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De masculinidad(es)

 

There is no such thing as single-issue struggles because we don't live single-issue lives.
Audre Lorde

Hace un mes (el 6 de octubre), El País Semanal publicó un número especial de moda (que no la revista SModa, sino un especial diferenciado, publicidad disfrazada de contenido, claro) sobre masculinidades femeninas (el titular era "Estilo libre: Las tendencias de otoño para mujer se apoderan de códigos masculinos").

No me gusta mucho emplear el término masculinidad femenina, pero no se me ocurre uno mejor. Es el empleado, además, en la traducción de Javier Sáez del clásico de J. Jack Halberstam de 1998: Female Masculinity. Cuando decimos masculinidad(es) femenina(s) me refiero a la(s) masculinidad(es) que atraviesa(n) los cuerpos asignados como mujeres en el nacimiento, independientemente de su identidad de género, así como la masculinidad que atraviesa los cuerpos de las mujeres trans* y personas queer. Podríamos hablar, entonces, de la masculinidad encarnada por cuerpos e identidades con dudosa legitimidad para ello en la sociedad cis-heteropatriarcal. En el ensayo de Halberstam, éstx parte de que la masculinidad “no debe y no puede ser reducida al cuerpo del hombre y a sus efectos”. Así, estudia la masculinidad en las "biomujeres" (otro término problemático...) no como una imitación de la masculinidad en los hombres, sino como un elemento clave para comprender la construcción de la masculinidad en sí.

En el contexto del estado español, Lucas Platero ha trabajado este tema en diferentes artículos y congresos (si nos quedamos en la parte más académica, claro). En su comunicación en las Jornadas Estatales Feministas de Granada (2009), habla de cómo la masculinidad in-corpor-ada por "biomujeres" ocupa diferentes espacios identiarios: pluma azul/rosa, marimacho, camionera, butches, bois, trans, drag kings. Así, Lucas estudia la percepción de esta masculinidad como impostura (de clase social, de género, de edad, de sexualidad, de competencias), como espacio de fealdad indeseable, como atractiva en ciertas comunidades, como signo de perversión…: “La masculinidad de las mujeres pone en tela de juicio dos importantes normas: la heterosexual y la diferencia sexual y, así, sus guardianes reaccionan para mantener la legitimidad de las mismas”.

Las "masculinidades femeninas" son identidades, flujos y discursos subversivos que se salen del marco hegemónico del sistema sexo/género/deseo, pero en reportajes y números como con los que últimamente nos sorprende El País (en el último dominical, como bien me avisó mi amiga E., había otro reportaje titulado: "Moda masculina para ambos sexos"), vemos los riesgos de absorción de este discurso por parte del sistema capitalita heteropatriarcal. En un congreso sobre masculinidades que se celebra estos días en la Universidad Carlos III, Carmen G. Marín se lamentaba ayer en una mesa sobre culturas de la masculinidad: "después de oírnos a todxs, parece que todo ha sido un fracaso, que llevamos años planteando discursos disidentes pero que todos son reabsorbidos de nuevo por el sistema hegemónico". Como salida se plantea un análisis interseccional: sin él, cualquier disidencia monoaxial del sistema heterocapitalista podrá ser readaptada para el consumo. El número de El País Semanal sobre masculinidades femeninas es un buen ejemplo de ello: disidencia en la expresión de género, pero manteniendo todos los demás privilegios (de clase social, "capacidad", raza, situación legal...; de hecho, el único ejemplo de diversidad de cualquier tipo en todo el número es una modelo negra, Grace Jones, cuyo apartado titulan, sin ningún pudor: "la modelo más exótica"). 

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Felices/Normales


Descripción de la imagen: Fotograma de la película Harry Potter y la órden del fénix (David Yates, 2007), en el que el personaje de Luna Lovegood dice: "Estás tan cuerdo como yo".

No lo hago a propósito aunque siempre me salga escribir sobre locura el día de la salud mental. Este año la Confederación Española de Agrupación de Familiares y Personas con Enfermedad Mental lanza una campaña llamada Queremos ser felices, y el título del manifiesto es No nos conformamos con ser normales. Queremos ser felices, en alusión a la obra de Jeanette Winterson ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de la que hablaba en otra ocasión.

La semana pasada se publicaba la noticia de una mujer no armada asesinada en Washington por la policía tras una persecución provocada por el choque de su vehículo contra una zona protegida por bolardos del exterior de la Casa Blanca. Ahora la pieza ya está actualizada, pero en su momento el dato de que "tenía antecedentes de problemas de salud mental" no parecían tener ninguna relación con el artículo (ahora es ese directamente el titular, aunque sigue sin tener ninguna relevancia). ¿Problemas de salud mental? ¿Antecedentes? ¿Qué es eso exactamente? ¿Por qué lo saben lxs periodistas? En algún momento de mi vida podría haber dicho: "¿a qué se refieren? no es lo mismo que sea esquizofrénica a que haya tenido alguna vez síntomas depresivos, por ejemplo". Ahora sé ya que esa división entre locxs-de-verdad / normales-con-algún-problema es tremendamente tóxica y no hace más que repetir los patrones segregacionistas.

Hago el horror de citarme a mí misma en una entrada pasada en la que resumía algunos conceptos de la lucha anti-capacitista y anti-mentalista:

Cuando se habla de diversidad funcional  y neurológica, el imaginario suele llevarnos a arquetipos de movilidad reducida, aunque la diversidad funcional (física, neurológica, cognitiva, psicológica) es amplísima y no siempre es visible. En el movimiento por la diversidad funcional en Estados Unidos y Canadá hay mucho trabajo en la diversidad cognitiva relacionada con el autismo (en Tumblr hay mucho activismo cibernético de autistas y aliadxs). Hay un activismo parecido con la diversidad psicológica-psiquiátrica, el mad pride (orgullo loco), que se inició en Canadá pero que ha tenido segumiento en Estados Unidos y en Reino Unido. Se reapropia de términos como mad, nutter o psycho. El movimiento más importante en relación al mentalismo (capacitismo relacionado con la diversidad psicológica-psiquátrica) es de los supervivientes de la psiquatría y la antipsiquatría. No todos los activismos de la diversidad psicológica-cognitiva son antipsiquiátricos, pero sí todos luchan en pro de una mejor psiquiatría y de más autonomía y capacidad de decisión en los tratamientos.

Precisamente hace un par de días hablaba con L. sobre mi relación con mis diagnósticos y mi "psiquiatrización". Desde las corrientas postmodernas del feminismo hablan/hablamos de la centralidad del discurso: el cuerpo como discurso, nosotrxs como discurso, las enfermedades como discurso... Me gustó mucho cómo Beto Preciado, en la Somateca, hablaba de los diagnósticos como ficciones políticas, del sida, en concreto, como ficción política, pero, y cito de memoria, "pero la gente muere de sida, para Foucault todo era discurso y Foucault murió de sida". Así surgieron las ficciones políticas vivas. Los diagnósticos psiquiátricos serán producto de una sociedad neoliberal obsesionada con la productividad, y mi dependencia del prozac estará íntimamente relacionada con las necesidades de la industra farmacéutica, pero eso no hace que deje de pensar que estaría muerta si no fuera por el prozac o por mi psiquiatra. Ficciones políticas vivas. ¿Qué haría Deleuze con esto? (¿por qué siempre nos olvidamos de Guattari?)

Descripción de la imagen: Viñeta titulada Los trastornos mentales no son adjetivos. En el centro, de unos labios salen diferentes bocadillos: "¡mi madre me chilló ayer! ¡es tan BIPOLAR!", ""casi me provocas un ataque de pánico!", "¡estás súper anoréxica!", "¡para de ser tan psicópata!"; "¡mi TOC sale a la luz otra vez!", "oh, sí, ayer me sentía realmente deprimidx", "¡te juro que estoy como retrasado!"; "estuve despiertx hasta la una, ¡mi insomnio es un asco!"



Apuntes de verano

Fotograma de El color púrpura (Steven Spielberg, 1987)


Me llevé de viaje al tiempo y por casualidad El color púrpura, de Alice Walker y Feminismos negros: una antología (editado por Mercedes Jabardo; ¡lo puedes descargar gratis desde Traficantes de Sueños!). No sé desde cuándo llevaba El color púrpura dando vueltas de estante en estante y no sé cómo no lo había leído antes. Atracón interseccional en la playa.

Chelsea Manning quiere cargarse el patriarcado ella sola, como diría Irene. Ahora también destapa la transfobia y el cis-sexismo imperante en los medios de comunicación, que no saben cómo llamarla o cómo tratarla. Que incluso se niegan explícitamente a utilizar los pronombres correctos "hasta que no se vean cambios físicos". Mala idea o indiferencia o las dos cosas que incluso encontramos en medios presuntamente LGTB (me río de la T y me río de la inclusividad y de la alianza), como Cáscara Amarga o Ambiente G.

Las reacciones en torno a Manning han despertado muchos debates sobre las políticas carcelarias. En inglés estadounidense se habla de "prison-industrial complex" para referirse a la industria y mercantilización del sistema de prisiones. Es asombrosa la continuidad de la esclavitud en el sistema carcelario en Estados Unidos. Tanto Angela Davis como Dean Spade y Laura Whitehorn nos hablan sobre ello.

Hablando de prisiones estadounidenses y de interseccionalidad, vimos la serie The Orange is the New Black prácticamente en tres días. Estupendo su tratamiento y sus matices sobre tantas variables, y estupendo que sus meteduras de pata, intencionadas o por descuido (agresividad sexual y desprecio del consentimiento por parte de una protagonista, tratamiento del personaje white trash América profunda), despierten debates más interesantes que un programa menos cuidado. Menos mal que existe Autostraddle.

Toda la historia de Miley Cirus y su actuación y la misoginia y blablabla me aburre bastante. Me interesa más lo que he aprendido con las críticas a su video musical y a su baile del twerking (popular baile con claras implicaciones de género y de raza), en relación al concepto de apropiación cultural.

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Machismo pero al revés

En el blog Mujeres de El País publican una entrada sobre insultos sexistas. A raíz de ese "chochito de oro" con el que Xaquín Charlín se refería a Soraya Sáenz de Santamaría, se plantea darle la vuelta e imaginar una serie de exabruptos en los que son los varones políticos quienes son cosificados, sexualizados e infravalorados por otras mujeres políticas. Ese ejercicio de "darle la vuelta" es similar a aquellos videos en los que los hombres son acosados sexualmente en el espacio público por diferentes mujeres, o aquellas imágenes en las que son hombres quienes ocupan las posiciones de mujeres en los anuncios de publicidad. No es lo mismo y no será lo mismo y no es posible su comparación.

Dean Spade escribe en Normal Life sobre diferentes conceptualizaciones de la discriminación. En los discursos LGTBQ más normativos, se tiende a comprender la discriminación como una acción intencionada e individual que se debe combatir mediante castigos dirigidas a un nivel micro. Por el contrario, un acercamiento estructural nos hace comprender que la opresión, la discriminación, no depende de intenciones individuales ni se puede combatir mediante leyes de crímenes de odio que fortalecen el sistema punitivo y la industria carcelaria (que son estructuralmente cis-sexistas y racistas).

Un individuo podría despreciar a un varón cisgénero blanco heterosexual por ser varón cisgénero blanco heterosexual (por ejemplo) y podrá parecernos más o menos mal pero eso no será cis-sexismo ni racismo porque no es así cómo el cis-sexismo y el racismo funcionan. Y no, el hembrismo, la heterofobia, el racismo al revés (reverse racism)... no existen. Necesito un botón que repita, cada vez que lo pulse, "relaciones de poder", "relaciones de poder", "relaciones de poder"...




Estrategias antihomofóbicas


Me estoy leyendo el recomendadísimo San Foucault: Para una hagiografía gay, de David Halperin. Como en tantas obras, destacaría infinitos fragmentos, pero me voy a quedar con sólo un detalle (por ahora). El autor trata de recopilar una serie de estrategias antihomofóbicas, y una de ellas es la apropiación y la teatralización (pp. 70-71 de la edición enlazada):

Un ejemplo de este procedimiento lo dio el diario gay de San Francisco Bay Times en su respuesta al infamante número de Newsweek (21/6/93) consagrado a las lesbianas. El artículo de Newsweek había presentado el lesbianismo a sus lectores, supuestamente heteros, como un fenómeno interesante aunque problemático, que podía ser tolerado socialmente pero dentro de límites estrechos (la fórmula "los límites de la tolerancia" ha sido una típica presentación de los informes del Newsweek sobre la homosexualidad). El artículo proveía también un breve glosario con términos técnicos, tales como butch y femme, a fin de ayudar a que sus lectores adquiriesen familiaridad con las características elementales, aunque arcanas y exóticas, del lesbianismo. El Bay Times respondió diez días después con una parodia. Se retrató en la tapa a una publicación llamada Dykeweek (Semanario Tortillero), imaginando que era una revista semanal dirigida a un público de lesbianas que podían tener curiosidad por los ritos sexuales bizarros de los heterosexuales. También daba una visión de devastadora precisión y maravillosamente alienada de los roles heterosexuales a través de su glosario, que contenía términos tales como: "Esposa: tradicionalmente, la partenaire 'feminine' en una relación heterosexual, responsable de las tareas domésticas y el cuidado de los niños" o "Reproductores: heterosexuales militantes, a menudo violentos, que hacen proselitismo a fin de incitar a los jóvenes para que sigan su controversial modo de vida". De esta forma, el Bay Times sugería que la heterosexualidad, no el lesbianismo, era lo que requería ser problematizado por el tratamiento sensacionalista de los diarios. También quería destacar que la distribución de roles, la polarización de los géneros y las asimetrías de poder son esenciales en las relaciones heterosexuales, y que ellos los toman más en serio que las lesbianas más butch o femme (en la medida en que los ven no como distribución de roles, polarización de géneros y asimetrías de poder, sino como los hechos naturales de la vida). Tal respuesta, en vez de comprometerse con el contenido de las afirmaciones del Newsweek, teatraliza sus estrategias.


Reflexión


Pensé que sería más sencillo escribir sobre lo que ha pasado las últimas semanas. Pero no hago más que mirar la pantalla y no sé por dónde empezar.

Podría retroceder tres meses. Cuando llegué llorando a casa un miércoles porque un garrulo había arrancado la gran pancarta de Sol sobre la revolución feminista ante los aplausos de la muchedumbre, justo después de colgarse. Supongo que fueron esos quince minutos los que han hecho que no pueda escribir sobre el 15-M desde entonces, aunque en ningún momento haya dejado de ir.

O podría ir más atrás, cuando tenía quince años y todxs cantaban en las verbenas de Pozuelo esa de Eskorbuto. Y yo pensaba que necesitábamos a la policía. Así que no cantaba porque era la policía la que nos protegía de los neonazis que venían más tarde a tirarnos botellas rotas.

Podría volver. A esas primeras semanas de mayo en las que no seguía eso de "PP, PSOE, la misma mierda es", porque sí, mierda eran, pero la misma, la misma... tampoco.

Y no puedo explicar por qué un garrulo golpeándose el pecho mientras arrancaba una pancarta entre vítores hizo que volviera llorando a casa. Cuando se supone que estoy acostumbrada a esxs garrulxs. Y no puedo explicar por qué me temblaban las manos cuando me acosté el 4 de agosto después de correr descalza los cien metros lisos por la Castellana y ver después las noticias en el canal 24 horas. Cuando se supone que ya sabía que los medios de comunicación mienten y cuando se supone que ya sabía que los antidisturbios pegan aunque no hagas nada y cuando se supone que ya sabía que los calabozos del Estado español están llenos de mierda y cuando se supone que ya sabía que aquí también existe la tortura.

Y está pasando todo esto y de repente la ciudad se llena de gente que me insulta. Gente cuyo mensaje es el heterosexismo, el patriarcado y la jerarquía aborregante. Gente que se ríe cuando voy de la mano con mi novia. Que no es novedad, siempre hay gente que se ríe, gente cuyo mensaje es el heterosexismo, el patriarcado y la jerarquía aborregante. Y tampoco es novedad que les paguemos para que lo hagan. Pero necesito gritar y de repente me exigen motivos. Como si no fueran evidentes. Y necesito gritar y parece que el discurso del odio y el discurso que no tolera al odio son igual de válidos.

Me siento estafada, engañada, avergonzada. Me consumo de furia y de rabia por dentro.

Imagen: La fotografía es de la recomendable galería de olmovich en Flickr.


Pasión gay


Ayer una amiga me preguntó qué opinaba sobre la noticia del asesinato de un hombre a su novio, hace un par de días, en un gimnasio madrileño, así como de su tratamiento informativo. Me acordé de esta entrada que había escrito en noviembre. En ella, resumo la historia de la Ley Integral contra la Violencia de Género en relación con el papel de los colectivos LGTB y de algunas asociaciones queer. También intento una conceptualización de la violencia de género y explico por qué creo que la violencia intragénero también puede ser violencia de género.

Respecto al tratamiento informativo de este caso, recomiendo la lectura del artículo de Shangay Lilly al respecto. Además, yo añado que, leyendo la información en unos medios y en otros, he distinguido dos corrientes:

Por un lado, la de un sector cercano al PP, generalmente contrario a la Ley Integral contra la Violencia de Género y con un discurso que gira en torno al "no tiene ningún significado especial que un hombre mate a una mujer, es un asesinato y punto" y al "esta ley criminaliza y desprotege al hombre". Estas personas y estos medios quieren acentuar el hecho de que ahora es un tío quien ha matado a otro tío, lo que quiere decir que si también hay asesinatos en parejas de tíos, la violencia de género tal como nos estaba vendida es una falacia, a lo mejor no lo dicen directamente en los titulares, pero si dejan clara la situación, incluso la ridiculizan, para ironizar sobre la violencia de género (si antes era violencia machista, ¿ahora es violencia homosexualista?) (véase tratamiento de La Razón y su "pasión gay en el gym" (ya puestos, riámonos un poco de los maricones).

Por otro lado, un sector cercano al partido socialista (vivan las dos españas y perdonad mi binarismo simplista), que sí defienden la Ley de Violencia de Género sin modificaciones y cuyo discurso quiere evitar a cualquier costa que se relacione al colectivo LGTB con la violencia de género, por miedo a darle argumentos a los anteriores. Éstos hablan con naturalidad y sin morbo de pareja o novio (La 1, Público, El País) para dejar claro que somos muy gay-friendly, pero se resalta en primer lugar el hecho de que fuera guardia civil que el hecho de que fuera gay (no olvidemos quiénes son los buenos y quiénes son los malos). No sólo no se pronuncia nada que suene a violencia de género o a violencia machista, sino que se han llegado a utilizar expresiones tan estereotípicas y afortunadamente arcaicas como crimen pasional en medios de información LGTB (que no es la primera vez que cae), no vaya a ser que se nos olvide que la Ley que tenemos es todo lo que necesitamos y que la violencia de género es algo tan manejable (en el sentido de abarcable, definible) como "hombre pegando a mujer porque eres mía".

¿La solución? No hay sólo una, pero yo creo que es necesario un debate más profundo de lo que significa la violencia de género y de cómo la mera producción y reproducción del sistema sexo/género ejerce violencia sobre nuestros cuerpos día a día.

Fuente de la imagen: @JoniPod


De violaciones

Que parece que voy a abrir una sección sobre las columnas de los domingos de Marías, pero no.

Tan sólo que acabo de leer El País Semanal de ayer y ha caído La historia doblemente increíble, sobre el caso Dominique Strauss-Kahn. Para que os hagáis una idea, el destacado es la siguiente frase: "No se puede sujetar a una persona y atinar, al mismo tiempo, a introducirle el miembro en la boca". Tal comentario viene acompañado de perlas similares: "Sin un arma para amenazar, o sin unos golpes previos para amedrentar (y nada de esto se ha mencionado), tal situación es imposible"; "Igual de difícil o más es -otro de los cargos barajados por la prensa- forzar a alguien analmente si el forzador no porta un arma -insisto- o no ha intimidado antes a la víctima con violencia"; "Se puede gritar y se puede salir corriendo, lo cual logró hacer la mujer finalmente, pero al parecer sólo después de la doble humillación de que fue objeto. La verdad es que nada casa".

En fin. Parece que hay que seguir insistiendo en que "no significa no"; en que el consentimiento debe darse durante toda la relación y no sólo al principio; en que éste significa decir que sí y no sólo no decir que no; en que una violación no exige que lx agredidx (más que generalmente la agredida) tenga lesiones que demuestren que se resistió violentamente; en que si no hubo resistencia desaforada no significa que en el fondo lo deseara...

En que, definitivamente, Javier Marías es un sexista impresentable. En que el mundo está lleno de ellxs.


De zurdxs y Marías

No sé si habéis leído el artículo de Javier Marías en El País Semanal de hoy: "Una minoría caballerosa y conforme". A mí me ha producido una furia interior entre el corazón y los pulmones que no se termina de marchar. No sabría por dónde empezar. Así que no voy a hacerlo.


Políticamente incorrectos

De repente, rechazar el racismo, el sexismo, la homofobia o cualquier otra discriminación se ha convertido en lo "políticamente correcto".

[En realidad, no ha ocurrido del día a la mañana, sino que lleva sucediendo durante aproximadamente una década. Sería fácil decir que lo ha conseguido ZP, ya que no se pueden negar los logros en ese aspecto de las políticas sociales, de la institucionalización del feminismo (de uno de tantos) y de la visibilidad de la diversidad afectivo-sexual (en una mínima vertiente y con intenciones normalizadoras) durante la primera legislatura y parte de la segunda].

La lucha contra el racismo, el sexismo y la homofobia que se ha institucionalizado en el Estado español dista mucho de ser radical o realmente transgresora (aunque tampoco niego que sea un paso). Lo verdaderamente radical o transgresor es, literalmente, transgredir de raíz el sistema cisheteropatriarcal en el que somos (re)producidos.

Una lectura fácil de la confrontación entre "la transgresión" y "lo políticamente correcto" nos lleva a un silogismo fácil y no demasiado innovador: lo transgresor es el sexismo, el racismo, la homofobia y otras discriminaciones. Preguntémosle a Arturo Pérez-Reverte, que de esto sabe mucho (del que ya hablé en el número 5 de mi lista de "lxs machistas del año"). Su última columna en XL Semanal es Pronúnciese "elegetebé":

Hay varios cantamañanas convencidos de que la lengua no pertenece a quienes la hablan, sino a quienes deciden retorcerla a su antojo a golpe de guía y decreto. Me refiero a esos individuos de ambos sexos -ellos dirían individuos e individuas de ambos géneros- que se atreven, con la osadía de su ignorancia, a lo que ni siquiera pretende la Real Academia Española. (...)

[Ahora empieza a hablar de la Guía de Lenguaje no Heterosexista (pdf) del Consejo de la Juventud de la Comunidad Valenciana]. Lo que, dicho en corto, significa dirigirse siempre al prójimo en términos ambiguos y poco comprometidos sobre el sexo de su presunto padre y su señora madre, aunque los tenga. Por si acaso. Y aunque el interlocutor aparente ser varón o hembra -quizá porque lleve bigote o luzca unas tetas de la talla 98-, no dar nunca por sentado que es una cosa u otra, no vayamos a ofenderle la sensibilidad. Etcétera.

Estoy seguro de que esa pandilla de bobos socialmente correctos, que se extiende cual mancha de aceite de oliva virgen, no se da cuenta del lío en que está metiendo a la gente (...). De la confusión a que nos expone cuando mezcla conceptos lógicos y respetables con desvaríos de género y génera (...). Ya me dirán ustedes qué suerte puede correr una causa, por noble y razonable que sea, cuando se aliña con estupideces como (...) que la palabra homosexual se usa de forma limitadora e «invisibilidad» a las lesbianas (...).

De manera que, señoras y caballeros, ha nacido otra estrella. Según la guía valenciana, usted y yo deberemos decir en adelante, so pena de ser llamados fascistas homófobos, «Día del orgullo LGTB» -pronunciado elegetebé, ojo-, «comunidad LGTB» y «LGTBfobia». (...)

Qué transgresor el señor Reverte, ¿verdad?


Érase una vez...

Érase una vez un país en el que el jefe de la oposición visita un centro de mayores con su homóloga en la Comunidad Autónoma en el que éste se encuentra. El jefe de la oposición visita la librería de la residencia y, en bonito gesto, escoge un libro y se lo regala a su acompañante.

No me importaría formar parte de ese país, si no fuera porque el libro que ha escogido entre todos los volúmenes que pudieran estar en la biblioteca es uno llamado La belleza femenina. He intentado localizar de qué obra, concretamente, se trataba. Pero estoy entre unos cuantos que comparten prácticamente el mísmo título, y seguramente haya más.

Si sabemos que ese jefe de la oposición trató de ignorar sistemáticamente las perlas de De la Riva, si sabemos que firmó este párrafo en 1984:

Todos los modelos que predican la imposición de la igualdad son radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre (…) y por ello, aunque se llamen ‘modelos progresistas’, constituyen un claro atentado al progreso porque contrarían y suprimen el natural institnto del hombre a desigualarse, que es lo que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos”

Sabemos también que la candidata del PP catalán no ha disimulado nunca su xenofobia y homofobia.

Por esto, en realidad, este cuento no debería sorprendernos. Pero que no me sorprenda no quiere decir que no me indigne. Igual que me indigna el silencio mediático ante estos detalles caballerosos tan significativos.

Y la rabia que me da que en medios donde los periodistas son relativamente progresistas y se esfuerzan por redactar la información desde una perspectiva de género reciban comentarios en los que lo más importante es que "lo de Alicia no se arregla con un libro de belleza". En serio, ¿qué está pasando?