americanah


Me consta que no soy la primera y estoy segura de no ser la última en obsesionarse con Chimamanda Ngozi Adichie después de leer Americanah. De hecho, en un principio iba a escribir una lista con los cinco libros que más me habían gustado en 2014, pero en realidad solo quería hablar de este.

La protagonista, Ifemelu, que lleva viviendo en Estados Unidos desde los diecinueve años, decide dejar a su pareja, su beca y su blog (observaciones sobre la raza y el racismo en Estados Unidos desde la perspectiva de una negra no estadounidense), para volver a su Nigeria natal, de niñez, adolecencia y primera juventud. Su historia se cruza con la de Obinze, el novio al que dejó allí tras emigrar.

La novela se intercala con fragmentos de ese blog que escribe Ifemelu:

Queridos negros no estadounidenses, cuando tomáis la decisión de venir a Estados Unidos, os convertís en negros. Basta ya de discusiones. Basta ya de decir soy jamaicano o soy ghanés. A Estados Unidos le es indiferente. ¿Qué más da si no erais "negros" en vuestro país? Ahora estáis en Estados Unidos. (...) Y he aquí lo que pasa cuando os volvéis negros: tenéis que mostraros ofendidos si alguien, en broma, utiliza palabras como "chocolate", aunque no sepáis de qué demonios está hablando, y como sois negros no estadounidenses, lo más probable es que no lo sepáis. (...) Debéis devolver el gesto de saludo cuando otra persona negra se cruza con vosotros en una zona muy poblada de blancos (...). Al describir a las mujeres negras que admiráis, siempre debéis usar la palabra FUERTE porque eso es lo que supuestamente son las mujeres negras en Estados Unidos. Si sois mujeres, por favor, no expreséis vuestra opinión como estáis acostumbradas a hacer en vuestro país. Porque en Estados Unidos las mujeres negras de opiniones muy firmes den MIEDO. Y si sois hombres, tenéis que mostraros hipersosegados, sin exaltaros nunca más de la cuenta, o alguien temerá que estéis a punto de sacar un arma (...). Cuando se denuncia un delito, rezad para que no lo haya cometido un negro (...). Si estudiáis en una universidad de élite y un joven republicano os dice que habéis accedido solo gracias a la discriminación positiva, no exhibáis vuestras excelentes calificaciones del instituto. En lugar de eso, señalad sutilmente que quienes más se benefician son las mujeres blancas. (...) Si contáis a una persona no negra algún suceso racista que os ha ocurrido, aseguraos de que no lo hacéis con resquemor. No os quejéis. Sed tolerantes. Si es posible, presentadlo con humor. Sobre todo, no os indignéis. En principio las personas negras no deben indignarse por el racismo. Esto solo es aplicable a los progresistas blancos. No os molestéis siquiera en contar a un conservador blanco un suceso racista que os haya ocurrido. Porque el conservador os dirá que sois VOSOTROS los verdaderos racistas y os quedaréis boquiabiertos. 

La novela es un reflejo estupendo de la intersección entre raza, género, clase, condición migrante... Es llamativo cómo ese cruce se materializa en algo que puede parecer tan banal como el pelo, pero es a una peluquería a donde vuelve la narración una y otra vez entre flashback y flashforward.

"No me toques el puto pelo"

En mi búsqueda obsesiva de información sobre Chimamanda Ngozi Adichie (me ha costado aprendérmelo, pero es importante; me acuerdo de la entrevista a Uzo Aduba, actriz de Suzanna "Crazy Eyes" en Orange is the New Black: "mi nombre completo es Uzoamaka; un día llegué a casa y le pedí a mi madre que me llamara Zoe; sin parpadear me dijo que si podían aprenderse Tchaikovsky, Dostoievsky o Michuelangelo, también podían aprenderse Uzoamaka"), he llegado a una charla Ted sobre "el peligro de la historia única". Tiene subtítulos en español y es fascinante. Encontré otra charla Ted de ella sobre feminismos, pero fue bastante decepcionante así que decido omitirlo...

Pero el mejor descubrimiento ha sido otro. En la novela, la protagonista empieza a escribir otro blog cuando vuelve a Nigeria: Las pequeñas redenciones de Lagos. Desafortunadamente, Observaciones sobre la raza no, pero este sí existe en la red: The Small Redemptions of Lagos, es oficial y la autora lo mantiene relativamente actualizado.

Ahora estoy a la búsqueda de otras novelas de Ngozi Adichie: Medio sol amarillo, La flor púrpura o el libro de relatos Algo alrededor de tu cuello.


2014


qué difícil es escapar de las navidades. puedes intentarlo muy fuerte muy fuerte, pero no puedes nunca escapar del todo.

hace doce meses escribía en mi escritorio de mi cuarto de adolescente una entrada llamada 2013. entonces la vida era muy diferente y le daba vueltas y vueltas a la politización del amor y el desamor, al aprendizaje de la soledad y a no castigarse por no ser valientes todo el rato. en realidad ahora le doy vueltas a las mismas cosas pero eso no significa que las cosas no hayan cambiado.

he recuperado estos días para dos amigas un fragmento de Marcela Lagarde sobre la soledad y la desolación (publicado originalmente en Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres, editado por el Instituto Andaluz de la Mujer en 2000).

Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.
Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica para la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.

en cuanto a la soledad:

La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. (...) Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona. (...) Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo. (...) La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.

creo que esa autonomía de la que habla Lagarde no tiene que ver con el individualismo al que nos lleva el capitalismo, sino como me comentaban el otro día es más esa sensación de autonomía emocional que sentimos cuando niñas, antes de necesitar estar permanentemente acompañadas. eso no quita el sola no, con amigas sí. ¿o sí lo quita? a mí que no me toquen a mis amigxs. 

supongo que doce meses después sigue sin pasar nada por no ser valientes todo el rato. 

en 2015 voy a quererme tanto que no voy a romperme ningún hueso.


1 de diciembre

Silence=Death (Act Up, 1987)

Recupero la traducción que hice hace dos años del discurso que el activista de Act Up Vito Russo dio en sendas manifestaciones en Nueva York y en Washington en 1988, porque nunca deja de estremecerme. Aquí está la versión en inglés. Es largo pero merece la pena.

Unx amigx de Nueva York tiene un abono transporte que le permite montar en autobuses y metros por la mitad de precio. El otro día, cuando se lo mostró al revisor, éste le preguntó cuál era su discapacidad y él dijo “tengo SIDA”. Y el revisor le dijo “no, no tienes; si tuvieras SIDA, estarías muriéndote en casa”. Entonces, quería hablar aquí hoy como persona con SIDA que no está muriendo.

Sabes, durante los últimos tres años, desde que fui diagnosticado, mi familia piensa dos cosas sobre mi situación: uno, piensan que me voy a morir; y dos, piensan que mi gobierno está haciendo todo lo posible para evitarlo. Y se equivocan, en ambas cosas.

Así que, si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de homofobia. Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de racismo. Si estoy muriendo de algo, es de indiferencia y trámites burocráticos, porque esas son las cosas que están impidiendo que acabe esta crisis. Estoy muriendo de Jesse Helms. Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del Presidente de los EEUU. Y, especialmente, si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del sensacionalismo de los periódicos y las revistas y los programas de televisión, que se interesan por mí sólo en tanto en cuanto esté dispuesto a ser una víctima indefensa, pero no si estoy luchando por mi vida.

Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del hecho de que no haya suficientes hombres ricos, blancos y heterosexuales con sida como para que les importe una mierda. Ya sabéis, vivir con sida en este país es como vivir en una dimensión desconocida. Vivir con sida es como vivir en una guerra que sólo ocurre para aquéllos que resultan estar en las trincheras. Cada vez que explota una granada, miras alrededor y descubres que has perdido a más amigxs, pero nadie más se da cuenta. No les está pasando a ellxs. Ellxs caminan por las calles como si no estuvieran atravesando algún tipo de pesadilla. Y sólo tú puedes oír los alaridos de la gente y sus gritos pidiendo ayuda. Nadie más parece darse cuenta.

Y es peor que una guerra, porque durante una guerra la gente está unida en una experiencia compartida. Esta guerra no nos ha unido, sino que nos ha dividido. Ha separado a aquellxs de nosotrxs con SIDA y a aquellxs de nosotrxs que luchamos por las personas con SIDA del resto de la población.

Hace dos años y medio, cogí una revista Life y leí un editorial que decía: “es el momento de prestarle atención, porque esta enfermedad empieza a golpearnos al resto de nosotrxs”. Era como si yo no fuera el que sostenía la revista. Y desde entonces nada ha cambiado, nada ha alterado la percepción de que el SIDA no le está ocurriendo a las personas reales en este país.

No está pasándonos a nosotrxs en los Estados Unidos, les está pasando a ellxs –a la población desechable de maricones y yonquis que se merecen lo que tienen. Los medios de comunicación les dicen que no tienen que preocuparse, porque la gente que verdaderamente importa no está en peligro. Dos, tres, cuatro veces –el New York Times ha publicado editoriales diciendo que no entremos en pánico todavía respecto al SIDA–… todavía no ha penetrado entre la población normal y, hasta que eso ocurra, no tiene que importarnos una mierda.

Y los días, y los meses, y los años pasan, y ellxs no pasan esos días y noches y años intentando averiguar cómo hacerse con el último medicamento experimental, y qué dosis tomar, y cómo combinarlo con otros fármacos, y de dónde sacarlo. Y, ¿cómo vas a pagarlo? ¿Dónde vas a conseguirlo? Porque no le está pasando a ellxs, por lo que no les importa una mierda.

Y ellxs no se sientan en estudios de televisión, rodeados por técnicxs que llevan guantes de goma, que no te ponen el micrófono, porque no les está pasando a ellxs, por lo que no les importa una mierda. Y a ellxs no les quemaron la casa fanáticxs e imbéciles. Ellxs ven las noticias y cenan y van a la cama, porque no les está pasando a ellxs, y no les importa una mierda.

Y ellxs no pasan las horas yendo de habitación de hospital a habitación de hospital, y viendo a la gente a la que quieren morir despacio –de negligencia e intolerancia–, porque no les está pasando a ellxs y no les importa una mierda. Ellxs no han ido a dos funerales a la semana durante los últimos tres o cuatro o cinco años –así que no les importa una mierda, porque no les está pasando a ellxs.

Y leemos en la portada del New York Times el último sábado que Anthony Fauci dice ahora que existen todo tipo de medicamentos prometedores para el SIDA, pero que no han sido probados en los últimos dos años porque no puede permitirse contratar a las personas que los prueben. Nadie se pregunta por qué algún periodista no profundiza en esa historia y no la publica dieciocho meses antes, antes de que Fauci fuera arrastrado frente al Congreso.

¿Cuánta gente ha muerto en los dos últimos años, gente que podría estar viva hoy si esos medicamentos hubieran sido probados? Periodistas de todo el país están ocupados sacando notas de prensa del gobierno. No les importa una mierda, no les está pasando a ellxs –lo que quiere decir que no les está pasando a gente como ellxs–, a la gente real, al público general mundialmente famoso del que estamos oyendo hablar todo el día.

La legionelosis les estaba pasando a ellxs porque enfermó a personas que se les parecían, que hablaban como ellxs, que eran del mismo color que ellxs. Y esa jodida historia sobre dos docenas de personas afectadas llenó todas las portadas de todos los periódicos y de todas las revistas en este país, y se mantuvo ahí hasta que el misterio fue resuelto.

Todo lo que leo en los periódicos me dice que la población blanca heterosexual no está en riesgo de contraer esta enfermedad. Todos los periódicos que leo me dicen que lxs consumidorxs de drogas intravenosas y los homosexuales siguen representando la gran mayoría de los casos, así como la mayoría de la población en riesgo.

Y ¿puede acaso alguien decirme, por favor, por qué cada céntimo destinado a educación y prevención que se gasta en campañas de publicidad está dirigida de forma casi exclusiva a adolescentes blancxs y heterosexuales? –¡de lxs cuales nos siguen diciendo que no están en riesgo!

¿Puede alguien decirme por qué el único telefilme producido por una gran productora en este país sobre el impacto de esta enfermedad, no trata sobre el impacto en la persona con SIDA, sino sobre el impacto en la familia nuclear, blanca y heterosexual? ¿Por qué, durante ocho años, cada periódico y cada revista de este país ha cubierto historias del SIDA sólo cuando crecía la amenaza de transmisión heterosexual?

¿Por qué, durante ocho años, todas y cada una de las películas didácticas diseñadas para su difusión en institutos eliminaban todo contenido positivo sobre lxs gays antes de ser aprobadas por el claustro? ¿Por qué, durante ocho años, todos y cada uno de los panfletos y las cintas de información pública que se difundían desde el establishment ha ignorado el contenido específicamente homosexual?

¿Por qué ninguno de los carteles en el metro y en el autobús y ninguno de los anuncios que veo en este país están dirigidos específicamente a hombres homosexuales? No te creas la mentira de que la comunidad gay ha hecho su trabajo y ha educado a su gente. La comunidad gay y la comunidad de consumidores de drogas intravenosas no están constituidas por personas politizadas que viven en Nueva York y en San Francisco. Los miembros de las poblaciones minoritarias, incluyendo a los así llamados gays sofisticados, son abismalmente ignorantes sobre el SIDA.

Si es cierto que los gays y lxs consumidorxs de drogas intravenosas son las personas con más riesgo, entonces tienen el derecho a exigir que la educación y la prevención se dirijan de forma específica a este segmento de la población. Y eso no está pasando. Nos han permitido morir, mientras que la población de bajo riesgo está siendo aterrorizada –no educada, aterrorizada– para pensar que nos lo merecemos.

¿Por qué estamos aquí juntxs hoy? Estamos aquí porque nos está pasando a nosotrxs, y sí nos importa una mierda. Y si hubiera más como nosotrxs, el SIDA no sería lo que es en este momento de la historia. Es más que una enfermedad convertida en mera excusa para que los ignorantes ejerzan la intolerancia que siempre han sentido. Es más que una historia de terror explotada por los tabloides. El SIDA es en realidad una prueba que se nos presenta. Cuando las generaciones futuras pregunten qué hicimos durante esta crisis, vamos a tenerles que decir que estábamos aquí hoy. Y tenemos que dejarles un legado a esas generaciones que vienen tras nosotros.

Algún día, la crisis del SIDA habrá acabado. Recordadlo. Y cuando ese día llegue –cuando ese día llegue y pase, habrá gente viva sobre la tierra–, homo y heterosexuales, hombres y mujeres, negrxs y blancxs, que escuchen la historia de esa enfermedad terrible que se extendió un día en este país y en todo el mundo, sabrán que un grupo de valientes se levantaron y lucharon y, en algunos casos, dieron la vida para que otras personas pudieran vivir y ser libres.

Así que estoy orgulloso de estar con mis amigxs hoy y con la gente a la que quiero, porque creo que todxs vosotrxs sois mis héroes, y estoy orgulloso de formar parte de esta lucha. Pero tomo prestada una frase de una canción de Michael Callen: todo lo que tenemos ahora es amor, lo que no tenemos es tiempo.

En cierto modo, los actiVIHstas son como esxs médicxs –están tan ocupadxs apagando fuegos y devolviéndole la respiración a la gente que no tienen tiempo de cuidar a todxs los enfermxs. Estamos tan ocupadxs apagando incendios ahora mismo que no tenemos tiempo para hablar y plantear estrategias para la próxima ola, el próximo día, la próxima semana, el próximo mes y el próximo año.

Y vamos a encontrar el tiempo para hacer eso en apenas unos meses. Y tenemos que comprometernos a ello. Y entonces, después de mandar a la mierda esta enfermedad, vamos a estar todxs vivxs para mandar a la mierda a este sistema, de tal forma que esto no vuelva a ocurrir.


jornadas cripqueer en madrid


Escribí sobre teoría y activismos crip hace más de un año en esta entrada:

El movimiento o la teoría crip serían a la diversidad funcional y neurológica lo que queer a la diversidad sexo/género/deseo (siendo realmente simplones y monoaxiales, la verdad). Crip viene de cripple (su equivalente en español vendría a ser tullidx o lisiadx), y la teoría y el movimiento crip surge como crítica dentro de los estudios de la diversidad funcional [disability studies], con un marco mucho más interseccional.

En el estado español, los activismos de la diversidad funcional estaban y están muy vinculados con el movimiento de vida independiente. En una obra publicada por Traficantes (aquí se puede leer en PDF), coordinada tanto por el Foro de Vida Independiente como por la Agencia Precaria, se lanzan preguntas muy interesantes sobre las alianzas posibles: Cojos, precarias... haciendo vidas que importan.

Los últimos años se ha trabajado desde los activismos y desde las teorías sobre la intersección entre sexualidades y diversidad funcional: desde la película Yes We Fuck, de Antonio Centeno y Raúl de la Morena; el capítulo "Passing, enmascaramiento y estrategias identitarias: diversidades funciones y sexualidades no normativas", de Lucas Platero y Paco Guzmán en Intersecciones; el apartado "Suenan los cuerpos", en Transfeminismos; el trabajo de Soledad Arnau...

En este marco de alianzas crip-queer, Somateca, laboratorio de investigación y activismos vinculado (en cierta forma) al Reina Sofía, ha trabajado mucho (mucho) para organizar las jornadas Cuerpos abyectos entrelazando vidas, que tendrán lugar desde este jueves 27 hasta el sábado 29 de noviembre en Madrid.

El jueves hay un encuentro abierto para reflexionar precisamente sobre este cruce, en la Fundación 26 de diciembre, fuera del espacio institucional del museo. El viernes tiene lugar Diversexx[y]s: Conversaciones en torno a diversidades y sexualidades, una mesa redonda y debate en la que participan Soledad Arnau, Rafa Reoyo (coordinador en el estado español de Sex Assistant, red mundial sobre sexualidad y diversidad), Montserrat Neira (politóloga, investigadora social, trabajadora sexual y activista), Antonio Centeno, Montserrat A. Izquierdo (investigadora y activista) y Germán Tomás (miembro del grupo de apoyo mutuo de Barcelona para personas psiquiatrizadas), donde se "cuestionarán las nociones de normalidad en relación al placer, el deseo y el cuerpo".

El sábado hay dos talleres, un laboratorio de cuerpos de experimentación colectiva y un taller sobre autobiografías que trabaja con metodología feminista para colectivizar nuestras vulnerabilidades y convertirlas en prácticas de resistencia. Las jornadas terminan con una antipasarela cripqueer al ritmo de la música de Viruta. Para las actividades del sábado hay que inscribirse a través de este correo.

Me consta que los tres días van a ser tremendamente interesantes y que es pecado mortal (pero pecado de los malos de verdad) estar en Madrid y no pasarse. Todos los espacios son accesibles para personas con movilidad reducida y habrá intérpretes de lengua de signos en todas las actividades (aquí está el programa en LSE). También se les puede seguir en redes sociales, en Facebook y en Twitter.


no todos los hombres



En la comunidad anglófona se popularizó el meme #notallmen (no todos los hombres), en relación a una respuesta muy habitual ante cualquier constatación de machismo o de comentario sobre la cultura de la violación: "¡pero oye! que no todos los hombres..". Muchas mujeres respondían a ese "no todos los hombres... [son acosadorxs, son machistas..., por ejemplo]" con "pero sí a todas las mujeres [nos han acosado, hemos sufrido el machismo...]". Me gustó particularmente la respuesta que planteaba este artículo, en relación directa al "pero no todos los hombres" cuando se habla del miedo que hemos aprendido a sentir cuando vamos solas por la calle; así que lo he traducido y aquí que lo traslado.

Es lunes. Voy de vuelta a casa y en la parada de autobuses solo hay un hombre de mediana edad y un adolescente. Considero el hecho de que, como el conductor también es un hombre, soy la única persona en el autobús con tetas. Me asusto automáticamente, asustada por mi propia anatomía. Me pregunto a qué edad me di cuenta de que mi propio cuerpo iba a ser la causa de miedo y ansiedad constantes en situaciones como esta. Me bajo en la última parada y el hombre más mayor me sonríe mientras me sigue calle arriba. Su sonrisa gotea, gotea, gotea y mi corazón late fuerte, fuerte, fuerte. Se desvía del camino en una calle, pero yo corro a casa.

No todos los hombres.

Estoy en casa el martes, comienzo a planear los viajes que quiero hacer el próximo año. Sueño con deambular por las calles y hablar con desconocidxs. No puedo esperar a escapar de la ciudad en la que he vivido estos diecisiete largos años. Pero... mi madre duda. Siempre le preocupa el peligro de que una chica joven viaje sola. Estaré sola y ella asustada. Pero soy invencible. Me siento invencible. Pero ya sé, sé que el peligro es real y no puedo evitar pensar que si me siento insegura en mi propia ciudad, ¿cómo voy a sentirme en un lugar extraño con hombres extraños que ni siquiera hablan mi idioma? Si mi hermano estuviera planeando esto, probablemente sólo estaría preguntándose si las europeas están buenas.

No todos los hombres.

El miércoles es un bonito día de sol, pero siempre me han dicho que mi cuerpo no es "lo suficientemente bonito" como para llevar un bikini a la playa. Desde que tengo seis años he sabido que tener barriga es feo. Que esa piel que no tiene un brillo perfectamente dorado es indeseable. Paseo sin prisa hasta una zona vacía con mi bañador de una pieza y puedo sentir todas esas miradas sobre mí. Un montón de hombres, ellos sí, con sus pelos al aire y con minibañadores me comen con los ojos. Soy un trozo de carne. ¿Soy un trozo de carne? Estoy aquí para su diversión. Por favor, no dejéis que me coman viva.

No todos los hombres.

La noche del jueves camino con dos amigas hacia el maldito baile del instituto cuando escuchamos "Jesús, miraos, ¿qué, putas, vais a hacer un streaptease esta noche?" Estas palabras salen como rugidos de la boca de un hombre respetablemente vestido y paramos horrorizadas. Siento escalofríos de miedo en la espalda. Está oscuro. Estsmos solas. ¿¿¿Qué hacemos??? Una de nosotras le hace un corte de mangas. Nunca se puede estar segura de lo rápido que un hombre machista puede enfadarse, así que echamos a andar rápidamente. Estamos enfadadas, tan tan enfadadas. Pero también tan... desmoralizadas. Me pregunto si merecemos esta vergüenza.

No todos los hombres.

Sentada en Internet. Viernes por la noche y leo el muro de mi Facebook.
"Jajaja, buen trabajo en el partido hoy, tío. ¡Les VIOLASTE!" [expresión intraducible: to rape someone / sth = acabar con un contrincante, hacer algo muy bien...]
"Joder con esas tetas, te lo estás buscando :P"
Otro comentario sexista...
Otro comentario sexista...
Otro comentario sexista...
Me encojo y encojo y encojo y quiero LLORAR porque estos chicos no se dan cuenta de lo pequeña que me hacen sentir pulsando unas cuentas teclas. Veo a estos chicos en las calles. Hablo con ellos. Me río con ellos. Dios, Dios, espero que estos chicos no piensen en hacer y solo hablen.

No todos los hombres.

Hay tres normas que me han dejado claras desde que era pequeña y que recorren mi mente a la una y media de la mañana de este sába... domingo de madrugada:
-No hables nunca con un desconocido.
-No estés nunca sola de noche en un lugar desconocido.
-No te metas nunca en un coche con un desconocido.
Rompo las tres normas cuando abro la puerta de un taxi. Mantengo una conversación banal con el conductor, que no sabe que la mano sudorosa acaricia una pequeña navaja que tengo conmigo siempre. No se da cuenta siquiera del miedo que me da su mera presencia. No puede comprenderlo, nunca lo hará. ¿Cómo de fácil sería un trayecto de quince minutos si fuera un chico?

No todos los hombres.

Es domingo, otro domingo cansado y dormilón, cuando alguien tiene la OSADÍA de decirme que no todos los hombres son violadores. No digo nada.
Soy una chica de diecisiete años.
Cuando camino sola de noche, son todos los hombres.
Cuando estoy en un coche con un hombre que no conozco bien, son todos los hombres.
Cuando tipos borrachos me dicen cosas por la calle, son todos los hombres.
Cuando un chico no me deja en paz en una fiesta, son todos los hombres.
No todos los hombres son violadores. ¿Pero para una chica joven como yo? Todos y cada uno de ellos tiene el potencial de serlo.

No.
Todos.
Los.
Hombres.


lena dunham y (white) girls

Lena Dunham en Girls

Lena Dunham, conocida principalmente por la serie Girls (de 2012 hasta el día de hoy), vuelve a protagonizar polémica por dos fragmentos de su nuevo libro: No soy ese tipo de chica (Espasa, 2014). Los fragmentos son estos:

-¿Todas tenemos útero? -le pregunté a mi madre cuando tenía siete años.
-Sí -me dijo-. Hemos nacido con él y con todos nuestros óvulos, pero empiezan siendo muy pequeños. Y no están listos para hacer bebés hasta que somos más mayores.
Miré a mi hermana, una delgada y fuerte niña de un año, y a su barriguita. Imaginé los óvulos en su interior, como el saco de huevos de araña en La telaraña de Carlota, y su útero, del tamaño de un dedal.
-¿Su vagina es como la mía?
-Eso creo -me dijo mi madre-. Solo que más pequeña.
Un día, sentada en el camino de entrada a nuestra casa de Long Island mientras jugaba con cubos y bloques, mi curiosidad logró su objetivo. Grace estaba sentada, balbuceando y sonriendo, me incliné entre sus piernas y con cuidado abrí su vagina. No se resistió y cuando vi lo que había dentro grité.
Mi madre vino corriendo.
-¡Mamá, mamá! ¡Grace tiene algo ahí dentro!
Mi madre no se molestó en preguntarme por qué le había mirado la vagina a Grace. Eso entraba dentro del espectro de cosas que yo hacía. Se limitó a ponerse de rodillas para verlo por sí misma. Enseguida pareció evidente que Grace se había metido allí seis o siete piedras. Mi madre se las sacó con paciencia mientas Grace se reía, encantada de que su travesura hubiera tenido tanto éxito. (páginas 142-143). 

Y este otro:

Conforme iba creciendo, empecé a sobornarla a cambio de su tiempo y su afecto: un dólar en cuartos si me dejaba que la maquillara como una motera. Tres caramelos si permitía que la besara en los labios durante cinco segundos. Lo que quisiera ver en la televisión si se relajaba conmigo. Básicamente, intenté cualquier cosa que haría un depredador sexual para atraer a una chica de clase media (página 172). 

Un medio bastante conservador, Truth Revolt, publicó hace diez días un artículo titulado: "Lena Dunham describe cómo abusó sexualmente de su hermana" y, a partir de ahí, saltaron noticias en todos los medios (no solo conservadores, claro está, también desde muchos foros y medios feministas). Dunham se enfadó bastante, afirmó que todo lo publicado fue previo consentimiento de su hermana, que los abusos sexuales en la infancia destrozan muchas vidas, que distingue entre el abuso y la curiosidad infantil y que lamenta la falta de sensibilidad en el uso del término "depredador sexual", así como haber podido detonar traumas a algunxs lectorxs.

Personalmente, lo que diga ella al respecto me parece poco relevante, y más importante (o en realidad lo único importante) lo que pueda decir su hermana, que sostiene que no vivió ningún abuso y que cada persona tiene derecho a narrar su propia existencia y a determinar qué le ha dañado y qué no le ha dañado. Supongo que eso sí me molesta, que decidan ignorar abiertamente o restarle importancia a la versión de Grace Dunham (¿por qué hacer caso a una mujer que dice que ha sido violada? ¿por qué hacer caso a una mujer que dice que no lo ha sido?).

A Lena Dunham le tienen mucha manía desde sectores conservadores por mujer, por feminista, por gorda que no se avergüenza.

Pero más manía y esta sí justificada le tienen desde muchos feminismos, sobre todo por su falta de conciencia acerca de sus privilegios. A la serie Girls se le acusa casi desde que empezó de burbuja blanca, de racismo hipster, de racismo, al fin y al cabo. No le vino muy bien que Lesley Arfin, una de las guionistas, ante las críticas por falta de representación de personas no-blancas, escribiera irónicamente: "Lo que más me molestó de [la película] Precious es que no había representación de MÍ". [Sí, ya sabes, el racismo inverso tan apropiado, como el hembrismo]. Dunham, por su parte, siempre ha dicho que el hecho de que todas las personas que salen en la serie sean blancas es casualidad, mero accidente. Este artículo de The New Yorker explica todo bastante bien.

Sí, casualidad.

Probablemente los feminismos negros e interseccionales no estarían tan enfadados con Dunham si hubiera reconocido que se equivocó, que no fue consciente de sus privilegios, que su mundo es blanco y que así ha sido su serie pero que el hecho de que su mundo sea blanco no es mero accidente, o si hubiera decidido trabajar su privilegio y que se notara en su trabajo (ya que ella decide llamarlo feminista). Pero prefiere decir que es casualidad. Y que lo siga siendo.



cine palestino en Madrid

Villa Touma (Suha Arraf, 2014)

El 29 de noviembre se celebra el día internacional de solidaridad con el pueblo palestino, en el aniversario de la firma de la resolución 181, de 1947, cuando la ONU aprobó la partición de Palestina. En torno a esa fecha y desde hace unos años de celebra la Muestra de Cine Palestino de Madrid en Cine Doré (Filmoteca). La quinta edición empieza en un par de semanas.

Cuando digo que trabajo con cine palestino y que lo estudio desde una perspectiva queer, me suelen hacer dos preguntas, la primera es qué me ha llevado hasta allí o qué tengo que ver con ello y la segunda es qué relación puede haber entre el cine palestino y la disidencia de género o qué tipo de representación puede haber.

Para la primera pregunta todavía no tengo respuesta. No porque no sepa qué me llevó allí, que lo sé y que no es más que una cadena de pequeñas decisiones y de casualidades más o menos relevantes, sino porque me da vergüenza la ausencia de legitimidad para hablar sobre un contexto cultural que no es ni ha sido nunca el mío. Entonces solo tartamudeo y cambio de tema.

Respecto a la segunda pregunta, qué representación de la disidencia de género hay en el cine palestino...

[¡pausa! ¿qué entendemos por cine palestino? qué difíciles son siempre las preguntas sobre cines nacionales e identidades. ¿es cine palestino aquel producido en los territorios ocupados? ¿aquel dirigido por palestinxs? personalmente, dado que las fronteras de la identidad nacional palestina son tan amplias y difusas, así como las del propio concepto de cine, entiendo por cine palestino toda aquella creación audiovisual producida por personas autodesignadas palestinas, o aquel reapropiado desde una recepción (autodesignada como) palestina]

... suele formularse con otras palabras: ¿pueden representarse a personas LGTB? ¿acaso hay palestinxs abiertamente LGTB?

Las identidades LGTB son construcciones sociales, ficciones políticas que como tales surgen en un momento y lugar determinado. Cuando hablamos de disidencia de género o de sexualidades no normativas no estamos hablando solo de identidades LGTB, o desde luego no de identidades LGTB tal y como las entendemos en este aquí y este ahora.

Hace unos meses escribí un artículo sobre los conceptos de homonacionalismo y de pinkwashing. La retórica homonacionalista utiliza a la comunidad LGTB para fabricar enemigos transnacionales orientalizados; parafraseando a Gayatri Spivak, se podría hablar de "heteros blancos que quieren salvar a LGTB oscuros de los heteros oscuros"; además, la comunidad LGTB blanca, para verse reconocida por sus compañerxs heteros, tendrían que compartir este discurso imperialista e imponer las mismas agendas activistas occidentales en otros estados con fines civilizatorios (aquí escribo más específicamente sobre este concepto). Pinkwashing es el término que se utiliza específicamente para la instrumentalización que desde el sionismo se hace de las sexualidades no normativas para justificar su proyecto colonial y su discurso racista (aquí hablo más de esta idea a raíz de una entrevista que le hice a Rauda Morcos, fundadora del colectivo palestino queer Aswat).

Considerando todos estos discursos simultáneos, la pregunta sobre qué se puede trabajar sobre disidencia de género en el cine palestino cambia.

En realidad esta entrada iba de darle publicidad a la Muestra. La edición del año pasado se podía pensar de una forma más obvia con perspectiva de género, pues todas las películas estaban dirigidas por mujeres mientras que este año está más o menos igualado (qué binario me ha quedado esto). Hemos conseguido incluir El buzo, un cortometraje de Jumana Abboud que me encanta y que explora las fronteras identitarias. Hay otra pieza de Mona Hatoum, una de las videoartistas palestinas más importantes. Mais Darwazeh estrena My Love Awaits Me By The Sea y Suha Arraf Villa Touma, donde actúa otra directora palestina, Cherien Dabis, que se identifica abiertamente como lesbiana. También hemos localizado Chic Point, un cortometraje de Sharif Waked que llevaba persiguiendo desde que leí esta lectura queer de la obra. Éstas están entre mis favoritas, pero en general merece la pena.


locura en RNE


En temporadas en las que me cuesta dormir, escucho la radio toda la noche. Lo sé, no parece un buen remedio contra el insomnio, sobre todo cuando te enfadas con lxs locutorxs e invitadxs y acabas sacando una libreta o el mismo móvil para tomar notas. Y no, si escuchara podcast de estupendos programas feministas y autogestionados tampoco funcionaría, la idea es dormirse, no engancharse.

Anteayer, en Gente Despierta, un programa nocturno de RNE, presentado por Carles Mesa, invitaron a un médico psiquiatra especializado en medicina legal y forense: Leopoldo Ortega-Monasterio.

Durante treinta minutos de radiodifusión pública, una persona con toda la legitimidad que le da la autoridad médica, el espacio mediático, los títulos y doctorados y, por supuesto, el traje y la pajarita (no lo vemos pero nos lo cuentan), ayudado por un presentador terrible, construyen un espacio de la psicopatología y la enfermedad mental como Otro, espacio de la rareza y la anormalidad frente a nuestra realidad normal (implícitamente normativizada y normalizada).

Distinguen la especialidad psiquiátrica del resto de especialidades por una sintomatología sin referencia anatómica ni base orgánica cerebral (el cuerpo patologizado del loco es el más obvio cuerpo sin órganos). Así, el psiquiatra decide quién está enfermo y quién no lo está (esta frase, literal, puede parecer obvia, pero no sé si a todxs nos suena igual de terrible). El síntoma como significante sin referente, la más evidente de las construcciones disfrazada de ontología.

"Hoy, afortunadamente, hay pocos, muy pocos, retrasados mentales (...); pero, también un chico que tenga la desgracia de ser un retrasado mental, un síndrome de Down, por ejemplo (...), cuando cumpla la mayoría de edad habría que incapacitarlo"... Aquí es cuando tuve que levantarme para tomar notas. ¿"Retrasado mental"? ¿No se supone que una persona que trabaja estos temas tiene la sensibilidad de formarse, de comunicarse con las comunidades de personas psiquiatrizadas? ¿No se nota que "retrasado mental" no se ajusta a ninguna realidad? Aunque quien presupone que algunas personas deben ser incapacitadas de por sí, por divergencias cognitivas o de desarrollo normativo...

A continuación, tranquiliza a lxs espectadorxs: ya no hablamos tanto de locxs, enajenadxs, enfermxs mentales graves... sino de ansiosxs, depresivxs, fóbicxs. Psiquiatría pesada versus psiquiatría ligera. Neurosis versus psicosis. Locxs buenxs versus locxs malxs. Lxs que podríamos ser nosotrxs versus lxs que siempre serán otrxs. Lxs que, literalmente según el presentador, "no son unos locos", versus lxs que sí lo son.

También tratan el tema de los pabellones psiquiátricos de las cárceles (prisiones que definen como espacios de "control coactivo estatal", lo que encuentran positivo). Y aquí ya apago la radio por supervivencia emocional. Así no me voy a dormir nunca.


mareo

Llevo una semana escribiendo una entrada cada día y abandonándola en borradores. Hay días sin mayúsculas y días sin casi signos de puntuación y días que son una mezcla.

M. estaba en el hospital y bromeamos porque ahora es un cyborg (pero todxs somos cyborgs llenxs de prótesis y no me mareé al ver su cicatriz ni con la sangre de su compañera de habitación porque la miraba fijamente a los ojos).

Llevo veinticuatro horas pensando en ontologías prediscursivas y podría dejarlo ahí pero mi directora de tesis se enfada porque no explico los conceptos que nombro. Me quedo atrapada en la teoría del discurso y en la filosofía del lenguaje y en el textualismo más extremo. No hay nada más allá del lenguaje. Todo es discurso. La ontología estudia las entidades que existen. Lo prediscursivo es aquello que existe antes de existir en el lenguaje. O sea, nada.

O todo. Pero no es relevante. No es aprehensible para nosotrxs. Da igual la ontología prediscursiva. Da igual que exista o que no exista una realidad atómica. Dan igual el gran corazón-cyborg de M. o los tendones cortados o las pastillas en la cartera fuera de las formas de pensarlos, construidas en el lenguaje.

La teoría del discurso es optimista, porque puedes cambiar la realidad si cambias los lenguajes. La teoría del discurso es pesimista, porque no puedes concebir otros lenguajes más que a partir de los lenguajes que ya conoces.

A veces leo filosofía del lenguaje tan textualista que me mareo como con la sangre de la compañera de habitación de M. Me mareo de verdad. Entro y entro línea tras línea y me lo creo pero de repente dejo de saber dónde estoy. Y como hablaba hace unos días con otra M. necesitamos volver a la caña y no sabemos si eso es la realidad o la zona de confort.

Lo único importante es que los corazones mecánicos siguen latiendo. Y da igual que sea antes o después del lenguaje, dentro o fuera del discurso.

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he tardado quince días en echar de menos escribir a mano (salvo por esa firma que parece una falsificación y por los libros que no subrayo pero cuyas páginas fotografío).

no pasa nada por hacerlo todo el doble de despacio.

muchos, muchos, pero muchísimos hombres desconocidos me hablan por la calle para que les explique qué me ha pasado. contesté al primero. a partir de entonces solo me llaman antipática.

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de qué sirve leer a foucault a butler a spivak a spade si no respetas la negativa en una interacción sexual, si no te interesan los cuidados, si jerarquizas precisamente a quienes sí y a quienes no han leído u oído hablar de foucault de butler de spivak de spade. pero te llamas feminista.

o no te defines como feminista ni como transfeminista ni como womanista pero cuidas tus relaciones, entiendes perfectamente los conceptos de consentimiento y de interseccionalidad, tus prácticas son feministas.

¿esto es heterodesignar el feminismo? ¿llamar feminista a quien no se identifica como tal o negarle la etiqueta a quien sí la aprehende? ¿es trazar una línea excluyente de quiénes son feministas y quiénes no? ¿dónde queda la línea? no hay personas sino prácticas feministas. estrictamente, no somos feministas sino que intentamos que nuestras prácticas lo sean, con más o menos éxito.


cuatro pensamientos zurdos


Veo Boyhood (Richard Linklater, 2014) y me encanta. Es fácil que me enganche una película que combina a Britney Spears, a Blink182, a Yo La Tengo y a Pink Floyd en la banda sonora. Bildungsroman. Construcción de la masculinidad desde la niñez hasta los dieciocho años con todos los castigos que supone cualquier subversión.

Estoy haciendo un curso estupendo sobre poesía moderna y contemporánea estadounidense y me encuentro analizando la obra protomoderna de Emily Dickinson sin rozar la variable sexualidad. Algunxs compañerxs hablan de su relación con su cuñada Susan Gilbert, pero el debate siempre es interrumpido por el mismo "no se puede comprobar que su relación fuera física". Y se me olvida que para presumir heterosexualidad nadie requiere pruebas.

Pienso en concederse los deseos y pienso en (re)construir nuestros deseos. Pienso que llevamos siglos avergonzándonos de nuestro deseo y en que precisamente es esa vergüenza una herramienta de control sobre éste. Pienso en concederse un deseo violento, un deseo normativo. También pienso en modificar y reconstruir nuestro deseo. Pienso que el deseo es una ficción generada en un sistema que reproduce deseos racistas, gordófobos y capacitistas y que concedérselo sin tratar de superarlo es una victoria para el sistema. Pienso estas dos cosas a la vez y me explota la cabeza.

Leo este artículo terrible en Mirales: "tenemos ejemplos como el recibimiento de la Casa Real en julio, la aprobación del matrimonio o la presencia del embajador estadounidense a favor de la normalización". Me entero en él de que El Corte Inglés tiene una sección de su agencia de viajes destinada al público LGTB. Y se supone que eso es positivo. El Corte Inglés. Este Corte Inglés. Y éste. Ejemplo de falta de interseccionalidad (¿LGTB+? No, gays blancos con papeles de clase alta), como pinkwashing (instrumentalización del colectivo LGTB+ y de sus movimientos sociales para justificar prácticas neoliberales, colonialistas... prácticas por definición excluyentes), como homonormatividad (acceso de ciertas personas LGTB+ al privilegio heterosexual -mentira, nunca lo alcanzarán- acatando ciertas normas de la sociedad cisheteronormativa y reproduciendo sus exclusiones inherentes). Todo junto en el propio título del artículo: normalización gay.