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felicidad(es)


Nunca habíamos pensado la felicidad y de repente tenemos que responder a una pregunta que nos enfrenta directamente con ella. Algunxs somateques hemos estado trabajando en la propuesta que nos hizo el colectivo Subtramas de participar con diferentes acciones en la exposición Un saber realmente útil. En la Web viene el listado de acciones públicas, en el que han trabajado un montón de grupos. El viernes 16 y el 23 de enero hicimos ya algunas cositas, y el viernes 6 de febrero es la última participación. La propuesta de Subtramas vino en forma de pregunta: "¿Cómo activamos la imaginación para crear una felicidad distinta a la que organiza el capitalismo?". A partir de ahí hemos desarrollado un taller de felicidad DIY no capitalista, que se desarrollará en el espacio de la exposición el viernes a las 7 de la tarde (¡a esa hora la entrada al museo ya es gratuita!). (Si te quieres pasar, envía un email a programasculturales2@museoreinasofia.es).

Esta reflexión sobre la felicidad me ha ha hecho pensar en mi relación con ese concepto. Por un lado, tengo la sensación de que nunca lo había pensado y, por el otro, no he hecho otra cosa a lo largo de la vida. Supongo que relaciono inmediatamente la palabra "felicidad" con su acepción más cercana al sistema cisheterocapitalista, una ficción de consumo siempre en el punto de mira y nunca alcanzada, regida por la productividad y por la norma (norma-lidad, norma-tividad), que parte de la producción de fronteras rígidas entre lo legítimo y lo ilegítimo, entre lo posible y lo no posible, que se basa en un estado permanente, fijo, inmutable; y que no coexiste con la vulnerabilidad sino con su supresión. Es una pena la cantidad de palabras que el sistema cisheterocapitalista patriarcal y capacitista nos roba: nos roba "vida" en el movimiento antiabortista ("¿pero de qué vida hablas cuando hablas de la vida?"), nos roba "felicidad", nos roba "familia", nos roba "libertad".

Sin embargo, sí he vivido y pensado otras felicidades. Hace un año (¡un año!) escribía una entrada a partir del manifiesto de Pedro Lemebel (aquí artículo precioso escrito por Preciado a raíz de su muerte) sobre ese lema: "nuestra venganza es ser felices", aunque al final huía otra vez de esa expresión y escribía: "nuestra venganza es vivir y seguir sobreviviendo". Supongo que mi/nuestra reflexión sobre la felicidad se acerca más a lo que serían las vidas vivibles de Judith Butler y la lucha por las condiciones para que esto sea posible.

Sara Ahmed (una tipa muy guay que escribe sobre feminismos, teoría queer y decolonialismos) escribe sobre la felicidad y la infelicidad en la literatura lesbiana, y concluye que la felicidad queer radica en la posibilidad de la infelicidad, y que la felicidad capitalista se basa en la exclusión de esa posibilidad. Más adelante también publica una monografía sobre el tema: The Promise of Happiness. ¿Quita peso saber que puedes no ser/estar feliz? ¿Qué supone la "felicidad obligatoria" en un sistema que te niega las condiciones para construir vidas vivibles?

Hablábamos el otro día de la imposibilidad de vivir fuera del sistema y de la necesidad de negociar perennemente con él para sobrevivir; hablábamos también de que el sistema es inherentemente fallido y que contiene grietas en sí mismo; hablábamos de la posibilidad de habitar las grietas para evitar su reabsorción, para agrandarlas y conservarlas, para hacer agujeritos que nos permitan mirar fuera e imaginar otras formas de vida posibles y las palabras para nombrarlas y construirlas. ¿Cómo son las grietas de la felicidad obligatoria del capitalismo? ¿Cómo habitar en ellas? ¿Cómo ser felices, cómo estamos ya siéndolo, en ellas?


¡Tullida!

Reapropiación de términos: Puta, Marica, Sordx. Fuente


Hasta este año no había escuchado el término crip y ahora lo encuentro en todas partes. El movimiento o la teoría crip serían a la diversidad funcional y neurológica lo que queer a la diversidad sexo/género/deseo. Siendo realmente simplones y monoaxiales, la verdad.

Crip viene de cripple (su equivalente en español vendría a ser tullidx o lisiadx), y la teoría y el movimiento crip surge como crítica dentro de los estudios de la diversidad funcional [disability studies], con un marco mucho más interseccional.

En Crip Theory: Cultural Signs of Queerness and Disability, Robert McRuer se acerca tanto a los movimientos de la diversidad funcional como a los queer en una aproximación transversal y crítica con la condición neoliberal y sus consecuencias capacitistas y productoras de un determinado cuerpo construido como normalizado y/o normalizable. Su análisis sobre el caso Sharon Kowalski, su crítica de la universidad y el academicismo capacitista así como su búsqueda de una alternativa crip-queer en la escritura (que personalmente no creo que termine de funcionar en su libro si lo entendemos como ejemplo tácito), han hecho que mi ejemplar tenga más subrayados que fragmentos sin marcar.

Este fragmento de The Examined Life (Astra Taylor, 2008) acompaña a Judith Butler y a Sunaura Taylor (activista del movimiento de diversidad funcional) por las calles de San Francisco. Son catorce minutos pero merecen la pena. [Aquí se puede ver con mejor calidad pero sin subtítulos]


También es genial, poniendo en relación todo esto con la danza, el trabajo de The Cost of Living, de DV8 Physical Theatre.


En el estado español tiene mucha importancia el movimiento de vida independiente, con el Foro. Hay un libro muy interesante publicado por Traficantes (¡aquí está el PDF!) y editado por el Foro de Vida Independiente y por la Agencia Precaria: Cojos, precarias... haciendo vidas que importan: Cuaderno sobre una alianza imprescindible. Está lleno de preguntas y da pocas respuestas, pero no vuelves a ver la (in)(ter)dependencia y la autonomía de la misma forma.

Cuando se habla de diversidad funcional  y neurológica, el imaginario suele llevarnos a arquetipos de movilidad reducida, aunque la diversidad funcional (física, neurológica, cognitiva, psicológica) es amplísima y no siempre es visible. En el movimiento por la diversidad funcional en Estados Unidos y Canadá hay mucho trabajo en la diversidad cognitiva relacionada con el autismo (en Tumblr hay mucho activismo cibernético de autistas y aliadxs). Hay un activismo parecido con la diversidad psicológica-psiquiátrica, el mad pride (orgullo loco), que se inició en Canadá pero que ha tenido segumiento en Estados Unidos y en Reino Unido. Se reapropia de términos como mad, nutter o psycho. El movimiento más importante en relación al mentalismo (capacitismo relacionado con la diversidad psicológica-psiquátrica) es de los supervivientes de la psiquatría y la antipsiquatría. No todos los activismos de la diversidad psicológica-cognitiva son antipsiquiátricos, pero sí todos luchan en pro de una mejor psiquiatría y de más autonomía y capacidad de decisión en los tratamientos.

En relación con la diversidad funcional (en toda su amplitud), hablábamos un día de cómo se generan discursos positivos sólo en tanto en cuanto se narren historias de superación de carácter cuasi-épico, anulando el "derecho a ser mediocre" si se quiere ser valoradx de alguna forma (véase cualquier video sobre deportistas paralímpicxs, por ejemplo).  Hay un blog con muy poquitas entradas pero con tiras muy interesantes. Una de ellas habla precisamente sobre esto:

Supercrip (Plural: Su-per-crips). En EEUU: Persona muy activa con discapacidad física : una persona que está muy en forma y es muy activa y se involucra en arduos deportes (informal) - a veces ofensivo.

"¡Conquistaré mi discapacidad!"

Completar actividades reservadas para La Gente Normal.

El supercrip deviene normal de forma heroica.

"Soy valiente. Soy un súper-humano"

PERO no tengo nada que superar. No soy el arquetipo supercrip. Todo es propaganda. Políticas de Lo Normal.


Nosotrans decidimos



Se me había olvidado lo divertidas que son las manifestaciones en las que no caminas con miedo a que te dispare la policía con pelotas de goma.

Los objetivos de la campaña por la despatologización trans son la retirada de la categoría de "disforia de género" y "trastornos de la identidad de género"

[no somos disfóricas, estamos eufóricas]

de los catálogos diagnósticos DSM (de la Asociación Psiquiátrica Americana) y del CIE (de la OMS) en sus próximas ediciones, previstas para el 2013 y el 2015.

[vamos a quemar ¡vamos a quemar! vamos a quemar ¡la consulta del hospital! vamos a quemar la consulta por violenta y patriarcal]

Dentro del colectivo trans existen dudas al respecto, pues hay quienes consideran que despatologizado sería más complejo luchar por la cobertura sanitaria pública, pero [creo que] una patologización estratégica sólo puede conllevar estigma y problemas a largo plazo muy difícilmente superables. ¿Acaso la patologización ha servido hasta ahora? ¿Acaso todo lo cubierto por la sanidad pública está diagnosticado como patología, véase el embarazo?

El colectivo trans incluye infinitas identidades y expresiones de género: FtM u hombres transexuales (diagnosticados como mujeres en su nacimiento con identidad de género masculina), MtF o mujeres transexuales (diagnosticadas como hombres en su nacimiento con identidad de género femenina), travestis o cross-dressers (expresión de género diferente a su identidad de género), gender-queer (que se mueven entre los géneros, que se identifican con dos o más géneros -bigénero, pángenero-, que no se identifican con ninguno -agénero-, intergénero), intersexuales, andróginxs... Y todo ello es independiente del deseo/necesidad o no deseo/necesidad de intervenciones hormonales o quirúrgicas.Y todo ello cambia también según el entorno geográfico o activista en el que te muevas (travesti significa en muchos países latinos lo que transexual en los colectivos del estado español).

 [¿cuál es mi género? ¡el que me da la gana!]

¿Con toda esta diversidad tiene sentido hablar de dos géneros o dos sexos? Sigamos a Beto Preciado en Testo Yonqui: "No hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. No hay verdad del género, de lo masculino y de lo femenino, fuera de un conjunto de ficciones culturales normativas".

Después de escuchar tantas discusiones (más o menos respetuosas) entre diferentes integrantes del colectivo trans, era genial caminar junto a muchxs de ellxs cantando los mismos lemas.

[mi cuerpo, mi vida, mi forma de follar, no se arrodillan ante el sistema patriarcal]

"Una tensión que surge entre la teoría queer y los movimientos intersex y transexual se centra en la cuestión de la reasignación del sexo y de las ventajas que conllevan las categorías de género", dice Judith Butler. Quién no se ha enfrentado a su transfobia en algunos momentos de su "transgenerización". Pero volvamos a la teoría del reconocimiento de Butler; qué más da que no entiendas el género de la misma forma que tu compañerx de lucha, lo importante es hacer la vida vivible para todxs:

[...] la tarea de todos estos movimientos consiste en distinguir entre las normas y convenciones que permiten a la gente respirar, desear, amar y vivir, y aquellas normas y convenciones que restringen o coartan las condiciones de vida. A veces las normas funcionan de ambas cosas a la vez, y en ocasiones funcionan de una manera para un grupo determinado y de otra para otro. Lo más importante es cesar de legislar para todas estas vidas lo que es habitable sólo para algunos y, de torma similar, abstenerse de proscribir para todas las vidas lo que es invivible para algunos. Las diferencias en la posición y el deseo marcan los límites de la universabilidad como un relfejo ético. La crítica de las normas de género debe situarse en el contexto de las vidas tal como se viven y debe guiarse por la cuestión de qué maximiza las posibilidades de una vida habitable, qué minimiza la posibilidad de una vida insoportable o, incluso, de la muerte social o literal.
Judith Butler (Deshacer el género, pp. 20-23)


De reconocimiento e intolerancia


Ayer estuve releyendo a Judith Butler para la tesis. Repasaba y repasaba los subrayados que llenaban casi todos los libros y los asteriscos, exclamaciones, ojos dibujados, esquinas dobladas, para llamar la atención sobre los simples subrayados que ya parecían menos importantes. Un mapa secreto de cómo bullía mi cerebro. Supongo que decir que Género en disputa y Deshacer el género me cambiaron la vida es un cliché. Ya podía haber elegido obras más originales.

Lo releía antes de las seis y media, cuando saldría de casa para dirigirme hacia Neptuno. Cuando leí a Butler por primera vez me encontré con una política de la inclusividad fascinante. Encontré todo lo que era y todo aquello en lo que me quería convertir: la capacidad de reconocimiento del Otro, la capacidad de reconocimiento de los Otros aunque la existencia de algunos Otros desestabilizase mi propia existencia y la existencia de otros Otros. Me gustaba que el hecho de que el temblor que suponía esa desestabilización fuese algo que no debíamos eliminar. Nunca he llegado a leer a Spinoza ni a Hegel aunque ayer volví a sentir las ganas.

Me creí a Butler y supongo que de alguna manera me lo sigo creyendo. La posibilidad de una política del reconocimiento y de la inteligibilidad de todxs, permitir la vida tal y como unx necesita que sea para poder llamarla vida. Desde que soy pequeña, en mi casa me han dicho que soy muy intolerante. Antes me daba rabia, porque lo entendía un insulto y yo no quería ser intolerante, con tanto perroflautismo y hippismo que me traía encima. No sabía explicar que hay cosas que no se pueden tolerar.

Nos están matando de recortes y parece que hay que explicarlo. No quiero luchar contigo, todxs juntxs y unidxs por un país mejor. Tú no eres como yo. Tú no vas en mi barco porque tú me estás matando a mí. La política no es un juego y escoger a un partido o a otro tiene consecuencias. Tu voto nos está disparando bolas de goma y de plomo. Y no puedo ni quiero luchar contigo para nada. ¿Eso quiere decir que no te reconozco como Otro? A lo mejor Butler es demasiado buenista y yo sólo quiero lanzar piedras. Pero me da un ataque de pánico tras la primera carga y no valgo para la guerra. ¿Cómo explico esto ahora? ¿Qué hago con toda la rabia?

La imagen es de Indisorder.


Matrimonios humanos

Hace tres años, en el curso de verano de la Universidad Autónoma de Madrid Unas sexualidades otras: repensar la diversidad sexual, una ponente hizo una declaración en relación a las protestas de algunos colectivos e individuos respecto a la legalización del matrimonio igualitario (cito de memoria, sin saber quién fue la responsable de estas palabras; ni siquiera puedo poner la mano en el fuego por que fue en estas jornadas, aunque esté casi segura de ello): "Dicen que no se puede aceptar el matrimonio gay, que tienen miedo, que después qué, que si legalizamos el matrimonio gay luego pedirán que legalicemos los tríos, que a saber... y se supone que nosotrxs debemos contestar que no, que sólo queremos el matrimonio gay. Pues claro que no. Yo les contesto. Pues claro que no. Y qué".

Hoy se celebra el sexuagésimo segundo aniversario de la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Desde entonces, el único término que parece más o menos claro (y eso es mucho decir) es el de declaración. Nadie ha logrado traducir, sin embargo, lo que significa universal, lo que significa un derecho, ni lo que significa ser humano.

Hablando de asuntos más banales, hoy me acuerdo de Brad Pitt. En su día, comentó que no se casaba con Angelina Jolie porque, mientras las personas homosexuales no pudieran acceder libremente al matrimonio en su país, ellxs tampoco querían gozar de ese derecho. Como a mí estas cosas me influyen, independientemente de sus verdaderos motivos y de si finalmente se hayan casado o no, que ni lo sé ni me importa, pues lxs chavalxs me cayeron mejor desde entonces.

Cuando se narra la historia (porque La Historia, en singular y mayúsculas, siempre acaba siendo poco más, o poco menos, que una narración) del sufragismo norteamericano, se suele aludir a la colaboración de mujeres y negrxs y se habla de cómo, cuando los negros obtuvieron el derecho al voto, abandonaron a las mujeres, blancas, negras o mestizas, a su suerte: ellos ya tenían lo que querían y no iban a arriesgarse por... en fin... por las mujeres. Cuando se narra de esta forma la historia sufragista, lxs oyentes suelen escandalizarse ante lo que parece una injusticia escandalosa.

Parece que la anécdota de Brad Pitt y el acontecer sufragista estadounidense no tienen ninguna relación. Brad Pitt no se juega que su reconocimiento como humano y la inteligibilidad de su relación sea puesta en duda aunque se movilice a favor del matrimonio entre personas homosexuales. Sin embargo, es probable que los hombres negros temieran perder su recién estrenada existencia como humanos y ciudadanos intelegibles si se arriesgaban a rechazar el ejercicio de su derecho al voto hasta que las mujeres también contaran con él. Vencieron la supervivencia y el miedo a la muerte social sobre la solidaridad y a la justicia. Es probable que algunos de ellos tampoco reconocieran a las mujeres. Ser oprimidx por algo no te convierte en aliadx en otra área.

Cuando hablamos de matrimonio homosexual, sentimos muchas veces que es el último paso que queda para la igualdad legal de las minorías sexuales, una forma de reconocimiento, de permiso para la afirmación del individuo y del colectivo. En España ya hay igualdad legal, entonces. No hemos esperado mucho para sentarnos y descansar. Está todo el trabajo terminado. Yo, autodesignada mujer lesbiana con prácticas afectivo-sexuales de carácter monógamo y con intención de formar una familia con mi pareja, soy el negro.

Las relaciones afectivas que pueden o no ser raíz de nuevas modalidades de parentesco (comunidades familiares o comunidades de amigxs, parejas afectivo-sexuales abiertas, relaciones afectivo-sexuales grupales, abiertas o cerradas; personas intersexuales que no quieren vivir sujetas a ninguna categoría sexual; personas transexuales que se consideran en perenne transición...) no son el Otro de la norma heterosexual. El Otro se observa desde la norma. Estas relaciones están fuera. No son reconocidas. No son inteligibles. No son humanas. No tienen derechos. Son todavía peor que las mujeres.

Pero nosotrxs nos casamos y formamos nuestras familias mientras nos sentamos y sentimos que nuestro trabajo ha terminado. Y no nos escandalizamos ante lo que ni tan siquiera nos parece una injusticia escandalosa. Vivan lxs novixs. Y tiremos arroz.

Feliz cumpleaños a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

También es el día de mi santo.

PS. Es posible que este artículo esté (excesivamente) influido por un atracón (literal) de Judith Butler. Demasiadas páginas en poco tiempo.


Intersex/Transex

Aunque a veces el intersex y el transexual paracen ser movimientos reñidos entre sí (el primero se declara opuesto a la cirugía, el segundo acepta la cirugía electiva), es muy importante darse cuenta de que ambos cuestionan el principio del dimorfismo natural que debe ser establecido o mantenido a toda costa. Los activistas intersex trabajan para rectificar la errónea presuposición según la cual cada cuerpo alberga una "verdad" innata sobre su sexo que los profesionales médicos pueden discernir y traer a la luz por sí solos. El movimeinto intersex sostiene que el género debe ser establecido a través de la asignación o la elección, pero siempre sin coerción, premisa que comparte con el activismo transgénero y transexual. Este último se opone a formas no deseadas de asignación de género y, en este sentido, reclama un mayor grado de autonomía, una situación también paralela a las reclamaciones intersex. Sin embargo, a ambos movimientos les resulta complicado establecer el significado preciso de autonomía, ya que escoger el propio cuerpo implica, ineludiblemente, navegar entre normas que son trazadas por adelantado y de forma previa a la elección personal o que son articuladas de forma concertada con la agencia de otras minorías. Efectivamente, los individuos dependen de las instituciones de apoyo social para ejercer la autodeterminación con respecto a qué cuerpo y qué género tienen y mantienen, de manera que la autodeterminación se convierte en un concepto plausible únicamente en el contexto de un mundo social que apoya y posibilida la capacidad de ejercitar la agencia. A la inversa (y como consecuencia) resulta que cambiar las instituciones a través de las cuales se establecen y se mantienen las elecciones humanamente viables es un prerrequisito para el ejercicio de la autodeterminación. En este sentido, la agencia individual está ligada a la crítica social y la transformación social. Sólo se determina el propio sentido del género en la medida en qeu las normas sociales existen para apoyar y posibilitar aquel acto de reclamar el género para uno mismo. De esta forma, para tomar posesión de sí mismo el yo debe ser desposeído de la socialidad.

Una tensión que surge entre la teoría queer y los movimientos intersex y transexual se centra en la cuestión de la reasignación del sexo y de las ventajas que conllevan las categorías de género. Si se entiende que, por definición, la teoría queer se opone a toda reivindicación de la identidad, incluyendo la asignación de un sexo estable, entonces la tensión parece realmente intensa. Pero yo sugeriría que, más importante que cualquier presuposición sobre la plasticidad de la identidad o incluso sobre su estatus retrógado, es la oposición de la teoría queer a la legislación no voluntaria de la identidad. Después de todo, la teoría y el activismo queer adquirieron relevancia política al insistir en que el activismo antihomofóbico puede ser ejercitado por cualquiera, independientemente de su orientación sexual y al afirmar que las señas de identidad no son prerrequisitos para la participación política. Aunque la teoría queer se opone a aquellos que desean regular la identidad y establecer premisas epistemológicas prioritarias para quienes reclaman cierto tipo de identidad, no busca tan sólo expandir la comunidad del antivismo antihomofóbico, sino más bien insisitir en que la sexualidad no se resume fácilmente ni se unifica a través de la categorización. Por lo tanto, no se puede concluir que la teoría queer se opone a la asignación de género o que pone en entredicho los deseos de quienes esperan conseguir dichas asignaciones para los niños intersexuados, por ejemplo, aquellos que pueden necesitarlas para funcionar socialmente incluso si posteriormente en su vida cambian dicha asgnación, sabiendo los riesgos que entraña. La presunción que puede hacerse aquí de forma perfectamente razonable es que los niños no tienen por qué tomar sobre sí la responsabilidad de ser los héroes de un movimiento sin haber aceptado previamente dicho rol. En ese sentido, la categorización tiene su lugar y no puede ser reducida a una forma de esencialismo anatómico.

De forma similar, el deseo transexual de convertirse en hombre o mujer no debe ser descartado como un mero deseo de conformarse a las categorías identitarias establecidas. Como indica Kate Bornstein, se puede desear la transformación misma, se puede dar una búsqueda de la identidad como un ejercicio de transformación, como un ejemplo del deseo como actividad transformadora. Aunque en todos estos casos se den deseos de una identidad estable, es crucial darse cuenta de que una vida habitable requiere varios grados de estabilidad. De la misma manera que una vida para la cual no existen categorías de reconocimiento no es una vida habitable, tampoco es una opción aceptable una vida para la cual dichas categorías constituyen una restricción no llevadera.

A mi entender, la tarea de todos estos movimientos consiste en distinguir entre las normas y convenciones que permiten a la gente respirar, desear, amar y vivir, y aquellas normas y convenciones que restringen o coartan las condiciones de vida. A veces las normas funcionan de ambas cosas a la vez, y en ocasiones funcionan de una manera para un grupo determinado y de otra para otro. Lo más importante es cesar de legislar para todas estas vidas lo que es habitable sólo para algunos y, de torma similar, abstenerse de proscribir para todas las vidas lo que es invivible para algunos. Las diferencias en la posición y el deseo marcan los límites de la universabilidad como un relfejo ético. La crítica de las normas de género debe situarse en el contexto de las vidas tal como se viven y debe guiarse por la cuestión de qué maximiza las posibilidades de una vida habitable, qué minimiza la posibilidad de una vida insoportable o, incluso, de la muerte social o literal.

Judith Butler (Deshacer el género, pp. 20-23)


Filosofar a golpe de dildo


El cuerpo es un texto socialmente construido.
Beatriz Preciado

He de reconocer que es la tercera vez que empiezo a leer Manifiesto contra-sexual y sólo la primera que lo termino. Hace poco que lo acabo y ya lo echo de menos. Me hice con un lapicero para subrayar lo que más me impresionara, lo que más deseara recordar, y me sorprendo con pocos párrafos limpios de grafito.

Beatriz Preciado te enseña en pocas páginas que la invención del dildo (a veces llamado consolador o vibrador en castellano) termina con el pene como origen de la diferencia sexual. Beatriz Preciado te abre el ano y te folla la cabeza con sus análisis de Butler, Derrida, Foucault o Deleuze.

El dildo dice: el pene es un sexo de mentira. El dildo muestra que el significante que genera la diferencia sexual está atrapado en su propio juego. La lógica que lo ha instituido es la misma lógica que lo va a traicionar. Y todo ello, bajo pretexto de una imitación, de la compensación de una discapacidad, de un mero suplemento prostético.
BP

Beatriz Preciado te cuenta la muerte de Venus Xtravanza que Judith Butler olvidó relatar. Beatriz Preciado logra darle la vuelta al dilema de la ceguera, del tacto y de la vista, que ya ocupó a Locke, a Diderot, a Voltaire, para llegar desde ahí a la mano moderna masturbadora. Preciado trata de demostrar que no sólo el género es un constructo, sino que el sexo presuntamante biológico y natural también lo es. Tecnología de la sexualidad. Tecnología del sexo. Tecnología de los cuerpos.

En esta entrevista al programa Redes, de La 2, Beatriz Preciado hace un resumen de esa idea, aunque omita toda referencia al dildo como instrumento metodológico.




Es una pena que unx de lxs filósofxs españolxs más importantes sea tan poco valoradx en tantos ámbitos de su propio país de origen.

Una joya de libro, una joya de manifiesto. Qué ganas de hacerme con Testo Yonqui.


الجنس

A veces creo que conozco un tema hasta que tengo que hablar o escribir sobre él. Parece sencillo encontrar materias relacionadas con "sexo en el mundo árabe", pero ser una maniática del lenguaje me hace dudar por principio de qué es ese “sexo” del que estoy hablando.

El sistema sexo/género tiene su origen en The Traffic of Women: Notes on the 'Political Economy' of Sex (pdf, trad. Stella Mastrangelo), un ensayo de Gayle Rubin. El discurso que se deriva de este texto parte de cierta complementariedad del género respecto al sexo. Por otro lado, el desarrollo teórico de la obra de Joan Scott define (pdf) el género como una categoría analítica. Este uso está relacionado con los trabajos de autoras como Judith Butler o Teresa de Lauretis. Estos dos usos se ven combatidos por quienes abogan, finalmente, por eliminar la categoría de género acusándola de haber perdido su utlidad práctica y teórica.

Mi opinión no viene al caso, pero es inevitable que influya en mi trabajo: creo en la debilidad, por no decir inexistencia, de las fronteras intersexuales; pero también creo en la utilidad de instrumentalizar esas ficticias diferencias para la construcción de identidades políticas. Partiendo de aquí, me pregunto sobre la posibilidad de universalizar este discurso y sobre la teorización que del sistema sexo/género se ha hecho en el mundo árabe.

As'ad AbuKhalil ha escrito (pdf) precisamente sobre la conteptualización de estos términos (el título de su artículo hace referencia al mundo árabe, pero el texto se centra en la religión musulmana). AbuKhalil (libanés-estadounidense, ateo y anarquista, muy crítico con el Islam en relación con las mujers) cree que el Corán no diferencia la "feminidad" y la "masculinidad" desde una perspectiva esencialista. Suad Joseph (Líbano-EEUU) destaca (pdf) que el sistema sexo/género en el mundo árabe está determinado por "las instituciones patriarcales que dominan en el orden social" (es decir, como en prácticamente el resto del planeta). La construcción de la subjetividad árabe masculina y femenina que traza la profesora Joseph es, en líneas generales, muy similar a la descrita en discursos universalizadores.

Sería muy interesante comentar los usos lingüísticos de los términos sexo y género en árabe, además de comentar las posibles consecuencias de la marca de género gramatical (como en español) en las estructuras mentales del individuo (como defendería la hipótesis Sapir-Worph). De esto último existen diferentes estudios, pero mi desconocimiento de la lengua árabe me imposibilita profundizar en el tema.

A lo largo del IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico, organizado por la Junta Islámica Catalana y celebrado en Madrid este fin de semana (ahora soy yo la que peca de confundir "Islam" y "Mundo árabe") ha salido a relucir en muchas ocasiones los significados de las palabras "sexo" y "género". Es más que probable que el uso indistinto del castellano, el inglés y el árabe y la traducción simultánea contribuyan a la confusión; sin embargo, intentaré extraer alguna conclusión.

La mezcolanza de diferentes visiones sobre el discurso y las prácticas feministas se hizo patente en todas y cada una de las ponencias e intervenciones del público. Sin embargo, algo parecía evidente: la diferencia biológica e insalvable entre los sexos. A partir de ahí, se discutía la necesidad de la igualdad, la equidad o la complementareidad. Por debajo de este relato, de todas formas, había muchos momentos en los que se traslucía cierta resignación en la aceptación de esta premisa con el objetivo de posibilitar el debate.

La noción de sexo y género también se trasluce en los debates sobre la transexualidad y la reasignación de género, permitida en Egipto, Jordania, Líbano y Siria, y también practicada en Arabia Saudí.

¿Qué conclusión extraigo de esto? El debate sobre las raíces, definiciones e implicaciones del sistema sexo/género no están cerradas en ningún lugar o cultura: ni en el mundo anglosajón, ni en el latino, ni en el europeo continental, ni en el árabe, ni en el asiático... Asimismo, son inevitables los viajes conceptuales en un sentido y en el otro, y tratar las realidades culturales y geográficas como contextos académicos aislados no tendría ningún sentido en el mundo contemporáneo. El sistema sexo/género está pensado y (creo que) funciona a nivel universal, aunque su teorización varíe (entre culturas, religiones, corrientes de pensamiento, individuos...).

Lo sé: no es una conclusión cerrada o reveladora, sino igual de abierta que la introducción de esta entrada, pero no puedo pretender aportar una solución a un problema que lleva décadas siendo discutido y del que (todavía) no conozco todo lo que querría conocer.