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musulmán o loco

Mezquita central de Madrid (Tetuán), en enero, después del atentado de París

En cualquier noticia en relación con el accidente de avión en los Alpes, se cita al fiscal de la investigación Brice Robin: "En este momento, nada permite decir que se trata de un atentado terrorista. Analizaremos el entorno de esta persona". Dice Hamid Dabashi al respecto: "La palabra 'terrorismo' está tan identificada con la palabra 'islam' que todx musulmánx que ha escuchado la intervención de Robin ha respirado aliviadx".

¿Qué pasaría si el copiloto se llamara Mohammed? ¿Qué pasaría si fuera musulmán (dato que se desconoce)? ¿En qué momento deja de dar vergüenza ser tan obvix en la racialización del terrorismo?

Pat Robertson, un telepredicador protestante fundamentalista bastante influyente en Estados Unidos (conocido, entre otras, por la estupenda declaración de la que soy fan absoluta y que suscribo al cien por cien: "La agenda feminista no habla de iguales derechos para las mujeres. Es un movimiento político contrario a la familia que alienta a las mujeres a abandonar a sus maridos, asesinar a sus hijxs, practicar brujería, destruir el capitalismo y hacerse lesbianas") ya ha soltado lo que mucha gente piensa: "¿Qué le pasaba al copiloto? ¿Era musulmán? ¿O por qué quería matar a toda esa gente?". ¿Si no era musulmán entonces qué era, un psicópata, un loco? ¡Oh! ¡Ahí viene la siguiente!

Por un lado, identificación entre islam y psicopatía; por otro lado, la psicopatía delx musulmánx (no sé para que pongo equis cuando debería ser masculino, las mujeres musulmanas no tienen derecho al uso de la violencia, solo están oprimidas y encerradas en sus casas, el terrorista será siempre dibujado como varón) está vinculada con la religión/cultura, mientras que la psicopatía del no-musulmán es individual y jamás politizada. ¡Sorpresa! El copiloto estuvo en "tratamiento psiquiátrico" hace seis años por una depresión. Ya está, es un loco individual y despolitizado (porque hace seis años estuvo medicado con antidepresivos, eso explica cualquier asesinato, y si el diagnóstico fuese ya de esquizofrenia, estaría todo el caso resuelto).

Independientemente de este caso en concreto, del que no sabemos nada, se ha escrito mucho sobre la racialización del término "terrorismo". Recuerdo especialmente el caso de los atentados en Noruega de 2011, del fundamentalista blanco y cristiano Breivik; o el más reciente tiroteo de Chapel Hill, cuando un tal Craig Stephen Hicks, fundamentalista ateo (anti-teo se definía) asesinó a tres jóvenes musulmanxs (nunca ha sido definido como terrorista, los terroristas tienen que tener un nombre árabe, por si aún no nos hemos enterado).

Estoy ahora justo leyendo Islam in Liberalism, la última obra de Joseph Massad (el autor de Desiring Arabs, una de las monografías poscoloniales más importantes sobre sexualidades no normativas y mundo árabe). En este ensayo repasa la genealogía del término islam en el mundo occidental, y cómo se ha producido como parte integral del liberalismo, como su opuesto déspota y antidemocrático (además de terrorista, principalmente a partir del 11 de septiembre de 2001), para poder dibujar, así, un Occidente democrático y con cuya imagen nos sintamos cómodxs.

Ah, y estoy aquí, esperando pacientemente a que todxs lxs europexs blancxs y de educación judeo-cristiana condenemos este accidente y, más aún, nos disculpemos por lo que nuestra raza/religión/etnia/cultura acaba de hacer.

Y escuchar a Angela Davis nunca, nunca está de más (aquí la transcripción de la entrevista, en inglés):



Gays de derechas



Hace poco surgía la página Gays de derechas, que descubro a través de un comentario en Twitter de Rubén López, activista de Arcópoli, que asegura apoyarles ("contad conmigo"): "Una cosa es que yo sea socialdemócrata y otra es activista LGTB. Las separo al 100%". ¿Sí? ¿Puede separarse? ¿Se puede ser gay de derechas? Claro que puedes ser gay y ser de derechas. Supongo que la pregunta es si puedes posicionarte contra la homofobia y ser de derechas.

Me acuerdo del polémico artículo de Naomi Wolf  de verano de 2011, titulado "America's Reactionary Feminists" y publicado en castellano por Público como "El feminismo reaccionario", donde intenta describir a las mujeres del Tea Party como ejemplos de discurso y activismo feminista. Me gusta cómo lo describieron en Feministing: "sí, es otro de esos artículos que se lamentan de que las feministas no apoyen a las mujeres políticas que trabajan activamente contra los objetivos feministas". Beatriz Gimeno también escribió un artículo al respecto: "El feminismo de derechas". No, el feminismo no puede ser de derechas igual que no lo puede ser el antirracismo o la lucha contra la homofobia o la transfobia.

¿Se puede aislar un discurso de género de un discurso de clase, de raza, de capacidades, de, de, de...? Cuando empecé a escribir en este blog le puse un nombre horrible; por aquel entonces leía solo páginas como Dos Manzanas o AmbienteG: ¿Qué escribes cuando escribes solo sobre una variable? ¿Qué pasa si escribes solo sobre el colectivo LGTB? ¿Qué escribes cuando escribes sobre el ser-gay o ser-lesbiana y el resto son todo privilegios?

Hay asociaciones LGTB autoidentificadas como de derechas, neoliberales o conservadoras en varios estados (GOProud LogCabin en EEUU, LGBTory en Reino Unido, GayLib en Francia, Öppna Moderater en Suecia...). Log Cabin Republicans (LGR) es un grupo estadounidense LGTBH (así se identifican en su Web, LGTB y heterosexuales aliadxs) cuyos miembros se definen como “republicanos conservadores, moderados y libertarios”. Su rama en el condado de Broward (Florida) publicó en octubre de 2012 un anuncio en la publicación gay Florida Agenda en relación con la campaña electoral. Éste, ilustrado con una imagen de la agonía del embajador estadounidense en Libia Chris Stevens, rezaba lo siguiente:

¿Dónde está la atrocidad ahora?
Si la administración Obama no va a proteger a los ciudadanos estadounidenses gay / gay-friendly del terror del radicalismo islámico, ¿qué te hace pensar que nos protegerán de la ley de la shariah… en ningún sitio? Los Republicanos Log Cabin de Broward están unidos en su apoyo a la igualdad de derechos en el Estado de Israel. Israel, independientemente de la orientación sexual de cada uno, es la única luz de esperanza en Oriente Medio que defiende los derechos humanos de nuestra comunidad. Apoya a Israel en esta hora oscura. ¡Vota Republicano!” 
El anuncio despertó muchas críticas e, incluso, de la propia central del grupo Log Cabin, quienes publicaron un comunicado desvinculándose e, incluso, rechazando su discurso pues la muerte de Chris Stevens no estaba motivada por la homofobia. El anuncio de Log Cabin insinuaba, claro, la homosexualidad del embajador, un rumor que había despertado un bloguero republicano y homosexual llamado Kevin DuJan (DuJan también ha escrito sobre la homosexualidad de Barack Obama y es conocido por su discurso homonacionalista e islamófobo; en un artículo titulado “¿Por qué los demócratas de izquierdas defienden el islam y culpan a las víctimas de los musulmanes?” relata el intento de atentado del estadounidense Adel Daoud en Chicago frente a un bar, que, aunque su nombre fuera desconocido, intenta demostrar que se trata de uno de ambiente gay, y hace la equivalencia directa entre homofobia e islam: “islam: la ‘religión de la paz’ que intenta hacer estallar a los gays […]; el Islam no es compatible con la civilización occidental. O con ninguna, por la propia naturaleza de la palabra”).

El rechazo de la central de LGR, basado en la falta de motivación homófoba del atentado, así como la indignación general ante el uso de la imagen del embajador agonizante, pasan por alto lo irrelevante de la orientación afectivo-sexual de Chris Stevens en el caso: se trata, una vez más, de reproducir la dicotomía excluyente islam/homosexualidad, que reproduce asimismo los mismos binarismos civilización/barbarie o racionalidad/irracionalidad, colocando al Estado de Israel como el único representante de la civilización en Oriente Medio y recordando la incapacidad de los países de mayoría musulmana de decidir su dirección política sin el control occidental. 

Supongo que esto es lo que escribes cuando hablas y piensas solo desde una variable. 

Sí, Kevin DuJan sería un gay de derechas, ¿no? Y sería además un gay racista, islamófobo e imperialista. ¿Podríamos aislarlo de otra posición en relación con la diversidad en el sistema sexo/género/deseo? ¿Podría posicionarse como anti-homófobo a la vez que racista? ¿A la vez que neoliberal? ¿A la vez que clasista? Se puede ser gay de derechas, pero desde luego que no se puede luchar contra la homobia desde esa ubicación. Mi feminismo será interseccional o será una mierda. 


Comentarios de texto...



Hace tiempo que me interesa cómo se relacionan y se alían ciertos argumentos feministas y pro-LGTB+ con pensamientos neoimperialistas y racistas. No creo que se pueda luchar contra una opresión ignorando el resto porque las opresiones no son variables matemáticas que se puedan sumar y restar a nuestro antojo de las identidades de las personas.

Enfrentar variable HOMOSEXUALES contra variable ISLAM, como se intenta hacer cada vez más a menudo, implica ignorar por completo la existencia de lxs musulmanes homosexuales, por ejemplo, y da la sensación de que tanto HOMOSEXUALES como ISLAM son variables monolíticas y homogéneas.

Gloria T. Hull, Patricia Bell Scott y Barbara Smith editaron en 1982 la compilación Todas las mujeres son blancas, todos los hombres son negros, pero algunxs de nosotrxs somos valientes. Creo que sería perfectamente válido ahora mismo en relación con los discursos sobre islam y género: todxs lxs LGTB+ son no-musulmanxs, todxs lxs musulmanxs son heteros, pero algunxs de nosotrxs (ellxs) somos (son) valientes.

Por eso me fascina tanto cómo, cada vez más, activistas concienciados con la lucha contra la opresión de género le dan la mano rápidamente y sin reflexión previa con grandes opresorxs en otras luchas (raza, nación, religión...), opresorxs que, además, utilizan claramente ese presunto feminismo o sensibilidad gay-friendly de forma estratégica para lavar su imagen en otros ámbitos y dibujar más claramente el binomio maniqueo de civilizados/bárbaros (a ese lavado de imagen se le suele llamar pinkwashing).

Todo esto viene a colación de un par de artículos que he leído últimamente en medios presuntamente progresistas:

Ambiente G (bueno, Ambiente G llegó a hablar de crimen pasional en un caso de asesinato dentro de una pareja de hombres, así que tampoco sé cómo andan de "progresismo") publica la noticia de "un gay palestino que pide asilo en Israel". Lo grave no es lo que dice (es cierto que la legislación es más abierta ante lo que entendemos aquí por identidades LGTB+ en Israel que en los Territorios Ocupados; es cierto, probablemente, que ese chico haya sido desheredado por su orientación/opción sexual; es cierto, probablemente, que prefiera vivir en Israel antes que en Territorios Ocupados; informar de eso no es imperialista ni racista), sino lo que no dice (importancia de los procesos de colonialismo y neocolonialismo en la sensibilidad de género de diferentes comunidades; comportamiento de Israel y de muchxs israelíes en estos casos: "o renuncias a tu palestinidad, o no te aceptamos en tu homosexualidad"). Frases como las que cierran el artículo: "esperemos que los miembros del tribunal demuestren una vez más que Israel, pese a los ultraortodoxos, está a la vanguardia en materia de derechos LGBT en Oriente Medio" son la guinda... ¿Halagarías a un genocida étnico sólo por que no se porta (demasiado) mal (o simplemente mejor que otrxs) con algunxs gays? ¿Sin hacer ninguna alusión a sus genocidios? ¿Eso es activismo contra la opresión?

El otro artículo que me ha llamado la atención es uno publicado en Aish sobre lesbianas árabes: binomio cerrado homonormativo heterosexual-homosexual; producción de binomio oriental homófobo Vs. occidental súper tolerante y respetuoso; representación monolítica de las sociedades árabes y/o musulmanas...

Cada vez me gusta más cómo se expresa Spivak: "White men saving brown women from brown men". Ahora podríamos añadir: LGTB+ blancxs salvando a lxs LGTB+ de color de lxs heteros de color" (por "de color" no me refiero a negrxs, lxs negrxs son negrxs, me refiero a no-blancxs, pero así es más clarita la frase).


Puesto de control

La visibilidad ha sido siempre el eje central de mi activismo y de mi concepción de la lucha LGTB+. Visibilidad de los cuerpos, visibilidad de la sexualidad, visibilidad de las identidades...: visibilidad necesaria para la inteligibilidad de las personas dentro del cuerpo social.

Desde hace un año, ya fuera para la tesis de fin de máster, para el doctorado actualmente o para diferentes comunicaciones, estudio la diversidad afectivo-sexual en diferentes contextos socioculturales, eminentemente musulmanes. Como ya dije en otra entrada, me encontré desbordada por teóricxs, activistas y narrativas personales que no concebían la visibilidad como parte central, ni tan siquiera importante o necesaria, de su lucha y/o vida.

Le he dado vueltas y vueltas a las palabras de Haneen Maikey, una de las activistas palestinas más importantes: "Las estrategias occidentales que hablan de ‘visibilizar’ y ‘salir del clóset’ nos son irrelevantes. El movimiento de liberación gay en Occidente puede alimentar nuestra motivación, mas no vamos a copiarlo. Una marcha del orgullo gay en Ramallah no serviría para nada, entre otras cosas porque muchos de nuestros miembros no han ‘salido del clóset’ en el sentido occidental de esta metáfora. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Me he esforzado por encontrar traducciones culturales; el problema es que si me quitaban la visibilidad, no concebía, no entendía ninguna alternativa.

Así, ha llegado a mis manos (ojos) un artículo de Jason Ritchie: "How Do You Say 'Come Out of the Closet' in Arabic: Queer Activism and the Politics of Visibility in Israel/Palestine". En él, establece la alternativa a la estrategia de la visibilidad y a la metáfora del armario.

Al llamar la atención, en lugar de esquivando, las prácticas excluyentes del Estado y los discursos racistas de la nación, descubrimos que la metáfora del puesto de control [checkpoint] es más eficaz a la hora de recoger las experiencias de lxs palestinxs queer que la familiar metáfora del armario.

Además, precisamente porque inscribe la violencia estatal tan crudamente sobre los cuerpos de sus otrxs raciales y nacionales, cualquier crítica del punto de control implica, necesariamente, una crítica del Estado y de su violencia.

El armario, por el contrario, es una sutil y "característicamente 'posmoderna' [técnica] de poder", y la lucha contra él, así como por el derecho a "salir de él" como respetables ciudadanxs queer, protege al Estado de la crítica mediante su representación como lugar "neutral [árbitro] en los daños causados" al que clamar compensación y protección, en lugar de una estructura investida del mismo poder de dañar.

En otro apartado, habla de estrategias activistas alternativas que funcionan en otros contextos socioculturales:

Que finalmente el activismo palestino queer triunfe no es el tema de mi artículo. A donde quiero llegar es, más bien, a explicar cómo lxs activistas queer palestinxs se han negado a emular a lxs activistas israelíes y occidentales pro-visibilidad, cuyo discurso parte del lexicón neoliberal y que articula sus demandas al mismo tiempo que justifica la violencia estatal contra lxs otrxs raciales a cambio de un reconocimiento en cierto modo victimizado como queer domesticadx.

En este rechazo de lxs palestinxs queer se puede intuir un tipo de activismo que no esquiva las políticas a favor de la normalización, pero que articula la visión de una sociedad transformada por una reestructuración fundamental del poder. En lugar de organizarse en torno a la identificación común como "gays y lesbianas", su activismo tiene por objeto la creación de una comunidad basada en la "identificación común con una interpretación radical y democrática de los principios de libertad e igualdad". Esta comunidad no demandaría al Estado liberal el reconocimiento y la protección de lxs queer representados como víctimas, sino que exigiría que estuviera a la altura de sus ideales democráticos.

De esto que algo hace click en tu cabeza...


LGTB+ e islam español

Hoy (por fin) he defendido mi trabajo de fin de máster en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid: Cuerpos transfronterizos: Diversidad afectivo-sexual e islam en el Estado español. Ha sido una investigación dura psicológicamente hablando, porque nada ha salido como yo quería que saliese. Supongo que es la gracia de las investigaciones, ¿no? Pero yo, entre tanta postmodernidad y tanto flujo de vectores, soy una enferma de las ecuaciones con resultado X igual a números enteros, así que no estoy muy satisfecha con el resultado. A veces pienso que sólo falta que Intereconomía lo prologue para ya terminar de darlo por perdido.

El objetivo de mi trabajo era estudiar el proceso de construcción identitaria y la gestión de la visibilidad de los cuerpos LGTB+ marcados por la variable identitaria islam (cuando hablamos de marcas identitarias podemos referirnos, por un lado, a aquellas que son tomadas voluntariamente y, por otro lado, a adscripciones externas, heterodesignaciones), utilizando un diseño de muestreo teórico, obteniendo, mediante las entrevistas personales y la revisión bibliográfica, una teoría causal sobre la identidad y sobre la (in)inteligibilidad de las personas musulmanas y de las personas no (cis)heteronormativas.

Hasta aquí muy bonito (y muy ambicioso). La hipótesis descriptiva propuesta era que la posición de los cuerpos LGTB+ en el sistema fronterizo (cultura, condición de migrante, situación legal, religión) influiría en una expresión mayor o menor del proceso de construcción identitario. En relación al marcador religioso-cultural musulmán, su aparición en la ecuación revierte automáticamente en una menor visibilidad y participación social como LGTB+. La hipótesis causal, explicativa, infiere que esto se debía a (a) la islamofobia creciente en el Estado español, a (b) el discurso (cis)heteronormativo de las comunidades musulmanas migrantes y a (c) el discurso homonormativo de los colectivos LGTB+ en el Estado español.

[Con esto no quiero decir que la sociedad del Estado español no sea heteronormativa, o que las personas musulmanas, LGTB+ o no LGTB+, no sean también homonormativas, sino que me cerraba a unas realidades concretas que pretendían explicar por qué había personas que, por ejemplo, en Líbano, vivían fuera del armario pero, al llegar a Madrid, volvían a meterse dentro].

El mayor problema llegó a la hora de localizar los informantes. No puedes hacer un trabajo serio sobre el islam español y las identidades LGTB+ partiendo de, tan sólo, cinco informantes. El marco teórico era firme y está [me echo flores] muy trabajado. Pero los informantes no me dijeron lo que yo quería oír [bienvenida al mundo de la investigación]. Mi hincapié estaba en el discurso homonormativo de la sociedad occidental, pero el suyo en el discurso heteronormativo de las comunidades musulmanas. Cuando comencé a hacer el trabajo, pensaba en todas aquellas mañanas en los institutos que, durante las charlas, lxs chavalxs insistían en justificar su islamofobia con un presunto respeto a las personas LGTB+. Me dio la sensación de que eso se había contagiado a muchxs musulmanxs, pero pensar eso significaba minusvalorar la autonomía de sus palabras. Por supuesto, en muchos ámbitos confirmaban mis hipótesis (¿he dicho ya que eran sólo cinco informantes...?): había necesidad de referentes positivos que fueran pares culturales-religiosos, había percepción de islamofobia en el Estado español, había crítica a la doble (y triple, y cuádruple...) discriminación, había conciencia de un discurso heteronormativo en las comunidades migrantes que se reducía a veces a una estrategia identitaria ante la creciente xenofobia, y sí, lo que menos había era visibilidad.

El problema no sé si fue el sesgo de la muestra entrevistada o mi ceguera desde el principio. No supe centrarme teóricamente en esa visibilidad. Tampoco "cabía" en este trabajo, que era tan sólo un acercamiento, pero me quedo con las ganas de profundizar mucho más en ese concepto. En Epistemología del armario, de Eve Kosofsky Sedgwick, las referencias con las que compara, a lo largo del primer capítulo, el ritual de "salir del armario" son de carácter bíblico: la identidad judía de Esther. He trabajado mucho en una conceptualización más amplia de las definiciones de (cis)heteronormatividad y de las diferentes identidades LGTB+. He trabajado mucho en abrirme a una comprensión diferente de la identidad individual, de la identidad colectiva... Pero había olvidado el tema de la visibilidad. No quiero decir que crea en las traducciones culturales como conceptos fijos y aislados que son diferentes e impermeables según la región geográfica; pero sí existe una genealogía diferente de los activismos y de los conceptos, por mucho que sean volubles y que se mezclen, se unan, se separen, una y otra vez. Activistas palestinos LGTB+ han dicho respetar las estrategias de "visibilidad" occidental, pero no necesitarlas: "Podemos tener esta flexibilidad de identidad sin el ‘ritual’ de ‘salir del armario’. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Y así me he quedado. Pensando que la teoría me ha fallado. Y que me faltan herramientas para seguir investigando. Que no sé si seré capaz algún día de deconstruirme tanto como para dejar de ver la necesidad de la visibilidad LGTB+ como algo universal. Y que mi capacidad de auto-deconstrucción tenga límites tan claros es algo que me asusta.


¡Encima!

Mi amigo Aziz, magrebí heterosexual, me habló de un día que, en Chueca, preguntó por la sede de COGAM a una pareja. El hombre respondió:

No, lo siento, no lo sabemos. (A su mujer) ¡Lo que nos faltaba! ¡Moro y, encima, maricón!


Otra de capillas


Dos temas que me molestan de la polémica de la capilla:

Le hacen flaco favor al activismo; deslegitiman el feminismo: Como lxs no-blancxs, lxs migrantes, lxs LGTB+..., cualquier individuo que pertenece a un grupo social discriminado sufre sobre sus espaldas, en cada acto de su vida, el peso de todo un colectivo: yo soy lesbiana y hago algo mal, luego las lesbianas hacen las cosas mal. Sabemos el esfuerzo que supone a veces comportarse con responsabilidad en representación de un colectivo, pero no podemos ser quienes obliguemos a nadie a llevar esa carga. Si un grupo o un agregado de lesbianas feministas hace una acción que (no) nos gusta, podemos criticar (o no) la acción, pero no podemos decir que deslegitima al colectivo, pues nos estamos cargando ese peso que tratamos de desmontar. Yo no soy todas las lesbianas. Y esas lesbianas no eran necesariamente yo. Y si comenzamos a actuar en función de que no asustemos a lxs otrxs, la gran madre cultura, si comenzamos a actuar en función de que nos acepten más y mejor, mal vamos, porque nunca nos van a aceptar. Mejor gritemos.

Que se hubieran metido en una mezquita, que seguro que no se atreven: Como bien explicaron las activistas: "el hecho de entrar en una capilla y no en cualquier otro espacio religioso, se debe a que nuestra tradición cultural es judeocristiana y no musulmana, hinduista o de cualquier otra índole, para no apropiarnos de realidades que son ajenas a nuestra experiencia. Aunque nosotras luchamos desde nuestra realidad, siempre apoyaremos cualquier iniciativa feminista llevada a cabo desde otras identidades y culturas". Independientemente, no podemos entrar en comparaciones odiosas de "pues ellos son más malos" para desviar la atención, por no recordar que las religiones no son ontologías que podamos evaluar de esa manera, sino que son construcciones de grupos sociales (independientemente de que creamos o no en unx(s) Diosx(s)). El Islam no existe, existen lxs musulmanxs. El cristianismo no existe, existen lxs cristianxs. Por lo que las religiones serán lo que sus confesionarixs hacen de ellas. No hay una esencia del islam más machista que una esencia del cristianismo, porque dichas esencias... no existen.


Árabes queer


Maha y Maryam rezan en una mezquita de El Cairo. Deslizan sus dedos por las letras árabes grabadas en la piedra. Sus dedos se rozan. Son pareja desde hace tres años. Cuatro hombres iraníes esperan la respuesta de Turquía a su solicitud de refugiados. Ferda y Kiymet, sufíes devotas, no ocultan su relación en las calles de Konya. Muhsin Hendricks es gay. Y también es Imam en Johanesburgo.

Junto con Mazen, Ahsan y Qasim, este grupo conforma los personajes de A Jihad for Love (imdb) (tráiler) (Parvez Sharma, 2007, EEUU/Reino Unido/Francia/Alemania/Australia), un documental sobre la compatibilidad entre confesión musulmana y homosexualidad. Galardonada en numerosos festivales (no sólo de temática LGTB) desde su estreno, el director, residente en Nueva York, acaba de anunciar la exhibición pública del filme en Beirut, la primera que se desarrolla en un país árabe, con repercusiones en los medios de comunicación (más amable la información que los comentarios).

Desde una perspectiva meramente religiosa, es muy interesante la obra de Scott Siraj al-Haqq Kugle: Homosexuality in Islam: Critical Reflection on Gay, Lesbian and Transgender Muslims (1ª ed.: Inglaterra, 2010), que defiende y explica el trabajo de relectura y reinterpretación de las escrituras que están llevando a cabo los individuos musulmanes LGTB. Desde un punto de vista más sociológico (y periodístico, para qué nos vamos a engañar) está la obra de Brian Whitaker: Amor sin nombre: La vida de los gays y las lesbianas en el islam (1ª ed.: Londres, 2006).

Calem es la confederación de asociaciones lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, queer e intergénero musulmanas, con sede en Europa, que celebró sus I Jornadas en París este mismo octubre, reuniendo a organizaciones francesas (HM2F, Trans Aide), belgas (Merhaba, Omnia), españolas (A. M. Ho.), holandesas (Transvisie), así como a otras externas al territorio europeo: The Inner Circle (Sudáfrica), Kif-Kif (Marruecos), Al-Khamsa (Norte de África) o Bedayya (Egipto y Sudán).

Cuando escribía sobre la teorización del sistema sexo/género, confieso que no estaba al tanto de la extensión del ideario queer entre las organizaciones árabes, a pesar de que, cuando quieren traducir el término, algunos utilizan la expresión ahrar al-yins (que significaría sexualmente libres, corregidme si me equivoco), perdiendo la connotación de reformulación del insulto que se hace con queer. La teoría queer es, precisamente, la mayor patada que se le puede dar a la concepción esencialista y binaria de los sexos. Las asociaciones libanesas Helem o Meem, así como la palestina Aswat, entre otras, incluyen la Q entre las iniciales que aglutinan. Con el mundo árabe pasa, tantas veces, como con las mujeres en todo el planeta. En su nombre discursivizan otros. A Jihad for Love no está producida por árabes, pero le da la voz a los (y las) protagonistas. Trangénero y mujeres también se hacen con la palabra. Revistas y manifiestos de asociaciones árabes se esfuerzan por alzar su voz sobre la heteronormatividad y el androcentrismo. ¿Lo consiguen?

Debemos escribir. Debemos escribir volúmenes para acabar con nuestra invisibilidad y con la historia que nos ha olvidado. Debemos escribir para los ojos que quieren leernos. Debemos escribir para nuestros pensamientos que necesitan ser expresados. Debemos darle nuevos significados a las cosas a través de palabras nuevas, frases nuevas, párrafos nuevos. Debemos escribir.

Y sí, deberíamos escribir más en árabe –estamos trabajando en ello.

Bekhsoos, publicación de Meem