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Muerte y Sálvame


Nos estamos muriendo todo el tiempo. Pasé la tarde hablando con L. sobre la muerte. Bueno, también hablamos de ansiedad, de crochet, de cine, de lo mucho que nos queremos y de Sálvame Deluxe; que si no qué bajón.

Gerard Coll-Planas publica en 2012 La carne y la metáfora: una reflexión sobre el cuerpo en la teoría queer. En su aproximación a la percepción del cuerpo en la posmodernidad, comienza por la concepción de Norbert Elias del proceso civilizatorio: una lucha contra la naturaleza que tiene dos puntos débiles, el sexo y la muerte. Para Elias, se estarían relajando las reglas que regulan la sexualidad mediante un autocontrol interno, pero el horror que provoca la muerte va en aumento.

El recorrido que hace Coll-Planas con ayuda de Norbert Elias y de Zygmunt Bauman sobre la percepción de la muerte en la modernidad y en la posmodernidad se podría acompañar muy bien del discurso de Beto Preciado sobre los diferentes regímenes de verdad en los siglos XIX y XX.

Antes de la modernidad, se entiende la muerte como parte de la vida, obra del destino o voluntad divina (aparatos de verificación teológico-trascendentales, tanatopolítica, cuerpo plano). Con la modernidad, la razón pretende controlarlo todo, la muerte es la "herida mortal al narcisismo del ser humano", la muerte es el fracaso de la ciencia (aparatos de verificación científico-empírico, cuerpo que es interioridad pública, biopolítica). Así, al no ser capaces de asumir la mortalidad de nuestros cuerpos, aislamos a las personas que están cercanas a la muerte. Nuestra mortalidad no es negada explícitamente, pero es aislada, utilizamos un "lenguaje de la supervivencia" que nos da una vía de escape al horror que supone saber que vamos a morir. Para Bauman, "según el discurso moderno, morimos por causas concretas, mientras que en el fondo todxs morimos... porque somos mortales". ¿Cómo se lidia con la muerte en la posmodernidad? También para Bauman, en esta modernidad líquida ya no olvida la muerte o la intenta vencer con la ciencia, sino que "se deconstruye la inmortalidad en un conjunto de satisfacciones alcanzables", se pospone, se banaliza. Estas tres huidas de la mortalidad (trascendencia religiosa, desconocimiento, aislamiento, olvido), se combinan en el sujeto posmoderno con serias consecuencias: negar la mortalidad es negar la vulnerabilidad, es negar los límites del cuerpo.

Pero paremos un momento, de qué sujeto habla Coll-Planas, de qué sujeto habla Elias, de qué sujeto habla Bauman. L. y yo hablábamos de otro sujeto, desde otro lugar. La posición de la que salen las voces de L. y la mía es bastante similar, pero nuestra visión de la muerte es opuesta. Aun opuesta, es claramente diferente a la de ese hombre (hombre) tan posmoderno que ignora la muerte, que pospone la muerte, que olvida su vulnerabilidad. Qué sujetos pueden permitirse olvidar la muerte. Coll-Planas teme que la teoría cuir se olvide de la muerte y de los límites del cuerpo, y nos trae el asesinato de Isaac y Julio como si quisiera recordarnos que lo cuir no se queda en tu taller drag king y que a veces nos matan. Pero precisamente lo cuir no puede separarse de la muerte. Porque nace precisamente de la conciencia de vulnerabilidad. Quiénes son esos sujetos de los que hablan Coll-Planas, Elias, Bauman... que pueden permitirse olvidar la muerte. Y dónde metemos en estos discursos a esos otros cuerpos que bailan con la muerte cada día. A los cuerpos enfermos, a los cuerpos que han escuchado de su médicx la fecha de su final, a los cuerpos suicidas, a todos los cuerpos que sí saben de su vulnerabilidad porque se han producido en ella. L. y yo queremos una genealogía de la muerte desde esos cuerpos que, algunos sin ningún miedo y otros con demasiado, nunca se han podido permitir olvidar su mortalidad. Luego hemos pasado a Sálvame Deluxe, que estaba poniéndose la tarde demasiado intensa.

Imagen: "rhytm 10", de Marina Abramovic, performance donde clava un cuchillo entre los dedos de la mano y cambia de instrumento cada vez que se corta. Para Coll-Planas, este tipo de performances, como las de Stelarc, construyen un cuerpo potente que puede vencerlo todo ignorando sus debilidades. Personalmente, pienso que intentan lo contrario. En realidad pensaba ilustrar la entrada con algo de accionismo vienés, pero seguramente C. no volvería a leer el blog, así que he pasado.


Queering Love


Ayer hablaba con S. sobre amor y sobre sexo. Sobre la posibilidad de "queerizar" el amor. Sobre la posibilidad de identificarse como genderqueer y de luchar contra las asfixiantes normas de género al mismo tiempo que se mantiene (muy felizmente) una relación afectivo-sexual monógama.

Coral Herrera Gómez lleva años reflexionando sobre la construcción del amor romántico desde una perspectiva queer, de hecho, hablará sobre ello en Madrid y en Pamplona durante el mes de febrero.

La conversación vino al hilo de la participación de Beto Preciado y de Virginie Despentes en el debate sobre el matrimonio igualitario en Francia [acerca de este tema, ambas se vieron envueltas en la polémica cuando respondieron airadas (BP y VD) a Javier Sáez por su artículo El amor es heterosexual]. Me sorprende ver a figuras tan icónicas para la comunidad queer como son ellxs defender de forma tan clara la ley de matrimonio.

Beto Preciado publicó un artículo en Libération (aquí traducido al castellano) titulado: ¿Quién defiende al niño queer?

El niño que Frigide Barjot asegura proteger no existe. Los defensores de la infancia y la familia hacen llamado de la familia política de un niño que ellos construyen, un niño presupuesto heterosexual y bajo la norma del género. Un niño que privan de toda fuerza de resistencia, de toda posibilidad de hacer un uso libre y colectivo de su cuerpo, sus órganos y sus fluidos sexuales. Esta niñez que ellos aseguran proteger exige el terror, la opresión y la muerte.

[...]


En la intimidad del hogar familiar, desplegaba un silogismo que invocaba la naturaleza y la ley moral con el fin de justificar la exclusión, violencia e incluso asesinato de los homosexuales, travestis y transexuales. Comenzaba por “un hombre debe ser un hombre y una mujer una mujer, así como Dios lo ha querido”, continuaba por “lo que es natural, es la unión de un hombre y una mujer, es por esto que los homosexuales son estériles”, hasta la conclusión, implacable, “si mi hijo es homosexual prefiero matarlo”. Y ese hijo, era yo.


[...]


Lo que protegían mi padre y mi madre, no eran mis derechos de niño, sino las normas sexuales y de género que se habían ellos mismos inculcado en el dolor, a través de un sistema educativo y social que castigaba toda forma de disidencia con la amenaza, la intimidación, el castigo, y la muerte. Tenía un padre y una madre, pero ninguno de los dos pudo proteger mi derecho a la libre autodeterminación de género y sexualidad.

Virginie Despentes, por su parte, publica esta carta en Têtu (traducción al castellano aquí):

Si mañana me anuncian que tengo un tumor en el cerebro y que me quedan seis meses, no dispongo de ningún contrato fácil de firmar con la persona con la cual vivo desde hace ocho años que me pueda asegurar que todo lo que tenemos en casa le pertenecerá. [...] Si fuera hetera, estaría arreglado en cinco minutos: una vuelta por el ayuntamiento y todo lo que es mío es suyo. Y viceversa. Pero soy bollera. Entonces, según Lionel Jospin, es normal que sea difícil establecer mi sucesión. Que la podamos refutar o que haya que pagar 60 % de impuestos para poder tocarla. Una pequeña tasa no homófoba, pero que somos los únicos en pagar aunque seamos pareja.

No veo otra palabra que homofobia para describir la hostilidad que siento desde que empezó este debate. Yo crecí como hetera y me parecía normal tener los mismos derechos que todo el mundo. Envejezco bollera y no me gusta nada la sensación que me causan esos viejos velludos en cuanto me declaran desviada. Me gustaría poder casarme y no hacerlo. 


Nosotrans decidimos



Se me había olvidado lo divertidas que son las manifestaciones en las que no caminas con miedo a que te dispare la policía con pelotas de goma.

Los objetivos de la campaña por la despatologización trans son la retirada de la categoría de "disforia de género" y "trastornos de la identidad de género"

[no somos disfóricas, estamos eufóricas]

de los catálogos diagnósticos DSM (de la Asociación Psiquiátrica Americana) y del CIE (de la OMS) en sus próximas ediciones, previstas para el 2013 y el 2015.

[vamos a quemar ¡vamos a quemar! vamos a quemar ¡la consulta del hospital! vamos a quemar la consulta por violenta y patriarcal]

Dentro del colectivo trans existen dudas al respecto, pues hay quienes consideran que despatologizado sería más complejo luchar por la cobertura sanitaria pública, pero [creo que] una patologización estratégica sólo puede conllevar estigma y problemas a largo plazo muy difícilmente superables. ¿Acaso la patologización ha servido hasta ahora? ¿Acaso todo lo cubierto por la sanidad pública está diagnosticado como patología, véase el embarazo?

El colectivo trans incluye infinitas identidades y expresiones de género: FtM u hombres transexuales (diagnosticados como mujeres en su nacimiento con identidad de género masculina), MtF o mujeres transexuales (diagnosticadas como hombres en su nacimiento con identidad de género femenina), travestis o cross-dressers (expresión de género diferente a su identidad de género), gender-queer (que se mueven entre los géneros, que se identifican con dos o más géneros -bigénero, pángenero-, que no se identifican con ninguno -agénero-, intergénero), intersexuales, andróginxs... Y todo ello es independiente del deseo/necesidad o no deseo/necesidad de intervenciones hormonales o quirúrgicas.Y todo ello cambia también según el entorno geográfico o activista en el que te muevas (travesti significa en muchos países latinos lo que transexual en los colectivos del estado español).

 [¿cuál es mi género? ¡el que me da la gana!]

¿Con toda esta diversidad tiene sentido hablar de dos géneros o dos sexos? Sigamos a Beto Preciado en Testo Yonqui: "No hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. No hay verdad del género, de lo masculino y de lo femenino, fuera de un conjunto de ficciones culturales normativas".

Después de escuchar tantas discusiones (más o menos respetuosas) entre diferentes integrantes del colectivo trans, era genial caminar junto a muchxs de ellxs cantando los mismos lemas.

[mi cuerpo, mi vida, mi forma de follar, no se arrodillan ante el sistema patriarcal]

"Una tensión que surge entre la teoría queer y los movimientos intersex y transexual se centra en la cuestión de la reasignación del sexo y de las ventajas que conllevan las categorías de género", dice Judith Butler. Quién no se ha enfrentado a su transfobia en algunos momentos de su "transgenerización". Pero volvamos a la teoría del reconocimiento de Butler; qué más da que no entiendas el género de la misma forma que tu compañerx de lucha, lo importante es hacer la vida vivible para todxs:

[...] la tarea de todos estos movimientos consiste en distinguir entre las normas y convenciones que permiten a la gente respirar, desear, amar y vivir, y aquellas normas y convenciones que restringen o coartan las condiciones de vida. A veces las normas funcionan de ambas cosas a la vez, y en ocasiones funcionan de una manera para un grupo determinado y de otra para otro. Lo más importante es cesar de legislar para todas estas vidas lo que es habitable sólo para algunos y, de torma similar, abstenerse de proscribir para todas las vidas lo que es invivible para algunos. Las diferencias en la posición y el deseo marcan los límites de la universabilidad como un relfejo ético. La crítica de las normas de género debe situarse en el contexto de las vidas tal como se viven y debe guiarse por la cuestión de qué maximiza las posibilidades de una vida habitable, qué minimiza la posibilidad de una vida insoportable o, incluso, de la muerte social o literal.
Judith Butler (Deshacer el género, pp. 20-23)


Bibliografía

Textos Queer - una página estupenda que recopila enlaces a una serie de imprescindibles del feminismo y la teoría queer.


Apuntes sobre la locura

Mi madre odia que utilice el adjetivo loca. Supongo que ése es el efecto que se espera de términos como queer, bollera, maricón con intención de empoderamiento. Cuando la teoría queer se convirtió en Teoría Queer (como dicen Sejo Carrascosa y Fefa Vila en "Geografías víricas" [pdf]) y el uso de términos como bollera ligado a la academia se hizo respetable, queer se vació de gran parte de su sentido.

Así, mi madre odia que utilice el adjetivo loca: "Ni estás ni estuvieste loca, tuviste una depresión y ahora eres perfectamente normal". Algo se le retuerce por dentro cada vez que lo pronuncio.

Diagnóstico: Trastorno de adaptación al mundo. ¿Conservo esa ficha?

Cito de memoria, pero, en The Female Eunuch, Germaine Greer dice en un momento dado: "No pudieron cambiar el mundo, así que intentaron cambiarlas a ellas".

Quién decide quién está y quién no está a un lado y a otro de la salud mental.

En realidad, a veces me irrita la facilidad con la que desde algunos sectores radicales se sigue el discurso de Foucault, Deleuze y Guattari sobre la locura (más relacionado con la esquizofrenia) sin tratar de empatizar al tiempo. Sí, la medicina como (re)productora de enfermedades. Como (re)productora de exclusiones y de marginaciones. Sí, la medicina como lápiz que dibuja la línea: tú, aquí; tú, allí. Pero a veces parece que lxs que quieren borrar todas las líneas nunca han estado de este lado.

Da igual que esté o haya estado loca antes o después. Da igual que viva más o menos medicada. Independientemente, es un vector importante de mi identidad. Indudablemente, yo no sería yo sin esa variable. Es curioso que seamos mujeres, seamos bolleras... pero estemos locas. Yo estoy mujer, estoy bollera y estoy loca. Ser/estar es lo más bonito del castellano.

Dejé de escribir ficción porque sólo sabía escribir sobre la locura. Ahora intento escribir ensayo y sólo sé escribir sobre las bolleras. Ficción/Ensayo. Locura/Bolleras. Puede que esta entrada sea la más cercana a la Realidad que haya escrito hasta ahora en este blog.

Ayer fue el día de la salud mental. Fíjate qué oportuna.


LGTB+ e islam español

Hoy (por fin) he defendido mi trabajo de fin de máster en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid: Cuerpos transfronterizos: Diversidad afectivo-sexual e islam en el Estado español. Ha sido una investigación dura psicológicamente hablando, porque nada ha salido como yo quería que saliese. Supongo que es la gracia de las investigaciones, ¿no? Pero yo, entre tanta postmodernidad y tanto flujo de vectores, soy una enferma de las ecuaciones con resultado X igual a números enteros, así que no estoy muy satisfecha con el resultado. A veces pienso que sólo falta que Intereconomía lo prologue para ya terminar de darlo por perdido.

El objetivo de mi trabajo era estudiar el proceso de construcción identitaria y la gestión de la visibilidad de los cuerpos LGTB+ marcados por la variable identitaria islam (cuando hablamos de marcas identitarias podemos referirnos, por un lado, a aquellas que son tomadas voluntariamente y, por otro lado, a adscripciones externas, heterodesignaciones), utilizando un diseño de muestreo teórico, obteniendo, mediante las entrevistas personales y la revisión bibliográfica, una teoría causal sobre la identidad y sobre la (in)inteligibilidad de las personas musulmanas y de las personas no (cis)heteronormativas.

Hasta aquí muy bonito (y muy ambicioso). La hipótesis descriptiva propuesta era que la posición de los cuerpos LGTB+ en el sistema fronterizo (cultura, condición de migrante, situación legal, religión) influiría en una expresión mayor o menor del proceso de construcción identitario. En relación al marcador religioso-cultural musulmán, su aparición en la ecuación revierte automáticamente en una menor visibilidad y participación social como LGTB+. La hipótesis causal, explicativa, infiere que esto se debía a (a) la islamofobia creciente en el Estado español, a (b) el discurso (cis)heteronormativo de las comunidades musulmanas migrantes y a (c) el discurso homonormativo de los colectivos LGTB+ en el Estado español.

[Con esto no quiero decir que la sociedad del Estado español no sea heteronormativa, o que las personas musulmanas, LGTB+ o no LGTB+, no sean también homonormativas, sino que me cerraba a unas realidades concretas que pretendían explicar por qué había personas que, por ejemplo, en Líbano, vivían fuera del armario pero, al llegar a Madrid, volvían a meterse dentro].

El mayor problema llegó a la hora de localizar los informantes. No puedes hacer un trabajo serio sobre el islam español y las identidades LGTB+ partiendo de, tan sólo, cinco informantes. El marco teórico era firme y está [me echo flores] muy trabajado. Pero los informantes no me dijeron lo que yo quería oír [bienvenida al mundo de la investigación]. Mi hincapié estaba en el discurso homonormativo de la sociedad occidental, pero el suyo en el discurso heteronormativo de las comunidades musulmanas. Cuando comencé a hacer el trabajo, pensaba en todas aquellas mañanas en los institutos que, durante las charlas, lxs chavalxs insistían en justificar su islamofobia con un presunto respeto a las personas LGTB+. Me dio la sensación de que eso se había contagiado a muchxs musulmanxs, pero pensar eso significaba minusvalorar la autonomía de sus palabras. Por supuesto, en muchos ámbitos confirmaban mis hipótesis (¿he dicho ya que eran sólo cinco informantes...?): había necesidad de referentes positivos que fueran pares culturales-religiosos, había percepción de islamofobia en el Estado español, había crítica a la doble (y triple, y cuádruple...) discriminación, había conciencia de un discurso heteronormativo en las comunidades migrantes que se reducía a veces a una estrategia identitaria ante la creciente xenofobia, y sí, lo que menos había era visibilidad.

El problema no sé si fue el sesgo de la muestra entrevistada o mi ceguera desde el principio. No supe centrarme teóricamente en esa visibilidad. Tampoco "cabía" en este trabajo, que era tan sólo un acercamiento, pero me quedo con las ganas de profundizar mucho más en ese concepto. En Epistemología del armario, de Eve Kosofsky Sedgwick, las referencias con las que compara, a lo largo del primer capítulo, el ritual de "salir del armario" son de carácter bíblico: la identidad judía de Esther. He trabajado mucho en una conceptualización más amplia de las definiciones de (cis)heteronormatividad y de las diferentes identidades LGTB+. He trabajado mucho en abrirme a una comprensión diferente de la identidad individual, de la identidad colectiva... Pero había olvidado el tema de la visibilidad. No quiero decir que crea en las traducciones culturales como conceptos fijos y aislados que son diferentes e impermeables según la región geográfica; pero sí existe una genealogía diferente de los activismos y de los conceptos, por mucho que sean volubles y que se mezclen, se unan, se separen, una y otra vez. Activistas palestinos LGTB+ han dicho respetar las estrategias de "visibilidad" occidental, pero no necesitarlas: "Podemos tener esta flexibilidad de identidad sin el ‘ritual’ de ‘salir del armario’. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Y así me he quedado. Pensando que la teoría me ha fallado. Y que me faltan herramientas para seguir investigando. Que no sé si seré capaz algún día de deconstruirme tanto como para dejar de ver la necesidad de la visibilidad LGTB+ como algo universal. Y que mi capacidad de auto-deconstrucción tenga límites tan claros es algo que me asusta.


Día de la mujer

Hoy he estado en la proyección en la Universidad Autónoma de Madrid de Mi sexualidad es una creación artística (Lucía Egaña, 2011), un documental sobre la escena postpornográfica barcelonesa. Egaña (luzysombre) es también la autora, junto con elpueblodechina, de Porno Vegetal, del que hablé hace unos días.

No escribí ayer, 8 de marzo, porque no sabía qué escribir. Cuando empecé este blog tenía las ideas muy claras: feminismo lesbiano. Entonces llegó el atracón de Judith Butler y "devení queer". He leído tanto en los últimos meses que todavía no he tenido tiempo de reaccionar.

Lo que más me atrajo de la teoría queer es la inclusividad. Lo que yo entendía de las obras que leía era una inclusividad no buenista ni utópica, sino posible y muy reflexionada. La escena queer del Estado español que he ido advirtiendo en diferentes actos y escritos, sin embargo, nunca me ha terminado de convencer por completo. Desde mi posición actual como monógama y sin ser una persona tremendamente sexual, he sentido cierto rechazo en algunos sectores. Bien es cierto que la escena queer de la que hablo está muy relacionada con la postpornografía, por lo que no puedo pedirle más (o pedirle menos, más bien).

Cuando me he acercado a la proyección del documental de esta mañana iba llena de prejuicios y creía que no me iba a gustar. La idea que tenía era la de un grupo de cuerpos queer que habían leído un buen día Manifiesto contrasexual y a quienes, sin profundizar ni investigar más, les había dado por romper esquemas y descubrir Mediterráneos.

Pasando por alto ese elitismo intelectual asqueroso que desprendo de vez en cuando y del que trato de despojarme, el filme me ha dado una patada en la cara. No porque lxs queer postpornógrafxs hayan leído o no hayan leído más o menos filosofía postmoderna. Sino porque me ha recordado que eso no tiene nada que ver. Me pregunto ahora respecto a lo queer lo que se siguen preguntando lxs teóricos de la sexualidad respecto a si existían homosexuales antes de que se discursivizara la homosexualidad. No sé si existían queer antes de los noventa. Supongo que se diferencia de las otras categorías de identidad en tanto en cuanto refleja lo ilegible, por lo que no importa que no fuera discursivizado: lo ilegible se convierte y se convirtía en queer. Aunque contradiga todos los presupuestos postmodernos. Tampoco he pensado demasiado en ello, la verdad.

Ya seguiré ordenando mis ideas. Puede que dentro de 364 días sea capaz de escribir una entrada sobre el Día de la Mujer Trabajadora. Porque por mucho que piense en terminología, categorías y modelos de conocimiento, pasa el 8 de marzo y no me acuerdo de lo importante. Aunque puede que no tenga mucho sentido que lo haga si para ello necesito que haya una persona, "casualmente" mujer, que me haga la comida y me limpie la casa para que yo cuente con tiempo para leer filosofía feminista. A veces no me siento muy orgullosa de ser como soy, pero de eso se trata, ¿no? Identificar las opresiones que ejercemos para tratar de eliminarlas. A veces pienso que Coco Riot tenía razón: si no estás entre lxs oprimidxs, estás entre lxs opresorxs. Lo más importante es que ser oprimidx no te excluye de ser unx opresorx. Lo digo por cierta escena queer del Estado español. Y lo digo por mí. Claro. Como siempre.


Árabes queer


Maha y Maryam rezan en una mezquita de El Cairo. Deslizan sus dedos por las letras árabes grabadas en la piedra. Sus dedos se rozan. Son pareja desde hace tres años. Cuatro hombres iraníes esperan la respuesta de Turquía a su solicitud de refugiados. Ferda y Kiymet, sufíes devotas, no ocultan su relación en las calles de Konya. Muhsin Hendricks es gay. Y también es Imam en Johanesburgo.

Junto con Mazen, Ahsan y Qasim, este grupo conforma los personajes de A Jihad for Love (imdb) (tráiler) (Parvez Sharma, 2007, EEUU/Reino Unido/Francia/Alemania/Australia), un documental sobre la compatibilidad entre confesión musulmana y homosexualidad. Galardonada en numerosos festivales (no sólo de temática LGTB) desde su estreno, el director, residente en Nueva York, acaba de anunciar la exhibición pública del filme en Beirut, la primera que se desarrolla en un país árabe, con repercusiones en los medios de comunicación (más amable la información que los comentarios).

Desde una perspectiva meramente religiosa, es muy interesante la obra de Scott Siraj al-Haqq Kugle: Homosexuality in Islam: Critical Reflection on Gay, Lesbian and Transgender Muslims (1ª ed.: Inglaterra, 2010), que defiende y explica el trabajo de relectura y reinterpretación de las escrituras que están llevando a cabo los individuos musulmanes LGTB. Desde un punto de vista más sociológico (y periodístico, para qué nos vamos a engañar) está la obra de Brian Whitaker: Amor sin nombre: La vida de los gays y las lesbianas en el islam (1ª ed.: Londres, 2006).

Calem es la confederación de asociaciones lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, queer e intergénero musulmanas, con sede en Europa, que celebró sus I Jornadas en París este mismo octubre, reuniendo a organizaciones francesas (HM2F, Trans Aide), belgas (Merhaba, Omnia), españolas (A. M. Ho.), holandesas (Transvisie), así como a otras externas al territorio europeo: The Inner Circle (Sudáfrica), Kif-Kif (Marruecos), Al-Khamsa (Norte de África) o Bedayya (Egipto y Sudán).

Cuando escribía sobre la teorización del sistema sexo/género, confieso que no estaba al tanto de la extensión del ideario queer entre las organizaciones árabes, a pesar de que, cuando quieren traducir el término, algunos utilizan la expresión ahrar al-yins (que significaría sexualmente libres, corregidme si me equivoco), perdiendo la connotación de reformulación del insulto que se hace con queer. La teoría queer es, precisamente, la mayor patada que se le puede dar a la concepción esencialista y binaria de los sexos. Las asociaciones libanesas Helem o Meem, así como la palestina Aswat, entre otras, incluyen la Q entre las iniciales que aglutinan. Con el mundo árabe pasa, tantas veces, como con las mujeres en todo el planeta. En su nombre discursivizan otros. A Jihad for Love no está producida por árabes, pero le da la voz a los (y las) protagonistas. Trangénero y mujeres también se hacen con la palabra. Revistas y manifiestos de asociaciones árabes se esfuerzan por alzar su voz sobre la heteronormatividad y el androcentrismo. ¿Lo consiguen?

Debemos escribir. Debemos escribir volúmenes para acabar con nuestra invisibilidad y con la historia que nos ha olvidado. Debemos escribir para los ojos que quieren leernos. Debemos escribir para nuestros pensamientos que necesitan ser expresados. Debemos darle nuevos significados a las cosas a través de palabras nuevas, frases nuevas, párrafos nuevos. Debemos escribir.

Y sí, deberíamos escribir más en árabe –estamos trabajando en ello.

Bekhsoos, publicación de Meem