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Puesto de control

La visibilidad ha sido siempre el eje central de mi activismo y de mi concepción de la lucha LGTB+. Visibilidad de los cuerpos, visibilidad de la sexualidad, visibilidad de las identidades...: visibilidad necesaria para la inteligibilidad de las personas dentro del cuerpo social.

Desde hace un año, ya fuera para la tesis de fin de máster, para el doctorado actualmente o para diferentes comunicaciones, estudio la diversidad afectivo-sexual en diferentes contextos socioculturales, eminentemente musulmanes. Como ya dije en otra entrada, me encontré desbordada por teóricxs, activistas y narrativas personales que no concebían la visibilidad como parte central, ni tan siquiera importante o necesaria, de su lucha y/o vida.

Le he dado vueltas y vueltas a las palabras de Haneen Maikey, una de las activistas palestinas más importantes: "Las estrategias occidentales que hablan de ‘visibilizar’ y ‘salir del clóset’ nos son irrelevantes. El movimiento de liberación gay en Occidente puede alimentar nuestra motivación, mas no vamos a copiarlo. Una marcha del orgullo gay en Ramallah no serviría para nada, entre otras cosas porque muchos de nuestros miembros no han ‘salido del clóset’ en el sentido occidental de esta metáfora. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Me he esforzado por encontrar traducciones culturales; el problema es que si me quitaban la visibilidad, no concebía, no entendía ninguna alternativa.

Así, ha llegado a mis manos (ojos) un artículo de Jason Ritchie: "How Do You Say 'Come Out of the Closet' in Arabic: Queer Activism and the Politics of Visibility in Israel/Palestine". En él, establece la alternativa a la estrategia de la visibilidad y a la metáfora del armario.

Al llamar la atención, en lugar de esquivando, las prácticas excluyentes del Estado y los discursos racistas de la nación, descubrimos que la metáfora del puesto de control [checkpoint] es más eficaz a la hora de recoger las experiencias de lxs palestinxs queer que la familiar metáfora del armario.

Además, precisamente porque inscribe la violencia estatal tan crudamente sobre los cuerpos de sus otrxs raciales y nacionales, cualquier crítica del punto de control implica, necesariamente, una crítica del Estado y de su violencia.

El armario, por el contrario, es una sutil y "característicamente 'posmoderna' [técnica] de poder", y la lucha contra él, así como por el derecho a "salir de él" como respetables ciudadanxs queer, protege al Estado de la crítica mediante su representación como lugar "neutral [árbitro] en los daños causados" al que clamar compensación y protección, en lugar de una estructura investida del mismo poder de dañar.

En otro apartado, habla de estrategias activistas alternativas que funcionan en otros contextos socioculturales:

Que finalmente el activismo palestino queer triunfe no es el tema de mi artículo. A donde quiero llegar es, más bien, a explicar cómo lxs activistas queer palestinxs se han negado a emular a lxs activistas israelíes y occidentales pro-visibilidad, cuyo discurso parte del lexicón neoliberal y que articula sus demandas al mismo tiempo que justifica la violencia estatal contra lxs otrxs raciales a cambio de un reconocimiento en cierto modo victimizado como queer domesticadx.

En este rechazo de lxs palestinxs queer se puede intuir un tipo de activismo que no esquiva las políticas a favor de la normalización, pero que articula la visión de una sociedad transformada por una reestructuración fundamental del poder. En lugar de organizarse en torno a la identificación común como "gays y lesbianas", su activismo tiene por objeto la creación de una comunidad basada en la "identificación común con una interpretación radical y democrática de los principios de libertad e igualdad". Esta comunidad no demandaría al Estado liberal el reconocimiento y la protección de lxs queer representados como víctimas, sino que exigiría que estuviera a la altura de sus ideales democráticos.

De esto que algo hace click en tu cabeza...


Armarios y niñxs

Tuve miedo de salir del armario con una niña de cinco años que me preguntaba repetidamente si tenía novio. Porque estábamos solas y no quería que su madre luego se enfadara conmigo y, consecuentemente, con mis jefas y ellas, consecuentemente, conmigo. Al final se lo dije.

Luego me sentí culpable un buen rato.

Qué asco. Y qué rabia. Y qué extraño.


Armario

Lo más curioso de una salida del armario es lo no dicho, las implicaciones y connotaciones que circulan en esas absurdas conversaciones entre heterosexual* y lesbiana o gay cuando uno de estos últimos se declara abiertamente tal. “Nunca hubiera creído que eras marica. Jamás lo hubiera dicho. Es que no se te nota nada”. Una buena respuesta tal vez podría ser: “Eso es porque tus prejuicios sobre los maricas te hacen buscar una realidad que no existe y, por supuesto, que, si no te lo digo, nunca te habrías dado cuenta porque tu búsqueda se centra exclusivamente en muñecas dislocadas, voces agudas, rostros maquillados y demacrados, y toda otra serie de prejuicios adquiridos culturalmente que denostan a los homosexuales y que, coincidiendo aquí y allá con la realidad, no se pueden generalizar en un estereotipo. Y tú los compartes uno por uno. El marica soy yo, no lo que tú piensas, ni siquiera lo que tú piensas que soy, ni siquiera, dada tu sorpresa, creo que te vayas a enterar de nada hasta dentro de mucho tiempo. Ahora seguirás buscando una esencia oculta, me someterás a vigilancia y comenzarás a hacer un catálogo de señas de identidad maricas nuevas o las viejas que ya tenías, para poder catalogarme y no llevarte más sorpresas con nadie. Y te estrellarás de nuevo. [...]”. Esta desmentida inicial que suelen verbalizar los heterosexuales* cuando se sale del armario en su cara: “Nunca hubiera dicho que eres homosexual” no responde sino al cariño que en el fondo nos tienen. Traducida sería así: “Nunca hubiera dicho que eras uno de esos depravados grotescos, degenerados, afeminados y pintados de voz chillona en los que estoy pensando [Que nada tienen de malo ni de criticable, por otra parte. Pero aprender esta enseñanza le cuesta al heterosexual* algo más de tiempo]. Jamás hubiera pensado que estabas tan cerca de la prostitución, la droga y la delincuencia. Para nada te correspondes con mis prejuicios. Te quiero tanto que cómo iba yo a pensar tan mal de ti”.

Paco Vidarte, en Homografías

*yo sustituiría heterosexual por "casi todos los heterosexuales y muchos LGTB+", todxs aquéllxs que te responden así: "anda, jamás lo habría imaginado".


Visibilidad

Mañana 26 de abril es el día de la visibilidad lésbica. Hace apenas un mes hablé en el curso "Teorías y realidades afectivo-sexuales" de la Universidad Autónoma de Madrid. Dado que nuestra sesión trataba la salida del armario, se esperaban historias de vida y la sempiterna crítica al sistema cis-heteropatriarcal. Pese a que estoy demasiado apegada a la teoría y me da mucho reparo meterme en lo personal, lo acabé haciendo.

Mi primer año fuera del armario sentía tristeza cada vez que alguien, por la calle, me insultaba. Sentía tristeza cuando amenazaban por pegarme, algo que ocurrió en varias ocasiones. Sentía tristeza cuando mi tía me decía que le desmintiera a todos mis allegados que fuera lesbiana, que les estaba haciendo daño con mi sinceridad. Sentía tristeza cuando mis familiares más cercanos no entendían ciertas cosas. Después lo convertí en rabia, que duró años y, más tarde, en indiferencia. Hace apenas dos años que unos insultos me devolvieron la furia. No sabía cómo canalizarla, y me agujereaba por dentro. No quería volver a la indiferencia, así que la convertí en activismo. El activismo no significa necesariamente afiliarse a asociaciones, hacer voluntariado… Cada cual elige su causa y no tenemos tiempo para todas. Pero salir del armario también es activismo. Mi participación en X está muy relacionada con este tipo de activismo. Es recordarles a lxs chavalxs LGTB que hay vida más allá del armario. Es recordarles que existen las lesbianas, los gays, lxs trans, lxs bi.

Sin embargo, vuelvo a lo de siempre. Claro que es muy injusto culpar a la persona LGTB+ de la LGTBfobia. No es eso lo que pretendo. Tan sólo me interesa la responsabilidad. Nadie habla de culpas. Pero todxs somos responsables de la sociedad en la que vivimos.

Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar..., salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todxs.

De visibilidad se podría escribir tantísimo... Éste es el video que la revista Mirales ha preparado en ocasión de esta jornada de abril. "La visibilidad de los personajes públicos contribuye a disminuir el miedo. En muchos casos la lesbofobia está motivada por la ignorancia y el desconocimiento", dice María Jesús Méndez, su directora. Bien es cierto que necesitamos referentes, pero cuántas veces escucho las manidas críticas a políticas, a cantantes, a actrices..., en boca de personas que se esconden corriendo el día del Orgullo si se acerca una cámara de televisión. Cada persona necesita su tiempo, sí. Pero es que ya son muchos años. Y hay muchas personas que han sido (y son) asesinadas, mutiladas, encarceladas y humilladas para que puedas ir de la mano de tu chica por la calle como para que ahora pidas... tiempo. No creo en el derecho al armario. Siempre me ha sonado a excusa.
Es el momento en que las lesbianas que somos visibles comencemos a exigir a las que no lo son que den un paso al frente; al menos que se lo exijamos a aquellas que dicen, en privado, defender los derechos de las lesbianas; que les exijamos coherencia política y ética. Los derechos se defienden en el espacio público y no sólo en el privado. Desde el armario no se defiende nada porque nadie te escucha ni te ve.
Beatriz Gimeno


De armarios y abuelos (II)

Es el momento del bloqueo mental en el que una chispa de racionalidad salta como por azar en el cerebro heterosexual asediado por una confesión inesperada: “¿Es que las maricas pueden ser como mi mejor amigo, como mi hermano, como mi hijo, como mi sobrino, como mi marido? ¿Tan normales, tan agradables, tan cariñosos, tan educados, tan listos, tan admirables? ¿Es que es posible que yo sienta afecto por una marica y que sea una parte tan importante de mi vida?” Y comienzan a cuestionarse el prejuicio. A veces no es todo tan horrible, hay heteros estupendos.

Ricardo Llamas y Paco Vidarte: Homografías

No sé si seré la única persona del mundo que redactó, imprimió y leyó su salida del armario.

Lxs p/madres no tienen siempre la razón, a mi abuela no le dio ningún infarto y estoy oficialmente fuera del armario con el mundo entero.

Hubo un momento en que realmente me creí que lo hacía por ellxs. Pero lo he hecho, casi exclusivamente, por mí. Cuando la senté en la salita de desayunar y saqué mi guión, ya sabía que lo estaba haciendo por mí, que no leería más que una sucesión de mentiras para cerrarle el camino al enfado.

Por un segundo, pensé que eso no era lo correcto. Que no pasaba nada por sonreír y callar las Navidades que queden en León.

Pero el egoísmo está subestimado.

Los heteros (y perdón por generalizar como algunos de ellos lo hacen cuando hablan de las maricas o de los homosexuales o de las lesbianas) se ponen nerviosísimos ante una marica agresiva saliendo del armario atacada y como una loca, dando portazos en la cara a diestro y siniestro. Hay que quitarle la iniciativa al que escucha, cortarle todas las salidas, devolverle invertidas todas las preguntas, hacerle ver que hasta la fecha no se está seguro de su heterosexualidad porque nunca ha alcanzado el nivel discursivo, y mucho menos el de una confesión. No es lo mismo situarse frente a un armario y que de él salga la cenicienta, tímidamente, primero asomando su sucia naricilla, luego un dedo, luego toda la manecita, luego un pie, pedir permiso con un hilillo de voz, y decir tan bajito que casi no se oye: “soy lesbiana”, “soy gay”, “soy homosexual”, etc., a que salga una especie de Chewbacca enfurecido con todos sus rubios pelos de punta mascullando no se sabe muy bien qué, pero dejando bien a las claras que lo suyo no es hacer concesiones. Si no haces esto último, estás muerta y entregada y presta a ser degollada, o lo que es peor, a que te traten con condescendencia, comprensión, consuelo, babitas y que te hablen flojito ellos también.

Cuando se sale del armario no sé por qué los heteros siempre empiezan a hablar flojito, muy flojito. Como quien acaricia a un perrillo asustado para tranquilizarlo y darle confianza. Nada, nada. ¿Para qué darles ventaja? Hay que salir del armario a lo Van Damm, a lo Rambo o a lo Demi Moore, a lo Juana de Arco, a lo marine (no se me ocurre nada más obsceno, ineducado y violento). Formando una escandalera de la hostia. No hay que abrir la puerta, sino derribarla a patadas y que tengan cuidadito fuera con las astillas, y salir hecho una alimaña, metralleta en mano, pantalones de camuflaje, y pintura negra bajo los ojos, que siempre impone mucho (al fin y al cabo nos gusta travestirnos y pintarnos ¿no?); o tipo el monstruo de Alien. ¿Qué pasa? Soy bollo y a ver si te voy a partir la cara. Al fin y al cabo, son ellos los que nos han metido en el armario y el cabreo es comprensible. Es una liberación, es salir de la cárcel y para ello no hay que pedir permiso. Es un acto revolucionario. Nada de contemplaciones con el carcelero ni con quienes silenciaban nuestra prisión, la incentivaban o promovían como fuera. El factor sorpresa es fundamental. Para romper el hielo es suficiente. Luego, poco a poco, sin bajar nunca la guardia, se puede ir llegando a un tono de conversación más habitual, sin perder la naturalidad ni la espontaneidad nunca (a estas alturas convendría haberse quitado ya el disfraz de Rambo). Y sin mostrar flaquezas, debilidades, ni miramientos. Hay que demostrar -o fingir- que la reclusión en el armario no nos ha afectado para nada. Nos metieron allí para ver si nos curaban o si cambiábamos de idea y al salir hay que dejar bien clarito que las prácticas de reclusión son contraproducentes y que salimos más maricas que entramos, más cabreados, para no volver a entrar nunca y para luchar por la destrucción de una práctica tan salvaje, el armario perpetuo: algo que atenta contra los derechos del niño, del adolescente, del joven, del adulto y del anciano, porque puede durar toda la vida. Dan mucha pena los niños en las cárceles, pero a nadie se le cae una lagrimita por los niños y adolescentes metidos en el armario. En fin, la hipocresía de siempre.

Otra estrategia posible si no se quiere poner en práctica esta salida del armario que puede resultar un tanto ridícula y sobreactuada, o si nos sienta fatal el disfraz de marine de los EE.UU., es eso que ahora se da en llamar la política de hechos consumados. A saber, pasar de la confesión, pasar de tener que decirlo, que verbalizarlo. Si ellos no lo hacen, nosotros tampoco. De pronto el hermanito viene con la novia a casa o con la revista porno que le descubre mamá debajo del colchón. Pues nosotros le plantamos al novio un beso en los morros en medio del salón y nuestros chulos impresos a todo color debajo de la cama, como todo hijo de vecino. Tratamiento de shock. La contraofensiva puede ser brutal. Pero, si se está alerta y con todo lo necesario en la trinchera para arrasar al enemigo, no hay nada que temer. Siempre te pueden echar de casa. Pues tú vas y te quedas. Que llamen a la policía. Si no te dan de comer, saqueas la nevera. Si no te dan dinero, lo robas o vendes el televisor. Si no te compran ropa, te pones la de mamá. Y no dejes de llevar a tus amigos a casa. Convierte la salita de estar en una manifestación diaria. Un heterosexual no puede vivir en un estado de cabreo permanente, pero una marica es marica las veinticuatro horas del día. Y ser marica, de por sí, ya es una lucha. Sin que haya que hacer nada del otro jueves. La gente se cansa de estar cabreada, pero una no se cansa nunca de ser maribollo. Ésa es nuestra ventaja.

Ricardo Llamas y Paco Vidarte: Homografías



Aunque no deja de ser motivo de tristeza cabreo que, en los recorridos interrogatorios sobre las vidas sentimentales de todos y cada uno de mis primos y hermanos que se desarrollan en las cenas y comidas en León, siempre se olviden, casualmente, de preguntarme por la mía.


De empoderamiento y visibilidad

No se le puede exigir lo mismo a todo el mundo en materia de visibilidad; pero, a quien se le puede, se le debe exigir el máximo.
Beatriz Gimeno

No me había dado cuenta de lo cansada (en su acepción más física y literal) que estaba de charlas teóricas y textos académicos hasta que ayer MiraLes me sorprendió con una reunión bastante más humana de aquello a lo que estoy acostumbrada. Esta revista en línea en español (e inglés) para mujeres LBTQ, ha celebrado su primer aniversario con un Festival Cultural Lésbico en Madrid, denominado 'Mírame, soy libre'.

En la charla Empoderamiento y visibilidad, moderada por María Jesús Méndez, directora de la publicación, participaron Beatriz Gimeno e Isabel Gómez, presidenta de la asociación de familias LGTB Galehi. En un primer momento, se esperaba la asistencia de Gracia Trujillo, pero por motivos laborales tuvo que ausentarse, hecho que lamenté enormemente, sobre todo en el turno de preguntas, cuando se sucedieron un gran número de críticas a la filosofía y activismo queer sin que nadie (yo incluida) respondiera.

María Jesús Méndez introdujo la charla desde la experiencia personal. No recuerdo las palabras exactas, pero haré memoria, porque yo jamás habría encontrado un discurso mejor para explicarle a mi madre por qué quiero hablar con mi abuela. Armarios parciales, armarios de quita y pon, yo soy visible pero... Son muchas las maneras de decirlo pero una sola la realidad: si renuncias a visibilizarte como lesbiana, estás abandonando (voluntariamente) el ámbito de la ciudadanía y se lo estás regalando íntegramente a lxs heterosexuales.

El armario es un complejo mecanismo social que lxs propixs homosexuales reivindicaron como derecho a la privacidad cuando las conductas homosexuales eran perseguidas. El argumento de que el Estado no debía inmiscuirse en los asuntos personales, con un tinte tan neoliberal ahora, era entonces una cuestión de supervivencia (el archivo de socixs de COGAM era prácticamente secreto de Estado; la gente firmaba con nombres tales como Mickey Mouse).

Cuando la homosexualidad dejó de ser delito, el derecho a la privacidad se convirtió en una imposición estatal y social de obligación a la privacidad, tan contraria al lema feminista de lo personal es político. El shock del sida hizo ver, de la forma más trágica posible, que la permisividad legal de las conductas homosexuales no nos hacía iguales: el secreto es la muerte. El heteropatriarcado se clava y el armario se respira y se convierte en tu piel. No visibilizarte como lesbiana no significa dar pie a la ambigüedad, no significa no etiquetarse, no significa ser libre. No vilisibilizarte como lesbiana significa permitir que todo el mundo te etiquete como heterosexual.

El armario de Matilda, el personaje de Roald Dahl, donde la directora-Estado represor encierra a lxs alumnxs que escapan de la ley, cuyas paredes están plagadas de clavos amenazantes con dañarte si te mueves, es la imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en este tema. La idea general que flotaba en la pequeña sala de la jornada de ayer era que esos clavos no son tales, que cuando te atreves a moverte no pasa nada, abres la puerta y no pasa nada, no pasa nada. Si no te van a echar del trabajo, si no te van a echar de casa, si no te van a encarcelar o a asesinar... salir del armario (sin espacios de ambigüedad, sin peros) se convierte en una responsabilidad ética individual y colectiva. Tu armario es mi armario, tu invisibilidad es la de todas.

Isabel Gómez, como representante de Galehi, hizo hincapié en el trabajo que las mujeres lesbianas estaban haciendo en otros espacios que no son el mediático (que parece que todavía asusta cuando una publicación pide declaraciones de padres y madres y, pese a que hay una relación aproximada de 70 a 30 en favor de las mujeres, sólo los varones se prestan a aparecer en público), espacios que parecen más pequeños, los colegios, las reuniones del AMPA, la salida de la guardería... por no mencionar los espacios de ingenuidad, lxs propixs niñxs, donde los prejuicios todavía no se han asentado.

Es una batalla silenciada, pero es una batalla de futuro.
Isabel Gómez

Esta tarde, a las 20:00, el local Ne me quite pas aloja la exposición de fotografía MíraMe, Soy Libre y la entrega de premios Visibilidad MiraLes.


Coming Out Day


Es mejor ser odiado por ser quien eres que querido por ser quien no eres.
André Gide

En cualquier reunión en la que, de forma distendida, salen a relucir experiencias en relación a la orientación sexual, siempre hay alguien (ya sea homo, bi o hetero) que pregunta: "¿Y cómo salisteis del armario?". Lo que puede parecer un anecdotario banal es en realidad el relato de la construcción identitaria de un número de personas.

Como ya comenté en relación a otra entrada, el proceso no tiene por qué ser lineal: un estudio de Paula C. Rust, en 1993, huía de los modelos de desarrollo en relación a la construcción de la identidad y construía uno nuevo en el que no existe una "meta" (hetero u homo), sino que hay idas y vueltas continuamente, ya que la identidad no es más que un constructo social que cambia cuando las definiciones y la misma sociedad cambian.

En 1988, Estados Unidos celebró el 11 de octubre el primer National Coming Out Day (Día Nacional para Salir del Armario), organizado por Robert Eichberg y Jean O'Leary con motivo de la Segunda Marcha por los Derechos de Gays y Lesianas en Washington D.C. Actualmente se ha extendido a Suiza, Alemania, Canadá, Croacia, Polonia y Reino Unido (el día 12). En Estados Unidos se está viviendo con una sensibilidad especial, dados los últimos casos de suicidios de adolescentes debido al acoso homofóbico que sufrían.

Yo salí del armario ante mí misma entre líneas, literalmente. Escribí, con diecisiete años, "últimamente pasan cosas por mi cabeza que no voy a concretar por si alguien encuentra esto, pero mi yo futuro sabrá a qué me refiero". Y ahora escribo un blog que se llama Nación Lesbiana... Sí, tu yo futuro sabe a qué te referías.

Usted no es un ser desnaturalizado ni abominable, ni está loca; usted es una parte de lo que la gente llama naturaleza, como cualquier otro ser; sólo que es inexplicable porque… aun no tiene su lugar designado, definido, en la Creación.
Radclyffe Hall

El armario (o clóset) es una metáfora psicoanalítica que hace referencia a una parte del inconsciente. David Tettke sitúa el primer uso de armario como símbolo del secreto en el siglo XVII. A mediados del siglo XX, comenzó a utilizarse en relación a la orientación/opción sexual del sujeto. Antes de la I Guerra Mundial, salir del armario tenía connotaciones de entrada más que de salida, entrada en un submundo homosexual.

Un siglo antes de los disturbios de Stonewall, en 1869, Karl Heinrich Ulrichs abogaba por la autodesignación pública como medio de emancipación. Desde entonces, la invisibilidad ha sido considerada como uno de los mayores males de la vida LGB. A raíz de los suicidios juveniles de las últimas semanas, el periodista Dan Savage ha lanzado el proyecto It Gets Better (Mejorará), una plataforma destinada a animar a lxs chavalxs que estén saliendo del armario y estén sufriendo desprecios e incomprensión.

Un profesor abiertamente gay, en segundo de carrera, comentó en relación a su propia experiencia que la expresión "opción sexual" es una barbaridad, que ninguna persona que tuviera la posibilidad de elegir ser homosexual o heterosexual elegiría lo primero. Pensé "cuánta razón tenía" y utilicé ese argumento en más de una ocasión. Mentira. No quiero entrar en temas de opción/orientación pero, ahora mismo, si pudiera elegir entre ser homosexual o heterosexual, elegiría ser homosexual.

Con diecisiete años pensé que lo había asumido. En segundo de carrera pensaba que estaba completamente fuera del armario. Pero no tenía ni idea, mentira todo. Cómo me hubiera gustado, con nueve años, y con diecisiete años, que alguien me dijera "it gets better". Eso sí, ahora se lo puedo decir yo a quienquiera que me lo pregunte.


Revoluciones silenciosas

Si quieres vivir en un mundo donde puedas darle la mano a tu pareja en público... dale la mano a tu pareja en público.
David Watkins

El sábado 26 de septiembre de 2009, hace exactamente un año (y un día), se celebró el primer Sábado SSHH!

En 2002, un joven londinense saboreó la sangre a manos de un homófobo en el barrio de Chelsea. La furia le invadió desde entonces hasta que, pasados siete años, logró transformar la rabia en algo positivo: David Watkins fundó A Day In Hand: Same-Sex Hand Holding (Un día de la mano: Sosteniendo la mano de tu mismo sexo). Watkins invitaba a actuar acorde a tu orientación/opción sexual públicamente: cuanto(s) más fuera del armario se esté, más fácil será estarlo.

Sé que la homofobia existe por culpa de la ignorancia. Y sé que cada vez que le doy la mano a un hombre en público, le estoy dando un golpe a la ignorancia.
David Atkins

El 26 de septiembre de 2009, se lanzó una campaña: El Sábado SSHH! Los resultados fueron muy positivos y de todas partes del mundo llegaban cada semana testimonios e imágenes de manos entrelazadas. Sólo unos meses después, en marzo de 2010, PinkPaper declaraba a esta iniciativa como el cuarto mejor evento LGTB.

Las instrucciones son claras:
1) Daos la mano
2) Dad un paso fuera
3) Vivid vuestro amor

Ves a una persona paseando a un unicornio en el parque y es noticia de portada. Tres meses más tarde, verás a doscientas personas paseando a sus unicornios en el parque y lo llamarán jueves.


De armarios y abuelos (I)

Salgo con mi abuela en la primera foto que me hicieron en mi vida. Una vez al año, saca una caja llena de cartas y dibujos que yo le hacía de pequeña. Me siento y escucho, esperando que acabe pronto y que pueda volver a mis libros. Entre frase y frase, me pregunta por mi vida. ¿Así que todavía no tienes novio? Nunca me cuentas nada. Me sé todo de tus hermanos y de tus primos, pero tú nunca me quieres decir nada.

Hace seis años que me callo cuando empieza con ese discurso. Mis padres me tienen muy bien aleccionada. Es mayor, es muy conservadora, debo callarme cuando haga comentarios homófobos, la veo poco, no vive en mi ciudad, no me cuesta nada...

Estas Navidades le voy a decir que soy lesbiana. Lo siento, mamá. Y será la primera vez que salga del armario como si estuviera confesando un secreto terrible.

Creo en la visibilidad. Creo que si ningún homosexual ocultara su orientación/opción sexual hacia ninguna persona de su entorno, la homofobia se reduciría de forma exponencial. Creo que nadie tiene derecho a exigirme que me ponga la careta de heterosexual. Creo que nadie tiene derecho a robarme mi relación con mi abuela. Creo que, si yo estoy siendo egoísta al dañarla, porque la dañaré, únicamente para no sentirme sucia cada vez que me callo, ella y vosotros lo estáis siendo más al pedirme lo que no tenéis derecho a pedirme.

Dejará de darme vergüenza de mí misma cada vez que tengo que presentarles a N. como mi amiga. Y cuando mis abuelos se vuelvan a cruzar con una pareja de chicos o de chicas de la mano, no pondrán mala cara ni harán ningún comentario ni les harán sentirse mal. Sólo agacharán la cabeza y se compadecerán por su desgracia familiar. Lo siento por mi falta de empatía. La decisión está tomada.