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De masculinidad(es)

 

There is no such thing as single-issue struggles because we don't live single-issue lives.
Audre Lorde

Hace un mes (el 6 de octubre), El País Semanal publicó un número especial de moda (que no la revista SModa, sino un especial diferenciado, publicidad disfrazada de contenido, claro) sobre masculinidades femeninas (el titular era "Estilo libre: Las tendencias de otoño para mujer se apoderan de códigos masculinos").

No me gusta mucho emplear el término masculinidad femenina, pero no se me ocurre uno mejor. Es el empleado, además, en la traducción de Javier Sáez del clásico de J. Jack Halberstam de 1998: Female Masculinity. Cuando decimos masculinidad(es) femenina(s) me refiero a la(s) masculinidad(es) que atraviesa(n) los cuerpos asignados como mujeres en el nacimiento, independientemente de su identidad de género, así como la masculinidad que atraviesa los cuerpos de las mujeres trans* y personas queer. Podríamos hablar, entonces, de la masculinidad encarnada por cuerpos e identidades con dudosa legitimidad para ello en la sociedad cis-heteropatriarcal. En el ensayo de Halberstam, éstx parte de que la masculinidad “no debe y no puede ser reducida al cuerpo del hombre y a sus efectos”. Así, estudia la masculinidad en las "biomujeres" (otro término problemático...) no como una imitación de la masculinidad en los hombres, sino como un elemento clave para comprender la construcción de la masculinidad en sí.

En el contexto del estado español, Lucas Platero ha trabajado este tema en diferentes artículos y congresos (si nos quedamos en la parte más académica, claro). En su comunicación en las Jornadas Estatales Feministas de Granada (2009), habla de cómo la masculinidad in-corpor-ada por "biomujeres" ocupa diferentes espacios identiarios: pluma azul/rosa, marimacho, camionera, butches, bois, trans, drag kings. Así, Lucas estudia la percepción de esta masculinidad como impostura (de clase social, de género, de edad, de sexualidad, de competencias), como espacio de fealdad indeseable, como atractiva en ciertas comunidades, como signo de perversión…: “La masculinidad de las mujeres pone en tela de juicio dos importantes normas: la heterosexual y la diferencia sexual y, así, sus guardianes reaccionan para mantener la legitimidad de las mismas”.

Las "masculinidades femeninas" son identidades, flujos y discursos subversivos que se salen del marco hegemónico del sistema sexo/género/deseo, pero en reportajes y números como con los que últimamente nos sorprende El País (en el último dominical, como bien me avisó mi amiga E., había otro reportaje titulado: "Moda masculina para ambos sexos"), vemos los riesgos de absorción de este discurso por parte del sistema capitalita heteropatriarcal. En un congreso sobre masculinidades que se celebra estos días en la Universidad Carlos III, Carmen G. Marín se lamentaba ayer en una mesa sobre culturas de la masculinidad: "después de oírnos a todxs, parece que todo ha sido un fracaso, que llevamos años planteando discursos disidentes pero que todos son reabsorbidos de nuevo por el sistema hegemónico". Como salida se plantea un análisis interseccional: sin él, cualquier disidencia monoaxial del sistema heterocapitalista podrá ser readaptada para el consumo. El número de El País Semanal sobre masculinidades femeninas es un buen ejemplo de ello: disidencia en la expresión de género, pero manteniendo todos los demás privilegios (de clase social, "capacidad", raza, situación legal...; de hecho, el único ejemplo de diversidad de cualquier tipo en todo el número es una modelo negra, Grace Jones, cuyo apartado titulan, sin ningún pudor: "la modelo más exótica"). 

Fuente


Femme-inismo


Igual que me gusta encarnar un drag king, también me divierte travestirme de chica femme. A veces soy Nacho, a veces soy Mónica. Depilación, manicura, pedicura, maquillaje, tacones.

Llevo mucho tiempo queriendo escribir esta entrada y nunca termino de atreverme, porque para escribirla debería empezar por confesar algo, y siempre duele reconocerse parte ejecutiva de la discriminación, ¿no? Redoble de tambores: siempre he tenido prejuicios contra las chicas muy femme, contra los artefactos de la feminidad. Cuando tenía doce años, llegué llorando a casa porque había estado tres horas en un parque con dos amigas y habían pasado dos de las tres horas hablando de maquillaje. En realidad yo no recuerdo esta historia, pero mi madre sí. A fin de cuentas, el maquillaje, la ropa... ¿no son frivolidades sexistas-capitalistas?

Intento aprender de la gente y de la vida antes que de los libros, pero siempre se me dio mal el contacto emocional... Devenir perra, de Itziar Ziga, así como el artículo El baúl de los disfraces, de Ulrika Dahl (en El eje del mal es heterosexual, pdf, p.151), fueron mis primeros acercamientos al femme-inismo (si puede considerarse Devenir Perra como algo parecido...). Ulrika Dahl, de hecho, lo explica estupendamente:

Escribo porque rechazo ser una víctima del patriarcado. Porque mi deseo no me convierte en una chica hetero despistada, una feminista políticamente incorrecta o una falsa bollera.

[...]


Más tarde descubrí que quería volver al Baúl de los Disfraces, que no estaba sola y que había muchísimas mujeres a las que yo les gustaba así. Entonces comencé a ver que la propia idea de que los atributos clásicos femeninos no son sino fuentes de limitación, peligro y opresión, raramente se cuestionaba en los círculos lésbicos mayoritarios.

[...]

Vivimos en un patriarcado. Una sociedad modelada por un orden de poder generizado y heterosexista donde las mujeres y la feminidad están siempre subordinadas a los hombres y a la masculinidad. Donde la feminidad es sinónimo de víctima, de estar oprimida, limitada, de ser vulnerable. De no ser tomada en serio. La conexión entre género y sexualidad no es sólo una teoría, es una realidad. Los hombres gays afeminados y las bollos butch son la doble amenaza a nuestras concepciones de qué constituye un hombre y una mujer. Son nuestros más obvios guerreros de género. Pero sigo creyendo que las femme luchamos una batalla diferente. La batalla contra la subordinación de la feminidad de las mujeres y su conexión con la sexualidad.

[...]

En mi opinión el travestismo femme es un disfraz explícitamente femenino. Uno que no puedes conseguir en el departamento de señoras de unos grandes almacenes. Es un proyecto artístico. Algunas personas lo pueden encontrar algo extravagante, algo definitivamente no feminista, o incluso políticamente incorrecto. Y respeto esos argumentos.

[...]

Cuando me pongo mi wonderbra no es para satisfacer a ningún hombre, no es porque no me puedo resistir a la propaganda de las revistas de las mujeres hetero sobre cómo debe ser una mujer. No es una cuestión de cuánto dinero gastas en ser femme. Es sobre cuál es el significado de la feminidad. Se trata de transformar algo negativo en algo positivo. De cambiar el significado de un término. Lavar la marca de víctima, aliviarla con un tónico facial y pintar sobre ella un nuevo personaje espectacular.

Me recuerdo hablando con N. en Santander, en nuestro primer viaje, sobre la importancia de la moda. Yo no la comprendía y le confesaba mi más absoluto desinterés por la ropa o ir de compras. Le costó hacerme comprender que eso también era una decisión en relación con la moda. El estilo femme también es una expresión de género y mis amigas femme y con más interés en la moda y otros artefactos de la feminidad son también feministas y conscientes de que ellas han escogido una expresión de género determinada que no es relacional con el patriarcado sino con su propia identidad. Qué difícil es a veces comprender las cosas más simples. Y qué difícil es siempre permitir que las mujeres y lxs otrxs vistan como les dé la real gana.


La imagen la encontré en tumblr.