Mostrando entradas con la etiqueta sexismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sexismo. Mostrar todas las entradas


ser y/o estar

What I be comenzó como un experimento artístico y acabó convirtiéndose en un movimiento más grande sobre el empoderamiento y la inseguridad. Steve Rosenfield pide que escribas tu mayor inseguridad sobre tu piel, y te fotografía así.

I Am Not My Shyness / No soy mi timidez

Cuando hablamos de inseguridades parece que son complejos individuales, aislados del entorno. Escribe Laura Contrera en el fantástico texto Cuerpos sin patrones:

Pienso que el “acéptate” o “quiérete” que nos espetan en la cara son imperativos insuficientes. Condena a la esfera individual algo que tiene que ser un problema político para un nosotrxs que se pretende amplio y diverso.

Nuestras inseguridades provienen del cis-sexismo, del capacitismo, del racismo, del clasismo... Cómo aislar el perfeccionismo de la sociedad cis-hetero-capitalista racista y asquerosa. Cómo aislar los trastornos de alimentación de la sociedad cis-hetero-capitalista racista y asquerosa.  Cómo aislar la obsesividad compulsiva de la sociedad cis-hetero-capitalista racista y asquerosa. Cómo aislar todos los pensamientos irracionales, repetitivos y enloquecedores de la sociedad cis-hetero-capitalista racista y asquerosa.

El proyecto de Rosenfield acompaña cada imagen con la frase: "No soy mi..." No soy mi género, no soy mi enfermedad crónica, no soy mi historia policial, no soy mi... ¿La des-identificación como empoderamiento? ¿Quiénes podemos decir que no nos define nuestra raza? ¿Quiénes podemos decir que no nos define nuestro género? Cómo aislar las identidades de la sociedad cis-hetero-capitalista racista y asquerosa. Y la necesidad de autodefinirse, de rechazar las etiquetas que no queremos, que no son nuestras: la discapacidad que no es mía, sino del entorno; la confusión de género que no es mía, sino del entorno; las expectativas culturales o religiosas, que no son mías, sino del entorno. Cómo aislar el intento por des-identificarse de la sociedad cis-hetero-capitalista racista y asquerosa. ¿Des-identificación o des-esencialización de las identidades?

I Am Not My Amputation / No soy mi amputación

I Am Not My Turban / No soy mi turbante

I Am Not My Color / No soy mi color

I Am Not My Gender / No soy mi género

I Am Not My Wheelchair / No soy mi silla de ruedas

I Am Not My Gender Identity / No soy mi identidad de género

I Am Not My Hearing / No soy mi oído

La identidad como auto-designada. Unx mismx como agente de su propia identidad.

Los diagnósticos como identidades hetero-designadas. Los diagnósticos como acto de habla performativo. Los diagnósticos que convierten el estar en ser. Ser/Estar. Lo más bonito del castellano.

I Am Not My Eating Disorder / No soy mi trastorno alimenticio

I Am Not My Depression / No soy mi depresión

I Am Not My Anguish / No soy mi angustia

I Am Not My Chemical Imbalance / No soy mi desequilibrio químico

I Am Not My Depression / No soy mi depresión

I Am Not My Diagnosis / No soy mi diagnosis

El diagnóstico como acto de habla performativo. Diagnósticos que convierten el estar en un ser. Qué pasa cuando ya no hay diagnóstico. Qué pasa cuando acaban con aquello que habían y habías convertido en una parte esencial de tu identidad. Qué queda de ti sin el diagnóstico. Cómo explicar que alguien se corte cuando le dicen que ya no está locx. Claro que estoy locx, joder, no lo ves, me estoy cortando. Identidades. Des-identificaciones. Empoderamiento. Cómo aislar el ser/estar de la sociedad cis-hetero-capitalista racista y asquerosa. A veces necesitamos que nuestro estar mujer sea ser para entender-nos. A veces necesitamos que nuestro estar diagnóstico sea ser para explicar-nos. A veces necesitamos que nuestro estar sea. Para sobrevivir. Y no se puede juzgar a alguien por la forma en que sobrevive. Y a veces queremos dejar de ser. O quizá no queremos ser lo que otrxs han escogido para nosotrxs. Y una cosa no puede ser incompatible con la otra. Ser/estar. Ser y estar. Ser o estar.    


Machismo pero al revés

En el blog Mujeres de El País publican una entrada sobre insultos sexistas. A raíz de ese "chochito de oro" con el que Xaquín Charlín se refería a Soraya Sáenz de Santamaría, se plantea darle la vuelta e imaginar una serie de exabruptos en los que son los varones políticos quienes son cosificados, sexualizados e infravalorados por otras mujeres políticas. Ese ejercicio de "darle la vuelta" es similar a aquellos videos en los que los hombres son acosados sexualmente en el espacio público por diferentes mujeres, o aquellas imágenes en las que son hombres quienes ocupan las posiciones de mujeres en los anuncios de publicidad. No es lo mismo y no será lo mismo y no es posible su comparación.

Dean Spade escribe en Normal Life sobre diferentes conceptualizaciones de la discriminación. En los discursos LGTBQ más normativos, se tiende a comprender la discriminación como una acción intencionada e individual que se debe combatir mediante castigos dirigidas a un nivel micro. Por el contrario, un acercamiento estructural nos hace comprender que la opresión, la discriminación, no depende de intenciones individuales ni se puede combatir mediante leyes de crímenes de odio que fortalecen el sistema punitivo y la industria carcelaria (que son estructuralmente cis-sexistas y racistas).

Un individuo podría despreciar a un varón cisgénero blanco heterosexual por ser varón cisgénero blanco heterosexual (por ejemplo) y podrá parecernos más o menos mal pero eso no será cis-sexismo ni racismo porque no es así cómo el cis-sexismo y el racismo funcionan. Y no, el hembrismo, la heterofobia, el racismo al revés (reverse racism)... no existen. Necesito un botón que repita, cada vez que lo pulse, "relaciones de poder", "relaciones de poder", "relaciones de poder"...




Policía del género

 
Esta mañana he estado en otro instituto impartiendo los talleres.

Me ha gustado cómo lxs propixs alumnxs han sido partícipes de diseñar un sistema de cajas para explicar el género, cajas cuyos límites eran más o menos fluidos según el momento, el lugar y elx interlocutorx.

Cuando me dicen que el problema es de la sociedad, les cuesta asumir que la sociedad somos todxs nosotrxs.

"Al final, en este mismo instituto, pero en todas partes, es como si fuéramos todxs y cada unx de nosotrxs policías del género, vigilando que nadie se salga de su caja, que los chicos sean como se supone que tienen que ser los chicos y que las chicas sean como se supone que tienen que ser las chicas y que, fuera de esas dos cajas, no hubiera nada más. Como policías del género, los insultos más habituales en el instituto son puta para las chicas y maricón para los chicos (el resto nada, que ni siquiera existen). Todxs nos comportamos como policías del género, humillando a aquélx que hace algún atisbo por salirse de la caja, sintiéndonos así más segurxs, sabiendo que nadie va a sospechar de nosotrxs si somos lxs más estrictxs".

Una chica ha dicho entonces que la plumofobia también entraba aquí: "Ser heterosexual también está dentro de la caja, profe, y la plumofobia no tiene por qué tener que ver con la orientación/opción del deseo de a quien discrimina, sino que está castigando eso que dices. Somos una especia de policías que castigamos cuando alguien se sale de la norma que nosotros mismos nos hemos inventado, y eso no puede estar bien".

Para que luego se diga de "lxs adolescentes de hoy".

Fuente de la imagen


Cerveza



Un antiguo compañero de clase ha subido este video a Facebook y a mí se me llevan los demonios. De verdad, ¿lxs que idearon el anuncio no pudieron informarse ni aunque fuera un poquito sobre lo que estaban haciendo? Cierto es que no es ninguna novedad en la publicidad de cerveza (obviamente no comparto el tono del enlace que acabo de añadir).

Esto me ha recordado a cuando en segundo (creo) de carrera, un profesor de publicidad nos hizo plantear una campaña para el producto que escogiéramos. Un grupo de cuatro o cinco chicos escogió la cerveza, diseñando la marca y su comunicación mediante anuncios televisivos, cartelería y publicidad en prensa. Dejaron claro que el público objetivo sería únicamente masculino, basándose en una imagen intencionadamente machista.

Dado que el resto de la clase éramos el público de la presentación de la marca, podíamos plantear diferentes preguntas, en las que quedó clara la indignación de muchxs de nosotrxs. Fuera del "juego", ellos decían estar actuando con intencionalidad, pues al fin y al cabo era publicidad y lo importante eran los beneficios económicos. Muchas personas les dieron la razón y la enhorabuena.

Estábamos en primero o segundo de carrera y ya pensaban así. Lo importante son los beneficios económicos, ¿no? Pero, entonces, ¿qué haríamos, qué harían ellxs, aquéllxs que prepararon esa campaña o aquéllxs a lxs que les pareció brillante, cuando realmente se enfrentaran al diseño de una promoción real? A lo mejor harían anuncios como éste que subo arriba. Total, ¿qué más dan las consecuencias? Sólo es dinero.


Igual para todos


La justicia no es igual para todos en un estado en el que pueden privarte de tu libertad por una falta administrativa aunque eso no sea de derecho, un estado en el que existen los Centros de Internamiento de Extranjeros, donde hay hacinamiento y falta asistencia médica básica o donde el maltrato es política. La justicia no es igual si no tienes papeles.

La justicia no es igual en un estado en el que pueden pararte por la calle si tu color de piel o tus rasgos no son los que se ajustan a lo que unx policía entiende como blancx, aunque eso quede completamente fuera de la ley. La justicia no es igual cuando al denunciar esta ilegalidad eres acusadx de desobediencia y obstaculización de la labor policial. La justicia no es igual si tu color de piel es distinto.

La justicia no es igual en un estado en el que puedes ser acusadx por un crimen con el testimonio de dos policías torturadores y mentirosos como única prueba, un estado en el que puedes terminar suicidándote o en la cárcel durante años por ello. La justicia no es igual si las autoridades pueden pegarte sin motivación legal ninguna. La justicia no es igual si no te ajustas a los cánones estéticos y políticos.

La justicia no es igual para todos cuando existe una figura inviolable y no sujeta a responsabilidad. Cuando para ser esa figura es mejor ser hombre, por derecho. La justicia no es igual si tu apellido es distinto.

La justicia no es igual en un estado en el que a muchas personas con discapacidades psíquicas se les niega el derecho al voto, pese a la ratificación por parte de España de la Convención Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU que establece el derecho al sufragio. La justicia no es igual si tus capacidades son diferentes.

La justicia no es igual para todos cuando los desahucios continúan y el consejero delegado del Banco Santander puede ser indultado por el poder ejecutivo. La justicia no es la misma si tus ingresos son más bajos.

La justicia no es igual para todos cuando sólo existen, sólo son legibles, hombres y mujeres. No, la justicia no es igual para todos. O quizá sí, quizá es igual para todos. No para todas. Menos aún para todxs. Ahí quizá tiene razón Juan Carlos y la justicia es igual para todos. Sólo para algunos todos. Y no estamos hablando sólo de gramática. La justicia no es igual si no te ajustas al rígido esquema del género.

Y entonces llega la figura inviolable y no sujeta a responsabilidad y lo dice así. Y se queda tan tranquilo. ¿Se creerá su propio discurso? Y, tras escucharle, parece que todavía hay necesidad de explicar la rabia. God save the King.


De paranoias e histerias

1. Tenía ocho o nueve años. Jugaba al fútbol con lxs vecinxs en una calle a la que llamábamos "la recta". Se fueron todxs a merendar y me quedé sola dándole patadas al balón contra una pared hasta que volvieran. Se acercó un señor con un perrazo, al que ató a un poste. Se acercó a mí y se quedó quieto, con los brazos en jarras, a escasos tres metros, completamente callado y con una sonrisa asquerosa. Se me disparó algún tipo de alarma inconsciente, cogí el balón y me fui a casa corriendo.

2. Hacíamos la prueba de velocidad y resistencia por separado, en el colegio, los chicos y las chicas. Mientras los chicos estaban sentados, las chicas corríamos las cinco vueltas reglamentarias al campo y, cada vez que pasábamos por la línea de meta, donde las escaleritas en las que ellos estaban, cantaban "boing boing boing" y nosotras nos apretábamos lo máximo que pudiéramos los recién comprados sujetadores.

3. Tenía trece años e iba a la calle Argensola a un taller de escritura. Era de las primeras veces que iba sola a Madrid. De día. Un barrio bien. Una moto me siguió muy despacio. El resto de la calle estaba vacía. Paró unos metros por delante de mí y, con el casco puesto, se bajó un poco los pantalones y calzconcillos y empezó a masturbarse mientras se me acercaba y decía cosas. Eché a correr hasta el portal donde era la clase. No le dije nada a nadie en muchos años, como si fuese motivo de una vergüenza horrible.

4. Cuando subíamos la cuesta del Torreón para ir al McDonald's los viernes después de clase, los obreros nos soltaban frases. Recuerdo un día que E. les respondió. Lo que no recuerdo es qué les respondió. En grupo era más divertido, porque sola no me gustaba nada. Me acuerdo perfectamente del "si yo fuera tu padre, tu madre dormiría en la escalera".

5. Con diecisiete años fui por primera vez (y casi última, he de confesar) a una discoteca. Recuerdo perfectamente lo impresionada que estaba con aquel mercado de carne en el que los chicos, apoyados en la pared, miraban pasar a las chicas.

6. Estaba con mi primera novia, en la plaza de Felipe II. En realidad, esta escena podría trasladarse a otras compañías y a otros lugares. Loreto con chica y desconocido o desconocidos que aparecen que (a) se masturban, (b) propoponen un trío, (c) hacen preguntas sobre sexo lésbico.

7. Hará unos cinco o seis años (es que el tiempo pasa muy rápido), estaba leyendo en el metro, de pie junto a una puerta, cuando un señor mayor se me acercó (mucho) y me preguntó si era la dirección correcta para Callao. Asentí: "son tres paradas más". Se quedó quieto, mirándome, antes de decirme: "me excitan las mujeres que leen". Me desplacé a otro rincón del vagón. Entonces, él se colocó junto a otra chica a la que también empezó a molestar. Todo el mundo se daba cuenta, pero nadie dijo nada. Yo tampoco.

Leí el artículo Paranoicas de June Fernández sobre micromachismos y sobre cómo muchos varones (y muchas mujeres, añadiría yo) responden que no son más que exageraciones y paranoias. Mi amigo H. me acaba de pasar otra entrada, la de Ander Izagirre: Son unas histéricas. En ella, una amiga le enumera diez situaciones en las que se ha sentido acosada, desde pequeña y, más adelante, reflexiona sobre el acoso sexual en la calle y sobre la reacción de muchas personas ante su denuncia.

Me gusta cómo habla de un señor que le acosó una noche y cómo, hasta que le vio masturbándose, su única preocupación era que le iba a robar la bici: "Ni se me pasó por la cabeza que yo corriera ningún tipo de peligro sexual. Con 16 años, en mi cabeza no existía ese miedo. Ese miedo que es el primero que le viene a la mente a una chica de esa edad. El chico de 16 años piensa que le pueden robar la bici. La chica de 16, que la pueden violar". Ese miedo nos acompaña desde bien pequeñas, un miedo que nos (re)produce como mujeres y que nosotras mismas también extendemos entre hermanas, amigas, hijas. Miedo que nos genera inseguridad y responsabilidad sobre lo que nos pueda ocurrir. Miedo que influye en cómo nos movemos, por dónde caminamos, a dónde vamos, qué llevamos puesto.

El chico que intenta ligar de forma desafortunada, el amigo que hace comentarios sobre tus tetas sin venir a cuento... puede que pensemos que no es lo mismo y que esas situaciones no pesen en sí mismas, pero como dice June en uno de los comentarios: "[...] lo que ese chico no entiende es que igual es la quinta del día, y que cinco bromas machistas al día sí que minan nuestra autoestima y nos hacen sentir (a muchas inconscientemente) ciudadanas de segunda".


Incoherencia semántico-sexual

Ya de pequeña cometía muchos errores en el habla en cuanto a la coherencia de género: tan pronto hablaba en masculino como en femenino. De hecho, recuerdo que el gran número de veces que emitía masculinos en primera persona, me sentía realmente culpable y avergonzada. No entendía por qué no me salía una voz interior femenina de forma natural. Entre eso y que me tiraran más las niñas que los niños, llegaba a temer ser transexual. ¿Habría oído hablar entonces de la transexualidad? ¿Qué es y cómo era lo que temía exactamente? Sólo recuerdo un vago temor a la diferencia, no a la diferencia tal cual la comprendía entonces, ser más altx o más bajx, tener tetas antes o después, que tus padres estuvieran juntxs o separadxs... sino a una diferencia mayor, una diferencia terrible y enorme.

Desde entonces han cambiado un poco las cosas. Ahora sonrío por dentro cuando cometo esos errores gramaticales (¿errores?) y no puedo evitar sentir una predilección secreta por lxs amigxs que, sin ningún tipo de intencionalismo político-sexual, hablan utilizando indistintamente el masculino y el femenino, sin llegar a darse cuenta.

Leyendo el espléndido Devenir Perra, de Itziar Ziga, que me regalaron unas amigas por mi cumpleaños, rescato este párrafo (y no es el primero que citaré, me temo):


Abogo desde aquí por la discordancia de género como mecanismo de sabotaje
sexual y lingüístico. Nunca me ha salido del coño generalizar en masculino, pero
tampoco quiero entorpecer mi narración con tediosas
as/os o arrobas o
estrellitas. La segregación biológio-social de género es para mí cada vez más
turbia. Ya no sé lo que es una mujer, ni me interesa. A mi abuela Susana
Goikoetxea, que tiene ahora noventa y ocho años, lo primero que le patinó cuando
empezó a perder las conexiones con su entorno fue el concepto establecido de
género. Nos hablaba a nosotras en masculino y lo mezclaba todo.
Aupa, amona, por fin te has librado del lenguaje simbólico que te destinó a ti y a todas
las mujeres a servir en la casta inferior.

Pues lo dicho, seguiré la rebeldía senil de mi
amona Susana y no
suscribiré la lógica semántico-sexual que nos ha puteado a ella, a mí, a ellos,
a todas.


De momento, en lenguaje escrito seguiré abogando por las equis (me parece que no entorpecen la narración como el os/as, las arrobas o los asteriscos; me parecen estéticamente atractivas, para qué nos vamos a engañar; e incluyen, además del masculino y el femenino, a todos los géneros que te puedas imaginar). Para el lenguaje oral, sin embargo, voy a empezar a introducirme en el maravilloso mundo de la incoherencia (¿incoherencia?) semántico-sexual.


Érase una vez...

Érase una vez un país en el que el jefe de la oposición visita un centro de mayores con su homóloga en la Comunidad Autónoma en el que éste se encuentra. El jefe de la oposición visita la librería de la residencia y, en bonito gesto, escoge un libro y se lo regala a su acompañante.

No me importaría formar parte de ese país, si no fuera porque el libro que ha escogido entre todos los volúmenes que pudieran estar en la biblioteca es uno llamado La belleza femenina. He intentado localizar de qué obra, concretamente, se trataba. Pero estoy entre unos cuantos que comparten prácticamente el mísmo título, y seguramente haya más.

Si sabemos que ese jefe de la oposición trató de ignorar sistemáticamente las perlas de De la Riva, si sabemos que firmó este párrafo en 1984:

Todos los modelos que predican la imposición de la igualdad son radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre (…) y por ello, aunque se llamen ‘modelos progresistas’, constituyen un claro atentado al progreso porque contrarían y suprimen el natural institnto del hombre a desigualarse, que es lo que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos”

Sabemos también que la candidata del PP catalán no ha disimulado nunca su xenofobia y homofobia.

Por esto, en realidad, este cuento no debería sorprendernos. Pero que no me sorprenda no quiere decir que no me indigne. Igual que me indigna el silencio mediático ante estos detalles caballerosos tan significativos.

Y la rabia que me da que en medios donde los periodistas son relativamente progresistas y se esfuerzan por redactar la información desde una perspectiva de género reciban comentarios en los que lo más importante es que "lo de Alicia no se arregla con un libro de belleza". En serio, ¿qué está pasando?


Dios(a)

Si Dios es varón, el varón es Dios.


Y qué vergüenza. Y 1.100 varones presidiendo la ceremonia y cuatro mujeres limpiando lo que ensucian.

Y mientras se siga rezando a un padre en el cielo, las cosas van a seguir igual en la tierra.

Y qué vergüenza de discursos y homilías.

Pero qué orgullo que haya gente que quiera cambiar las cosas. Qué orgullo que haya personas que rezan a unx padre-madre suyx que está en los cielos. Qué orgullo que lo que ha trascendido en los medios de esta visita sea la besada gay y lesbiana frente al papamóvil.

Una decía por ahí que besarse frente al Papa era una tontería. Que para qué tenían que ir a dar el espectáculo (como siempre). El Estado español (y el Estado, para esto, somos todxs) ha gastado millones de euros para que un hombre venga a un país "secular" a solicitar que cambien unas leyes que no han sido un regalo del 2005, sino que han sido el fruto de una lucha de años. Un hombre que compara el matrimonio igualitario con el cambio climático porque amenazan la creación. Un hombre que promueve ante masas fanatizadas que esa misma una no debe, no puede, tener nietos. Las besadas se llevan realizando en España desde los años ochenta (iniciadas por las lesbianas a raíz del arresto* de Arantxa Serrano y Esther Olassolo [fuente]). No sólo son útiles porque llaman la atención y son atractivas para los medios (el mismo motivo por el que no son multitudinarias, cuántxs LGB se esconden el Día del Orgullo cuando pasa cerca una cámara) sino que son un símbolo perfecto de visibilidad y reivindicación: estamos aquí, estamos en la calle, tenemos cuerpo, nos atraviesan pulsiones, sentimos deseo, no vamos a escondernos en casa, me beso aquí, delante de tu puerta, delante de tus hijxs.

¿Ganas de provocar? Claro que tengo ganas de provocar. Ganas de provocar al homófobo. Quiero que se enfade, quiero que sienta asco, quiero que se dé cuenta de que lo que realmente le molesta es que hayamos decidido no guardarnos los besos, las plumas, las novias, los novios, el amor, el sexo, para la intimidad de la alcoba. No sé si somos o no somos normales. Lo que tengo claro es que no somos como él.

Y tengo ganas de decírselo. Porque él me lo repite cada día, cada minuto, cada segundo. Y a veces lxs hetero os olvidáis de imaginar lo que eso llega a suponer cuando han pasado ya muchos días, muchos minutos, muchos segundos.

¿Que muy bien pero que no sirve para nada? ¿Que si es sólo desahogarse? Han sido sólo un centenar de LGB, pero sus imágenes han dado la vuelta al mundo. Y el mundo sabe ahora que los bollos y las maricas estamos enfadadas. Y eso es más que suficiente para empezar.

*Estas dos mujeres se dieron un beso, frente a la Puerta del Sol, el 23 de octubre de 1986. Dos días de retención y malos tratos y cruce de denuncias. A finales de los años noventa, el caso se resuelve con la condena a los policías. Cada 28 de junio, lesbianas se besan en la Puerta del Sol. Intentad detenernos ahora.


Las perlas de De la Riva


Como es evidente, unx no se hace machista del día a la mañana. Francisco Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid, ha sido noticia la última semana por una inoportuna declaración:

La Leire Pajín, una chica preparadísima, hábil, discreta, que va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y que va a ser la alegría de la huerta. Tengo que decir que cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir aquí.

Sin embargo, en el baúl de los recuerdos encontramos los antecedentes del Excelentísimo Alcalde. En 2007, durante la precampaña a las elecciones municipales, hizo esta declaración en un mítin en relación a su oponente socialista Soraya Rodríguez, actual Secretaria de Estado de Cooperación Internacional, entre las carcajadas del público:

Quiero decir que de aquí a pasado mañana, creedme, puede pasar cualquier cosa. Puedo, mañana, ser acusado de... iba a decir de haber violado a la propia candidata, pero la verdad es que...

En abril de 2009, comentó en relación a Carme Chacón, Ministra de Defensa:

Ayer he visto el guirigay que se ha montado entre la ministra de Defensa, que es como la señorita Pepis vestida de soldado...

Asimismo, en una de sus primeras intervenciones como alcalde de la ciudad, en la casa Cervantes en 2005, aseguró su intención de que Valladolid dejara de ser la ciudad de las diez pes:

A la ciudad hay que librarla de pulgas, piojos y putas.

Estas declaraciones no son ni inocentes ni inofensivas. Rotundamente no.