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rabia


Ya te avisa la Biblia, "mejor es morar en tierra del desierto, que con la mujer rencillosa e iracunda". Estuve hablando con G sobre la rabia, sobre cómo las personas socializadas como mujeres manejamos el enfado. He estado leyendo desde entonces sobre ello, sobre cómo a veces no sabemos procesarlo y sobre la falta de referentes de mujeres cabreadas, pese a tener (o precisamente debido a tener) todas esas imágenes estereotipadas en la cabeza: la histérica, la loca del coño, la feminazi. En el caso de las mujeres no blancas el cliché es todavía más recurrente, un tropo que tiene hasta página en la Wikipedia.

En 1589, una mujer llamada Jane Anger escribió "Protection for Women", un breve texto contra la supremacía masculina, y otros tantos panfletos rabiosos. Y sí, Jane Anger estaba muy cabreada: "it was ANGER that did write it" (con un juego de palabras con su apellido, Enfado, pseudónimo o no, aún se debate). En este artículo se recorre el enfado en la literatura feminista desde Jane Anger hasta Virginia Woolf, pasando por Wollstonecraft, y habla de los feminismos de los sesenta como la cúspide del enfado. ¿Quién puede olvidarse del Manifiesto SCUM? (*triple alerta de capacitismo, oigausté).

Parte de esos feminismos tan blancos le decían a las mujeres negras que reprimieran su furia por el bien de la estabilidad del movimiento. bell hooks escribe en su libro Killing Rage: "Lxs blancxs han colonizado a lxs estadounidensxs negrxs, y parte de ese proceso de colonización ha sido enseñarnos a reprimir nuestra rabia, no hacerles nunca objeto de ese enfado que nos hace sentir el racismo".

En 1981, Audre Lorde dio una conferencia sobre los usos del enfado: The Uses of Anger: Women Responding to Racism y sobre no callarse ante el racismo de las compañeras blancas solo para evitar que se sientan culpables: "Todas las mujeres tienen un arsenal de rabia bien provisto, potencialmente útil contra las opresiones, personales e institucionales, que dan vida a esa misma rabia. Enfocada con precisión puede convertirse en una poderosa fuente de energía para el progreso y el cambio (...). No puedo esconer mi rabia para ahorrarte culpa, sentimientos heridos, o tu rabia de vuelta; porque hacer eso insultaría y trivializaría todo nuestro trabajo. La culpa no es una respuesta al enfado, es una respuesta a tus acciones o a tu falta de acción. Si lleva al cambio puede ser útil, pero entonces ya no es culpa sino aprendizaje. Demasiado a menudo, la culpa es solo otro nombre para la impotencia (...), la última protección de la falta de cambio". (Aquí me duele un poco pero bajito bajito, porque la culpa es esa otra gran arma del patriarcado tan difícil de pelear). Dice Lorde: "Mi rabia me ha traído dolor pero también la supervivencia, así que antes de abandonarla tendría que asegurarme de que tenemos otro instrumento tan poderoso como ella".

En esta reflexión (un tanto obsesiva) sobre el enfado, también me inquieta cómo intersecta con el capacitismo, cómo cada vez que el enfado (siempre legítimo, ¡cómo no vamos a estar enfadadxs!) se expresa por cauces no normativos o neurodiversos (o simplemente se expresa, eso ya es de por sí bastante poco normativo y bastante neurodivergente), el peso violento de la norma capacitista cae sobre la valiente.

Las pocas veces que me enfado y que no sé cómo gestionar la rabia, me acuerdo del bonito manifiesto de Lemebel, de H.I.J.O.S. y de Stefan Zweig, de ese "nuestra venganza será ser felices" (dándole una vuelta, o dos, o mil, a la "felicidad", claroestá).

Pero otras veces solo quiero romper cosas y pegar muy fuerte.


el afecto es revolucionario



Podríamos entender las relaciones amorosas, afectivas y/o sexuales, partiendo de esta idea: el amor ni empieza ni acaba obligatoriamente en el dúo sino que puede tener otras formas; crear, en lugar de estructuras cerradas, “polículas”, “núcleos afectivos”, como propone la (h)artivista Marian Pessah, que se puedan relacionar entre ellos, que se alimenten, que compartan espacios físico y/o emocionales. Crear rizomas, campos de patatas interconectadas entre sí, con lugares de unión y zonas de tránsito, con núcleos acentrados y solidarios. El amor, en esta imagen, no es la patata: una patata por sí sola no es más que un pobre tubérculo. El amor, nuestra vida amorosa, afectiva, sexual es todo el campo, todas las relaciones que establecemos los unos con las otras, y las relaciones de todos ellos con todos los demás. Un sistema de alimentaciones multidireccionales y constantes, de cuidados compartidos, una red o, como apunta el activista David M., un sistema de amores de código abierto, como Linux: sin propiedad, sin forma final y preestablecida, sino en constante transformación gracias a las aportaciones de la comunidad que lo compone.

(Romper la monogamia como apuesta política, Brigitte Vasallo, 2013)

amor. (en)amor(arse). (desen)amor(arse). (en)amor(adxs). (h)amor. (des)amor. (hacerel)amor.

lo personal es político.

afectos. cuidados. construir. (de)construir. (re)construir.

La anarquía relacional cuestiona la idea de que el amor sea un recurso limitado que sólo puede ser real si se limita a una pareja. Tienes la capacidad de amar a más de una persona, y una relación y el amor que sientes por esa persona no hace disminuir el amor hacia otr*s. No clasifiques ni compares personas y relaciones, aprecia las individualidades y tu conexión con ellas. Una persona en tu vida no tiene por qué ser nombrada como principal para que la relación sea real. Cada relación es independiente, y es una relación entre individu*s autónom*s.

leemos a mari luz esteban. y a helen torres y bengala&magnafranse. y a coral herrera. y todo lo que pillamos sobre deconstrucción del amor romántico. y compartimos. y hablamos. y vamos a talleres y asambleas y charlas y debates. y nos deconstruimos y nos reconstruimos y nos destruimos y nos volvemos a construir. e identificamos las piececitas que nos componen y las cogemos y las tocamos y las tiramos por el suelo de la habitación y las tuneamos y las volvemos a colocar, ordenadas, desordenadas, nos olvidamos alguna debajo de la cama y nos ponemos alguna de más.

pero luego a veces de repente zas y te atraviesa y duele y todas las piececitas han estallado sin que se lo hayas pedido y qué haces y deleuze no se mete en la cama contigo por las noches.

y entonces piensas que es porque acabas de empezar y porque no sabes y porque eres joven y lees más y vas a más reuniones y tienes más experiencias y las compartes más pero luego zas y te atraviesa y duele y las piececitas otra vez por los aires y mari luz esteban tampoco se mete en la cama contigo por la noche.

Hemos vencido las morales, las vergüenzas y las leyes que nos quieren dóciles y castas. Pero el dolor de barriga cuando afrontamos la ruptura de la monogamia no se cura con manifestaciones ni pancartas. (...) Desde la ruptura formal de la monogamia hasta la construcción de relaciones no monógamas hay un abismo. Y en ese abismo es donde está la potencialidad del movimiento: en las dudas, en los límites, en los miedos, en los pasitos adelante y los saltos atrás. Su carga subversiva, si la tiene, vendrá de los gestos cotidianos, no de las grandes heroicidades que deben su imaginario a tiempos jerárquicos e individualistas que queremos dejar atrás, que pertenecen a un mundo donde el dolor, la vulnerabilidad, el cuidado, los vínculos, la empatía, ni siquiera existen. Nos han impuesto sus formas durante siglos con resultados deplorables.

Saber dónde están nuestros límites, nuestros dolores, nuestros anhelos, nuestros sueños, y saber al servicio de quién están forma parte de un mundo nuevo. Acompañarnos en nuestros caminos, en nuestros pasos y saltos, amarnos desde los gestos pequeños y construir dúos, tríos, o redes desde otros lugares que sean liberadores, espacios amorosos en los que dejarnos caer, temer, sufrir y también acertar, transformarnos y construirnos es, tal vez, nuestra apuesta más radical.
(El poliamor 'is the new black', Brigitte Vasallo, 2014)

y cuando duele más es cuando más fácil resulta querer volver atrás; pero es muy tarde, ya no puedes pensar los afectos de la misma forma que antes. como los feminismos, te joden la vida al mismo tiempo que te la salvan.

claro, si no doliera tanto no sería tan difícil. pero es que lo otro duele más. lo otro es ya más difícil todavía. y qué bonito, qué bonito es también este camino.

Como no nos enseñan a querernos ni en los principios ni en los finales, solemos creer que el desamor es el inicio del odio. Como no nos enseñan a decir adiós, resolvemos las rupturas con batallas románticas, creyendo que todos los finales tienen que ser trágicos. No sabemos despedirnos tampoco de nuestros seres queridos cuando mueren, ni de las etapas que vivimos, ni de las relaciones que nos hacen felices. (...) Porque aunque el amor romántico no dura para siempre, puede transformarse, reciclarse, mutar y convertirse en una relación bonita. Y también puede, sencillamente, apagarse, sin más. Y no pasa nada.
(El amor no dura para siempre, Coral Herrera Gómez, 2015)



Imagen: Es una pintada en Lavapiés de la Asamblea Feminista Panteras. Ya no es el conocido (y también importante) "NO somos amigas, nos comemos el coño", sino que somos amigas y nos comemos el coño. Sin peros. 


2014


qué difícil es escapar de las navidades. puedes intentarlo muy fuerte muy fuerte, pero no puedes nunca escapar del todo.

hace doce meses escribía en mi escritorio de mi cuarto de adolescente una entrada llamada 2013. entonces la vida era muy diferente y le daba vueltas y vueltas a la politización del amor y el desamor, al aprendizaje de la soledad y a no castigarse por no ser valientes todo el rato. en realidad ahora le doy vueltas a las mismas cosas pero eso no significa que las cosas no hayan cambiado.

he recuperado estos días para dos amigas un fragmento de Marcela Lagarde sobre la soledad y la desolación (publicado originalmente en Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres, editado por el Instituto Andaluz de la Mujer en 2000).

Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.
Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica para la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.

en cuanto a la soledad:

La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. (...) Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona. (...) Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo. (...) La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.

creo que esa autonomía de la que habla Lagarde no tiene que ver con el individualismo al que nos lleva el capitalismo, sino como me comentaban el otro día es más esa sensación de autonomía emocional que sentimos cuando niñas, antes de necesitar estar permanentemente acompañadas. eso no quita el sola no, con amigas sí. ¿o sí lo quita? a mí que no me toquen a mis amigxs. 

supongo que doce meses después sigue sin pasar nada por no ser valientes todo el rato. 

en 2015 voy a quererme tanto que no voy a romperme ningún hueso.


mareo

Llevo una semana escribiendo una entrada cada día y abandonándola en borradores. Hay días sin mayúsculas y días sin casi signos de puntuación y días que son una mezcla.

M. estaba en el hospital y bromeamos porque ahora es un cyborg (pero todxs somos cyborgs llenxs de prótesis y no me mareé al ver su cicatriz ni con la sangre de su compañera de habitación porque la miraba fijamente a los ojos).

Llevo veinticuatro horas pensando en ontologías prediscursivas y podría dejarlo ahí pero mi directora de tesis se enfada porque no explico los conceptos que nombro. Me quedo atrapada en la teoría del discurso y en la filosofía del lenguaje y en el textualismo más extremo. No hay nada más allá del lenguaje. Todo es discurso. La ontología estudia las entidades que existen. Lo prediscursivo es aquello que existe antes de existir en el lenguaje. O sea, nada.

O todo. Pero no es relevante. No es aprehensible para nosotrxs. Da igual la ontología prediscursiva. Da igual que exista o que no exista una realidad atómica. Dan igual el gran corazón-cyborg de M. o los tendones cortados o las pastillas en la cartera fuera de las formas de pensarlos, construidas en el lenguaje.

La teoría del discurso es optimista, porque puedes cambiar la realidad si cambias los lenguajes. La teoría del discurso es pesimista, porque no puedes concebir otros lenguajes más que a partir de los lenguajes que ya conoces.

A veces leo filosofía del lenguaje tan textualista que me mareo como con la sangre de la compañera de habitación de M. Me mareo de verdad. Entro y entro línea tras línea y me lo creo pero de repente dejo de saber dónde estoy. Y como hablaba hace unos días con otra M. necesitamos volver a la caña y no sabemos si eso es la realidad o la zona de confort.

Lo único importante es que los corazones mecánicos siguen latiendo. Y da igual que sea antes o después del lenguaje, dentro o fuera del discurso.

***

he tardado quince días en echar de menos escribir a mano (salvo por esa firma que parece una falsificación y por los libros que no subrayo pero cuyas páginas fotografío).

no pasa nada por hacerlo todo el doble de despacio.

muchos, muchos, pero muchísimos hombres desconocidos me hablan por la calle para que les explique qué me ha pasado. contesté al primero. a partir de entonces solo me llaman antipática.

***

de qué sirve leer a foucault a butler a spivak a spade si no respetas la negativa en una interacción sexual, si no te interesan los cuidados, si jerarquizas precisamente a quienes sí y a quienes no han leído u oído hablar de foucault de butler de spivak de spade. pero te llamas feminista.

o no te defines como feminista ni como transfeminista ni como womanista pero cuidas tus relaciones, entiendes perfectamente los conceptos de consentimiento y de interseccionalidad, tus prácticas son feministas.

¿esto es heterodesignar el feminismo? ¿llamar feminista a quien no se identifica como tal o negarle la etiqueta a quien sí la aprehende? ¿es trazar una línea excluyente de quiénes son feministas y quiénes no? ¿dónde queda la línea? no hay personas sino prácticas feministas. estrictamente, no somos feministas sino que intentamos que nuestras prácticas lo sean, con más o menos éxito.


del prozac y otros demonios



Esto no quiere decir que [...] sea irreal. Por el contrario, las construcciones son muy reales. Las personas viven por ellas, después de todo, y hoy en día, cada vez más, mueren por ellas. No se puede pedir nada más real que eso.
Halperin en San Foucault

Antidepresivos como pastilla de la felicidad.

Anafranil, Cipralex, Sertralina, Fluoxetina. Pastilla. Pastilla y media. Tres cuartos de pastilla. Un cuarto de pastilla. Media pastilla.

De la felicidad. Y del mono. Y de los mareos. Y de las naúseas. Y de los bostezos incontrolados. Y de la anorgasmia. Y de las migrañas. Y de las hemorragias.

Contarlo con diecisiete años. Contarlo con veinte años. Contarlo con veinticinco.
por qué no pruebas con porros 
ylaindustriafarmacéutica 
deja las pastillas y te traigo setas 
eresdébil 
los porros lo solucionarán 
ylaindustriafarmacéutica 
pero si no tienes ningún problema 
ylaindustriafarmacéutica
más platón y menos prozac
por qué no pruebas a ver el lado bueno de las cosas
eso es que eres una presa de la sociedad libérate
ylaindustriafarmacéutica
tu diagnóstico es un invento del mercado

Si mi dolor es (o era) solo un invento del mercado, no es (o era) real, no es (o era) legítimo. ¿Qué es entonces? Tráete tus porros y tus setas y tu psicología positiva y tu discurso sobre laindustriafarmacéutica y explícame qué hago con ese maldito dolor. 

Recuerdo el boyante entusiasmo con el que las académicas feministas solían celebrar el descubirmiento de que una u otra brutal forma de opresión no era biológica sino ¡sólo cultural! A menudo me he preguntado cuáles son las bases para nuestro optimismo sobre la maleabilidad de la cultura por cualquier grupo o programa.
Sedwick en Epistemología del armario

Una anticapitalista antisistema transfeminista no toma antidepresivos. Explícaselo a esa cría de dieciséis años que se corta en la ducha y que ha escrito ya tantas cartas de despedida. Explícaselo a esa otra de dieciocho que intenta vomitar aunque no sabe muy bien cómo se hace. O a esa otra de veinte jugando a sudokus compulsivamente en un hospital psiquiátrico porque no se atreve a abrir el único libro que se ha traído. Háblale de porros y de setas y de laindustriafarmacéutica. Ya verás cómo se ríe en tu cara si no se ha suicidado antes.

En qué momento el diagnóstico fabricado en el capitalismo duele menos por ser fabricado en el capitalismo. En qué momento las ficciones de la era farmacopornográfica dejan de clavarse en tu piel solo por ser ficciones. En qué momento la somatización de una pena significa que el dolor es menos real. En qué momento las ficciones políticas no son ficciones dolorosamente vivas.

Los antidepresivos como pastilla de la felicidad y su mono y sus mareos y sus migrañas y sus náuseas y la industria farmacéutica. La depresión. El trastorno de ansiedad generalizada. La fobia social. El trastorno adaptativo. Diagnósticos de la modernidad obsesionada con el crecimiento y con la productividad. A algunxs les funcionan los porros y a algunxs nos funcionaron las pastillas.

Paso muchas horas hablando críticamente de la institucionalización de la salud mental. Con las pastillas en el bolsillo, por si acaso. Cómo lo combinas sin perder la coherencia interna en el intento. Aprender a vivir con el cuerpo atravesado por la contradicción. El feminismo me salvó la vida de muchas maneras. Pero el psiquiatra fue mucho más rápido.


diario de autocuidado

-Estas malas notas me están bajando la autoestima
-Pues trabaja más y así no tendrás malas notas

20 de abril. Sé que no voy a publicar esta entrada hoy.

29 de abril. La autoestima también es política. No hay nada más radical que quererse y cuidarse a unx mismx. Leo tantos artículos donde solo indican que compres ropa nueva y te maquilles para sentirte bien. Se pueden ir todxs a la mierda.

1 de mayo. Nos sabemos de memoria el mensaje judeocristiana: "no hagas a lxs demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti mismx". Se nos olvidó aprender, se les olvidó enseñarnos, que no nos hagamos a nosotrxs mismxs lo que jamás haríamos a lxs demás. Se les olvidó enseñárselo a quienes se cortan, a quienes vomitan, a quienes se insultan, a quienes se quieren matar. Están demasiado ocupadxs enseñándonos a cuidar de lxs demás.

6 de mayo. Me acuerdo de una cita estupenda de Layli Phillips:
Como resultado de las experiencias históricas que les han sacudido hasta el borde de la aniquilación psicológica, las mujeres negras y otras mujeres de color han reconocido que el autocuidado es tan importante como el cuidado de lxs otrxs. Exigir de una misma y de lxs demás que sean perfectamente consecuentes con sus políticas todo el tiempo y bajo toda circunstancia es una carga innecesaria que puede ser contraproducente. Tal extremismo solo lleva a quemarse y alienarse, y desafía la realidad de que todo cambio es un proceso. 
11 de mayo. Nos enseñasteis que, si lo intentamos lo suficiente, podemos conseguir el empleo que queremos, la vida que deseamos [si no lo conseguimos, es que no nos hemos esforzado lo suficiente, o que no valemos lo suficiente]. Nos enseñasteis que hay un cuerpo bello y deseable que podemos alcanzar si nos alimentamos de determinada forma, si nos ejercitamos de determinada forma, si lo vestimos de determinada forma, si lo movemos de determinada forma [si no lo hacemos, nuestros cuerpos no son bellos ni deseables]. Nos enseñasteis que nuestro valor lo ponen otras personas [y si no nos comportamos según lo esperado por ellas, dejamos de valer]. Nos enseñasteis que el trabajo productivo es el único trabajo valioso [y si no podemos ser productivxs, tenemos que serlo aunque nos cueste (más) salud mental, o nuestra vida no vale nada]. Nos enseñasteis a confiar en el amor romántico como si fuera la única salida, como si fuera suficiente, nos enseñasteis a aguantar y a cuidar por encima de todo [y si no funciona y sales corriendo, es un fracaso; y si no funciona y no sales corriendo, eres débil]. Nos enseñasteis la culpa. Y la culpa otra vez. Y más culpa. Y, luego, cuando no conseguimos ese empleo o esa vida y sentimos que no nos hemos esforzado lo suficiente, que no valemos lo suficiente; cuando sentimos que nuestros cuerpos no son bellos ni deseables; cuando no podemos ser productivxs y aun así lo seguimos siendo, volviéndonos más y más locxs; cuando sentimos que nuestra vida emocional es un fracaso o que hemos sido débiles; en ese momento, nos decís que nos queramos, que nos aceptemos, que olvidemos todo lo aprendido de la noche a la mañana. El mensaje que nos hunde está politizado, es transversal, viene de múltiples focos, es colectivo. El mensaje que nos dirigen cuando ya nos han hundido está despolitizado, es unifocal, individual.

Vuelvo al fantástico "Cuerpos sin patrones" de Laura Contrera:
Pienso que el “acéptate” o “quiérete” que nos espetan en la cara son imperativos insuficientes. Condena a la esfera individual algo que tiene que ser un problema político para un nosotrxs que se pretende amplio y diverso.

Nos quieren hundidxs. Pero habrá que dar respuestas políticas a problemas políticos. Y autocuidarse. Menos mal que tenemos el feminismo.


cuerpo extraño y extranjero



El filósofo Jean Luc Nancy escribió un librito en el que narraba su trasplante de corazón: El intruso (L'intrus, 2000). Nueve años después, Phillip Warnell se basaba en este relato de apenas cincuenta páginas para rodar Outlandish: Étranges Corps Étrangers, cortometraje que ahora se puede ver en Vdrome hasta el lunes 7 de abril (versión original en francés con subtítulos en inglés). ¿Cómo describe el cuerpo, cómo traza las fronteras y los límites del cuerpo, un filósofo de los nacionalismos a quien trasplantan el corazón?

Hace dos semanas escribí una entrada que duró publicada ocho minutos y que se titulaba dolores.  Tiene bastante gracia que en el primer párrafo dijera "nunca me he roto ningún hueso". Hablaba de la separación cultural entre cuerpo y emociones como fisura en nuestra carne y en nuestros huesos. De cómo distinguir los dolores. De cómo compartir los dolores. De cómo concedernos los dolores. De cómo olvido los límites de mi cuerpo cuando el mundo está construido precisamente para cuerpos como el mío.

El siete de abril es el último día para ver Outlandish. Yo ya lo he visto dos veces. Pero podría seguir reproduciéndolo. El pulpo golpea las paredes de un acuario que navega sobre el mar. Dónde está el límite entre las paredes que podemos romper y las que no. Cuerpo-muro. Cuerpo-frontera. Cuerpo-límite. Cuerpo-nación. Cuerpo desbordado.


venganza

Tengo pesadillas cada noche y por la mañana me da por revisar obsesivamente las fotos del móvil de los últimos años. En el archivo de la cámara tengo muchísimas imágenes tomadas a carteles de obras en museos y salas de exposiciones. Para qué seguir tomando apuntes en cuadernos ("la cuarta planta la mejor") que nunca vas a volver a releer.

La última es Manifiesto. Hablo por mi diferencia (Pedro Lemebel, 1986), una instalación compuesta por fotografía en blanco y negro, una caja de luz y una grabación sonora de ocho minutos, que se exhibía en Mínimas resistencias (MNCARS). Este es el texto del manifiesto, una dura crítica a la homofobia en la izquierda.

Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda

(...)

Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza

Y esa es mi venganza. En realidad me duele el manifiesto y quiero gritarle que no a ese "yo no voy a cambiar por el marxismo / que me rechazó tantas veces / no necesito cambiar / soy más subversivo que usted / (...) tampoco porque el capitalismo es injusto / en nueva york los maricas se besan en la calle". Pero me emociona y me excita ese "pongo el culo, compañero, y ésa es mi venganza". 

Diagonal publicaba hace una semana el artículo Lo necesario, donde recuerda la declaración del colectivo argentino H.I.J.O.S. (Por la Identidad y la Justicia Contra el Olvido y el Silencio): "Venganza, por definición, sería robarles sus hijos, secuestrarlos, torturarlos, violarlos, tenerlos en cautiverio, tirarlos vivos al mar, robarles sus bienes, fusilarlos. Nunca hicimos nada de eso ni lo haremos (...). Nuestra única venganza es ser felices". El artículo se pregunta por las condiciones de posibilidad de la felicidad como resistencia en el sistema neoliberal: "Una vida feliz no es necesariamente una vida complicada. No lo es. Para algunas, al contrario, se trata de una vida sencilla: no una vida fácil sino una vida sencilla. Pero la sencillez es lo más difícil de pensar, lo más difícil de conseguir. Lo es porque la lógica del capitalismo desplaza continuamente lo necesario (derecho a la sanidad, educación, trabajo...) al ámbito de lo imposible. Si lo necesario se hace imposible, más que nunca ahora necesitamos desear lo imposible. Querer ser felices es ya rebelarse".

Hablaba con A. y con D. la semana pasada sobre lo subversivo de la risa, sobre el poder del sentido del humor. He pasado muchos años enfadada: quién me devuelve mis quince, mis dieciséis, mis diecisiete, mis... La embriaguez de la metamorfosis fue el primer libro de Stefan Zweig que me prestó N. y el primero suyo que leí. Christine y Ferdinand están furiosxs porque el sexismo, la disciplina militar, el estado, el clasismo... les ha robado la vida. En el último capítulo deciden matarse juntxs, hasta que comprenden que no querían "huir de la vida, sino de nuestra pobreza, de esta pobreza estúpida, repugnante, insoportable e ineludible. Sólo eso. Y creíamos que el revólver era el último y único camino. Pero lo veíamos de manera equivocada. Ahora sabemos que también existe otro camino, el penúltimo". Finalmente, planifican un cuantioso robo al erario público para escapar e intentar ser felices, no sin miedo: "No me malinterpretes. No tengo ni gota de reparos morales, me siento del todo libre en lo que respecta al estado. Ha cometido crímenes enormes contra todos nosotros, contra nuestra generación, de suerte que tenemos todo el derecho. Podemos hacerle todo el daño que queramos, nosotros, toda una generación derrotada, y cuanto hagamos sólo será una simple indemnización por daños y perjuicios". Su venganza será intentar ser felices.  

Aun con todos los privilegios que me atraviesan, he pasado años furiosa con el mundo. He pasado años furiosa por que me robaran tanto tiempo, por que el sistema cissexista, lesbófobo, capacitista e inhumanamente capitalista me hubiera construido como me construyó, con las palabras del DSM y las noches sin dormir. Pero, como Ferdinand y Christine, hay que encontrar el penúltimo camino, y sin ningún reparo moral. Porque nuestra venganza tiene que pasar por poner el coño y poner el culo siempre que queramos, y no la otra mejilla, como diría Lemebel, por buscarle grietas al sistema y tratar de generar redes que se hagan hueco entre la atomización en la que nos pretenden encerrar, por querernos y por encontrarnos, por reírnos en su cara y hacerlo de verdad, nuestra venganza tiene que pasar por ser felices. O al menos intentarlo. Y todos los años que nos han robado habrán servido para algo, para que esa alegría sea infinitamente más real. Nuestra venganza es vivir y seguir sobreviviendo.


De familia y contradicciones

Respetaré tu opinión en tanto en cuanto tu opinión no le falte el respeto a mi existencia.

Me han llamado intolerante muchas veces y siempre intento explicar que no se puede tolerar la intolerancia. E. y yo hablamos mucho la semana pasada de amigxs, de familia y de "diferencias de opinión". Intento hacerle explicar a mi madre por qué no podría ser íntima de unx votante del PP (por ejemplo). No se trata de "yo pienso esto, tú piensas lo otro, ahora nos vamos de cañas". Se trata de que nos están matando, no me puedo ir de cañas contigo.

Me acuerdo de esta entrada de blacksentai (que intento traducir aquí):

Los tíos blancos tienen esa cosa de creer que tu mejor amigx en el mundo puede tener ideas políticas opuestas a las tuyas. Se supone que puedes mantener un sano debate y que el desacuerdo no dañará vuestra amistad.

Eso, sin embargo, es estúpido. Es muy fácil decirlo cuando todos tus desacuerdos son teóricos. Es fácil decirlo cuando ninguna de las leyes aprobadas que estáis discutiendo tienen realmente un efecto en vuestras vidas. Pelearte con tu mejor amigx sobre regulaciones empresariales, actas escolares, fondos para educación, aborto, seguros médicos, restricciones de voto, legislación sobre drogas, impuestos y todo tipo de cosas puede ser guay y estar animado porque nada de ello va a dejarte en un mal lugar.

Es diferente para el resto de nosotrxs. No podemos ser amigxs si piensas que no debería tener derecho al voto. No podemos ser amigxs si piensas que mis amigxs no deberían tener la capacidad de decidir con qué género se identifican y cómo quieren ser legalmente reconocidxs. No podemos ser amigxs si piensas que no merezco seguro médico. O si piensas que los niñxs nativxs-americanxs deberían ser arrebatadxs de sus culturas y pueblos. No podemos ser amigxs si piensas que cerrar las clínicas que puedan llevar a cabo abortos seguros y legales es algo positivo.

Todas esas ideas políticas tan teóricas y esos debates tan animados afectan a personas de verdad, y cualquiera que no esté de acuerdo conmigo en alguna de estas cosas no podrá ser mi amigx. Porque el desacuerdo aquí significa que no me ves a mí o a un gran número de mi gente como seres humanos merecedores de derechos y respeto.

No hay por qué entrar en esta discusión más veces. Nadie puede verse forzadx a entrar en esta discusión. Nadie puede verse impelidx a "ser tolerante" con ninguna de estas personas o a tener que adoptar una posición pedagógica ante posturas que le agreden. No se trata de "diferencia de opiniones". Se trata de que me estás matando. Y no tengo por qué respetarte mientras lo haces.

Pero. Pero. Pero.

Discutiendo con E. sobre familia, amigxs, sobre burbujas de opinión... le comenté que a pesar de que siempre sostendré que no podría ser íntimx de alguien del PP (por ejemplo), a pesar de todo, estas navidades me habría muerto sin mi familia y sin mis amigxs, sin mi madre y sin C., y que en esas circunstancias me habría importado bien poco que votaran o no votaran al PP, que simplemente quería que estuvieran, y votasen a quien votasen, habrían estado todxs igual.

Me encuentro con otro artículo en Autostraddle, del que traduzco un par de fragmentos:

Una vez, una liberal arrogante me dijo que si mis padres no me hacían feliz, entonces debía simplemente marcharme y alejarme de ellxs. Porque, aparentemente, si tu madre es una feminista radical que acepta y comprende todo lo cuir que eres, eso no te da un privilegio, sino que te convierte en unx expertx en la manera correcta de ser gay. Las cosas no son nunca blancas o negras, y no sirve de nada fingir que no hay un área gris entre ser apoyadx con entusiasmo y ser nombradx un engendro satánico por nuestras familias. Para aquellxs suficientemente afortunadxs como para tener una familia a la que queremos, la intersección entre relaciones familiares, cultura, el mundo real y la comunidad LGTBQ, ésta es un área gris con la que tropezamos año tras año.

Me dicen que debería mudarme, seguir adelante, y dejar de hacerme esto. Puedo marcharme sin más, me dicen, como si diciéndolo me liberaran de algún tipo de prisión. Es decir, sí, puedo marcharme. Conozco a gente que lo ha hecho y que ahora son más felices. Pero yo escojo seguir manteniendo esta batalla privada y complicada, porque para mí proviene de un lugar donde hay tanto amor y esperanza como miedo e ignorancia.

Pero. Pero. Contradicciones. Nadie dijo que fuera fácil.


Muerte y Sálvame


Nos estamos muriendo todo el tiempo. Pasé la tarde hablando con L. sobre la muerte. Bueno, también hablamos de ansiedad, de crochet, de cine, de lo mucho que nos queremos y de Sálvame Deluxe; que si no qué bajón.

Gerard Coll-Planas publica en 2012 La carne y la metáfora: una reflexión sobre el cuerpo en la teoría queer. En su aproximación a la percepción del cuerpo en la posmodernidad, comienza por la concepción de Norbert Elias del proceso civilizatorio: una lucha contra la naturaleza que tiene dos puntos débiles, el sexo y la muerte. Para Elias, se estarían relajando las reglas que regulan la sexualidad mediante un autocontrol interno, pero el horror que provoca la muerte va en aumento.

El recorrido que hace Coll-Planas con ayuda de Norbert Elias y de Zygmunt Bauman sobre la percepción de la muerte en la modernidad y en la posmodernidad se podría acompañar muy bien del discurso de Beto Preciado sobre los diferentes regímenes de verdad en los siglos XIX y XX.

Antes de la modernidad, se entiende la muerte como parte de la vida, obra del destino o voluntad divina (aparatos de verificación teológico-trascendentales, tanatopolítica, cuerpo plano). Con la modernidad, la razón pretende controlarlo todo, la muerte es la "herida mortal al narcisismo del ser humano", la muerte es el fracaso de la ciencia (aparatos de verificación científico-empírico, cuerpo que es interioridad pública, biopolítica). Así, al no ser capaces de asumir la mortalidad de nuestros cuerpos, aislamos a las personas que están cercanas a la muerte. Nuestra mortalidad no es negada explícitamente, pero es aislada, utilizamos un "lenguaje de la supervivencia" que nos da una vía de escape al horror que supone saber que vamos a morir. Para Bauman, "según el discurso moderno, morimos por causas concretas, mientras que en el fondo todxs morimos... porque somos mortales". ¿Cómo se lidia con la muerte en la posmodernidad? También para Bauman, en esta modernidad líquida ya no olvida la muerte o la intenta vencer con la ciencia, sino que "se deconstruye la inmortalidad en un conjunto de satisfacciones alcanzables", se pospone, se banaliza. Estas tres huidas de la mortalidad (trascendencia religiosa, desconocimiento, aislamiento, olvido), se combinan en el sujeto posmoderno con serias consecuencias: negar la mortalidad es negar la vulnerabilidad, es negar los límites del cuerpo.

Pero paremos un momento, de qué sujeto habla Coll-Planas, de qué sujeto habla Elias, de qué sujeto habla Bauman. L. y yo hablábamos de otro sujeto, desde otro lugar. La posición de la que salen las voces de L. y la mía es bastante similar, pero nuestra visión de la muerte es opuesta. Aun opuesta, es claramente diferente a la de ese hombre (hombre) tan posmoderno que ignora la muerte, que pospone la muerte, que olvida su vulnerabilidad. Qué sujetos pueden permitirse olvidar la muerte. Coll-Planas teme que la teoría cuir se olvide de la muerte y de los límites del cuerpo, y nos trae el asesinato de Isaac y Julio como si quisiera recordarnos que lo cuir no se queda en tu taller drag king y que a veces nos matan. Pero precisamente lo cuir no puede separarse de la muerte. Porque nace precisamente de la conciencia de vulnerabilidad. Quiénes son esos sujetos de los que hablan Coll-Planas, Elias, Bauman... que pueden permitirse olvidar la muerte. Y dónde metemos en estos discursos a esos otros cuerpos que bailan con la muerte cada día. A los cuerpos enfermos, a los cuerpos que han escuchado de su médicx la fecha de su final, a los cuerpos suicidas, a todos los cuerpos que sí saben de su vulnerabilidad porque se han producido en ella. L. y yo queremos una genealogía de la muerte desde esos cuerpos que, algunos sin ningún miedo y otros con demasiado, nunca se han podido permitir olvidar su mortalidad. Luego hemos pasado a Sálvame Deluxe, que estaba poniéndose la tarde demasiado intensa.

Imagen: "rhytm 10", de Marina Abramovic, performance donde clava un cuchillo entre los dedos de la mano y cambia de instrumento cada vez que se corta. Para Coll-Planas, este tipo de performances, como las de Stelarc, construyen un cuerpo potente que puede vencerlo todo ignorando sus debilidades. Personalmente, pienso que intentan lo contrario. En realidad pensaba ilustrar la entrada con algo de accionismo vienés, pero seguramente C. no volvería a leer el blog, así que he pasado.


miedo


Hace poco más de un mes, este artículo de Diagonal hablaba sobre el miedo en relación a la ley mordaza de seguridad ciudadana: "Que sí, que a veces tenemos miedo, pero cuando nos juntamos y gritamos se nos quita y cambia de bando". Claro que tenemos miedo. Claro que es mentira cada vez que gritamos lo contrario. Pero a base de repetirlo terminamos por creerlo.

Lo personal es político, me digo una y otra vez cada vez que escribo líneas como éstas. Tengo un cuaderno nuevo. Hace mucho que no escribía; de hecho, probablemente hará cuatro o cinco años que no escribía en un cuaderno, que no escribía algo que no fueran artículos académicos llenos de prefijos y guiones. Y mails, que cuando me da, me da. Desde hace dos meses tengo un cuaderno nuevo. Al principio era una lista de cosas que todavía me hacían ilusión en un mundo sin ella. Ahora son cartas. Cartas para mí. Cartas en las que hablo sobre el miedo.

Cuando escribía esta entrada sobre el 15M hace dos años y medio, hablaba de furia, de rabia, de estafa, de vergüenza. Pero en realidad era miedo lo que había por todas partes aunque ni siquiera me atreviera a nombrarlo. Miedo a ver y sentir lo que solo había entendido en el discurso. Miedo a la policía. Miedo a lo-que-hay-cuando-acabas-si-acabas-con-el-sistema. Miedo a la revolución y miedo a no hacer la revolución. (Miedo a irse de casa y miedo a quedarse). Miedo a hacer la revolución y que no sirviera de nada. (Miedo a irse de casa y, aún así, seguir sintiendo miedo). Más miedo a la policía. Piernas que tiemblan en cuanto lxs antidisturbios se ponen los cascos. Que acaba convirtiéndose en piernas que tiemblan con solo ver a lxs antidisturbios. Y vergüenza por ese miedo. Porque las buenas feminazis cuir antisistema no deberían sentir miedo, ¿no? Y, por supuesto, miedo al miedo.

Todas tenemos un leit motiv que nos acompaña durante tantos años que hasta olvidamos que no es parte de nosotras. Para unas es la culpa, para otras la soledad, para otras es el miedo. Pero yo ya no tengo miedo. Ya no tenemos miedo. Porque, aunque sigamos sintiéndolo, no dejaremos de gritar que no existe. Y gritando y gritando y gritando, y gritándoles y gritándoles y gritándoles, y abrazándonos y reconociéndonos y encontrándonos, serán ellxs y no nosotrxs lxs que tiemblen asustadxs por las noches. Nos tendrán miedo porque no tendremos miedo, ya sea en Sol, en Gamonal o en la Zona Franca de Barcelona. Me tendréis miedo porque ya no tengo miedo. Y ni siquiera puedo empezar a explicar lo increíble que es vivir así.


2013


Hay que politizar el amor igual que intentamos politizar el sexo.

Hay que politizar el desamor.

Ácida firmaba hace unos días una entrada maravillosa sobre la soledad y el amor romántico: "La soledad no significa no estar rodeada de buenxs amigxs, eso ya lo sabe todo el mundo. En mi caso, tiene que ver con pasar una día maravilloso, lleno de personas interesantes, llegar a una cama vacía y sentir un agujero en el pecho. Como ya me he declarado feminista de mierda, me da mucho margen para aceptar que me he sentido así, que todo lo que he leído sobre la deconstrucción del amor no me ha servido y que sigo construyendo mi propio proceso".

Coincide con la lectura de Transfeminismos: Epistemes, fricciones y flujos (compilado por Miriam Solá y Elena Urko), y los fantásticos artículos del apartado "El amor siempre fue político". Escribe Helen Torres en El amor en tiempos del Fakebook:

Porque no solo "los hombres y las mujeres de nuestro tiempo" tienen miedo al cambio y reproducen valores y prácticas patriarcales. Las transfeministas también nacimos en esta sociedad; aquí fuimos socializadas, aquí vivimos, amamos, algunas pocas nos reproducimos y aquí mismo moriremos. Nosotras también somos la sociedad.  Hemos de habitar la contradicción, hacernos preguntas interesantes para usar como señales y olvidar los modelos. Generar formas de vida inesperadas que no remitan a un modelo binario de opresión [...]  
Ni la transexualidad ni la homosexualidad son fases superiores de la heterosexualidad. Hay otras exclusiones: de clase, color de piel, país de origen, títulos universitarios, historial depresivo, especificidades corporales y otras de esas pequeñeces que definen al mundo. No somos huestes de Xenas gays: aguerridas, certeras, invencibles. Armadas hasta los dientes y capaces de enfrentarse a todo. Con glamour y mala leche. 
Nadie es valiente todo el rato. A veces nos cansamos. No todas tenemos mala leche. Y mucho menos glamour. ¿Y qué pasa con quienes no pueden ser transfeministas? ¿Qué con quienes han sido oprimidas por otras mujeres (quizás lesbianas, quizás blancas, probablemente feministas)? 
Vivir en la distopía con un libreto utopista es una contradicción dolorosa. Sostener que todas unidas jamás seremos vencidas es peligroso. Y un olvido imperdonable de la historia de nuestras antepasadas. 
Como dijo Haraway, no nos salvará el cyborg como no nos salvó el Che. No se trata de salvarnos sino de crear nuestros propios mecanismos y redes de apoyo. Un lenguaje propio. Otras formas de relacionarnos. Otras maneras de amar. Devenires inapropiados e inapropiables. (p. 241-242)

Y aprender que no pasa nada por no ser valientes todo el rato. Por cansarnos. Y acabar con la culpa. La culpa. La culpa más normativa por no saber perdonar, por abandonar, por dañar, por no cuidar. La culpa de la feminazi cuir por haber quizás perdonado demasiado, por haberse dejado engañar, por no haberlo visto todo con tus gafas moradas. La culpa más normativa por no ser capaz de seguir amando, de seguir necesitando. La culpa de la feminazi cuir por haber amado mal, por haber necesitado. La culpa más normativa por follar sin mirar con quién. La culpa de la feminazi cuir por no saber separar siempre el deseo del amor romántico. La culpa de la feminazi cuir por esperar un mensaje que no llega. La culpa como herramienta del heteropatriarcado para jodernos siempre. Culpa culpita.

Con filosofía no hay árboles, escribía Pessoa. A la hora de la verdad Derrida no se mete en la cama contigo por la noche. Qué de cosas he aprendido en 2013.


De amor(es)

Después de unos cuantos meses, por fin me puse con Crítica del pensamiento amoroso, de Mari Luz Esteban (cortesía de la librería Relatoras y de Pikara Magazine).

Esteban pretende una teoría, una antropología, del amor, que no es ningún caso una teoría total: "[...] no es posible una teoría y una política subversivas desde eso que estamos llamando aquí y ahora amor. No al menos en este contexto cultural de Pensamiento Amoroso en el que vivimos. No en este sistema capitalista cebado a base de generar injusticias que se sustentan, entre otras cosas, en una forma concreta de educación amorosa. No sin explorar otras posibilidades teóricas y vivenciales al margen del amor. Aunque lo incluyan. Una teoría, una política del amor son necesarias pero no son suficientes".

Así define Esteban Pensamiento Amoroso:

Voy a denominar Pensamiento Amoroso a una determinada ideología cultural, una forma particular de entender y practicar el amor que surge en la modernidad y va transformándose y reforzándose hasta nuestros días. Una configuración simbólica y práctica que influye directamente en la producción de símbolos, representaciones, normas y leyes, y orienta la conformación de las identidades sociales y genéricas, los procesos de socialización y las acciones individuales, sociales e institucionales. En este modelo emocional hegemónico y concreto, dominante en Occidente hoy día, se produce una construcción y una expresión cultural de las emociones que tiende a enfatizar el amor por delante, no solo de otras emociones, sino también de otras facetas humanas (solidaridad, justicia, libertad...), y que se convierte en una forma dominante de representar lo humano que se aplica de distintas maneras a mujeres y hombres. Este Pensamiento Amoroso es así el caldo de cultivo, la matriz, en la que se constituye en la Era Moderna un orden social desigual. De género, clase, etnia, sexualidad...

Me gusta mucho cómo comienza el libro, parafraseando a Gayle Rubin y su "ha llegado el momento de pensar sobre el sexo".

Estoy muy obsesionada últimamente con el concepto de amistad. Hablo mucho con C. de amor romántico, de vida de pareja, de la idea de tribu. Quiero tanto a mis amigxs y a mi familia de elección que no duele. Aunque ni siquiera sepan lo mucho que les quiero porque no es necesario:

De la misma manera que en nuestra cultura hay una jerarquía entre emociones altas y bajas, cultivables y desechables, hay también una clasificación, una graduación, en la definición y rango de todos los tipos de amor posibles, donde relaciones y afectos como los que se dan bajo la forma de amistad (pero también de vecindad), quedan relegados al último lugar [...]. No hay más que ver la desproporción entre la cantidad de literatura científica sobre el amor en relación a la que existe en torno a la amistad. 

Pero, al mismo tiempo, pensar que no sé lo que haría sin esxs amigxs, ¿no es reproducir nuevamente esa necesidad del sentirse-queridx, del no-estar-solx, aunque estemos multiplicando y saneando los puntos de apoyo? Supongo que no tengo ganas de deconstruirme tanto por el momento. Me basta con mi tribu.


Carta


Querida Loreto,

No le hagas caso. Es mentira eso de que llorar es de nenazas. Y ten cuidado. Porque no hay nada de malo en ser una nenaza. Nunca lograrás pasar cien días sin llorar. Y no pasa nada. No te obsesiones y deja de contar. No dejes que un niño de cinco años te destroce la adolescencia cuando solo tienes cinco años.

Lee. Sigue leyendo. Pero haz algo más que leer además de tatuártelo cuando cumplas los veinticinco. Puede que con nueve años aún no sepas lo que significa lesbiana y que con dieciocho no hayas oído nunca la palabra postestructuralismo, pero dentro de unos años tendrás que traducir tus pensamientos del posmoderno al castellano y sabrás más de teorías que de prácticas. Y eso será cualquier cosa menos bueno. No dejes de leer pero acuérdate de que a veces la gente es mejor que los libros.

Decidirás estudiar lo que estudiarás dos meses antes de matricularte, obedeciendo a tu primera psicóloga (la obedecerás en más cosas, pero lo superarás). En segundo de carrera ya sabrás que ha sido un error, pero un profesor empezará a hablar de bolleras y de maricas y de queer y todo cambiará en un segundo. La carrera seguirá sin gustarte. Pero habrás encontrado algo que te hará feliz. Y además. People are just people, they shouldn't make you nervous. Repeat.

No pasa nada porque te haya llamado fea. No dejes de contestar a los acosadores porque uno te haya llamado fea. Tampoco pasa nada porque te haya afectado. No vas a ser la perfecta feminista las veinticuatro horas del día. Seguramente ni siquiera un rato. Qué agotamiento. Pero dejará de molestarte. Lo prometo.

No pasa nada porque no hayas entendido nada de Manifiesto contrasexual. Dentro de dos años volverás a intentarlo y cuando hayan pasado unas pocas páginas ya será demasiado tarde para volver atrás. No dejarás de ver esas películas y series horribles de adolescentes estadounidenses. Y tampoco dejarás de engancharte a realities terroríficos de la MTV. Al principio te sentirás culpable. Pero bah. Aprenderás a darte concesiones. Y a descansar. Y a perder el tiempo.

Sí, el feminismo te joderá la vida. Pero también te la salvará. Solo tienes que tener un poco de paciencia.


Salvada

Querida yo:

Estaba escribiendo una carta a mi yo de hace diez años y he tenido que borrarla porque era demasiado personal. Aquí hemos venido a hablar de bolleras.

Has cumplido veinticinco años hace nada. Sí, primera noticia: cumplirás los dieciocho, y los veinte y los veinticinco. De hecho, adoras tus cumpleaños y celebras picnics multitudinarios en el Retiro con la gente a la que quieres. Que serán muchxs más de lxs que puedes imaginar ahora. 

Con trece años jugaban a pedirnos que nos mirásemos las uñas y, dependiendo de si estirábamos el dorso de las manos o si las doblábamos (creo que no me he explicado bien...) éramos más o menos femeninas. Recuerdo que estuve unas semanas practicando para que me saliera de forma natural estirarlas y que nadie pudiera acusarme de marimacho. Qué cosas.

Todo cambiará tanto que no lo reconocerías y no te reconocerías si pudieras mirar por un agujerito cómo es el futuro. Nada, absolutamente nada, será como lo imaginas. Ni siquiera puedo decirte que será mejor, porque será tan radicalmente distinto que no son realidades comparables.

La primera vez que respondí a un acosador, cuando era relativamente pequeña, me llamó fea. Iba con C. y con algunas amigas más, creo. Hasta hace muy poco no pude volver a responderles por miedo a que me volvieran a llamar fea. Pero es empezar y no parar, ya tengo repertorio para todo tipo de intromisiones.

Empiezan a preocuparte esos pensamientos obsesivos. No los de loca, esos ya no te preocupan, sino los de lesbiana. Pues para, no te preocupes por nada. Dentro de diez años leerás una novela gráfica de Alison Bechdel titulada ¿Eres mi madre? y te reconocerás en una viñeta en la que dice que, en realidad, cree que ser lesbiana fue lo que la salvó. En una entrevista dirá que ser [¿ser/estar?] lesbiana fue lo que la empujó fuera de su mente. Tú ya sabes que los libros te están salvando. Pues ay cuando descubras los libros de bolleras y de queers. Y dejarás de escribir ficción. Pero nunca te arrepentirás.

Como mi amante le dijo una vez a su madre: «No elegí esto y sin embargo si tuviera que elegir mil veces continuaría eligiendo esto. De hecho elegí esto»
Ulrika Dahl


Depilación


Y he aquí la esquina izquierda del escritorio de mi trabajo. Hoy está circulando mucho un artículo que se ha publicado en El País sobre la periodista Emer O'Toole, que dejó de depilarse después de 18 meses sin hacerlo para un reportaje. Los comentarios son de traca (me encanta la expresión "de traca").

No creo que el debate esté en que una mujer (en nuestro contexto geográfico-cultural) quiera o no depilarse, si es más estético o menos o si es más higiénico o menos. A mí me gusta más la piel depilada en todos los géneros; sin embargo, siento cierto desagrado cuando me veo así las piernas, algo que no me ocurre cuando veo las de mis hermanos o amigos (nuestros gustos no son inmunes al bombardeo mediático y social). No se trata de voluntad, estética o higiene, sino de capacidad de decisión y de libertad. ¿Puedo elegir si me depilo o no me depilo las piernas?

Hace tres o cuatro semanas que no me las depilo porque quiero tener, en algún momento, la oportunidad de decidir si quiero o no afeitarme. No hay excusas de higiene, la higiene no me vale con las piernas, en realidad me vale bien poco con todo, la depilación genital es de todo menos higiénica, por ejemplo. En cuanto a la estética, también es una decisión estética depilarme las cejas o ponerme lentillas, pero me atrevo a salir a la calle y no me siento ridícula y avergonzada por no depilarme las cejas o por no ponerme las lentillas; no siento que la gente me mire en el metro o que los grupos de chicxs comenten entre ellxs. Cuando sea capaz de vestir pantalones cortos, bañador... con las piernas así, sin depilar, sin sentirme ridícula o avergonzada, entonces podré pensar en depilarme como una decisión estética.


Pagando por ello


El sábado celebré mi cumpleaños (que me gusten las espinacas y que me encante mi cumpleaños son dos de esas cosas que no me pegan), así que tengo unos cuantos libros que leer, ya que tengo unxs cuantxs amigxs bien majxs. El que enganché ayer por la mañana fue Pagando por ello: Memorias en cómic de un putero (Chester Brown). Tal y como indica el subtítulo, es un relato autobiográfico sobre su relación, como cliente, con el trabajo sexual.

El libro es muy interesante y, para mí, ha sido una perspectiva diferente. Me ha gustado la banalización del sexo. Viñetas como las que abren esta entrada me recuerda a Virginie Despentes. No sé si fue ella en Teoría King Kong o si fue citada por Beto Preciado en Testo Yonqui, cuando aseguró que se había sentido mucho más explotada por el sistema capitalista heteropatriarcal trabajando como cajera que trabajando como prostituta. Efectivamente, expone también Chester Brown, hay veces que a la trabajadora sexual no le apetece especialmente ejercer su profesión, pero a mí tampoco me apetece venir al trabajo. Hay otras viñetas con trasfondo parecido, como la siguiente:




Lo compara como si no hubiera ningún problema con ninguna, y a mí me parece que, sobre todo la segunda y la tercera, son bastante violentas. De todas formas y al fin y al cabo, el matrimonio siempre fue un contrato muy similar a la prostitución, ¿no? La primera viñeta tiene también la complicación de "necesito el dinero", "no quiero hacerlo pero necesito el dinero". ¿Eso es una elección libre? Pero, ¿hay alguna diferencia entre ese "no quiero hacerlo pero necesito el dinero" y otros tantos encuadrados dentro del sistema laboral capitalista? Me gusta la cita de Despentes: "Las prostitutas forman el único proletariado cuya condición conmueve mucho a la burguesía".

Hay varias cosas que no me gustan del libro y casi todas tienen relación con la falta de análisis feminista de muchos puntos del debate. Brown iguala la prostitución masculina y la femenina (y excluye la prostitución de otros géneros) ignorando las relaciones de poder entre hombres y mujeres (y el resto de nosotrxs). El autor, además, cita a Sheila Jeffreys como única referencia de la teoría feminista en relación a la prostitución. No quiero decir que Jeffreys no sea importante, pero... en fin, teniendo en cuenta la enormidad del debate feminista en torno al trabajo sexual, centrarse en una única autora (más aún, en esta autora) es o malintencionado o ignorante. No estoy de acuerdo con Sheila Jeffreys en casi nada (ni en su relación con el sexo y el sadomasoquismo, ni con su transfobia, ni con su opinión sobre la prostitución) pero me ha dado muchísima rabia que Chester Brown haya ironizado sobre la percepción que tiene Jeffreys sobre la violencia (más amplia que la de "la otra gente", como dice él).

La obra de Brown me ha dado muchas (más) ganas de leer dos libros: Crítica del pensamiento amoroso (Mari Luz Esteban) y La prostitución (Beatriz Gimeno), con quien seguramente no estaré de acuerdo, pero con la que sé que reflexionaré un montón.


Mi King

Todxs nacemos desnudxs. El resto es drag.

El sábado fui a mi primer taller Drag King (cortesía de Revista Píkara y M en conflicto). Hacía muchísimo que quería ir a uno y no era la primera vez que me travestía, pero fue mucho más que travestirse. Vendarse el pecho, abultar el calzoncillo, separar un poco las piernas, modificar el centro gravitatorio, cambiar el peso corporal de un punto a dos, relajar los hombros... Nos cortamos un mechón de pelo que, a continuación, cortamos más menudo para fabricarnos nuestras propias barbas.

Dado que mi sentirme-mujer hace tiempo que es meramente estratégico-político, pensé que no habría mucha diferencia entre ese fingir-sentirme-mujer con un fingir-sentirme-hombre, pero sí la hubo, y la fui mascando poco a poco. Fue todo muy sutil, no conseguí el tan aclamado passing (pasar por hombre), pero tampoco fue esa mi intención. Inscribí una serie de modificaciones minúsculas que consiguieron un cambio mental importante.

Por cierto, recuerdo una tontería: no tenía frío. A lo mejor Nacho tampoco es claustrofóbico ni ansioso. Creo que la timidez era de Loreto. Tiene que seguir practicando. El king engancha. Y ya no lo puedes echar. Camino al trabajo me he encontrado alternando los andares-de-chica con los andares-de-chico, cambiando a placer el centro gravitatorio de mi cuerpo. Tengo ganas de que Nacho interactúe más con el mundo. Pasando (por hombre) y pasando (por eso-es-un-chico-o-una-chica). El juego ha comenzado.

Una vez que el virus king ha sido activado en cada participante, actuará, como sospecha de género, más allá del taller extendiéndose a la vida cotidiana y provocando modificaciones en todas nuestras interacciones sociales. El saber drag king no es la conciencia de ser un imitador de la masculinidad en medio de cuerpos anónimos de hombres y de mujeres, de hombres de negocios y carteros, de madres de familia que empujan carritos, de jóvenes que pegan patadas a los cubos de basura, sino de percibir, por primera vez, a los otros, a todos ellos, como efectos más o menos realistas de repeticiones performativas descodificables como masculinas o femeninas. Al caminar entre sus cuerpos anónimos, sus masculinidades y sus feminidades (al mismo tiempo que la mía) aparecen, por primera vez, como caricaturas de las que, ellos solos, gracias a una convención tácitamente pactada, parecen no ser conscientes.
Beto Preciado, en Testo Yonqui



Paréntesis

Nota informativa aunque no le importe a nadie: He cambiado mucho desde que empecé a escribir en este blog. Hoy cambio el nombre y el Twitter por lorewaq, un nick más neutro y dispuesto a recibir todas las mutaciones en mi concepción del sistema sexo/género/deseo a partir de ahora. No dejo de identificarme (políticamente) como lesbiana (bollera), pero no me gustan las connotaciones de separatismo lesbiano del nombre anterior. Mantengo la URL porque me da penita. Fin de la nota informativa aunque no le importe a nadie.


Armarios y niñxs

Tuve miedo de salir del armario con una niña de cinco años que me preguntaba repetidamente si tenía novio. Porque estábamos solas y no quería que su madre luego se enfadara conmigo y, consecuentemente, con mis jefas y ellas, consecuentemente, conmigo. Al final se lo dije.

Luego me sentí culpable un buen rato.

Qué asco. Y qué rabia. Y qué extraño.