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Aborto y diversidad funcional


En algunos argumentarios en defensa del aborto (qué rabia que se hayan apropiado del término vida, nosotras somos provida, pro vida vivible), se tiende a tratar de convencer al mal-llamado-provida a través de una empatía mal entendida: "imagínate una niña de nueve años embarazada por una violación, cómo vas a obligarle a seguir adelante con el embarazo, o imagínate y...". Y así. El problema de estos discursos es que acaban como hemos acabado, en las políticas de los supuestos, en el aborto como delito salvo en ciertos casos despenalizados, como en el 85. Y de repente parece que lo grave no es volver a los supuestos, sino que la malformación del feto no sea uno de ellos, y la gente se pone a hablar de síndrome de Down y de discapacidades.

En un estupendo artículo de Beatriz Gimeno sobre esto, escribía:

El tercer supuesto de la ley 9/1985 permitía el aborto siempre que “se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas”. Era un supuesto contra el que se rebela la ética básica. ¿Qué son taras? ¿Qué son graves? Si a un feto le falta, por ejemplo, una pierna, ¿es eso motivo de aborto? Las asociaciones de personas con discapacidad y los y las activistas de la misma hemos manifestado siempre que prohibir el aborto en general o dificultarlo y, al mismo tiempo, hacer excepciones solo en caso de que la persona por nacer tenga algún tipo de discapacidad es lo mismo que afirmar que la vida de una persona con discapacidad es inferior en valor a la de una persona sin discapacidad. El aborto no puede servir para proteger a las futuras personas con discapacidad de sus propias vidas, ni la ley es quien para considerar que tener un hijo con discapacidad es tan malo que es mejor permitir un aborto en esos casos.

Y efectivamente, en la ley de 2010 se hablaba de malformaciones pero en el caso de situaciones incompatibles con la vida, no se mentaban las discapacidades ni se entraba en ese discurso capacitista en el que es tan fácil caer cuando hablamos del aborto. Es por eso que los argumentos que se ilustran sobre casos dramáticos son tan peligrosos. Por supuesto que esos casos dramáticos existen y son importantes y merecen sus relatos y sus narrativas. Pero no pueden ser las únicas narrativas. El aborto no puede estar dominado por un relato del trauma y la inevitabilidad, el discurso-de-siempre-es-la-última-opción. De hecho, Pikara Magazine está solicitando experiencias que no se reconozcan en la victimización de Gallardón (a través de su correo electrónico participa@pilaramagazine.com). No aborto porque no me quede más remedio, no aborto pese al trauma que me vaya a provocar, no aborto para evitarle al mundo una mayor diversidad funcional, aborto porque me sale del coño y no quiero tu compasión


De Femen, tetas e islamofobia

Amina Tyler escribió sobre su cuerpo desnudo Mi cuerpo me pertenece y no representa el honor de nadie. Lo que empezó como una batalla entre feminismo y patriarcado, acabó como una guerra dentro de los mismos feminismos. Aliaa Magda Elmahdy, bloguera y feminista egipcia, ya subió en 2011 una serie de fotos de desnudos, ella posando incluida (su blog, todo hay que decirlo, es entero muy interesante), suscitando así la polémica. Tanto Tyler como Elmahdy se identifican -o por lo menos simpatizan- con el movimiento FEMEN.

Femen es un movimiento feminista fundado en Ucrania en 2008 pero con ramas en diferentes estados (Rusia, Francia, Alemania, desde hace bien poquito, también España...). Los tres pilares contra los que luchan son la explotación sexual (la rama ucraniana, por lo menos que yo sepa, es radicalmente opuesta a la regulación del trabajo sexual), las instituciones religiosas y las dictaduras. Una de sus armas, por lo menos la más visible, es su cuerpo desnudo como instrumento de protesta. En una entrevista que Alexandra Shevchenko, una de las fundadoras del grupo ucraniano, concedió al diario La Rioja, se tradujeron una serie de declaraciones que no han sido bien recibidas en diferentes círculos feministas: alejarse del feminismo y reivindicar la palabra "femenino" para renovar la imagen de la lucha de las mujeres o alejarse también de la masculinidad en las mujeres y del lesbianismo. Lara (Newell) Alcázar recomendaba en su Twitter este documental sobre Femen para comprender mejor el ideario y el feminismo que representan, lejos de las interpretaciones de periodistas sobre las declaraciones de una de las integrantes. El documental está en francés, pero se entiende bien y es bastante interesante.

El caso concreto de Amina Tyler es relevante porque suscitó una sonora reacción internacional tras las declaraciones de un ulema tunecino que pedía la lapidación para la joven. Las confusiones sobre el sistema jurídico musulmán, sobre las leyes tunecinas (¡no hay pena de muerte en Túnez!) y lo fácil que es pensar que cualquier Otro musulmán quiera apedrear a cualquier Otra, musulmana o no, desencadenó una reacción en cadena que reprodujo todos los mitos del discurso islamófobo y feminista colonial. Este comunicado de la Red de Mujeres Musulmanas explica muy bien lo sucedido en el estado español.

Femen también reaccionó al caso Amina Tyler: Inna Shevchenko declaró el 4 de abril (cumpleaños de Tyler) Día Internacional de la Yihad en Topless, trasladando al movimiento una concepción (nuevamente) universalista. Quemaron simbología musulmana y se manifestaron frente a mezquitas en diferentes capitales europeas. En respuesta, muchas feministas musulmanas protestaron ante lo que significaba una deriva racista e islamófoba que perjudicaba su lucha feminista desde la experiencia religiosa. El debate sobre si el uso del cuerpo desnudo como instrumento de lucha antipatriarcal objetualiza a las mujeres ha llegado a muchos otros círculos feministas y personalmente me da más pereza. Son tetas, joder, tetas. Y cuantas más tetas, cuerpos tatuados, cuerpos sin tatuar, mastectomías, cicatrices... escupan al patriarcado, mejor. Pero intentar que tus tetas, tus luchas y tus discursos sean universales... eso nunca puede acabar bien.

Me gusta, como siempre, este artículo de Filósofa Frívola, y tampoco le hago ascos a Beatriz Gimeno y su comentario más benevolente.


Pagando por ello


El sábado celebré mi cumpleaños (que me gusten las espinacas y que me encante mi cumpleaños son dos de esas cosas que no me pegan), así que tengo unos cuantos libros que leer, ya que tengo unxs cuantxs amigxs bien majxs. El que enganché ayer por la mañana fue Pagando por ello: Memorias en cómic de un putero (Chester Brown). Tal y como indica el subtítulo, es un relato autobiográfico sobre su relación, como cliente, con el trabajo sexual.

El libro es muy interesante y, para mí, ha sido una perspectiva diferente. Me ha gustado la banalización del sexo. Viñetas como las que abren esta entrada me recuerda a Virginie Despentes. No sé si fue ella en Teoría King Kong o si fue citada por Beto Preciado en Testo Yonqui, cuando aseguró que se había sentido mucho más explotada por el sistema capitalista heteropatriarcal trabajando como cajera que trabajando como prostituta. Efectivamente, expone también Chester Brown, hay veces que a la trabajadora sexual no le apetece especialmente ejercer su profesión, pero a mí tampoco me apetece venir al trabajo. Hay otras viñetas con trasfondo parecido, como la siguiente:




Lo compara como si no hubiera ningún problema con ninguna, y a mí me parece que, sobre todo la segunda y la tercera, son bastante violentas. De todas formas y al fin y al cabo, el matrimonio siempre fue un contrato muy similar a la prostitución, ¿no? La primera viñeta tiene también la complicación de "necesito el dinero", "no quiero hacerlo pero necesito el dinero". ¿Eso es una elección libre? Pero, ¿hay alguna diferencia entre ese "no quiero hacerlo pero necesito el dinero" y otros tantos encuadrados dentro del sistema laboral capitalista? Me gusta la cita de Despentes: "Las prostitutas forman el único proletariado cuya condición conmueve mucho a la burguesía".

Hay varias cosas que no me gustan del libro y casi todas tienen relación con la falta de análisis feminista de muchos puntos del debate. Brown iguala la prostitución masculina y la femenina (y excluye la prostitución de otros géneros) ignorando las relaciones de poder entre hombres y mujeres (y el resto de nosotrxs). El autor, además, cita a Sheila Jeffreys como única referencia de la teoría feminista en relación a la prostitución. No quiero decir que Jeffreys no sea importante, pero... en fin, teniendo en cuenta la enormidad del debate feminista en torno al trabajo sexual, centrarse en una única autora (más aún, en esta autora) es o malintencionado o ignorante. No estoy de acuerdo con Sheila Jeffreys en casi nada (ni en su relación con el sexo y el sadomasoquismo, ni con su transfobia, ni con su opinión sobre la prostitución) pero me ha dado muchísima rabia que Chester Brown haya ironizado sobre la percepción que tiene Jeffreys sobre la violencia (más amplia que la de "la otra gente", como dice él).

La obra de Brown me ha dado muchas (más) ganas de leer dos libros: Crítica del pensamiento amoroso (Mari Luz Esteban) y La prostitución (Beatriz Gimeno), con quien seguramente no estaré de acuerdo, pero con la que sé que reflexionaré un montón.


Pin pan pun

Ah, sí, que tenía un blog... Por fin me he puesto en serio con la tesis. Y entre eso y el trabajo tengo poco tiempo para escribir sobre bolleras (otras bolleras que no sean las de la tesis, claro). Pensé que sería duro volver a estudiar, leer y escribir sobre cine, pero es un aliciente para levantarme cada mañana, así que estoy contenta: representación, producción y recepción de identidades queer en el cine árabe; caso de estudio: territorios ocupados de palestina.

Para poder "seguir adelante", voy a recopilar todos los links que tenía apuntados. Así podré darle por fin a "leído" en el listado de RSS y viviré tranquila.

Hace casi un mes, eva uvedoble escribió una entrada sobre un par de artistas a las que no conocía: Laura Torrado y Carmela García. Merece la pena indagar.

Pasó el 25 de noviembre y con él el día internacional contra la violencia de género. Alicia Murillo escribía en su blog sobre los carteles que un artículo de El País había recopilado y que los contactos de (por lo menos mi) Facebook compartían sin cesar. "La mujer" siempre como víctima: "En los carteles contra la violencia machista deberían salir hombres violentos no mujeres magulladas con cara de víctimas indefensas". Me quedo con el título de su post: Si me pones la mano encima sales rodando por las escaleras abajo antes de que yo termine de decir "cabrón baboso".

Me fascina la facilidad con la que se promocionan las operaciones de cirugía estética relacionadas con los labios vaginales y el clítoris. Recomendado este artículo de Beatriz Gimeno.

Y ya está; por el momento.


Visibilidad

Mañana 26 de abril es el día de la visibilidad lésbica. Hace apenas un mes hablé en el curso "Teorías y realidades afectivo-sexuales" de la Universidad Autónoma de Madrid. Dado que nuestra sesión trataba la salida del armario, se esperaban historias de vida y la sempiterna crítica al sistema cis-heteropatriarcal. Pese a que estoy demasiado apegada a la teoría y me da mucho reparo meterme en lo personal, lo acabé haciendo.

Mi primer año fuera del armario sentía tristeza cada vez que alguien, por la calle, me insultaba. Sentía tristeza cuando amenazaban por pegarme, algo que ocurrió en varias ocasiones. Sentía tristeza cuando mi tía me decía que le desmintiera a todos mis allegados que fuera lesbiana, que les estaba haciendo daño con mi sinceridad. Sentía tristeza cuando mis familiares más cercanos no entendían ciertas cosas. Después lo convertí en rabia, que duró años y, más tarde, en indiferencia. Hace apenas dos años que unos insultos me devolvieron la furia. No sabía cómo canalizarla, y me agujereaba por dentro. No quería volver a la indiferencia, así que la convertí en activismo. El activismo no significa necesariamente afiliarse a asociaciones, hacer voluntariado… Cada cual elige su causa y no tenemos tiempo para todas. Pero salir del armario también es activismo. Mi participación en X está muy relacionada con este tipo de activismo. Es recordarles a lxs chavalxs LGTB que hay vida más allá del armario. Es recordarles que existen las lesbianas, los gays, lxs trans, lxs bi.

Sin embargo, vuelvo a lo de siempre. Claro que es muy injusto culpar a la persona LGTB+ de la LGTBfobia. No es eso lo que pretendo. Tan sólo me interesa la responsabilidad. Nadie habla de culpas. Pero todxs somos responsables de la sociedad en la que vivimos.

Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar..., salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todxs.

De visibilidad se podría escribir tantísimo... Éste es el video que la revista Mirales ha preparado en ocasión de esta jornada de abril. "La visibilidad de los personajes públicos contribuye a disminuir el miedo. En muchos casos la lesbofobia está motivada por la ignorancia y el desconocimiento", dice María Jesús Méndez, su directora. Bien es cierto que necesitamos referentes, pero cuántas veces escucho las manidas críticas a políticas, a cantantes, a actrices..., en boca de personas que se esconden corriendo el día del Orgullo si se acerca una cámara de televisión. Cada persona necesita su tiempo, sí. Pero es que ya son muchos años. Y hay muchas personas que han sido (y son) asesinadas, mutiladas, encarceladas y humilladas para que puedas ir de la mano de tu chica por la calle como para que ahora pidas... tiempo. No creo en el derecho al armario. Siempre me ha sonado a excusa.
Es el momento en que las lesbianas que somos visibles comencemos a exigir a las que no lo son que den un paso al frente; al menos que se lo exijamos a aquellas que dicen, en privado, defender los derechos de las lesbianas; que les exijamos coherencia política y ética. Los derechos se defienden en el espacio público y no sólo en el privado. Desde el armario no se defiende nada porque nadie te escucha ni te ve.
Beatriz Gimeno


Yo no les respeto

Parece que el incidente de la capilla en el campus de la Universidad Complutense de Somosaguas sigue dando de sí. Éste es el documento que firmaron lxs feministas que se atribuyeron la acción:

Un grupo de Mujeres y Lesbianas feministas y autónomas reivindicamos la acción ocurrida en la capilla de Somosaguas el día 10 de marzo de 2011.

Vivimos en una sociedad en la que los valores católicos cortan de manera transversal la vida social y política impregnando nuestra cotidianeidad. La iglesia católica se presenta como una institución que, partiendo de la imagen creada del estereotipo hombre blanco, heterosexual y occidental, construye la imagen de la Mujer como la opuesta a éste: blanca, occidental y heterosexual, castigando y silenciando no solamente a éstas, sino también a multiplicidad de identidades como lesbianas, transexuales, transgénero, de distintas etnias, intersexuales y un largo etcétera. Una prueba de todo esto es el lenguaje sexista utilizado en las noticias, que publicadas a raíz de los sucesos ocurridos, nos invisibiliza una vez más, ya que esta acción surgió y se desarrolló de manera espontánea, única y exclusivamente por mujeres y/o lesbianas. Nos desvinculamos, por otro lado, de todas las pintadas de las que se nos acusa.

El entramado de la acción consistía en ir en procesión hasta la capilla de Somosaguas simbolizando el papel sumiso que se le otorga a la mujer desde la iglesia, que atraviesa nuestra cultura occidental, aún sin ser creyentes. El hecho de que el pañuelo morado estuviese presente en nuestra acción fue una manera más de reivindicarla como feminista. Al llegar a la capilla el grupo entramos de forma no violenta, sin ataques directos a las personas que se encontraban en el interior. Allí hicimos un círculo de mujeres y/o lesbianas y leímos un comunicado en el que se explicaba cómo la iglesia actúa como una institución que promulga unos valores machistas y heteropatriarcales. A continuación, citamos frases pertenecientes a instituciones y figuras íntimamente relacionadas con la iglesia que sentencian y criminalizan los cuerpos. Tras la lectura, la mayoría de las que allí estábamos decidimos desnudarnos de cintura para arriba mostrando los mensajes que teníamos escritos en nuestros torsos, con la intención de reivindicar la reapropiación de nuestros cuerpos y la identidad de cada una. En ese momento, entre lemas y consignas feministas, algunas mujeres empezaron a besarse visibilizando el lesbianismo. Finalmente, abandonamos la capilla sin causar ningún daño.

Después de lo expuesto, consideramos que:

El hecho de entrar en una capilla y no en cualquier otro espacio religioso, se debe a que nuestra tradición cultural es judeocristiana y no musulmana, hinduista o de cualquier otra índole, para no apropiarnos de realidades que son ajenas a nuestra experiencia. Aunque nosotras luchamos desde nuestra realidad, siempre apoyaremos cualquier iniciativa feminista llevada a cabo desde otras identidades y culturas.

Entendemos que el cuerpo de la mujer no debe ser objeto de censura, ya que históricamente la carga de todos los valores considerados negativos por la iglesia se han materializado en el cuerpo de la mujer, mancillando, violando, vulnerando y maltratando lo que somos. No se puede construir una sociedad nueva, diferente, no heteropatriarcal, sin innovar en sus formas y en su lenguaje.

Sólo rompiendo los esquemas ya establecidos podremos crear otros nuevos que nos permitan renombrar el mundo desde nosotras.

Cuando pensé en escribir esta entrada, no sabía que Beatriz Gimeno había dicho ya muchas cosas de las que tenía intención de expresar, y mucho mejor, así que mejor me callo y le dejo hablar a ella.

Cuando me enteré de la provocadora acción de unas estudiantes lesbianas y feministas en una capilla que por lo visto existe en el campus de la universidad complutense, lo primero que sentí fue una punzada de nostalgia por la juventud perdida. Después me di cuenta de que gracias a este acto me he enterado de varias cosas. La primera es que convivimos con capillas católicas en las universidades públicas, la segunda que hay estudiantes (sobre todo de económicas) que rezan por las mañanas y la tercera y, para mí la más grave, que se puede cometer un delito contra el sentimiento religioso. Acabáramos, por eso están tan chulos.

Se desató una feroz campaña en los medios reaccionarios, incluido el fascista sindicato Manos Limpias contra esta actuación que fue en todo momento pacífica, reivindicativa, legítima y que no hizo daño a nadie ni a ninguna propiedad. Lo que parecía que acabaría en una multa a las estudiantes o en un expediente administrativo terminó con la policía deteniendo a las participantes en sus propias casas. Y no les han aplicado la ley de partidos, la ley antiterrorista o lo que sea porque a Manos Limpias o al arzobispado de Madrid no se les ha ocurrido, que si no las incomunican y después las ilegalizan. Ya hemos visto lo que ha ocurrido con Garzón, que les tocó un poco las narices.

Antes de que detuvieran a las estudiantes, mucha gente supuestamente de izquierdas se lamentaba diciendo que la acción de las estudiantes era una “provocación innecesaria” y que hay que respetar el derecho de cada cual a sus creencias bla, bla, bla… Ya estoy más que harta, aquí sólo se les respeta a ellos. Yo no les respeto. No respeto a quien no me respeta. No respeto a quienes se enorgullecen, y además pretenden extender, la ignorancia, la incultura, la estupidez, el fundamentalismo, el permanente cuestionamiento a derechos humanos y democráticos que son básicos, a los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales. No exagero si digo que la iglesia, todas las iglesias, si pudieran acabarían conmigo, me perseguirían, me prohibirían ejercer mis derechos, me impedirían vivir, como hacen con las mujeres donde aun tienen poder y como han hecho a lo largo de toda la historia. A ellos les gustaría acabar conmigo, a mí me gustaría acabar con cualquier manifestación religiosa en el ámbito público. No les respeto y me encantaría que una ola de indignación popular nos llevase a la ciudadanía a ocupar todas las capillas que están donde no deben; a quitar las cruces de colegios y hospitales públicos, de todos los lugares desde donde me ofenden.

Porque esa es otra. Resulta que existe un delito que es el de “ofensa a los sentimientos religiosos” como si los sentimientos religiosos fueran más respetables de por sí que los sentimientos ateos, no religiosos. Yo soy atea y tengo un fuerte sentimiento ateo que se siente profundamente herido y ofendido cada vez que un cura dice alguna barbaridad de las que suelen decir, cada vez que insultan mi inteligencia o mi dignidad, mi libertad o mis derechos de mujer feminista atea y lesbiana. Que exista ese delito es parte de los incalificables privilegios que disfruta la iglesia católica y su discurso, que goza del privilegio legal de ser intocable.

Nos encontramos ante el sinsentido de que un discurso ideológico basado en valores directamente contrarios a algunos valores constitucionales y democráticos, es especialmente protegido por la ley, mientras que el discurso contrario, el del ateismo, el laicismo, la defensa de la aconfesionalidad, de la igualdad, no goza de protección alguna. Es decir, ellos pueden celebrar una misa en Colón, en un espacio público, para insultarnos pero si les insultamos a ellos, cometemos un delito. Así nos va.

Y todo esto ocurre con la complicidad del PSOE que en sus ocho años de gobierno nos deja una Iglesia empoderada, con más privilegios que nunca, con más dinero que nunca, más intocable que nunca. Ayer mismo cuando el rector Berzosa criticaba los incidentes de la capilla pero tenía la decencia, al menos, de señalar que es una anomalía que existan capillas en las universidades públicas, el Ministro de Educación salía corriendo al quite para defender a la iglesia exigiendo al rector que “se ciñera a los hechos nada más”, es decir, a la terrible acción estudiantil, y que no dijera nada de la anómala existencia de una iglesia en la universidad. El PSOE hace mucho que se dedicó a cavar su propia tumba política pero lo hacen con tanta dedicación que no dejan de sorprenderme cada día.


Para qué añadir más.


Violencia de género


Bastantes periódicos titulan ahora que lxs homosexuales reclaman ser incluidxs en la Ley de Violencia de Género (como si el colectivo COLEGAS, quien envía la nota de prensa, fuera representativo de algo). De esta forma, tratan de rescatar el debate sobre la violencia de género y la violencia intragénero. El tema me da un poco de tirria sólo por el hecho de que lo saque a relucir quien lo saca a relucir, pero supongo que se merece una reflexión más profunda.

Beatriz Gimeno recuerda que, durante el debate de la Ley Integral contra la Violencia de Género, lxs homosexuales tuvieron la oportunidad de ser incluidxs, mediante su instrumentalización por parte del PP (¡ja!), mediante el apoyo del sector progresista del CGPJ y mediante un primer comunicado de la Federación que señalaba la importancia de la violencia entre parejas del mismo sexo y su necesaria inclusión en el documento legal. Finalmente y, tras un largo debate, la FELGTB acordó manifestarse a favor de la iniciativa legal y de los postulados del movimiento feminista, ejecutando acciones positivas a favor de las mujeres, debido a una circunstancia concreta y urgente de violencia sistemática contra la mujer dentro del entorno afectivo de las parejas heterosexuales. Otros colectivos, no sólo COLEGAS, entre ellos muchos de ideario queer, sin embargo, se han situado en contra del acuerdo de la FELGTB.

La violencia de género no es lo mismo que la violencia contra las mujeres, ni es lo mismo que la violencia doméstica, ni es lo mismo que la violencia intrafamiliar. El género es un concepto relacional que no se puede traducir por mujeres como quien no quiere la cosa. Dentro de un sistema patriarcal, es lógico que las mujeres se conviertan en las víctimas clave de la violencia de género, y que ésta se equipare generalmente a violencia machista.

¿Existe violencia de género en parejas homosexuales? ¿Un hombre puede ser víctima de violencia de género? ¿Existe violencia de género en ámbitos externos a la relación de pareja?

Primero, debemos definir la violencia de género. La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (Naciones Unidas, 1993) habla concretamente de mujeres y la describe de esta manera:

Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada.

Una definición que veo repetida en Internet sin encontrar su fuente original, se encarga concretamente de la violencia de género:

El término violencia de género, se refiere a un tipo de violencia caracterizada por ser una acción u omisión llevada a cabo por una persona hacia otra de diferente sexo, produciéndole algún daño no accidental, y cuyo motivo está representado por esa misma diferencia de sexos.

Esta definición se desliga de la categoría de mujeres, pero se centra en el sexo biológico como motivo de la violencia y se limita al ámbito de la relación afectivo-sexual. La definición que la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, dice así:

La violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.

Bien es cierto que se centra en las mujeres, pero porque parte de que el sistema patriarcal en el que vivimos no deja opción a una violencia sistemática y basada en motivos de discriminación sexual hacia los hombres. De esta forma, visibiliza quiénes son las oprimidas de la dialéctica de género, aunque se quede, de nuevo, en el sexo biológico. Sin embargo, comete el mismo error: se centra en las relaciones sentimentales.

Si entendemos que la violencia de género es aquélla que se acomete debido a los encorsetamientos del sistema sexo/género, no podemos negar que la violencia machista intrafamiliar es violencia de género. Tampoco podemos negar que las mujeres son las principales víctimas de este tipo de violencia, pues son las principales víctimas de ese sistema.

¿Y en una pareja homosexual? Si un miembro de la pareja agrede al otro miembro (de forma puntual o continuada) porque se cree con derechos de posesión sobre la otra persona debido a una educación afectivo-sentimental heteropatriarcal que le ha socializado de esa manera, es violencia de género.

¿Y fuera del ámbito de la pareja? Si cualquier persona o institución ejerce violencia, de cualquier tipo, basada en los parámetros sexo/género, da igual que esté o no fuera o dentro de la pareja/unidad familiar/grupo de sociabilización. La homofobia es violencia de género, obligar a una niña que quiere irse a jugar al parque a ponerse un vestido y a cerrar las rodillas al sentarse es violencia de género, la patologización de la transexualidad es violencia de género, la plumofobia es violencia de género, la prostitución alegal es violencia de género, los baños para chicos y los baños para chicas es violencia de género... Hombres y mujeres (y el resto de nosotrxs) podemos ser víctimas (aunque no indistintamente), entonces, de este tipo de violencia.

¿Qué hacemos entonces con la Ley? Pese a su título genérico, trata un objeto muy concreto, pero terriblemente grave e importante. Personalmente, no incluiría la violencia intragénero dentro de esta ley (que debería denominarse algo más similar a Medidas de Protección Integral de la Mujer Víctima de la Violencia de Género en el Entorno de la Pareja Heterosexual). Esto no la hace más grave que otros tipos de violencia o que otras facetas de la misma violencia de género, pero sí más específica. Sí propondría una Ley Integral contra la Violencia de Género, que se centrara en la educación y en la prevención y que contara con protocolos a seguir en los diferentes patrones de este tipo de violencia. ¿Costes? ¿Económicos? ¿Políticos? ¿Importa?


De empoderamiento y visibilidad

No se le puede exigir lo mismo a todo el mundo en materia de visibilidad; pero, a quien se le puede, se le debe exigir el máximo.
Beatriz Gimeno

No me había dado cuenta de lo cansada (en su acepción más física y literal) que estaba de charlas teóricas y textos académicos hasta que ayer MiraLes me sorprendió con una reunión bastante más humana de aquello a lo que estoy acostumbrada. Esta revista en línea en español (e inglés) para mujeres LBTQ, ha celebrado su primer aniversario con un Festival Cultural Lésbico en Madrid, denominado 'Mírame, soy libre'.

En la charla Empoderamiento y visibilidad, moderada por María Jesús Méndez, directora de la publicación, participaron Beatriz Gimeno e Isabel Gómez, presidenta de la asociación de familias LGTB Galehi. En un primer momento, se esperaba la asistencia de Gracia Trujillo, pero por motivos laborales tuvo que ausentarse, hecho que lamenté enormemente, sobre todo en el turno de preguntas, cuando se sucedieron un gran número de críticas a la filosofía y activismo queer sin que nadie (yo incluida) respondiera.

María Jesús Méndez introdujo la charla desde la experiencia personal. No recuerdo las palabras exactas, pero haré memoria, porque yo jamás habría encontrado un discurso mejor para explicarle a mi madre por qué quiero hablar con mi abuela. Armarios parciales, armarios de quita y pon, yo soy visible pero... Son muchas las maneras de decirlo pero una sola la realidad: si renuncias a visibilizarte como lesbiana, estás abandonando (voluntariamente) el ámbito de la ciudadanía y se lo estás regalando íntegramente a lxs heterosexuales.

El armario es un complejo mecanismo social que lxs propixs homosexuales reivindicaron como derecho a la privacidad cuando las conductas homosexuales eran perseguidas. El argumento de que el Estado no debía inmiscuirse en los asuntos personales, con un tinte tan neoliberal ahora, era entonces una cuestión de supervivencia (el archivo de socixs de COGAM era prácticamente secreto de Estado; la gente firmaba con nombres tales como Mickey Mouse).

Cuando la homosexualidad dejó de ser delito, el derecho a la privacidad se convirtió en una imposición estatal y social de obligación a la privacidad, tan contraria al lema feminista de lo personal es político. El shock del sida hizo ver, de la forma más trágica posible, que la permisividad legal de las conductas homosexuales no nos hacía iguales: el secreto es la muerte. El heteropatriarcado se clava y el armario se respira y se convierte en tu piel. No visibilizarte como lesbiana no significa dar pie a la ambigüedad, no significa no etiquetarse, no significa ser libre. No vilisibilizarte como lesbiana significa permitir que todo el mundo te etiquete como heterosexual.

El armario de Matilda, el personaje de Roald Dahl, donde la directora-Estado represor encierra a lxs alumnxs que escapan de la ley, cuyas paredes están plagadas de clavos amenazantes con dañarte si te mueves, es la imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en este tema. La idea general que flotaba en la pequeña sala de la jornada de ayer era que esos clavos no son tales, que cuando te atreves a moverte no pasa nada, abres la puerta y no pasa nada, no pasa nada. Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar... salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todas.

Isabel Gómez, como representante de Galehi, hizo hincapié en el trabajo que las mujeres lesbianas estaban haciendo en otros espacios que no son el mediático (que parece que todavía asusta cuando una publicación pide declaraciones de padres y madres y, pese a que hay una relación aproximada de 70 a 30 en favor de las mujeres, sólo los varones se prestan a aparecer en público), espacios que parecen más pequeños, los colegios, las reuniones del AMPA, la salida de la guardería... por no mencionar los espacios de ingenuidad, lxs propixs niñxs, donde los prejuicios todavía no se han asentado.

Es una batalla silenciada, pero es una batalla de futuro.
Isabel Gómez

Esta tarde, a las 20:00, el local Ne me quite pas aloja la exposición de fotografía MíraMe, Soy Libre y la entrega de premios Visibilidad MiraLes.


Margaret


Es más fácil tener que ser.
Margaret

Llevo mucho tiempo interesada en las teorías acerca de la construcción identitaria. Anteayer me leía Construcción de la subjetividad femenina, una recopilación de Almudena Hernando (2000) de las ponencias del seminario homónimo que el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense celebró en Madrid.

Al mismo tiempo que leía el ensayo con que la propia Dra. Hernando había contribuido a la edición, me choqué con el "Corto de la semana" del diario El País: Uniformadas, de Irene Zoe Alameda. Para quien no tenga tiempo o ganas de ver los doce minutos de cortometraje, aquí se puede ver el tráiler. Uniformadas sigue a una niña de ocho años que se enfrenta a una educación encorsetada en los esquemas de género y que, enfrentada a mensajes contradictorios y atraída por una compañera de clase a la que besa...

-Ven conmigo al armario.
-¿Para qué?
-Tú ven, que te voy a contar un secreto.

... se siente tremendamente confusa.

-Margaret, what do you want to be when you become a grown-up girl?
-Mmmm... A man.

Cuando alguien quiere diluir las categorías de hombre/mujer/transgénero, homosexual/heterosexual/polisexual... me siento ofendida en mi identidad de mujer homosexual. Influida por cierto radicalismo lesbiano y feminista de los años sesenta y setenta, no puedo evitar sentir que el borrado que algunxs teóricxs queer tratan de hacer sobre mi identidad, no hace más que invisibilizar las raíces de las discriminaciones que puedo/podemos sufrir.

Por otro lado, cuando en mi entorno se acepta la premisa de las diferencias biológicas insalvables entre las categorías de hombre/mujer, también me siento ofendida, algo que me ocurrió con lo sucedido, y ya comentado, en el IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico.

Supongo, entonces, que lo importante para mí es la instrumentalización de las identidades políticas. Mi autodesignación de mujer no se basa en la identificación con un grupo por motivos biológicos, sino en la autodeterminación de una comunidad de individuos que sufren una discriminación concreta. Asocio la disolución de esa etiqueta de "mujer" al presupuesto de que esa discriminación concreta ya no existe, hecho con el que no estoy en absoluto de acuerdo.

Entiendo que las identidades políticas tienen el problema de que, a veces, corremos el riesgo de creérnoslas y convertir la instrumentalización en fin en sí mismo. Entiendo, asimismo, que la reafirmación de la identidad de mujer puede confundir a quien te escucha, que puede terminar relacionándolo con diferencias de base entre las categorías de hombre y mujer. Entiendo que es difícil defender que partamos de las categorías hombre/mujer para que, cuando el debate avance, retrocedamos y olvidamos lo aprendido para continuar con una perspectiva genderqueer.

Al mismo tiempo, comprendo perfectamente la postura de mujeres lesbianas feministas que, como Beatriz Gimeno en España, comprenden la identidad lesbiana como una opción política, independientemente de que haya o no sido mi caso (yo me autodesigné lesbiana mucho antes de conocer toda esa lucha, antes siquiera de autodesignarme mujer).

Sin embargo, esas mujeres lesbianas que no son mujeres porque no forman parte del sistema económico-político-social heterosexual, ¿pueden mantener relaciones con hombres/transgénero que también hayan decidido salirse de ese dispositivo? ¿Las lesbianas dejan entonces de ser mujeres, de ser lesbianas y se convierten en transgénero polisexuales?

Sé que este debate no es, en absoluto, nuevo. También sé que hay infinitas respuestas a estas preguntas pero que yo, ya que llevo poco tiempo sumergida en estos mundos, no conozco. Mi problema es que, siendo yo novata en este área, me convence cada texto que leo.

En principio, comparto la instrumentalización de las identidades con fines políticos/reivindicativos y comparto la creencia en que las categorías hombre/mujer y hetero/homosexual son constructos. Mi mayor problema nace, entonces, cuando me enfrento a la transexualidad o al caso David/Brenda (en français pour maman). Con esto, me cuesta aceptar definitivamente la idea de que la identidad sexual, así como la identidad de género, son constructos sociales o instrumentales.

Estoy perdida, tan perdida como Margaret, protagonista de Uniformadas.