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En temporadas en las que me cuesta dormir, escucho la radio toda la noche. Lo sé, no parece un buen remedio contra el insomnio, sobre todo cuando te enfadas con lxs locutorxs e invitadxs y acabas sacando una libreta o el mismo móvil para tomar notas. Y no, si escuchara podcast de estupendos programas feministas y autogestionados tampoco funcionaría, la idea es dormirse, no engancharse.
Anteayer, en Gente Despierta, un programa nocturno de RNE, presentado por Carles Mesa, invitaron a un médico psiquiatra especializado en medicina legal y forense: Leopoldo Ortega-Monasterio.
Durante treinta minutos de radiodifusión pública, una persona con toda la legitimidad que le da la autoridad médica, el espacio mediático, los títulos y doctorados y, por supuesto, el traje y la pajarita (no lo vemos pero nos lo cuentan), ayudado por un presentador terrible, construyen un espacio de la psicopatología y la enfermedad mental como Otro, espacio de la rareza y la anormalidad frente a nuestra realidad normal (implícitamente normativizada y normalizada).
Distinguen la especialidad psiquiátrica del resto de especialidades por una sintomatología sin referencia anatómica ni base orgánica cerebral (el cuerpo patologizado del loco es el más obvio cuerpo sin órganos). Así, el psiquiatra decide quién está enfermo y quién no lo está (esta frase, literal, puede parecer obvia, pero no sé si a todxs nos suena igual de terrible). El síntoma como significante sin referente, la más evidente de las construcciones disfrazada de ontología.
"Hoy, afortunadamente, hay pocos, muy pocos, retrasados mentales (...); pero, también un chico que tenga la desgracia de ser un retrasado mental, un síndrome de Down, por ejemplo (...), cuando cumpla la mayoría de edad habría que incapacitarlo"... Aquí es cuando tuve que levantarme para tomar notas. ¿"Retrasado mental"? ¿No se supone que una persona que trabaja estos temas tiene la sensibilidad de formarse, de comunicarse con las comunidades de personas psiquiatrizadas? ¿No se nota que "retrasado mental" no se ajusta a ninguna realidad? Aunque quien presupone que algunas personas deben ser incapacitadas de por sí, por divergencias cognitivas o de desarrollo normativo...
A continuación, tranquiliza a lxs espectadorxs: ya no hablamos tanto de locxs, enajenadxs, enfermxs mentales graves... sino de ansiosxs, depresivxs, fóbicxs. Psiquiatría pesada versus psiquiatría ligera. Neurosis versus psicosis. Locxs buenxs versus locxs malxs. Lxs que podríamos ser nosotrxs versus lxs que siempre serán otrxs. Lxs que, literalmente según el presentador, "no son unos locos", versus lxs que sí lo son.
También tratan el tema de los pabellones psiquiátricos de las cárceles (prisiones que definen como espacios de "control coactivo estatal", lo que encuentran positivo). Y aquí ya apago la radio por supervivencia emocional. Así no me voy a dormir nunca.
locura en RNE
En temporadas en las que me cuesta dormir, escucho la radio toda la noche. Lo sé, no parece un buen remedio contra el insomnio, sobre todo cuando te enfadas con lxs locutorxs e invitadxs y acabas sacando una libreta o el mismo móvil para tomar notas. Y no, si escuchara podcast de estupendos programas feministas y autogestionados tampoco funcionaría, la idea es dormirse, no engancharse.
Anteayer, en Gente Despierta, un programa nocturno de RNE, presentado por Carles Mesa, invitaron a un médico psiquiatra especializado en medicina legal y forense: Leopoldo Ortega-Monasterio.
Durante treinta minutos de radiodifusión pública, una persona con toda la legitimidad que le da la autoridad médica, el espacio mediático, los títulos y doctorados y, por supuesto, el traje y la pajarita (no lo vemos pero nos lo cuentan), ayudado por un presentador terrible, construyen un espacio de la psicopatología y la enfermedad mental como Otro, espacio de la rareza y la anormalidad frente a nuestra realidad normal (implícitamente normativizada y normalizada).
Distinguen la especialidad psiquiátrica del resto de especialidades por una sintomatología sin referencia anatómica ni base orgánica cerebral (el cuerpo patologizado del loco es el más obvio cuerpo sin órganos). Así, el psiquiatra decide quién está enfermo y quién no lo está (esta frase, literal, puede parecer obvia, pero no sé si a todxs nos suena igual de terrible). El síntoma como significante sin referente, la más evidente de las construcciones disfrazada de ontología.
"Hoy, afortunadamente, hay pocos, muy pocos, retrasados mentales (...); pero, también un chico que tenga la desgracia de ser un retrasado mental, un síndrome de Down, por ejemplo (...), cuando cumpla la mayoría de edad habría que incapacitarlo"... Aquí es cuando tuve que levantarme para tomar notas. ¿"Retrasado mental"? ¿No se supone que una persona que trabaja estos temas tiene la sensibilidad de formarse, de comunicarse con las comunidades de personas psiquiatrizadas? ¿No se nota que "retrasado mental" no se ajusta a ninguna realidad? Aunque quien presupone que algunas personas deben ser incapacitadas de por sí, por divergencias cognitivas o de desarrollo normativo...
A continuación, tranquiliza a lxs espectadorxs: ya no hablamos tanto de locxs, enajenadxs, enfermxs mentales graves... sino de ansiosxs, depresivxs, fóbicxs. Psiquiatría pesada versus psiquiatría ligera. Neurosis versus psicosis. Locxs buenxs versus locxs malxs. Lxs que podríamos ser nosotrxs versus lxs que siempre serán otrxs. Lxs que, literalmente según el presentador, "no son unos locos", versus lxs que sí lo son.
También tratan el tema de los pabellones psiquiátricos de las cárceles (prisiones que definen como espacios de "control coactivo estatal", lo que encuentran positivo). Y aquí ya apago la radio por supervivencia emocional. Así no me voy a dormir nunca.
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mareo
Llevo una semana escribiendo una entrada cada día y abandonándola en borradores. Hay días sin mayúsculas y días sin casi signos de puntuación y días que son una mezcla.
M. estaba en el hospital y bromeamos porque ahora es un cyborg (pero todxs somos cyborgs llenxs de prótesis y no me mareé al ver su cicatriz ni con la sangre de su compañera de habitación porque la miraba fijamente a los ojos).
Llevo veinticuatro horas pensando en ontologías prediscursivas y podría dejarlo ahí pero mi directora de tesis se enfada porque no explico los conceptos que nombro. Me quedo atrapada en la teoría del discurso y en la filosofía del lenguaje y en el textualismo más extremo. No hay nada más allá del lenguaje. Todo es discurso. La ontología estudia las entidades que existen. Lo prediscursivo es aquello que existe antes de existir en el lenguaje. O sea, nada.
O todo. Pero no es relevante. No es aprehensible para nosotrxs. Da igual la ontología prediscursiva. Da igual que exista o que no exista una realidad atómica. Dan igual el gran corazón-cyborg de M. o los tendones cortados o las pastillas en la cartera fuera de las formas de pensarlos, construidas en el lenguaje.
La teoría del discurso es optimista, porque puedes cambiar la realidad si cambias los lenguajes. La teoría del discurso es pesimista, porque no puedes concebir otros lenguajes más que a partir de los lenguajes que ya conoces.
A veces leo filosofía del lenguaje tan textualista que me mareo como con la sangre de la compañera de habitación de M. Me mareo de verdad. Entro y entro línea tras línea y me lo creo pero de repente dejo de saber dónde estoy. Y como hablaba hace unos días con otra M. necesitamos volver a la caña y no sabemos si eso es la realidad o la zona de confort.
Lo único importante es que los corazones mecánicos siguen latiendo. Y da igual que sea antes o después del lenguaje, dentro o fuera del discurso.
he tardado quince días en echar de menos escribir a mano (salvo por esa firma que parece una falsificación y por los libros que no subrayo pero cuyas páginas fotografío).
no pasa nada por hacerlo todo el doble de despacio.
muchos, muchos, pero muchísimos hombres desconocidos me hablan por la calle para que les explique qué me ha pasado. contesté al primero. a partir de entonces solo me llaman antipática.
de qué sirve leer a foucault a butler a spivak a spade si no respetas la negativa en una interacción sexual, si no te interesan los cuidados, si jerarquizas precisamente a quienes sí y a quienes no han leído u oído hablar de foucault de butler de spivak de spade. pero te llamas feminista.
o no te defines como feminista ni como transfeminista ni como womanista pero cuidas tus relaciones, entiendes perfectamente los conceptos de consentimiento y de interseccionalidad, tus prácticas son feministas.
¿esto es heterodesignar el feminismo? ¿llamar feminista a quien no se identifica como tal o negarle la etiqueta a quien sí la aprehende? ¿es trazar una línea excluyente de quiénes son feministas y quiénes no? ¿dónde queda la línea? no hay personas sino prácticas feministas. estrictamente, no somos feministas sino que intentamos que nuestras prácticas lo sean, con más o menos éxito.
M. estaba en el hospital y bromeamos porque ahora es un cyborg (pero todxs somos cyborgs llenxs de prótesis y no me mareé al ver su cicatriz ni con la sangre de su compañera de habitación porque la miraba fijamente a los ojos).
Llevo veinticuatro horas pensando en ontologías prediscursivas y podría dejarlo ahí pero mi directora de tesis se enfada porque no explico los conceptos que nombro. Me quedo atrapada en la teoría del discurso y en la filosofía del lenguaje y en el textualismo más extremo. No hay nada más allá del lenguaje. Todo es discurso. La ontología estudia las entidades que existen. Lo prediscursivo es aquello que existe antes de existir en el lenguaje. O sea, nada.
O todo. Pero no es relevante. No es aprehensible para nosotrxs. Da igual la ontología prediscursiva. Da igual que exista o que no exista una realidad atómica. Dan igual el gran corazón-cyborg de M. o los tendones cortados o las pastillas en la cartera fuera de las formas de pensarlos, construidas en el lenguaje.
La teoría del discurso es optimista, porque puedes cambiar la realidad si cambias los lenguajes. La teoría del discurso es pesimista, porque no puedes concebir otros lenguajes más que a partir de los lenguajes que ya conoces.
A veces leo filosofía del lenguaje tan textualista que me mareo como con la sangre de la compañera de habitación de M. Me mareo de verdad. Entro y entro línea tras línea y me lo creo pero de repente dejo de saber dónde estoy. Y como hablaba hace unos días con otra M. necesitamos volver a la caña y no sabemos si eso es la realidad o la zona de confort.
Lo único importante es que los corazones mecánicos siguen latiendo. Y da igual que sea antes o después del lenguaje, dentro o fuera del discurso.
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he tardado quince días en echar de menos escribir a mano (salvo por esa firma que parece una falsificación y por los libros que no subrayo pero cuyas páginas fotografío).
no pasa nada por hacerlo todo el doble de despacio.
muchos, muchos, pero muchísimos hombres desconocidos me hablan por la calle para que les explique qué me ha pasado. contesté al primero. a partir de entonces solo me llaman antipática.
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o no te defines como feminista ni como transfeminista ni como womanista pero cuidas tus relaciones, entiendes perfectamente los conceptos de consentimiento y de interseccionalidad, tus prácticas son feministas.
¿esto es heterodesignar el feminismo? ¿llamar feminista a quien no se identifica como tal o negarle la etiqueta a quien sí la aprehende? ¿es trazar una línea excluyente de quiénes son feministas y quiénes no? ¿dónde queda la línea? no hay personas sino prácticas feministas. estrictamente, no somos feministas sino que intentamos que nuestras prácticas lo sean, con más o menos éxito.
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el corte inglés,
emily dickinson,
heteronormatividad,
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interseccionalidad,
masculinidad,
MiraLes,
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richard linklater,
susan gilbert
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Veo Boyhood (Richard Linklater, 2014) y me encanta. Es fácil que me enganche una película que combina a Britney Spears, a Blink182, a Yo La Tengo y a Pink Floyd en la banda sonora. Bildungsroman. Construcción de la masculinidad desde la niñez hasta los dieciocho años con todos los castigos que supone cualquier subversión.
Estoy haciendo un curso estupendo sobre poesía moderna y contemporánea estadounidense y me encuentro analizando la obra protomoderna de Emily Dickinson sin rozar la variable sexualidad. Algunxs compañerxs hablan de su relación con su cuñada Susan Gilbert, pero el debate siempre es interrumpido por el mismo "no se puede comprobar que su relación fuera física". Y se me olvida que para presumir heterosexualidad nadie requiere pruebas.
Pienso en concederse los deseos y pienso en (re)construir nuestros deseos. Pienso que llevamos siglos avergonzándonos de nuestro deseo y en que precisamente es esa vergüenza una herramienta de control sobre éste. Pienso en concederse un deseo violento, un deseo normativo. También pienso en modificar y reconstruir nuestro deseo. Pienso que el deseo es una ficción generada en un sistema que reproduce deseos racistas, gordófobos y capacitistas y que concedérselo sin tratar de superarlo es una victoria para el sistema. Pienso estas dos cosas a la vez y me explota la cabeza.
Leo este artículo terrible en Mirales: "tenemos ejemplos como el recibimiento de la Casa Real en julio, la aprobación del matrimonio o la presencia del embajador estadounidense a favor de la normalización". Me entero en él de que El Corte Inglés tiene una sección de su agencia de viajes destinada al público LGTB. Y se supone que eso es positivo. El Corte Inglés. Este Corte Inglés. Y éste. Ejemplo de falta de interseccionalidad (¿LGTB+? No, gays blancos con papeles de clase alta), como pinkwashing (instrumentalización del colectivo LGTB+ y de sus movimientos sociales para justificar prácticas neoliberales, colonialistas... prácticas por definición excluyentes), como homonormatividad (acceso de ciertas personas LGTB+ al privilegio heterosexual -mentira, nunca lo alcanzarán- acatando ciertas normas de la sociedad cisheteronormativa y reproduciendo sus exclusiones inherentes). Todo junto en el propio título del artículo: normalización gay.
cuatro pensamientos zurdos
Veo Boyhood (Richard Linklater, 2014) y me encanta. Es fácil que me enganche una película que combina a Britney Spears, a Blink182, a Yo La Tengo y a Pink Floyd en la banda sonora. Bildungsroman. Construcción de la masculinidad desde la niñez hasta los dieciocho años con todos los castigos que supone cualquier subversión.
Estoy haciendo un curso estupendo sobre poesía moderna y contemporánea estadounidense y me encuentro analizando la obra protomoderna de Emily Dickinson sin rozar la variable sexualidad. Algunxs compañerxs hablan de su relación con su cuñada Susan Gilbert, pero el debate siempre es interrumpido por el mismo "no se puede comprobar que su relación fuera física". Y se me olvida que para presumir heterosexualidad nadie requiere pruebas.
Pienso en concederse los deseos y pienso en (re)construir nuestros deseos. Pienso que llevamos siglos avergonzándonos de nuestro deseo y en que precisamente es esa vergüenza una herramienta de control sobre éste. Pienso en concederse un deseo violento, un deseo normativo. También pienso en modificar y reconstruir nuestro deseo. Pienso que el deseo es una ficción generada en un sistema que reproduce deseos racistas, gordófobos y capacitistas y que concedérselo sin tratar de superarlo es una victoria para el sistema. Pienso estas dos cosas a la vez y me explota la cabeza.
Leo este artículo terrible en Mirales: "tenemos ejemplos como el recibimiento de la Casa Real en julio, la aprobación del matrimonio o la presencia del embajador estadounidense a favor de la normalización". Me entero en él de que El Corte Inglés tiene una sección de su agencia de viajes destinada al público LGTB. Y se supone que eso es positivo. El Corte Inglés. Este Corte Inglés. Y éste. Ejemplo de falta de interseccionalidad (¿LGTB+? No, gays blancos con papeles de clase alta), como pinkwashing (instrumentalización del colectivo LGTB+ y de sus movimientos sociales para justificar prácticas neoliberales, colonialistas... prácticas por definición excluyentes), como homonormatividad (acceso de ciertas personas LGTB+ al privilegio heterosexual -mentira, nunca lo alcanzarán- acatando ciertas normas de la sociedad cisheteronormativa y reproduciendo sus exclusiones inherentes). Todo junto en el propio título del artículo: normalización gay.
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elizabeth freeman,
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tiempo
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En 2005, Judith Jack Halberstam publica In a Queer Time and Place: Transgender Bodies, Subcultural Lives. La obra proclama la existencia de un tiempo específicamente cuir, de un espacio específicamente cuir. En su introducción, habla de las queer temporalities. La temporalidad cuir emerge en los años ochenta junto con el sida, cuando la amenaza constante de la inexistencia de un futuro enfatiza el aquí y el ahora; así, se generan comunidades que giran en torno a las ideas de riesgo, infección, muerte, en lugar del convencional énfasis en la longevidad y en las proyecciones a futuro.
Las temporalidades cuir también se acercan a las posibilidades de una vida donde se improvisen los conceptos de familias, herencias, crianzas: "Las subculturas cuir producen temporalidades alternativas al permitir a sus integrantes creer en unos futuros que pueden ser imaginados de acuerdo a unas lógicas ajenas a los marcadores paradigmáticos de la experiencia vital: nacimiento, matrimonio, reproducción, muerte".
Halberstam se acerca al trabajo de David Harvey, La condición de la posmodernidad (1989), que trata el carácter construido del tiempo y a su relación con las exigencias productivistas del capitalismo, que no hace más que naturalizarlo. Sin embargo, critica cómo Harvey obvia cómo existe cierta normatividad en la construcción del tiempo y cómo se sexualiza y racializa.
Se ha seguido escribiendo sobre temporalidades cuir en el contexto académico estadounidense: Time Binds: Queer Temporalities, Queer Stories (Elizabeth Freeman, 2010) o el número especial Queer Temporalities de la revista GLQ: A Journal of Lesbian and Gay Studies.
Hablaba con L. hace un par de semanas sobre las posibilidades de pensar, igual que hizo Halberstam con la variable cuir, unas temporalidades locas. Si el tiempo es un concepto construido, cuya comprensión varía según la cultura en la que hayamos crecido, que se desarrolla de acuerdo a cierta normatividad de la que surgen grietas en función de equis variables (raza, condición migrante, género, clase social...), también tiene sentido pensar en cómo varía la concepción del tiempo en los márgenes de la salud mental.
L. y yo habíamos hablado ya de la muerte, y de cómo esa negación de la mortalidad como negación de la vulnerabilidad propia de la sociedad occidental contemporánea, tal y como la definía Coll-Planas, no se ajustaba a la visión que teníamos desde los márgenes de la salud mental. Si no nos centráramos en la idea de finitud o de mortalidad, sino en una imagen más amplia de la idea de tiempo, también podríamos pensar un tiempo diferente (no necesariamente más bonito o subversivo, simplemente diferente al concepto hegemónico).
Podríamos pensar en la ansiedad, en cómo las personas acostumbradas a lidiar con ella, con los bucles obsesivos y con los ataques de pánico en su día a día tienen facilidad para manejar el concepto de insoportabilidad, la idea de sentir que te mueres al mismo tiempo que sabes que no te mueres, tener integrada la compatibilidad entre mortalidad inminente (finitud) y eternidad en la emoción (infinitud). Podríamos pensar en la depresión y en el tiempo circular, en el tiempo en blanco, en el tiempo vacío de tiempo. Podríamos pensar en el insomnio y en los ciclos diurnos-nocturnos. Podríamos pensar en la proyección a futuro cuando tienes integrada la posibilidad de una fractura mañana, en un mes, en un año. Podríamos pensar en la linealidad del ciclo vital cuando tienes diferentes fechas de cumpleaños. Temporalidades locas. Con sus grietas cuir, sus grietas racializadas, sus grietas sexualizadas, sus grietas de clase, sus grietas migrantes.
temporalidades locas
![]() |
| Sustenido (Dalila Gonçalves, 2014) |
En 2005, Judith Jack Halberstam publica In a Queer Time and Place: Transgender Bodies, Subcultural Lives. La obra proclama la existencia de un tiempo específicamente cuir, de un espacio específicamente cuir. En su introducción, habla de las queer temporalities. La temporalidad cuir emerge en los años ochenta junto con el sida, cuando la amenaza constante de la inexistencia de un futuro enfatiza el aquí y el ahora; así, se generan comunidades que giran en torno a las ideas de riesgo, infección, muerte, en lugar del convencional énfasis en la longevidad y en las proyecciones a futuro.
Las temporalidades cuir también se acercan a las posibilidades de una vida donde se improvisen los conceptos de familias, herencias, crianzas: "Las subculturas cuir producen temporalidades alternativas al permitir a sus integrantes creer en unos futuros que pueden ser imaginados de acuerdo a unas lógicas ajenas a los marcadores paradigmáticos de la experiencia vital: nacimiento, matrimonio, reproducción, muerte".
Halberstam se acerca al trabajo de David Harvey, La condición de la posmodernidad (1989), que trata el carácter construido del tiempo y a su relación con las exigencias productivistas del capitalismo, que no hace más que naturalizarlo. Sin embargo, critica cómo Harvey obvia cómo existe cierta normatividad en la construcción del tiempo y cómo se sexualiza y racializa.
Se ha seguido escribiendo sobre temporalidades cuir en el contexto académico estadounidense: Time Binds: Queer Temporalities, Queer Stories (Elizabeth Freeman, 2010) o el número especial Queer Temporalities de la revista GLQ: A Journal of Lesbian and Gay Studies.
Hablaba con L. hace un par de semanas sobre las posibilidades de pensar, igual que hizo Halberstam con la variable cuir, unas temporalidades locas. Si el tiempo es un concepto construido, cuya comprensión varía según la cultura en la que hayamos crecido, que se desarrolla de acuerdo a cierta normatividad de la que surgen grietas en función de equis variables (raza, condición migrante, género, clase social...), también tiene sentido pensar en cómo varía la concepción del tiempo en los márgenes de la salud mental.
L. y yo habíamos hablado ya de la muerte, y de cómo esa negación de la mortalidad como negación de la vulnerabilidad propia de la sociedad occidental contemporánea, tal y como la definía Coll-Planas, no se ajustaba a la visión que teníamos desde los márgenes de la salud mental. Si no nos centráramos en la idea de finitud o de mortalidad, sino en una imagen más amplia de la idea de tiempo, también podríamos pensar un tiempo diferente (no necesariamente más bonito o subversivo, simplemente diferente al concepto hegemónico).
Podríamos pensar en la ansiedad, en cómo las personas acostumbradas a lidiar con ella, con los bucles obsesivos y con los ataques de pánico en su día a día tienen facilidad para manejar el concepto de insoportabilidad, la idea de sentir que te mueres al mismo tiempo que sabes que no te mueres, tener integrada la compatibilidad entre mortalidad inminente (finitud) y eternidad en la emoción (infinitud). Podríamos pensar en la depresión y en el tiempo circular, en el tiempo en blanco, en el tiempo vacío de tiempo. Podríamos pensar en el insomnio y en los ciclos diurnos-nocturnos. Podríamos pensar en la proyección a futuro cuando tienes integrada la posibilidad de una fractura mañana, en un mes, en un año. Podríamos pensar en la linealidad del ciclo vital cuando tienes diferentes fechas de cumpleaños. Temporalidades locas. Con sus grietas cuir, sus grietas racializadas, sus grietas sexualizadas, sus grietas de clase, sus grietas migrantes.
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Más prevención de la violación
Julianne Ross publica en Identities un listado de recomendaciones para que los hombres también colaboren en la prevención de las violaciones, a imagen y semejanza de las que se les hacen a las mujeres (como las que siguen publicadas en la web del ministerio del interior). Traduzco:
1. No salgas a la calle cuando haya anochecido
Por la seguridad de las mujeres, los hombres adultos responsables deberían respetar un toque de queda razonable.
2. Si tienes que salir, tápate los ojos
Ya que las mujeres, desde Eva, están aquí para tentar a los hombres con sus minifaldas y sus tacones altos, es importante que no las mires nunca directamente. Si es inevitable ver a alguna mujer, oscurece tu visión con simples pero efectivos instrumentos como anteojeras para caballos o gafas mal graduadas.
3. Estate siempre atento a tu entorno
Si ves una mujer sola, huye.
4. Usa calzado práctico
Facilitará tu huida.
5. No bebas alcohol
En un estudio sobre violaciones y consumo de alcohol, la titular de psicología Antonia Abbey, de la Universidad de Wayne, señaló que el 62% de los violadores sentían que lo habían hecho movidos por el alcohol. Entonces, los hombres deberían mantenerse sobrios todo el tiempo. Por si acaso.
6. Considera la adquisición de un cinturón de castidad
¿Por qué las mujeres tienen que llevarse toda la diversión en cuanto a los productos anti-violación, siempre tan intrusivos e inoperativos? Ocultar tu miembro en calzoncillos metálicos antes de salir es un camino seguro para evitar que viole accidentalmente.
7. Lleva siempre gas lacrimógeno
Si te encuentras con la tentación de violar a alguien, rocíate la cara. El dolor intenso aliviará tu excitación y, además, la ceguera temporal te ayudará a huir antes de que la ropa de alguna mujer te vuelva a tentar.
8. Sé sincero con tu cita
¡Tener citas es muy duro! Sobre todo cuando las violaciones en las citas son casos tan comprensibles de señales confusas y malentendidos. Evita un momento incómodo siendo claro con tus intenciones.
¿Así ya suena más ridículo?
1. No salgas a la calle cuando haya anochecido
Por la seguridad de las mujeres, los hombres adultos responsables deberían respetar un toque de queda razonable.
2. Si tienes que salir, tápate los ojos
Ya que las mujeres, desde Eva, están aquí para tentar a los hombres con sus minifaldas y sus tacones altos, es importante que no las mires nunca directamente. Si es inevitable ver a alguna mujer, oscurece tu visión con simples pero efectivos instrumentos como anteojeras para caballos o gafas mal graduadas.
3. Estate siempre atento a tu entorno
Si ves una mujer sola, huye.
4. Usa calzado práctico
Facilitará tu huida.
5. No bebas alcohol
En un estudio sobre violaciones y consumo de alcohol, la titular de psicología Antonia Abbey, de la Universidad de Wayne, señaló que el 62% de los violadores sentían que lo habían hecho movidos por el alcohol. Entonces, los hombres deberían mantenerse sobrios todo el tiempo. Por si acaso.
6. Considera la adquisición de un cinturón de castidad
¿Por qué las mujeres tienen que llevarse toda la diversión en cuanto a los productos anti-violación, siempre tan intrusivos e inoperativos? Ocultar tu miembro en calzoncillos metálicos antes de salir es un camino seguro para evitar que viole accidentalmente.
7. Lleva siempre gas lacrimógeno
Si te encuentras con la tentación de violar a alguien, rocíate la cara. El dolor intenso aliviará tu excitación y, además, la ceguera temporal te ayudará a huir antes de que la ropa de alguna mujer te vuelva a tentar.
8. Sé sincero con tu cita
¡Tener citas es muy duro! Sobre todo cuando las violaciones en las citas son casos tan comprensibles de señales confusas y malentendidos. Evita un momento incómodo siendo claro con tus intenciones.
¿Así ya suena más ridículo?
capitalismo,
crip,
personas sin hogar,
rethink homelessness
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te lo mereces
The Central Florida Commission on Homelessness es responsable de una campaña viral llamada Rethink Homelessness (Repiensa la...)
(paréntesis léxico: ¿cómo traducir homelessness? ¿"situación de las personas sin hogar"? ¿hay sustantivo para eso? "indigencia" suena bastante horrible, ¿no?)
Uno de sus vídeos más populares tiene el objetivo de combatir los estereotipos asociados a las personas sin hogar. Se les entregó a algunas de Orlando un cartón y un rotulador para que escribieran un dato sobre ellas que imaginaban "inesperado".
Hay muchos mensajes que están relacionados principalmente con temas de salud ("episodios epilépticos desde hace diez años", "me estoy recuperando de una operación a corazón abierto", "tengo la enfermedad de huntington", "tengo cáncer de pulmón en etapa 2"), algunos con los motivos por los que viven en la calle ("lo perdí todo", "escapando de la violencia doméstica"), y el resto son datos relacionados con el nivel de educación o vida laboral ("he construido robots", "soy un genio de los ordenadores", "tuve una beca para jugar al béisbol", "hablo cuatro idiomas", "fui a la escuela de modelos", "estudié biología en la universidad de west virginia", "era patinadora artística", "tengo trabajo", "era entrenadora personal").
Entiendo la buena intención de la campaña y el objetivo de desmontar estereotipos fijos, que, seguramente, funcione muy bien. Sin embargo, hay algo que me chirría siempre en este tipo de vídeos.
Al fin y al cabo, lo que hacen estas campañas, además de simplemente "romper esterotipos", es intentar desdibujar la línea que separa a quien es consideradx humanx y a quien no lo es (en este caso, lxs humanxs son aquellxs que "tienen derecho" a un hogar, aquellxs que por ser humanxs "merecen" un hogar).
El problema son los criterios que se utilizan para desdibujar esta línea, muchas veces relacionados con la excelencia
. En este caso, los datos sobre el nivel de educación o vida laboral vienen a decir: "oye, que yo estudié, oye, que incluso estudié mucho más que tú, oye, que he trabajado, incluso trabajé mucho más que tú". Entonces TÚ, persona que has estudiado (másqueyopreferiblemente) y que has trabajado (másqueyopreferiblemente) pasas a formar parte de lo-humano.
(volvemos al supercrip sobre el que escribí una vez, rompe tu estereotipo sobre la diversidad funcional, mira a éste, usa silla de ruedas pero ha subido el himalaya, ¿hola? ¿necesito subir al himalaya, personaquecontodosuderechonohasubidojamásunacolina, para merecer la condición de humanocomousted?)
. En este caso, los datos sobre el nivel de educación o vida laboral vienen a decir: "oye, que yo estudié, oye, que incluso estudié mucho más que tú, oye, que he trabajado, incluso trabajé mucho más que tú". Entonces TÚ, persona que has estudiado (másqueyopreferiblemente) y que has trabajado (másqueyopreferiblemente) pasas a formar parte de lo-humano.
El problema de intentar entrar en lo-humano sin desmontar previamente qué es lo-humano (en este caso, condición de personas con hogar en un sistema capitalista), es que para entrar en una categoría hegemónica hay que mantener cierta exclusión, porque entonces mira-tú-qué-plan-ni-qué-hegemonía. ¿Qué hacemos con quien no tiene estudios ni vida laboral? Si me repites y me repites que no me merezco vivir en la calle PORQUE tengo estudios y además me lo he currado, entiendo que si no tengo estudios formales y ni siquiera me lo he currado mucho (según lo que entendemos por "currárselo" en en este sistema productivista), quizá es una consecuencia lógica que viva en la calle, incluso podríamos decir que me lo merezco, ¿no?
Algo parecido ocurre con esta otra campaña estadounidense de la que me he acordado, un cortometraje documental sobre adolescentes indocumentados: "Mira qué adolescentes más majxs, les han aceptado en Harvard, o estudian en la universidad, o han sacado diez en todo durante toda su vida, NO SE MERECEN ser expulsadxs de su país". Porque ese chaval que se ha pasado años haciendo pellas se lo merece un poco más, ¿verdad?
Rethink homelessness. Rethink homelessness. Politicize homelessness. Rethink capitalism.
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carne de cañón de carne
Valeria Andrade es una artista ecuatoriana que, en Prácticas suicidas (2006), graba nueve intervenciones urbanas y califica de "suicidio" la exposición del sujeto (principalmente mujeres) a diferentes situaciones de la vida (urbana) cotidiana: "Retomo hábitos corporales urbanos para asaltar el espacio público y penetrar sin aviso sus tramas en forma de metáfora, juego o queja; tomándome, como un suicida, todos los riesgos hasta sus últimas consecuencias" (Manifiesto Suicida).
Una de las nueve intervenciones es Cañón de carne, como denomina al acto de suicidio moral femenino:
Valeria Andrade pasea por Quito y muchos hombres la miran, la acosan. Mientras tanto, el audio es una llamada al Teléfono de la Esperanza: "Una no puede salir a la calle sin que le digan todo el día porquerías. ¿Sabe lo horrible que es eso? Te están viendo asquerosamente, morbosamente, creo que los hombres no se dan cuenta, nunca le creen a una, siempre creen que es una exageración". ¿La respuesta del voluntario del Teléfono de la Esperanza? Cultura de la violación en estado puro. Merece la pena ver el vídeo.
Una de las nueve intervenciones es Cañón de carne, como denomina al acto de suicidio moral femenino:
Valeria Andrade pasea por Quito y muchos hombres la miran, la acosan. Mientras tanto, el audio es una llamada al Teléfono de la Esperanza: "Una no puede salir a la calle sin que le digan todo el día porquerías. ¿Sabe lo horrible que es eso? Te están viendo asquerosamente, morbosamente, creo que los hombres no se dan cuenta, nunca le creen a una, siempre creen que es una exageración". ¿La respuesta del voluntario del Teléfono de la Esperanza? Cultura de la violación en estado puro. Merece la pena ver el vídeo.
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Publican en The Guardian un fragmento de la nueva obra de Laurie Penny, Unspeakable things, sobre trastornos de alimentación. Aquí lo traduzco. Algunas líneas no me convencen, pero en general me ha gustado.
la perfección mata
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| Kara Passey |
Publican en The Guardian un fragmento de la nueva obra de Laurie Penny, Unspeakable things, sobre trastornos de alimentación. Aquí lo traduzco. Algunas líneas no me convencen, pero en general me ha gustado.
Con 17 años, cuando entro a un hospital para trastornos de la conducta alimentaria, soy algo rarita. Pelo casi rapado, ropa negra, calada de tinte de pelo y de rock riot grrrl, vestida como un chico, obviamente queer. No será hasta más tarde que aprenda que entre un cuarto y la mitad de lxs jóvenes hospitalizadxs por trastornos alimentarios son LGTBQ. Esa es una de las cosas que no te dicen sobre cómo y por qué las chicas jóvenes se hunden.
Las mujeres jóvenes que ya están ahí parecen rotas muñecas disfrazadas, todas extraídas del mismo molde raro y demacrado, apenas capaces de mantenernos rectas, con las mismas marcas de cortes grabadas como códigos de barras en lugares secretos de nuestra piel. Claramente, las otras chicas han estado matándose de hambre hasta el colapso porque, simplemente, quieren parecer más guapas; yo, por mi parte, tengo razones perfectamente racionales e intelectuales para hacer exactamente lo mismo. Nunca seremos amigas. No tenemos nada en común
Este punto de vista me dura 18 horas, hasta el primer momento de alimentación, fijado por la noche, cuando todas nos apiñamos juntas en los baratos sofás de hospital, intentando tragar dos diminutas galletas, sintiendo que nuestra piel hierve. Una mujer, diez años mayor que yo y que tiene su propia historia, se acerca y pone un brazo huesudo sobre mis hombros. "Todo está bien", me dice, "puedes hacerlo".
Me permito ser sostenida de esa forma. Cojo la galleta. Y algo cambia.
Durante las semanas y meses de confinamiento, estas chicas se convertirán en mis mejores amigas. Aprenderé con 17 años lo que a algunas personas le cuesta décadas aceptar: las chicas monas que le hacen el juego al patriarcado y las chicas feas a las que nunca sacan a bailar sufren exactamente lo mismo. Que a todas nos hacen la misma trampa. Que no hay forma de jugar a la-chica-perfecta y ganar.
(...) Ser Esa Chica es más fácil si eres blanca y normativamente guapa. No hay trampa. Ni siquiera tienes que eliminar totalmente las partes de tu personalidad que no encajen, esas partes que son inteligentes y difíciles y fuertes y rabiosas y ambiciosas y masculinas y maduras. Tan solo les bajas el volumen hasta que se convierten en ruido de fondo; lo bajas, lo bajas, hasta que el oído masculino no pueda captar su frecuencia y muy pronto ni siquiera tú puedas escucharlas en tu propia cabeza. Baja el volumen y trágatelas como si fueran comida porque no vas a comer mucho más ya que Esa Chica debe mantenerse delgada y frágil si quiere ser guapa y querida. Y quieres ser guapa y querida.
Los trastornos de la conducta alimentaria son más fáciles de esconder que la mayor parte de las enferemedades mentales, especialmente con una cultura visual donde nos hemos acostumbrado a imágenes de jóvenes extremadamente desnutridas. Aquellos que no implican una gran pérdida de peso, como la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón, son todavía más fáciles de mantener en secreto -durante un tiempo. Todos estos desórdenes se cobran un peaje aterrador en el cerebro y en el cuerpo, a corto y a largo plazo, dado que acaban por incurrir en todo tipo de grotescos y peligrosos métodos para controlar su peso: sangrados, abuso de drogas, ejercicio extremo, vómitos hasta que las mejillas se hinchan y los dientes se pudren de tanto expulsar ácido estomacal.
Eso no suena bonito. Es el feo y pequeño secreto que hay detrás de gran parte de nuestra moderna cultura de la belleza, y el mayor secreto es que no es ningún secreto. Nada de esto lo es. Los diagnósticos de trastornos de alimentación, las automutilaciones y otros y más arcanos métodos de autolesión han crecido durante la última década, especialmente entre chicas jóvenes, LGTB+, cualquier persona que esté bajo una presión extra para encajar.
(...)
Las últimas teorías más políticamente correctas sobre trastornos de alimentación las califican como un método que las mujeres jóvenes utilizan para escapar del estrés de la feminidad moderna. La anorexia nerviosa, según sigue esta lógica, suspende el proceso traumático de convertirse en mujer, porque cuando dejas de comer, cuando bajas de 600 a 400 a 200 calorías por día, tu regla se interrumpe, tus tetas y tus caderas y tu carne más flácida desaparecen, y vuelves a un estado artificial y prepubescente, completado por cambios de humor, extrañas obsesiones musicales y el abrumador impulso de robar gomas de pelo del Woolworths. La razón por la que las chicas jóvenes y cada vez más chicos se comportan de esta forma, según esta lógica, es porque están asustadxs y enfadadxs con los roles de género que se les imponen. La noción de que puedan tener un montón de buenas razones para estar asustadxs y enfadadxs, sin embargo, no se le ha pasado por la cabeza a la psiquiatría todavía.
(...) Una cosa es cierta, sin embargo: en Europa y en Estados Unidos, el miedo al cuerpo de las mujeres es el miedo al poder de las mujeres, y ese odio a esos cuerpos es profundamente político.
Esto no es nada, sin embargo, comparado con el completo horror que la sociedad reserva para las mujeres gordas que, además, son pobres. En los países occidentales, donde el acceso a la cantidad de comidad no es tan problemático como el acceso a la calidad, el sobrepreso se relaciona muchas veces con la pobreza y la malnutrición. Este hecho ha consolidado el asco apenas oculto que la sociedad siente por las mujeres de clase trabajadora que ocupan demasiado espacio.
Desde el salón de juntas hasta las calles, la ansiedad de las mujeres para mantener su masa corporal lo más baja posible está basada en un miedo perfectamente legítimo a que serán castigadas si intentan entrar en el espacio patriarcal. No hace falta preguntarse por qué muchas de nosotras estamos matándonos de hambre.
(...)
Las chicas perfectas saben que tienen que mejorar constantemente. Claro, nadie puede ser una chica perfecta.
Alcanzas un punto en que tienes que decidir qué sacrificarás para sobrevivir. Fue ahora hace años, y he vivido lo suficiente como para olvidar cuándo decidí darle una oportunidad a la vida, tan solo como experimento, para ver si podría. Quizá fue cuando arrastraba los pies hasta la pequeña cocina para comer una tostada por primera vez, sin pelearme. Recuerdo el pan crujiente y con mantequilla, y el terror a que si me permitía liberar el hambre nunca dejaría de comer. Comería y comería hasta que tuviera el tamaño de un monstruo y seguiría comiendo hasta que me comiera el mundo entero. El hambre de una chica joven da miedo.
O quizá fue meses después, cuando dejé el hospital por primera vez con un vestido nuevo y maquillaje, para convencer a la enfermera del centro de que estaba finalmente sana, preparada para vivir una vida saludable, pintándome esa expresión que las mujeres aprendemos a poner para convencer al mundo de que somos felices, diciéndole adiós a lxs amigxs que había hecho, desde la ventana de un taxi que me llevaba a quién sabe dónde, tan solo sabía que nunca sería a casa.
Ser una buena chica, una chica perfecta, puede matarte rápido o puede matarte despacio, allanando todo aquello precioso que hay dentro de ti, convirtiendo los mejores sueños de nuestra vida en homogeneidad apagada. Con 17 años decidí agarrarme a otra vida, y daba miedo, y todavía da mucho, mucho miedo, pero también da miedo quedarse en casa con una sonrisa impostada. Veo a mujeres que toman esa decisión cada día, en la adolescencia, a los veinte, a los sesenta, a los setenta, y y en este nuevo y valiente mundo donde el empoderamiento significa zapatos caros y la opción de inclinarse ante un jefe, es la única decisión que realmente importa.
Aquellas que la toman son llamadas zorras, egoístas, frikis, putas, y a veces rebeldes y degeneradas y problemáticas, y a veces nos conoce hasta la policía. Y, a veces, nosotras preferimos llamamos feministas.
heteronormatividad,
sexo
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heteronormatividad (III)
(Del gr. ἕτερος y del lat. norma)
1. f.
2. f.
1. f.
2. f.
3. f.
Estoy en un centro de salud de la Comunidad de Madrid y una chica entrega una encuesta a todxs lxs presentes para una investigación de carácter interno que trata la concienciación sobre el VIH. Todas las prácticas de riesgo están medidas por "¿usaste condón...?". Pregunto a la responsable sobre la población objeto de la encuesta. Le planteo mis dudas sobre el preservativo como única medida de protección imaginable y sobre mi desconcierto a la hora de responder a esa pregunta. La chica me mira con cara de no entender nada de lo que le digo. Creo que las preguntas están enfocadas a relaciones hetero o relaciones entre hombres. Hablo muy bajito pero gran parte de la sala de espera ya me está mirando. "Ahhh...", a la chica se le ilumina la cara porque por fin lo ha entendido, "entonces te cambio esto y esto en las respuestas, así, ¿ves? claro, si han sido entre mujeres no cuentan como relaciones sexuales, no hay riesgo". La miro incrédula. El resto de la sala de espera me mira, ahora, a mí. Le entrego la encuesta, el bolígrafo y me vuelvo a sentar en mi asiento mientras pido disculpas a la diosa queer por no tener fuerzas hoy para decir nada más.
arte,
autoestima,
cuerpo,
denise jolly,
fotografía,
natalie illum,
poesía,
sonya renee taylor,
spoken word
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cómo reencontrarnos con nuestros propios cuerpos.
cuerpos y dolores.
cómo pedirle al feminismo que termine de salvarnos. cómo saberse todas las teorías y seguir, al mismo tiempo, sin poder mirarse en un espejo.
cómo comparamos los dolores. cómo distinguimos los dolores. cómo compartimos los dolores.
Leo este genial artículo "Why I No Longer Apologize For My Crutches" (Por qué ya no me disculpo por mis muletas) de Natalie E. Illum, y descubro bastantes proyectos interesantes.
The Body Is Not An Apology (El cuerpo no es una disculpa) fue un poema redactado por Sonya Renee Taylor y dedicado a la propia Natalie, después de que en la habitación de un hotel ésta se cayera y, mientras esperaba su ayuda al no poder levantarse, no hizo más que repetir "perdón", "perdón", "perdón". De hecho, inició un movimiento online ("de auto amor radical") para presentar nuestros cuerpos diversos sin pedir disculpas.
todas mis terapias han sido cognitivas, quizá a veces algo conductistas. pensamiento - emoción - acción. dónde queda el cuerpo. la barra separadora de cuerpo/emociones como fisura en nuestra carne y en nuestros huesos. vomitar de desamor. sangrar de ansiedad. lo bueno de la ansiedad es que te ayuda a lidiar con el concepto de insoportabilidad. cómo conciliar la ansiedad como absoluta conciencia de muerte y la idea aprendida y repetida como mantra de que no puedes morir de ansiedad. arrancarse la piel a tiras. literal y figuradamente.
BeBeautiful es un proyecto de Denise Jolly, otra activista y poeta (¿cómo se dice eso de spoken word en español?). Durante treinta días, se toma fotos semidesnuda con la palabra "beautiful" escrita sobre su piel y las sube a una página de Facebook. En principio, había pensado en escribir "be vulnerable", pero lo cambió dado que era esa palabra, "beautiful", su mayor vulnerabilidad.
Son proyectos bonitos. Me zambullo en mil páginas sobre aceptación, autoestima, positividad corporal ('body positivity'). Siempre se mezclan los activismos gordos, o el empoderamiento a través del autocuidado, con la palabra guapa, bonita, bebeautiful, bebeautiful.
qué porcentaje de las personas que sufren trastornos de conducta alimentaria son mujeres, mujeres, mujeres, sí, mujer como posición política, pero digo mujeres. cuáles son las diferencias de género en las autolesiones. desde cuándo y hasta qué punto aprendemos a odiarnos con tanta fiereza. cómo responder sin llorar al Cree en ti, Ama tu cuerpo, con el que te escupen los libros de psicología positiva.
Son proyectos bonitos. Y no deja de ser importante. Y en algunos momentos pueden salvarnos la vida. Y no vamos a ponerle pegas a nada que nos salve la vida. Pero siempre me quedo pensando en cómo escapar de esas oposiciones dicotómicas. Si todxs somos bellxs, ¿qué es ser bellx? ¿La belleza como concepto tiene sentido si no excluye a nada y a nadie? Es válido para todo, para la productividad de la que escribía un día, por ejemplo. O para la normalidad, claro. ¿Es posible incluirse en la normalidad sin condiciones? ¿Es posible incluirse en la normalidad sin excluir a nadie? ¿No significa únicamente ampliar las fronteras? ¿Queremos ser bellxs? ¿O queremos cargarnos la belleza?
Al mismo tiempo, me pregunto si no será llamarnos bellxs, desde fuera de la norma, una manera de hacer tambalearse el propio concepto.
[Con la normalidad o con la diversidad afectivo-sexual no dudaría, no se me ocurriría pensar que enunciarme "soy lesbiana y soy tan normal como tú" fuera empoderador o dinamitara nada, sino que me sentiría intentando sentarme en una mesa para la que me exigen unas condiciones excluyentes que no quiero cumplir. Pero claro, ¿podría desear dinamitar este concepto de hetero-normalidad si tuviera dilemas de lesbofobia interiorizada? ¿Se le puede entonces pedir a alguien que dinamite la belleza si tiene problemas de autoestima o inseguridad, que no haya pasado por el sentirse bellx?].
No lo sé. No tengo ni idea. Pienso en alto.
de belleza, de cuerpo, de dolor
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| ADVERTENCIA: Los reflejos en este espejo pueden estar distorsionados por las ideas de 'belleza' socialmente construidas |
cómo reencontrarnos con nuestros propios cuerpos.
cuerpos y dolores.
cómo pedirle al feminismo que termine de salvarnos. cómo saberse todas las teorías y seguir, al mismo tiempo, sin poder mirarse en un espejo.
cómo comparamos los dolores. cómo distinguimos los dolores. cómo compartimos los dolores.
Leo este genial artículo "Why I No Longer Apologize For My Crutches" (Por qué ya no me disculpo por mis muletas) de Natalie E. Illum, y descubro bastantes proyectos interesantes.
The Body Is Not An Apology (El cuerpo no es una disculpa) fue un poema redactado por Sonya Renee Taylor y dedicado a la propia Natalie, después de que en la habitación de un hotel ésta se cayera y, mientras esperaba su ayuda al no poder levantarse, no hizo más que repetir "perdón", "perdón", "perdón". De hecho, inició un movimiento online ("de auto amor radical") para presentar nuestros cuerpos diversos sin pedir disculpas.
todas mis terapias han sido cognitivas, quizá a veces algo conductistas. pensamiento - emoción - acción. dónde queda el cuerpo. la barra separadora de cuerpo/emociones como fisura en nuestra carne y en nuestros huesos. vomitar de desamor. sangrar de ansiedad. lo bueno de la ansiedad es que te ayuda a lidiar con el concepto de insoportabilidad. cómo conciliar la ansiedad como absoluta conciencia de muerte y la idea aprendida y repetida como mantra de que no puedes morir de ansiedad. arrancarse la piel a tiras. literal y figuradamente.
BeBeautiful es un proyecto de Denise Jolly, otra activista y poeta (¿cómo se dice eso de spoken word en español?). Durante treinta días, se toma fotos semidesnuda con la palabra "beautiful" escrita sobre su piel y las sube a una página de Facebook. En principio, había pensado en escribir "be vulnerable", pero lo cambió dado que era esa palabra, "beautiful", su mayor vulnerabilidad.
Son proyectos bonitos. Me zambullo en mil páginas sobre aceptación, autoestima, positividad corporal ('body positivity'). Siempre se mezclan los activismos gordos, o el empoderamiento a través del autocuidado, con la palabra guapa, bonita, bebeautiful, bebeautiful.
qué porcentaje de las personas que sufren trastornos de conducta alimentaria son mujeres, mujeres, mujeres, sí, mujer como posición política, pero digo mujeres. cuáles son las diferencias de género en las autolesiones. desde cuándo y hasta qué punto aprendemos a odiarnos con tanta fiereza. cómo responder sin llorar al Cree en ti, Ama tu cuerpo, con el que te escupen los libros de psicología positiva.
Son proyectos bonitos. Y no deja de ser importante. Y en algunos momentos pueden salvarnos la vida. Y no vamos a ponerle pegas a nada que nos salve la vida. Pero siempre me quedo pensando en cómo escapar de esas oposiciones dicotómicas. Si todxs somos bellxs, ¿qué es ser bellx? ¿La belleza como concepto tiene sentido si no excluye a nada y a nadie? Es válido para todo, para la productividad de la que escribía un día, por ejemplo. O para la normalidad, claro. ¿Es posible incluirse en la normalidad sin condiciones? ¿Es posible incluirse en la normalidad sin excluir a nadie? ¿No significa únicamente ampliar las fronteras? ¿Queremos ser bellxs? ¿O queremos cargarnos la belleza?
Al mismo tiempo, me pregunto si no será llamarnos bellxs, desde fuera de la norma, una manera de hacer tambalearse el propio concepto.
[Con la normalidad o con la diversidad afectivo-sexual no dudaría, no se me ocurriría pensar que enunciarme "soy lesbiana y soy tan normal como tú" fuera empoderador o dinamitara nada, sino que me sentiría intentando sentarme en una mesa para la que me exigen unas condiciones excluyentes que no quiero cumplir. Pero claro, ¿podría desear dinamitar este concepto de hetero-normalidad si tuviera dilemas de lesbofobia interiorizada? ¿Se le puede entonces pedir a alguien que dinamite la belleza si tiene problemas de autoestima o inseguridad, que no haya pasado por el sentirse bellx?].
No lo sé. No tengo ni idea. Pienso en alto.
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