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El sábado tuve la suerte de poder pasar la tarde con Rauda Morcos, la fundadora de Aswat, primer grupo de activismo queer y lesbiano de Palestina, formado hace ya diez años. Desde hace casi seis, Rauda ya no es la coordinadora, pero sigue siendo la única cara visible.
Al-Qaws, dirigido por Haneen Maikey, es otro grupo palestino LGTB+ e integra a hombres y mujeres, mientras que Aswat se identifica políticamente como grupo de mujeres lesbianas aunque también tenga personas trans, intersex, queer...
Hablamos sobre el Orgullo Mundial que se celebró en 2006 en Jerusalén, cuyo lema fue Amor sin fronteras. Rauda y Aswat formaron parte del bloque crítico que trató de boicotearlo con la campaña There's No Pride In Occupation (no hay orgullo en la ocupación). Así, volvimos a hablar sobre pinkwashing, el lavado de imagen que lleva a cabo el Estado de Israel utilizando para ello al colectivo LGTB+. Al final, la persona LGTB+ palestina que vive en los territorios ocupados se ve obligada a elegir entre su identidad palestina y su identidad LGTB+ si quiere ser reconocida por muchxs israelíes.
Le pregunté por la visibilidad como estrategia contra la heteronormatividad en Palestina/Israel y sobre cómo muchos activistas poscoloniales y árabes la tachaban de herramienta imperialista, aludiendo a la retórica del puesto de control, en lugar de la de armario, como defiende Jason Richtie. Rauda concuerda totalmente con la lectura que Joseph Massad hace de las imposiciones neocoloniales del movimiento LGTB occidental. Sin embargo, también pareció estar un poco harta de teorías y teóricxs: "Aswat no es un grupo de académicas, y yo no voy a conseguir nada escribiendo libros mientras observo desde fuera. Quiero estar pegada a la tierra, quiero contribuir a un cambio real desde dentro".
Entre otras mil millones de cosas de las que hablamos, Morcos compartió la exasperación de que la lucha palestina contra el patriarcado dentro y fuera de su comunidad se vea ralentizada por el tiempo perdido continuamente resolviendo malentendidos sobre lo que significa ser palestinx, el tiempo perdido visibilizando y combatiendo el racismo y la islamofobia en los colectivos LGTB+ (y no LGTB+) occidentales.
Podría seguir escribiendo sobre cómo la sacaron del armario, sobre cómo se formó Aswat, sobre cómo se identifica más con minorías LGTB+ como la chicana o la nativa americana que con las minorías LGTB+ de otros países árabes, sobre cómo utiliza el gaydar o sobre cómo salió del armario con su abuela. Pero no habría unos y ceros para todo ello.
Imagen.- Son dos miembros del Ejército israelí. En el orgullo de 2012, el propio ejército subió esta foto con el siguiente texto: "Es el mes del orgullo. ¿Sabías que las fuerzas de la defensa israelí tratan igual a todos sus soldados?". Un gran ejemplo de pinkwashing, ¿no?
Hay una Palestina queer
El sábado tuve la suerte de poder pasar la tarde con Rauda Morcos, la fundadora de Aswat, primer grupo de activismo queer y lesbiano de Palestina, formado hace ya diez años. Desde hace casi seis, Rauda ya no es la coordinadora, pero sigue siendo la única cara visible.
Al-Qaws, dirigido por Haneen Maikey, es otro grupo palestino LGTB+ e integra a hombres y mujeres, mientras que Aswat se identifica políticamente como grupo de mujeres lesbianas aunque también tenga personas trans, intersex, queer...
Hablamos sobre el Orgullo Mundial que se celebró en 2006 en Jerusalén, cuyo lema fue Amor sin fronteras. Rauda y Aswat formaron parte del bloque crítico que trató de boicotearlo con la campaña There's No Pride In Occupation (no hay orgullo en la ocupación). Así, volvimos a hablar sobre pinkwashing, el lavado de imagen que lleva a cabo el Estado de Israel utilizando para ello al colectivo LGTB+. Al final, la persona LGTB+ palestina que vive en los territorios ocupados se ve obligada a elegir entre su identidad palestina y su identidad LGTB+ si quiere ser reconocida por muchxs israelíes.
Le pregunté por la visibilidad como estrategia contra la heteronormatividad en Palestina/Israel y sobre cómo muchos activistas poscoloniales y árabes la tachaban de herramienta imperialista, aludiendo a la retórica del puesto de control, en lugar de la de armario, como defiende Jason Richtie. Rauda concuerda totalmente con la lectura que Joseph Massad hace de las imposiciones neocoloniales del movimiento LGTB occidental. Sin embargo, también pareció estar un poco harta de teorías y teóricxs: "Aswat no es un grupo de académicas, y yo no voy a conseguir nada escribiendo libros mientras observo desde fuera. Quiero estar pegada a la tierra, quiero contribuir a un cambio real desde dentro".
Entre otras mil millones de cosas de las que hablamos, Morcos compartió la exasperación de que la lucha palestina contra el patriarcado dentro y fuera de su comunidad se vea ralentizada por el tiempo perdido continuamente resolviendo malentendidos sobre lo que significa ser palestinx, el tiempo perdido visibilizando y combatiendo el racismo y la islamofobia en los colectivos LGTB+ (y no LGTB+) occidentales.
Podría seguir escribiendo sobre cómo la sacaron del armario, sobre cómo se formó Aswat, sobre cómo se identifica más con minorías LGTB+ como la chicana o la nativa americana que con las minorías LGTB+ de otros países árabes, sobre cómo utiliza el gaydar o sobre cómo salió del armario con su abuela. Pero no habría unos y ceros para todo ello.
Imagen.- Son dos miembros del Ejército israelí. En el orgullo de 2012, el propio ejército subió esta foto con el siguiente texto: "Es el mes del orgullo. ¿Sabías que las fuerzas de la defensa israelí tratan igual a todos sus soldados?". Un gran ejemplo de pinkwashing, ¿no?
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Maha y Maryam rezan en una mezquita de El Cairo. Deslizan sus dedos por las letras árabes grabadas en la piedra. Sus dedos se rozan. Son pareja desde hace tres años. Cuatro hombres iraníes esperan la respuesta de Turquía a su solicitud de refugiados. Ferda y Kiymet, sufíes devotas, no ocultan su relación en las calles de Konya. Muhsin Hendricks es gay. Y también es Imam en Johanesburgo.
Junto con Mazen, Ahsan y Qasim, este grupo conforma los personajes de A Jihad for Love (imdb) (tráiler) (Parvez Sharma, 2007, EEUU/Reino Unido/Francia/Alemania/Australia), un documental sobre la compatibilidad entre confesión musulmana y homosexualidad. Galardonada en numerosos festivales (no sólo de temática LGTB) desde su estreno, el director, residente en Nueva York, acaba de anunciar la exhibición pública del filme en Beirut, la primera que se desarrolla en un país árabe, con repercusiones en los medios de comunicación (más amable la información que los comentarios).
Desde una perspectiva meramente religiosa, es muy interesante la obra de Scott Siraj al-Haqq Kugle: Homosexuality in Islam: Critical Reflection on Gay, Lesbian and Transgender Muslims (1ª ed.: Inglaterra, 2010), que defiende y explica el trabajo de relectura y reinterpretación de las escrituras que están llevando a cabo los individuos musulmanes LGTB. Desde un punto de vista más sociológico (y periodístico, para qué nos vamos a engañar) está la obra de Brian Whitaker: Amor sin nombre: La vida de los gays y las lesbianas en el islam (1ª ed.: Londres, 2006).
Calem es la confederación de asociaciones lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, queer e intergénero musulmanas, con sede en Europa, que celebró sus I Jornadas en París este mismo octubre, reuniendo a organizaciones francesas (HM2F, Trans Aide), belgas (Merhaba, Omnia), españolas (A. M. Ho.), holandesas (Transvisie), así como a otras externas al territorio europeo: The Inner Circle (Sudáfrica), Kif-Kif (Marruecos), Al-Khamsa (Norte de África) o Bedayya (Egipto y Sudán).
Cuando escribía sobre la teorización del sistema sexo/género, confieso que no estaba al tanto de la extensión del ideario queer entre las organizaciones árabes, a pesar de que, cuando quieren traducir el término, algunos utilizan la expresión ahrar al-yins (que significaría sexualmente libres, corregidme si me equivoco), perdiendo la connotación de reformulación del insulto que se hace con queer. La teoría queer es, precisamente, la mayor patada que se le puede dar a la concepción esencialista y binaria de los sexos. Las asociaciones libanesas Helem o Meem, así como la palestina Aswat, entre otras, incluyen la Q entre las iniciales que aglutinan. Con el mundo árabe pasa, tantas veces, como con las mujeres en todo el planeta. En su nombre discursivizan otros. A Jihad for Love no está producida por árabes, pero le da la voz a los (y las) protagonistas. Trangénero y mujeres también se hacen con la palabra. Revistas y manifiestos de asociaciones árabes se esfuerzan por alzar su voz sobre la heteronormatividad y el androcentrismo. ¿Lo consiguen?
Árabes queer

Maha y Maryam rezan en una mezquita de El Cairo. Deslizan sus dedos por las letras árabes grabadas en la piedra. Sus dedos se rozan. Son pareja desde hace tres años. Cuatro hombres iraníes esperan la respuesta de Turquía a su solicitud de refugiados. Ferda y Kiymet, sufíes devotas, no ocultan su relación en las calles de Konya. Muhsin Hendricks es gay. Y también es Imam en Johanesburgo.
Junto con Mazen, Ahsan y Qasim, este grupo conforma los personajes de A Jihad for Love (imdb) (tráiler) (Parvez Sharma, 2007, EEUU/Reino Unido/Francia/Alemania/Australia), un documental sobre la compatibilidad entre confesión musulmana y homosexualidad. Galardonada en numerosos festivales (no sólo de temática LGTB) desde su estreno, el director, residente en Nueva York, acaba de anunciar la exhibición pública del filme en Beirut, la primera que se desarrolla en un país árabe, con repercusiones en los medios de comunicación (más amable la información que los comentarios).
Desde una perspectiva meramente religiosa, es muy interesante la obra de Scott Siraj al-Haqq Kugle: Homosexuality in Islam: Critical Reflection on Gay, Lesbian and Transgender Muslims (1ª ed.: Inglaterra, 2010), que defiende y explica el trabajo de relectura y reinterpretación de las escrituras que están llevando a cabo los individuos musulmanes LGTB. Desde un punto de vista más sociológico (y periodístico, para qué nos vamos a engañar) está la obra de Brian Whitaker: Amor sin nombre: La vida de los gays y las lesbianas en el islam (1ª ed.: Londres, 2006).
Calem es la confederación de asociaciones lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, queer e intergénero musulmanas, con sede en Europa, que celebró sus I Jornadas en París este mismo octubre, reuniendo a organizaciones francesas (HM2F, Trans Aide), belgas (Merhaba, Omnia), españolas (A. M. Ho.), holandesas (Transvisie), así como a otras externas al territorio europeo: The Inner Circle (Sudáfrica), Kif-Kif (Marruecos), Al-Khamsa (Norte de África) o Bedayya (Egipto y Sudán).
Cuando escribía sobre la teorización del sistema sexo/género, confieso que no estaba al tanto de la extensión del ideario queer entre las organizaciones árabes, a pesar de que, cuando quieren traducir el término, algunos utilizan la expresión ahrar al-yins (que significaría sexualmente libres, corregidme si me equivoco), perdiendo la connotación de reformulación del insulto que se hace con queer. La teoría queer es, precisamente, la mayor patada que se le puede dar a la concepción esencialista y binaria de los sexos. Las asociaciones libanesas Helem o Meem, así como la palestina Aswat, entre otras, incluyen la Q entre las iniciales que aglutinan. Con el mundo árabe pasa, tantas veces, como con las mujeres en todo el planeta. En su nombre discursivizan otros. A Jihad for Love no está producida por árabes, pero le da la voz a los (y las) protagonistas. Trangénero y mujeres también se hacen con la palabra. Revistas y manifiestos de asociaciones árabes se esfuerzan por alzar su voz sobre la heteronormatividad y el androcentrismo. ¿Lo consiguen?
Debemos escribir. Debemos escribir volúmenes para acabar con nuestra invisibilidad y con la historia que nos ha olvidado. Debemos escribir para los ojos que quieren leernos. Debemos escribir para nuestros pensamientos que necesitan ser expresados. Debemos darle nuevos significados a las cosas a través de palabras nuevas, frases nuevas, párrafos nuevos. Debemos escribir.
Y sí, deberíamos escribir más en árabe –estamos trabajando en ello.Bekhsoos, publicación de Meem
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