Tomboy



Llevo tanto tiempo mascando una entrada sobre la islamofobia y el discurso neocolonial en las acciones de Femen que acabo de darme cuenta de que hace más de un mes que no escribo. Así que recupero el blog para comentar una película que ya tiene dos años pero que, por lo menos en Madrid, acaban de estrenar: Tomboy (Céline Sciamma, 2011).

Tomboy significaría marimacho o machorra en inglés. La película es francesa, pero el término galo es garçon manqué (¿chico fallido?) y sus connotaciones no se ajustaban a los objetivos de la directora. N. y yo somos "adictas a la crítica mediática feminista" y vamos al cine con lupa morada.

Tomboy pasó nuestra prueba y con creces. No sabría decir si la película está protagonizada por un niño trans, si lo está por una bollera... He visto ambas lecturas en diferentes reseñas y no creo que sea lo importante. Para mí la historia es una historia claramente trans, pero nos encantó que la protagonizara un niño que no tiene los conocimientos o la capacidad para generar un discurso teórico, lo que lo hace mucho más complejo y al mismo tiempo muchísimo más sencillo. Me encantó cómo se refleja la violencia, podía haberse optado por escenas de una violencia más gráfica y sangrienta, pero consigue transmitirte una angustia escalofriante con solo un vestido azul. La escena de la "prueba de género" me recordó a XXY (Lucía Puenzo, 2007) e incluso a Boys Don't Cry (Kimberly Peirce, 1999). Me encantaría-encantaría-encantaría que la pusieran en todos los colegios; aunque creo que sería más importante que la vieran lxs padres...


Cultura de la violación




Trigger Warning

He seguido de cerca el caso de Steubenville, entre náuseas y ganas de matar gente. Para quien no esté al tanto, intentaré hacer un breve resumen.

En agosto de 2012, una chica de 16 años de Steubenville (Ohio) fue violada por Trent Mays y Ma'lik Richmond, dos jugadores de fútbol americano del instituto de Steubenville. La violación se sucedió durante seis horas, mientras ella estaba inconsciente por el alcohol. Durante esas seis horas, fue arrastrada por diferentes fiestas, mientras la gente reía, grababa con sus móviles y compartía imágenes, videos y comentarios por las redes sociales. Hace apenas diez días, los dos violadores fueron declarados culpables y sentenciados a la pena mínima: un año para Richmond y dos años para Mays.

Si esto ya es de por sí terrible, con sus náuseas y sus ganas de matar gente, entonces vas leyendo las reacciones de la gente. Violación en público, con chicos y chicas mirando y riéndose, ninguna intervención. Acusaciones de la gente del pueblo a la chica por dejar en mal lugar a Steubenville y a su equipo de fútbol. Culpabilización de la superviviente. Nada nuevo, lo sé. Pero en dimensiones estratosféricas.

En la CNN cubrieron de esta forma la sentencia: "Fue muy difícil ver cómo esos dos jóvenes -con futuros tan prometedores, estrellas del fútbol, muy buenos estudiantes- veían, literalmente, cómo sus vidas quedaban destrozadas [...] Uno de los jóvenes, Ma'lik Richmond, colapsó según salía la sentencia [...] y dijo que su vida estaba acabada". Y sigue.

Al mismo tiempo, las redes sociales se llenaron de apoyo a los violadores y culpabilización de la chica por estar borracha. 

Lo único bueno que todo esto ha traido es que han saltado a la luz pública más "generalista" ciertos debates que llevan décadas dando vueltas en los círculos feministas: la cultura de la violación (rape culture), la culpabilización de la "víctima" (victim-blaming) y, sobre todo, lo que rodea al concepto de consentimiento.

La expresión "cultura de la violación" trata de describir una sociedad donde está normalizada la violencia sexual contra las mujeres y contra las sexualidades no normativas. El término "rape culture" comenzó a utilizarse en los setenta, y su naturalización supone pensar que la violencia sexual siempre ha sucedido y siempre sucederá. Está íntimamente relacionada con ciertas estrategias discursivas como la culpabilización de la "víctima" (victim-blaming) o el slut-shaming (intentar que una mujer se sienta culpable por tener ciertos comportamientos sexuales que no se ajustan a las expectativas normativas de género).

El caso de Steubenville ha sido un ejemplo de manual del fenómeno de victim-blaming: "¿una chica de 16 años borracha hasta la inconsciencia? ¡cómo no la van a violar! ¡tendría que haber tenido cuidado!" Y, al mismo tiempo, victimización de los violadores: "¡una chiquillada va a destrozarles la vida!" ¿En serio?

Alrededor de este caso también podemos reflexionar sobre el concepto de consentimiento. Parece sencillo: "sí" quiere decir "sí", "no" quiere decir "no". Chantajear emocionalmente a la pareja, seguir intentándolo aunque no muestre participación, insistencia ante falta de interés e intentos por marcharse... quiere decir "no". ¿Drogas o alcohol? Si la persona no puede tenerse en pie, si está ausente, ¡joder si está inconsciente! evidentemente quiere decir "no". Y el hecho de que te hayas acostado antes con ella, de que antes tuviera ganas, de que consideres que sea una calientapollas (¿hay un concepto más victim-blaming y slut-shaming que el de calientapollas?), de que sea tu pareja... sigue queriendo decir "no". Hay mil maneras de decir "no" y solo una de decir "sí". ¿En serio es tan complicado? ¿O no vamos a seguir negando la "cultura de la violación"? Y sí, si no hay consentimiento lo que está ocurriendo es una violación, aunque sea tu pareja, aunque te haya calentado toda la noche, aunque solo esté medio drogada.

Si pensamos que todo esto nos queda lejos (venga ya, era un pueblo perdido de Ohio) podemos acercarnos a nuestrxs amigxs y vecinxs. Sacad el tema del consentiemiento y seguro que os sorprendéis. En los institutos en los que doy charlas sobre diversidad afectivo-sexual intento hablar de consentimiento cuando tocamos el área de las prácticas sexuales: frases como "¿¿¿pero si es mi novia es violación sólo porque esté dormida???" u "hombre, pero que no se emborrache tanto si no quiere que le hagan nada..." no son excepciones.

Precisamente en el ¿último? capítulo de Cuéntame cómo pasó relataba un intento de violación a uno de los personajes (Karina) y seguían las estrategias de victim-blaming de diversas instituciones: Iglesia, policía, familia... En otra entrada comentaba otro ejemplo de victim-blaming (en este caso no era una denuncia de éste como en Cuéntame, más bien todo lo contrario) en la televisión española.

Estamos siempre escuchando consejos para no ser violada/xs (no te vistas así, no salgas a estas horas, no bebas tanto...); sin embargo, te van a violar lleves la ropa que lleves, salgas a la hora a la que salgas y bebas o te drogues lo que quieras beber o drogarte. Lo que hay que hacer urgentemente es educar en el consentimiento y acabar con la cultura de la violación.



Apuntes para no olvidar

Somateca 2013 comenzó la semana pasada bajo el título "Vivir y resistir en la condición neoliberal". Beto Preciado dio una conferencia abierta el sábado: ¿La muerte de la clínica? El título hace referencia a la obra de Michel Foucault El nacimiento de la clínica, publicada en 1963.

Preciado continúa la arqueología de Foucault. Cada momento histórico es el fruto de las relaciones variables entre técnicas del cuerpo, prácticas de gobierno y aparatos de verificación. Si hasta el siglo XVIII dominaba el régimen soberano (cuerpo previo al estudio de la anatomía, piel, plano; prácticas de gobierno tanatopolíticas, derecho a dar la muerte; aparatos de verificación teológico-trascendentales), entonces podemos empezar a hablar de otro régimen: el disciplinario (cuerpo que es interioridad pública; prácticas de gobierno biopolíticas, el poder y la administración de la vida; aparatos de verificación científico-empíricos). La hipótesis de Preciado es que a partir de los años cuarenta podemos hablar de otro tipo de régimen, el farmacopornográfico, donde el aparato de verificación ya no es científico-empírico, sino mediático-mercantil. Todos estos regímenes se articulan y solapan en el sujeto contemporáneo.

Amanda Baggs es una activista por la neurodiversidad. Diagnosticada como autista, publicó el video In My Language en 2007, cuestionando las capacidades comunicativas de lxs autistas y la diversidad de lenguajes. Relación entre transformaciones económicas del capitalismo con la aparición de diferentes diagnósticos a lo largo de la historia del siglo XX.

También quiero acordarme del desplazamiento del concepto estadístico de media a la regulación normativa. Y del origen tubercoloso y médico de la palabra feminismo. Y de la naturalización de determinadas formas de reproducción. Y del cambio epistémico de sistema monosexual a sistema bisexual de la diferencia estudiado por Laqueur. Y del capítulo La lesbiana de Simone de Beauvoir. Y de que una semana me dio clase Preciado y que un día me senté delante de Despentes y fue lo más parecido a momento fan Belieber de mi vida.


Raza y homofobia


Escuchando un programa de radio en el que hablaban sobre los "papables", la locutora se sorprendía por la agresiva homofobia del ghanés Peter Turkson, considerando que un hombre negro, perteneciendo a una raza "antiguamente" oprimida, oprimiese ahora a otros colectivo como pudieran ser el LGTB.

Independientemente de la sorpresa por que alguien considere el racismo como algo antiguo o pasado, quería hacer una serie de anotaciones.

Primera anotación: No nos olvidamos nunca de las relaciones de poder
Quién manda aquí. Nunca hay que olvidar quién manda aquí. Y nunca hay que olvidar que la raza, la orientación sexual, la identidad de género, la riqueza... no existen de forma individual. En relación con este tema, Lucas Platero acaba de editar Intersecciones: Cuerpos y sexualidades en la encrucijada. ¿Cómo confluyen los privilegios y las opresiones en cada persona? Soy mujer, soy lesbiana, soy blanca, tengo estudios superiores, tengo trabajo y techo. ¿Asumes tus privilegios? ¿Los utilizas? Los privilegios y las opresiones no son solo personales, son institucionales, son estatales. ¿Cómo es ser negro en África? ¿Cómo es ser católico en Ghana? Qué son privilegios y qué son opresiones. Cuándo y dónde. Y qué haces con ellas. Y qué es lo que se te permite hacer con ellas.

Segunda anotación: Nunca olvidemos el pasado
¿Cómo se ha construido mi identidad? ¿Qué significa ser blanca? ¿Qué significa ser negra? ¿Cuáles son los valores asociados a cada identidad racial? ¿Cuál es la geneaología de cada identidad? ¿Se feminizó a los hombres negros? ¿Cómo se responde ante la opresión? ¿Cómo interactúan las relaciones (neo)coloniales con el discurso LGTB europeo? ¿Cuál es la historia de la homosexualidad en Ghana?

Tercera anotación: ¿estámos hablando de la raza?
¿Hablamos de raza? ¿O te estás confundiendo de variable? A lo mejor la variable que encajaba mejor en tu estudio era el nivel de educación, o las oportunidades laborales, o el nivel económico, o el número de hijxs por familia, o...

Cuarta anotación: ¿quién gana a oprimidx?

Audre Lorde, obviamente, lo dice mucho mejor que yo:

Como gente negra, no podemos comenzar nuestro debate negando la naturaleza opresora del privilegio masculino. Y si los hombres negros escogen asumir dicho privilegio, por cualquier razón, violando, vejando y asesinando a mujeres, entonces no podemos ignorar la opresión masculina negra. Una opresión no justifica la otra. 

A continuación, Lorde añade: "Al mismo tiempo, como mujeres negras, claro, no queremos ser utilizadas contra los hombres negros por un sistema que nos oprime a ambos". Sufrir racismo no justifica tu sexismo/homobia. Y sufrir sexismo/homofobia no justifica tu racismo. Y hablar en estos términos, como siempre, ignora los márgenes: qué hacemos con lxs LGTBQ negrxs en este discurso. Nunca, nunca, olvidemos que no podemos sumar identidades; que todo todo son intersecciones y cruces de caminos.


Soy un hombre


En febrero de 1968, Echol Cole y Robert Walker, afroamericanos, murieron en un accidente laboral en Memphis, por culpa del mal funcionamiento del camión de la basura. Las reacciones que estas dos muertes suscitaron, así como otros incidentes de corte racista, que 1.300 trabajadorxs de la recogida de basura, mayoritariamente negrxs, comenzaron una huelga, apoyada, entre otrxs, por Martin Luther King, que fue asesinado la víspera de la segunda gran manifestación. Los sindicatos no fueron reconocidos, las marchas acabaron con violencia, pero lxs trabajadorxs no dejaron de salir a la calle, y fueron célebres las pancartas con el texto: I Am A Man. Ese símbolo se ha utilizado en muchos contextos para reivindicar la identidad negra (eminentemente masculina). Encontramos esta instalación de Hank Willis Thomas en su exposición Pitch Blackness (2008), el documental I Am A Man, sobre los avances de la comunidad negra en EEUU, o este otro sobre masculinidades negras.

La artista, performer y activista Sharon Hayes, en su acción In The Near Future (2005), portó pancartas durante una hora cada una que habían tenido un significado importante en luchas del pasado. Una de ellas, era precisamente, I Am A Man.


En el portal Wild Gender, Toi publica un artículo sobre su experiencia como negro trans y su recepción de lemas como I Am A Man.


Morid de envidia

Este fin de semana estuve en Londres en el congreso Charming for the Revolution: A Congress for Gender Talents and Wildness, que se celebraba en el museo Tate Modern.

Descubrí a gente increíble como Esben Esther Pirelli Benestad y la inefable Terre Thaemlitz (de hecho, sigo sin palabras en lo que a Terre se refiere, ¿cómo no la había conocido antes?). Escuché a otrxs que ya conocía pero que me sorprendieron más de lo que imaginaba, como Del LaGrace Volcano, Beatriz Preciado o Dean Spade. Otrxs me ilusionaron menos de lo esperado, como J. Jack Halberstam o Carlos Motta.

He intentado buscar entre las notas que tomé para hacer una breve reseña, pero entre que el inglés me exige el doble de atención y que estaba en un exaltado estado de groupie, mis notas son bastante absurdas. Espero ir hablando de ellas poco a poco, para que queden registradas de forma más segura que con lapicero en un cuaderno que probablemente pronto perderé entre todos mis cuadernos.

Aún estoy con la boca abierta.


Queering Love


Ayer hablaba con S. sobre amor y sobre sexo. Sobre la posibilidad de "queerizar" el amor. Sobre la posibilidad de identificarse como genderqueer y de luchar contra las asfixiantes normas de género al mismo tiempo que se mantiene (muy felizmente) una relación afectivo-sexual monógama.

Coral Herrera Gómez lleva años reflexionando sobre la construcción del amor romántico desde una perspectiva queer, de hecho, hablará sobre ello en Madrid y en Pamplona durante el mes de febrero.

La conversación vino al hilo de la participación de Beto Preciado y de Virginie Despentes en el debate sobre el matrimonio igualitario en Francia [acerca de este tema, ambas se vieron envueltas en la polémica cuando respondieron airadas (BP y VD) a Javier Sáez por su artículo El amor es heterosexual]. Me sorprende ver a figuras tan icónicas para la comunidad queer como son ellxs defender de forma tan clara la ley de matrimonio.

Beto Preciado publicó un artículo en Libération (aquí traducido al castellano) titulado: ¿Quién defiende al niño queer?

El niño que Frigide Barjot asegura proteger no existe. Los defensores de la infancia y la familia hacen llamado de la familia política de un niño que ellos construyen, un niño presupuesto heterosexual y bajo la norma del género. Un niño que privan de toda fuerza de resistencia, de toda posibilidad de hacer un uso libre y colectivo de su cuerpo, sus órganos y sus fluidos sexuales. Esta niñez que ellos aseguran proteger exige el terror, la opresión y la muerte.

[...]


En la intimidad del hogar familiar, desplegaba un silogismo que invocaba la naturaleza y la ley moral con el fin de justificar la exclusión, violencia e incluso asesinato de los homosexuales, travestis y transexuales. Comenzaba por “un hombre debe ser un hombre y una mujer una mujer, así como Dios lo ha querido”, continuaba por “lo que es natural, es la unión de un hombre y una mujer, es por esto que los homosexuales son estériles”, hasta la conclusión, implacable, “si mi hijo es homosexual prefiero matarlo”. Y ese hijo, era yo.


[...]


Lo que protegían mi padre y mi madre, no eran mis derechos de niño, sino las normas sexuales y de género que se habían ellos mismos inculcado en el dolor, a través de un sistema educativo y social que castigaba toda forma de disidencia con la amenaza, la intimidación, el castigo, y la muerte. Tenía un padre y una madre, pero ninguno de los dos pudo proteger mi derecho a la libre autodeterminación de género y sexualidad.

Virginie Despentes, por su parte, publica esta carta en Têtu (traducción al castellano aquí):

Si mañana me anuncian que tengo un tumor en el cerebro y que me quedan seis meses, no dispongo de ningún contrato fácil de firmar con la persona con la cual vivo desde hace ocho años que me pueda asegurar que todo lo que tenemos en casa le pertenecerá. [...] Si fuera hetera, estaría arreglado en cinco minutos: una vuelta por el ayuntamiento y todo lo que es mío es suyo. Y viceversa. Pero soy bollera. Entonces, según Lionel Jospin, es normal que sea difícil establecer mi sucesión. Que la podamos refutar o que haya que pagar 60 % de impuestos para poder tocarla. Una pequeña tasa no homófoba, pero que somos los únicos en pagar aunque seamos pareja.

No veo otra palabra que homofobia para describir la hostilidad que siento desde que empezó este debate. Yo crecí como hetera y me parecía normal tener los mismos derechos que todo el mundo. Envejezco bollera y no me gusta nada la sensación que me causan esos viejos velludos en cuanto me declaran desviada. Me gustaría poder casarme y no hacerlo. 


Diversidad funcional

Otro mito firmemente sostenido es que las personas discapacitadas [disabled people]  son dependientes y que las personas sin discapacidades [non-disabled peope] son independientes. En realidad nadie es independiente. Este mito se ve perpetuado por el capacitismo [disablism] e impulsado por el capitalismo -todxs somos interdependientes. Probablemente, con discapacidades o sin ellas [disabled or not], no cultivas toda tu comida. Probablemente, no fabricaste tu coche, tu bici, tu silla de ruedas, el metro, tus zapatos, el autobús... que te transportan. Probablemente no construiste tu casa. Probablemente no cosiste toda tu ropa (ni hiciste la tela ni el hilo con la que se cose). La diferencia entre las necesidades que tienen muchas personas con discapacidades [disabled people] y las necesidades de aquellxs que no son etiquetadxs como discapacitadxs [disabled] es que las personas sin discapacidades [non-disabled] han visto normalizadas sus necesidades. El mundo ha sido adaptado a algunas necesidades y, así, llama independientes a lxs que las tienen, mientras que otras necesidades se consideran excepcionales. Cada unx de nosotrxs depende de terceras personas, todos los días. Todxs dependemos de otrxs: apoyo, recursos y otras necesidades. Todxs somos interdependientes. Esta interdependencia no es debilidad; es, más bien, parte de nuestra humanidad. 

A. J. Withers: Políticas y teoría de la discapacidad [disability]

Capacitismo sería un neologismo derivado de ableism para hablar de los prejuicios y la opresión ejercida individual y estructuralmente contra las personas con divergencias funcionales.


Cómo prevenir una violación


[TRIGGER WARNING!]

Leo un artículo firmado por Leigh Hofheimer en el blog Can You Relate? que da diez consejos para evitar una violación. Me ha parecido magnífico como respuesta a todas los mensajes que, a la hora de prevenir violaciones, se dirigen a las mujeres y a las supervivientes potenciales; así que me permito el lujo de traducirlo. Si parece exagerado, no olvidemos que esta Nochevieja se emitía en Telecinco un episodio de Escenas de matrimonio en la que un personaje intentaba drogar a una chica para acostarse con ella. Drogaba a otra por equivocación y, tras el consecuente enfado de la víctima en potencia, él le confiesa que está enamorado de ella y que quería que ella se desinhibiera y le habla de lo mucho que le cohibe. Ella se enternece. Se acuestan. Vomito.

Diez consejos para prevenir violaciones:

1. No pongas drogas en las bebidas de las mujeres.
2. Cuando veas a una mujer caminando sola, déjala sola.
3. Si paras en el arcén para ayudar a una mujer cuyo coche se ha averiado, acuérdate de no violarla.
4. Si estás en un ascensor y una mujer entra, no la violes.
5. Cuando te encuentres con una mujer dormida, el rumbo de acción más seguro es no violarla.
6. No te deslices nunca en el interior de la casa de una mujer a través de una puerta o ventana abierta, ni saltes frente a ella de entre coches estacionados, ni la violes.
7. Recuerda, la gente va a la lavandería para hacer la colada. No intentes abusar de alguien que esté sola en la lavandería.
8. ¡Compañerismo! Si es un inconveniente para ti no violar a mujeres, pídele a unx amigx de confianza que te acompañe siempre.
9. Lleva un silbato de violaciones. Si crees que vas a violar a alguien, silba hasta que alguien te pare.
10. No lo olvides: la sinceridad es la mejor política. Cuando le pidas una cita a una mujer, no pretendas que estás interesado en ella como persona, dile directamente que esperas violarla más tarde. Si no comunicas tus intenciones, puede que ella se lo tome como señal de que no vas a violarla.

Imagen: No me digas a mí cómo vestirle, diles a ellos que no violen. Fuente.


Feliz/Normal


Hace tres horas empecé a leer ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? de  Jeanette Winterson. Lo terminé hace una hora y me escondí debajo de la manta amarilla del sofá. Todavía me cuesta respirar.

Confieso que no había leído ninguna obra de Winterson y que esta obra, la más reciente, una autobiografía cuya primera edición Lumen publicó hace poco menos de un año y que ya va por la tercera, me va a obligar a empezar a buscarla por las bibliotecas.

Cada lectorx se agarra a sus obsesiones en cada libro. Es la narración de la búsqueda de una pérdida, la 'pérdida perdida'. Es la búsqueda de una madre, la adoptiva; y la búsqueda de otra madre, la biológica. Pero a mí el tema de la madre me da más igual. Ni siquiera su feminismo ni su lesbianismo. Me quedo con su locura. Me quedo con los libros. Cada una de sus páginas es una carta de amor a los libros. I have my books and  my poetry to protect me, como cantan Simon and Garfunkel.

En su casa había seis libros. Uno era la Biblia y otros dos eran comentarios de la Biblia. Tenía prohibida la ficción y leía en la biblioteca Literatura inglesa en prosa de la A a la Z. "Gracias a Dios que su apellido era Austen", dice. Compraba libros a escondidas y los escondía bajo el colchón ("Quien tenga una cama individual, tamaño estándar, y una colección de novelas de bolsillo, tamaño estándar, sabrá que se pueden acomodar setenta y dos libros por capa debajo del colchón"). Su madre descubrió los libros y los quemó en el patio: "Los había forrado todos con papel de plástico porque eran preciosos. Ahora ya no estaban". Entonces empezó a memorizar. Porque nadie podría quemarle los libros que llevara dentro.

Sus páginas también son un reflejo maravilloso de la intersección entre género y clase. Lo que significa ser una mujer de izquierdas. Lo que significa ser una mujer de clase obrera. Lo que significa ser una mujer de izquierdas y de clase obrera que en 1979 votó por Margaret Thatcher porque no entendió nada. Porque  no se dio cuenta. Porque no imaginó.

Su  madre (a quien llama la señora Winterson) colaboró el exorcismo que le practicaron la primera vez que la descubrió con una mujer. Con dieciséis años se marchó de casa cuando tuvo que elegir entre su novia y el techo. Desde entonces vivió en un Mini mientras trabajaba en un mercado tres días a la semana, iba al instituto y se encerraba en la biblioteca o en la parte trasera del coche con una linterna a leer literatura inglesa en prosa de la A a la Z.  Tras recoger sus cosas, pues había elegido su vida antes que su techo y que la señora Winterson, se despidió de ella:

-Jenaette, ¿puedes decirme por qué?
-Por qué, ¿qué?
-Sabes muy bien el qué.
Pero no sé el qué..., lo que soy..., por qué no le gusto. Lo que ella quiere.  Por qué no soy lo que ella quiere. Lo que quiero o por qué. Pero hay algo que sí sé:
-Cuando estoy con ella soy feliz. Feliz, sin más.
Asintió. Parecía que comprendía y pensé, de verdad, por un instante, que iba a cambiar de opinión, que hablaríamos, que estaríamos al mismo lado del muro de cristal. Esperé. Al final me soltó:
-¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?