un momento previo de su vida que las mujeres bisexuales que lo han hecho como lesbianas, lo que niega el estereotipo de salida del armario lineal hetero-bi-homo.
Bisexuality and the Challenge to Lesbian Politics, de Paula C. Rust, 1993
BIsivilidad
Homosexuality was invented by a straight world dealing with its own bisexuality.Kate Millet, Flying
Hace sólo tres años que el Día de la Visibilidad Bisexual se celebra en España, aunque se instituyera en 1999, separado del Día del Orgullo para destacar la discriminación que sufre tanto del colectivo heterosexual como del homosexual. El día elegido, 23 de septiembre, es el mismo en que murió Sigmund Freud quien, en sus Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, afirmara que todo individuo parte de la bisexualidad (pese a que defendiera unas connotaciones moralmente negativas de su no represión).
La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) celebra la jornada en diferentes ciudades del país. En Madrid, a las 19.00 horas, Arcópoli extenderá una bandera bisexual en la Puerta del Sol de Madrid, y se leerá un manifiesto. Asimismo, Arcópoli y COGAM han organizado los Primeros Encuentros sobre Bisexualidad 'Creando Precedente', que se celebarán en Getafe (Madrid) los días 24, 25 y 26 de septiembre.
No voy a entrar en la visión historicista, biologicista o psicoanalítica de la bisexualidad porque, sinceramente, me da bastante pereza. ¿Desde cuándo hay que justificar nuestros actos/pensamientos/opciones/orientaciones en el comportamiento de los animales o en lo que hizo/hiciera nosequién en el siglo nosecuántos? Nadie tiene derecho a pedir eso. Aunque exista respuesta (historicista, biologicista y psicoanalítica).
Las siglas LGTB incluyen identidades (tanto individuales como colectivas) muy diferentes. La bisexualidad, oprimida por las presiones monosexuales, es discriminada tanto por homos como por heteros, además de verse invisibilizada por la imposibilidad de ser reconocida en relación a la pareja del individuo (salvo que mantenga una relación poliamorosa con personas de diferente sexo). De igual forma que la identidad gay y la lesbiana (no digamos la transexual) no tienen la misma historia ni los mismos mitos, la identidad bisexual también cuenta con una genealogía separada de la LGT.
A finales de los años setenta se publicaron tres de las más importantes obras en torno a la bisexualidad: el ensayo Bisexuality: What's It All About (Margaret Mead, 1975), The Bisexual Option (Fred Klein, 1976) y Bisexuality: A Study (Charlotte Wolff, 1979), rompiendo el silencio que había reinado desde que en el informe Kinsey se afirmara que el 37% de los hombres estadounidenses habían tenido algún contacto homosexual. Sin embargo, las voces y plumas volvieron a callar hasta que los años noventa trajeron de vuelta la bisexualidad a los estudios teóricos (aunque los ochenta fueron la cuna del activismo): Loraine Hutchins y Lani Ka'ahumanu, 1991; Elizabeth Däumer, 1992; Maria Pramaggiore y Donald Eugene Hall, 1996; Marjorie Garber, 1996...
Aunque se siga usando y abusando del mismo argumento de que los y las bisexuales no son más que homosexuales reprimidos o que su identidad es todavía inmadura y que, tarde o temprano, "caerán de un lado o del otro", me gustaría remitirme a un estudio de Paula C. Rust que, en 1993, huía de los modelos de desarrollo en relación a la construcción de la identidad y construía uno nuevo en el que no existe una "meta" (hetero u homo), sino que hay idas y vueltas continuamente, ya que la identidad no es más que un constructo social que cambia cuando las definiciones y la misma sociedad cambian. De hecho, tras su encuesta a 406 mujeres autodesignadas homo o bisexuales, son menos las mujeres lesbianas que se han identificado como bisexuales en un momento previo de su vida que las mujeres bisexuales que lo han hecho como lesbianas, lo que niega el estereotipo de salida del armario lineal hetero-bi-homo.
Lecturas interesantes:
Bisexuality: A Critical Reader, de Merl Storr (ed.), 1993Bisexuality and the Challenge to Lesbian Politics, de Paula C. Rust, 1993
armario,
familia,
Personal,
visibilidad
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De armarios y abuelos (I)
Salgo con mi abuela en la primera foto que me hicieron en mi vida. Una vez al año, saca una caja llena de cartas y dibujos que yo le hacía de pequeña. Me siento y escucho, esperando que acabe pronto y que pueda volver a mis libros. Entre frase y frase, me pregunta por mi vida. ¿Así que todavía no tienes novio? Nunca me cuentas nada. Me sé todo de tus hermanos y de tus primos, pero tú nunca me quieres decir nada.
Hace seis años que me callo cuando empieza con ese discurso. Mis padres me tienen muy bien aleccionada. Es mayor, es muy conservadora, debo callarme cuando haga comentarios homófobos, la veo poco, no vive en mi ciudad, no me cuesta nada...
Estas Navidades le voy a decir que soy lesbiana. Lo siento, mamá. Y será la primera vez que salga del armario como si estuviera confesando un secreto terrible.
Creo en la visibilidad. Creo que si ningún homosexual ocultara su orientación/opción sexual hacia ninguna persona de su entorno, la homofobia se reduciría de forma exponencial. Creo que nadie tiene derecho a exigirme que me ponga la careta de heterosexual. Creo que nadie tiene derecho a robarme mi relación con mi abuela. Creo que, si yo estoy siendo egoísta al dañarla, porque la dañaré, únicamente para no sentirme sucia cada vez que me callo, ella y vosotros lo estáis siendo más al pedirme lo que no tenéis derecho a pedirme.
Dejará de darme vergüenza de mí misma cada vez que tengo que presentarles a N. como mi amiga. Y cuando mis abuelos se vuelvan a cruzar con una pareja de chicos o de chicas de la mano, no pondrán mala cara ni harán ningún comentario ni les harán sentirse mal. Sólo agacharán la cabeza y se compadecerán por su desgracia familiar. Lo siento por mi falta de empatía. La decisión está tomada.
Hace seis años que me callo cuando empieza con ese discurso. Mis padres me tienen muy bien aleccionada. Es mayor, es muy conservadora, debo callarme cuando haga comentarios homófobos, la veo poco, no vive en mi ciudad, no me cuesta nada...
Estas Navidades le voy a decir que soy lesbiana. Lo siento, mamá. Y será la primera vez que salga del armario como si estuviera confesando un secreto terrible.
Creo en la visibilidad. Creo que si ningún homosexual ocultara su orientación/opción sexual hacia ninguna persona de su entorno, la homofobia se reduciría de forma exponencial. Creo que nadie tiene derecho a exigirme que me ponga la careta de heterosexual. Creo que nadie tiene derecho a robarme mi relación con mi abuela. Creo que, si yo estoy siendo egoísta al dañarla, porque la dañaré, únicamente para no sentirme sucia cada vez que me callo, ella y vosotros lo estáis siendo más al pedirme lo que no tenéis derecho a pedirme.
Dejará de darme vergüenza de mí misma cada vez que tengo que presentarles a N. como mi amiga. Y cuando mis abuelos se vuelvan a cruzar con una pareja de chicos o de chicas de la mano, no pondrán mala cara ni harán ningún comentario ni les harán sentirse mal. Sólo agacharán la cabeza y se compadecerán por su desgracia familiar. Lo siento por mi falta de empatía. La decisión está tomada.
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